Revista Cinefagia

revistacinefagia.com

En el país de los cinéfilos, el cinéfago es rey

Descubriendo el País de Nunca Jamás

Por: José Luis Ortega Torres

Musa: Cada una de las deidades que, según la fábula, habitaban, presididas por Apolo, en el Parnaso o en el Helicón y protegían las ciencias y las artes liberales, especialmente la poesía. He aquí la definición que la Real Academia Española brinda sobre esa entidad incorpórea que se dice alumbra el camino de aquellos que se adentran en los territorios del arte. Siendo prácticos le llamaríamos inspiración o talento; aunque, de manera mucho más romántica, podemos afirmar que ambos elementos surgen de la existencia de una musa real a la que se admira, respeta y ama. El amor como elemento clave para la creación artística.

Fue precisamente el amor lo que permitió a James Matthew Barrie escribir una de las historias infantiles clásicas de todos los tiempos: Peter Pan, que cuenta las aventuras de un niño decidido a no crecer nunca, sus luchas contra el amargado Capitán Garfio y su relación con la jovencita Wendy y sus hermanos, teniendo como escenario el fantástico mundo de Nunca Jamás.

Basada en la obra teatral de 1998 El Hombre Que Era Peter Pan de Allan Knee, la película Descubriendo el País de Nunca Jamás presenta los antecedentes que dieron pie a J. M. Barrie para escribir su obra cumbre, sobre todo gracias a su relación amistosa con Sylvia Llewelyn Davies, una hermosa viuda, madre de cinco hijos (aunque en la cinta sólo se mencionan cuatro) de la que Barrie confesó haber estado castamente enamorado; pero, sobre todo, a la relación de complicidad en juegos y aventuras fantásticas que diariamente compartía con los niños en los jardines de Kensigton.

La historia real nos cuenta que David Barrie falleció en un accidente a los catorce años, hecho que afectó a Margaret Ogilvy, su madre, al grado de olvidar y hasta rechazar a su otro hijo, el pequeño James Matthew, de tan sólo cinco, que en un acto desesperado por ganarse su amor, asumió la personalidad del hermano muerto aferrándose a no crecer jamás. De cierta forma su deseo se cumplió, ya que siendo adulto aun conservaba una voz delgada y una talla de apenas un metro cincuenta de estatura, además de que siempre prefirió la compañía de infantes que de adultos, lo que en algún momento llegó a crear ciertos rumores sobre pedofilia y homosexualidad.

Egresado de la Universidad de Edimburgo –de la que llegaría a ser rector– este hombre solitario se inicia en las letras primero por medio de novelas autobiográficas que servían de catarsis a sus traumas, como aquella que describía descarnadamente la relación con su madre y que tituló con su propio nombre, Margaret Ogilvy. A partir de 1890 se dedica a la dramaturgia con regular éxito en el teatro londinense.

Atrapado en un matrimonio disfuncional con la actriz Mary Ansell, su único refugio fue la amistad de la viuda Llewelyn Davies y sus hijos, lo que suscitó todo tipo de rumores en las esferas de la sociedad londinense de fines del siglo XIX y acentuó sus problemas maritales hasta desembocar en el divorcio. Recurriendo nuevamente a sus constantes autobiográficas –su hermano muerto– y a la relación con los Davies –en especial Peter– Barrie crea un mundo mágico que vio la luz primero de forma impresa en 1902 y después como obra teatral en 1904 conociendo desde la primera representación un éxito instantáneo que convertiría a esa obra en un clásico imperecedero.

Descubriendo el País de Nunca Jamás, película dirigida por Marc Foster, retrata la génesis de esa obra estableciendo como punto central la relación entre Barrie y Sylvia justo en el momento en que la carrera como dramaturgo de él parece fracasar. Foster prefiere dar a su personaje el cariz del “resurgimiento personal ” convirtiendo esta relación en una epopeya individual de lucha contra los convencionalismos de una época donde la pura amistad entre un hombre y una mujer era asunto pecaminoso y el espectáculo teatral se veía encorsetado por aburridas representaciones donde la inocencia infantil vino a ser un nuevo soplo de aire fresco.

Realismo mágico victoriano. Tal vez esa sea la mejor manera para definir una cinta que echa mano de delicados detalles visuales para remarcar aun más el universo de sueños donde Barrie parecía vivir atrapado y sobre el cual mantuvo un celoso derecho de admisión. Un mundo personal donde las tragedias se convertían en fantasías de superación y lucha contra las adversidades, algo que él mismo no pudo cumplir en su vida cotidiana.

Las musas reales no son eternas, así que una vez terminada su misión deben partir. Para el creador de Peter Pan el sufrimiento por perder a sus seres queridos fue una constante que inició con su hermano y se hizo extensiva a la figura de Sylvia Llewelyn Davies, afectada de problemas bronquiales. Por si no bastara con esas perdidas, aquellos niños conocieron un final trágico: George muerto en la Primera Guerra Mundial, Michael ahogado y Peter –a quien todo mundo apodó contra su voluntad Peter Pan– decidió terminar con su atormentada existencia arrojándose a las vías del tren en Londres, siendo ya un adolescente. No obstante, tal y como Barrie lo deseo siempre, el niño que alguna vez fue, viviría por siempre.

Sitio Oficial: www.miramax.com/findingneverland

DESCUBRIENDO EL PAÍS DE NUNCA JAMÁS
(Finding Neverland)
Dirección: Marc Forster; Guión: David Magee, basado en la obra teatral The Man Who Was Peter Pan de Allan Knee; Producción: Nellie Bellflower, Richard N. Gladstein; Fotografía: Roberto Schaefer; Música: Jan A.P. Kaczmarek; Edición: Matt Chessé; Con: Johnny Depp (James Barrie), Kate Winslet (Sylvia Llewelyn Davies), Julie Christie (Mrs. Emma du Maurier), Radha Mitchell (Mary Ansell Barrie), Dustin Hoffman (Charles Frohman), Kelly MacDonald (“Peter Pan”), Ian Hart (Sir Arthur Conan Doyle), Eileen Essell (Mrs. Snow)
EE.UU. – Inglaterra, 2004, 106 min

Los comentarios están cerrados.