CSI: Crime Scene Investigation
Por: Rebeca Jiménez Calero
CSI es una serie que sólo pudo haber existido en este siglo. Y es que más que sus actores principales, el personaje más relevante de las cinco temporadas con las que se cuentan al día de hoy, es el ADN. Olvidémonos de los policías que atrapaban a los criminales siguiendo pistas, interrogando a testigos, acorralando a los sospechosos; los investigadores de CSI ni siquiera son policías, son científicos que se dedican a analizar, investigar y recrear las escenas del crimen para encontrar a los responsables. Es por eso que los asesinos, violadores, ladrones y demás maleantes deben cuidar que no se les caiga ni un pelo, pues con ello, se les puede procesar como culpables.
CSI se desarrolla en la ciudad de Las Vegas y ha sido tan exitosa que se ha convertido ya en una franquicia que abarca dos ciudades más: CSI: Miami –con David Caruso– y CSI: New York –con Gary Sinise–. El equipo de investigadores de Las Vegas está encabezado por el entomólogo Gil Grissom (William Petersen), y lo acompañan la ex bailarina exótica –¿pueden creerlo?– Catherine Willows (Marg Helgenberger), el fanático del juego y las apuestas Warrick Brown (Gary Dourdan), el noble y mujeriego Nick Stokes (George Eads), la solitaria y adicta al trabajo Sara Sidle (Jorja Fox), el freak de laboratorio Greg Sanders (Eric Szmanda), el médico forense Al Robbins (Robert David Hall) y el capitán de policía Jim Brass (Paul Guilfoyle).
Esta producción de Jerry –hasta que hace algo bueno– Bruckheimer utiliza unos gráficos que nos muestran, por ejemplo, el recorrido de una bala a través de una parte del cuerpo y el lugar exacto en donde quedó alojada; éstos sirven para hacer más interesante el descubrimiento de las evidencias. Con este tipo de secuencias, narradas por los propios científicos, se nos explica desde qué distancia se le disparó al occiso y con qué tipo de arma; y lo mismo aplica para cualquier forma de asesinato: con arma blanca, veneno, golpes, asfixia, incluso falsos suicidios. Pero el show no se restringe sólo a muertes –si bien una gran cantidad de episodios comienzan con el descubrimiento de un cadáver–, sino que también abarca desapariciones, violaciones, actos terroristas, asaltos y fraudes, por mencionar otros casos.
Y aunque el fin común tanto de los protagonistas como de los espectadores es encontrar a los culpables, no siempre las historias terminan con el clásico final feliz. Existen casos que nunca pudieron ser resueltos, y hay los que requieren un seguimiento de dos o más episodios para encontrar al verdadero responsable. Un acierto de la serie es precisamente, poner al televidente a la par de los investigadores, ya que nunca se nos ofrece más información de la que ellos van descubriendo a lo largo del capítulo.
Algo particularmente interesante es el desarrollo de los personajes, éstos han ido moldeándose con el paso del tiempo hasta adquirir una personalidad bien definida que, sin duda, también aporta mucho al devenir de cada caso. Sin embargo, estas características sólo pueden ser observadas durante las horas que le dedican a la investigación, ya que de manera muy astuta, los creadores de la serie decidieron que no se debería saber demasiado de las vidas de los protagonistas de CSI fuera de su trabajo, lo que provoca que cada vez que se menciona un aspecto personal de cualquiera de ellos, uno quiera saber siempre un poco más, aunque sea a cuentagotas. ¿Qué hay en el pasado de Grissom? ¿Warrick vive sólo? ¿Qué le pasó al doctor Robbins en la pierna? ¿Cómo llegó Greg a trabajar en un sitio así? ¿Qué hacen todos es sus ratos libres? ¿Cómo es que Catherine dejó el table dance por la ciencia forense? (Esta última pregunta ya fue respondida en la quinta temporada, quienes no la han visto, tendrán que esperar a su salida en DVD).
Lo que sí es un hecho, es que la serie está asesorada por verdaderos científicos forenses, por lo que todas y cada una de las técnicas utilizadas por los personajes, son reales. Esta característica despertó una controversia en Estados Unidos, pues muchos creyeron que CSI era un programa que “enseñaba” a los delincuentes cómo llevar a cabo un delito sin cometer errores que los delataran. Sin embargo, desde su primera temporada, se encumbró en los primeros lugares de rating y continúa manteniendo ese status hasta el día de hoy, por lo que cambiar su contenido sería definitivamente un suicidio.
Para quienes no conozcan este Nuevo Clásico de la pantalla chica –que se transmitió en televisión abierta por muy poco tiempo–, Video USA acaba de sacar su primera temporada en un box set de 6 DVD’s que incluyen 23 capítulos, así como algunas entrevistas a sus protagonistas y productores, en una edición razonablemente más barata que la original gringa.
Como acotación final y de trivia, las tres franquicias de CSI utilizan canciones de The Who como temas principales, por lo que uno ya no podrá escuchar Who Are You, Won’t Get Fooled Again y Baba O’Riley sin dejar de asociarlas con estas adictivas series.
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