Blade: Trinity. El discurso del cómic en el cine y la labor del director (2a. y última)
Ve a la primera parte de este artículo

Por Rodrigo Vidal Tamayo R.
Hace poco leía en un foro de Internet la noticia de que Will Smith está
haciendo una película titulada Tonight He Comes (algo así como “Esta Noche Se Viene”) y la idea es que es una cinta de superhéroes sin estar basada en un cómic en específico. Esta situación alarmaba al columnista al hacerlo pensar que, si los estudios se dieran cuenta de que les conviene más crear sus propios personajes fusilándose años de historias impresas en viñetas que pagar por los derechos correspondientes, la producción de adaptaciones de cómic a cine se detendría, dejando a los fans sin la posibilidad de ver a sus héroes favoritos en carne y hueso.
La idea fue rebatida por los participantes del foro citando el sabio pensamiento de que no porque un guión original haya triunfado en celuloide se ha detenido la adaptación de libros o que la gente va a preferir ver la película del Hombre de Hierro (Iron Man) que la muy original Hombre de la Armadura. En fin, la discusión pasó de un lado a otro sin que nadie mencionará el verdadero peligro del cómic cinematográfico: la realización de películas aburridas, sin chiste o francamente estúpidas.

A principios de la década de los noventa, con la ya legendaria muerte de Superman, los estudios hollywoodenses voltearon hacia el mundillo del cómic para ver qué ideas podían ser el siguiente filón en su ya decadente imaginación. Las opciones obvias (El Hombre Araña, Batman, Hulk, etc.) ya estaban ocupadas o se encontraban perdidas en el limbo de las peleas legales, por lo que muchos se decidieron por adaptar series nuevas o de mediano éxito. Es así como pudimos observar en pantalla películas como Spawn (Mark Dippé, 1997), La Chica del Tanque (Rachel Talalay, 1995), Rocketeer (Joe Johnston, 1991) u Hombres de Negro (Barry Sonnenfeld, 1997), todas caracterizadas por estar hechas en tono de burla hacia el medio que las vio nacer, por tener un guión poco menos que insulso (bueno, Hombres de Negro es por lo menos divertida y Tank Girl sorprende por su historia tan atípica) pero sobre todo por no respetar la esencia y la intención de la obra original.
Tampoco es que las historias del cómic sean intocables o que deban de ser exactamente iguales, pero una cosa es evolucionarlas y llevarlas al siguiente nivel, conociendo de antemano lo que quisieron decir los autores originales, y otra es edulcorarlas pensando que eso es lo que quiere la gente.

Y ese es el problema de personajillos como David Goyer, quien tiene en su haber la escritura de algunos de los peores guiones de la historia, mismos que se han salvado gracias a la magnificencia de directores como Alex Proyas (Dark City) y Guillermo del Toro (Blade 2). No contento con ser un escritor malo pero con suerte, ahora ha decidido dedicarse a dirigir, creyendo, me imagino, que con haber asistido en la filmación de unas cuantas películas basta para poder hacerlo. El resultado, la sepultura de una de las franquicias más queridas por el público comiquero y que ya había logrado permear al público general. En la primera parte de este artículo expliqué porqué Blade 2 es una cinta a tener en cuenta dentro del cine fantástico. Lo que Del Toro logró hacer con el pésimo guión que se le entregó lo coloca en el panteón de los dioses del cine como John Woo (pre-Hollywood), Sam Raimi o Peter Jackson (obviando las nefastas El Señor de los Anillos). Tan buena fue su labor que Goyer no dudó en emularlo pero, claro, sin su capacidad ni su inteligencia, porque Blade Trinity es sin duda una de las peores películas salidas de una historieta.

El guión de esta tercera entrega es tan malo como el de la segunda, con la salvedad de que ahora los chistes y la autoparodia se supuran a lo largo de la cinta, volviéndola hacia un tono camp insoportable para todo aquel que se respete y por supuesto, sin un Del Toro que salve la película.
Si uno observa atentamente ambas películas notará el intento de Goyer por copiar a Del Toro, sobre todo a la hora de las escenas de acción. Por lo menos dos secuencias son idénticas en fondo pero difieren en la ejecución. Mientras que Del Toro le hizo un homenaje al cine del Santo, incluyendo lucha libre, Goyer incluye montajes dignos de la WWF (la peor liga de lucha del mundo), los que observen ambas escenas y sean fanáticos del pancracio notarán las diferencias.

Igual que como le sucedió a Batman, en esta tercera parte la franquicia de Blade ya se convierte en objeto de burla y el director se mofa hasta de sus propias creaciones (¡¿Un perro parca?!, chale). Incluso a Wesley Snipes se le nota el hastío y desagrado por las líneas que tiene que decir.
La inclusión de estrellitas juveniles no ayuda para nada. Jessica Biel es la muestra viviente de que las tetas no deberían formar parte del currículum para ser aceptada en Hollywood y Ryan Reynolds es y será tan insoportable como en la serie Two Guys, a Girl and a Pizza Place (transmitida en televisión por cable) en donde se interpretaba tal como es, mamón y atorrante. A Wesley Snipes ya le urge un regreso porque es bastante notorio el cansancio que hacer las tres Blade seguidas le ha dejado. Quizás debería hacer películas más maduras, guiadas por los personajes y con situaciones realistas que ayuden a pensar, como esa de Los Blancos No Saben Saltar… o quizás no.

En sí la película no es tan exageradamente mala como la hago parecer, de hecho solamente está un poco debajo de la primera parte, pero es inconcebible cómo la productora encargó el proyecto a alguien sin experiencia -Blade Trinity es la segunda película dirigida por Goyer- y que se nota tiene serias lagunas en cuanto a manejo de actores, de tiempo y de secuencias. Vaya, ni siquiera respeta lo logrado por las anteriores entregas y hecha al traste la posibilidad de redención con una cuarta parte.
Pero lo más lamentable es que la posibilidad de que cómics y personajes menos conocidos sean transportados al celuloide se reduce y lo que puede ser el siguiente paso para que de una vez por todas desaparezca el estigma de niñerías se hunde bajo el peso de las mismas personas que dicen cuidarlo.
BLADE: TRINITY
Dirección y Guión: David S. Goyer; Producción: Peter Frankfurt, Linda Harris, Wesley Snipes; Fotografía: Gabriel Beristáin; Música: Ramin Djawadi; Edición: Eric Sears, Conrad Smart, Howard E. Smith; Compañía Productora: Amen Ra Films / Imaginary Forces; Compañía Distribuidora: Gussi-Artecinema; Con: Wesley Snipes (Blade), Kris Kristofferson (Whistler), Jessica Biel (Abigail Whistler), Ryan Reynolds (Hannibal King), Parker Posey (Danica), Dominic Purcell (Drake), John Michael Higgins (Dr. Vance)
Estados Unidos, 2004. 114 min.
