Los Increíbles
Por José Luis Ortega Torres

Hablar a estas alturas de la magnificencia de Pixar Animation Studios es verdaderamente una ociosidad. Después de cinco largometrajes perfectos era prácticamente imposible superarse, pero la constante en su trabajo es justamente la perseverancia por mejorar en todos los factores que conforman una película y no únicamente en lo concerniente a los aspectos informáticos, sino también prestando especial atención a las historias presentadas. Con esa premisa Pixar ha dejado ver que les interesa más sembrar en los cerebritos de su público una idea inteligente que dejarlos con la boca abierta por su perfección técnica. Este es su mayor logro.
Ya en el díptico de Toy Story (1995 y 1999) se dejó ver un simple y claro mensaje de amistad y solidaridad de grupo; historia que hizo reflexionar no sólo a los niños, sino también a los adultos, público que desde los albores de Pixar se dejó seducir por historias que de infantiles, en el sentido de gazmoñas, no tienen nada. La apuesta de Pixar va más allá: premisas sencillas con mensajes universales que educaran a los peques y sembraran inocencia y esperanza en los adultos. ¿Cómo olvidar las peripecias de un grupo de diminutos Bichos (1998) con la capacidad, el deseo y las fuerzas de cambiar su mundo? ¿Cómo no dejar de enternecerse con la capacidad de sorprender y amar de seres de aspecto raro, pero sentimientos nobles, vistos a través de la mirada libre de prejuicios de una bebé en Monsters, Inc. (2001)? ¿Cómo no pensar en que los hijos deben de aprender a valerse por sí mismos pero siempre con la ayuda y consejo de los padres en Buscando a Nemo (2003)?
Amor filial, fraterno o de amigos, pero finalmente amor. Ese ha sido el mensaje universal esgrimido por Pixar, que aderezado con valentía, buen humor, ánimo ante la adversidad, solidaridad y demás sentimientos nobles, han hecho las delicias de chicos y grandes. Pues bien, cuando se ha tenido esto en tan sólo cinco largometrajes y casi una decena de cortos –igualmente maravillosos, entrañables y galardonados como Geri’s Game (1997) o For the Birds (2000)– una nueva vuelta de tuerca era difícil de ser alcanzada. Con todos esos antecedentes a cuestas, el proyecto de Los Increíbles (2004) comenzó a trabajarse y, aunque no se dudó jamás que sería una maravilla técnica, la cuestión radicaba en la eficacia de la historia ¿serían capaces de mantener el balance de técnica/historia presentado hasta entonces? Hoy, una vez vista, podemos decir que lo hicieron y con creces.

Su última aventura conjunta con los estudios Disney empezó con el pie derecho cuando se supo que tanto la historia como la dirección del proyecto corría a cargo de Brad Bird, realizador curtido en algunos episodios de Los Simpson y que debutó como director con esa joyita de animación en 2D llamada El Gigante de Hierro (1999). De la misma forma que en su ópera prima, en Los Increíbles justamente se privilegia el peso específico de una historia por encima de cualquier efectismo, dando paso a un relato donde el punto medular estriba en la importancia de la unión familiar.
Mr. Increíble y Elastigirl, dos de los más poderosos superhéroes de la Tierra, han contraído matrimonio. Cuando todo en su futuro parecía color de rosa una infame demanda en contra de él les obligó, junto con el resto de los héroes públicos, a ser retirados de circulación para vivir en el más ignominioso anonimato. Varios años después el otrora hombre más fuerte del planeta vive como Bob Parr, un empleado más en una agencia de seguros. Gordo, en constantes mudanzas, incapaz de lidiar con los problemas típicos de un niño hiperactivo y una adolescente apocada vive, en pocas palabras, sumido en la más amarga frustración. Su vida perdió toda su razón de ser y la más grande heroicidad a la que puede aspirar es a ayudar ancianas con sus trámites de pólizas. En tanto, un nuevo villano inmiscuido directamente con su glorioso pasado comienza a hacer de las suyas engañándolo a él y poniendo en peligro a la humanidad.
Grosso modo esta podría ser la anécdota de Los Increíbles, donde el meollo del asunto por supuesto es el renacimiento del héroe y la consabida derrota del malora en turno, sin embargo, entre líneas es mucho más que eso y lo que se potencia en esta ocasión es el papel de la familia en el resurgimiento de los valores personales. Acá se sintetizan las diversas formas de amor y solidaridad que ya se habían expuesto en los anteriores filmes de Pixar; ahí están la solidaridad amistosa de Mr. Increíble y Frozone; el cuidado de los hijos y la comprensión a su individualidad que dará como resultado el nacimiento de una responsabilidad, además de algo nuevo: el amor de pareja, presentado más allá de los tópicos pasionales como una verdadera prueba de vida, mezcla de lealtad y complicidad.

En pocas palabras el discurso esgrimido tan eficientemente por Bird corresponde al papel neurálgico de la familia para el desarrollo personal en cualquier instancia –social, afectiva y cronológica–, erigiéndose tal vez como una llamada de atención para una sociedad como la estadounidense que desde hace ya varias generaciones ha perdido por completo la identidad de familia a cambio de un desarrollo del egocentrismo.
Pixar nuevamente a entregado una maravilla de película de la que desgraciadamente no nos ha llegado ni una sola copia en el idioma original. El reproche a los exhibidores es por lo siguiente: en términos generales el trabajo de doblaje es aceptable, cumplidor en general, sobresaliendo sin lugar a dudas el realizado por Dario T. Pie para el personaje de Edna Mode (cuya voz original corre a cargo del propio director Brad Bird) que es simplemente extraordinario. Sin embargo, es el trabajo de Consuelo Duval el que parece fuera de lugar, forzado por adoptar un acento de “niña fresa” que para nada es creíble en una esposa que es el pilar de unión y fuerza de su familia. Plano a momentos, poco emotivo, lo que lleva a una perdida de identidad y sobre todo de intencionalidad en el personaje de Elastigirl, sobre todo si tenemos en cuenta que la voz original corre a cargo de la primerísima actriz Holly Hunter, quien siempre se ha caracterizado por ser una actriz de fuerza impresionante ante la pantalla y que seguramente transmitió a su contraparte animada.
La gente encargada de la distribución de cintas animadas en nuestro país deberían aprender a respetar el trabajo de actores de primera talla como Hunter, Samuel L. Jackson o Craig T. Nelson, presentes en esta cinta, pero sobre todo respetar la inteligencia y criterio del público nacional dejando que sea quien paga el boleto el que elija la versión que desea escuchar, sobre todo porque a estas alturas todo el mundo sabe que un largometraje de la factoría Pixar no es necesariamente para niños.
Sitio Oficial: http://www.theincredibles.com/
LOS INCREÍBLES
(The Incredibles)
Dirección y Guión: Brad Bird; Producción: John Walker; Fotografía: Andrew Jimenez, Patrick Lin, Janet Lucroy; Música: Michael Giacchino, Tim Simonec; Edición: Stephen Schaffer; Voces originales: Craig T. Nelson (Mr. Incredible / Bob Parr), Holly Hunter (Elastigirl / Helen Parr), Samuel L. Jackson (Frozone / Lucius Best), Jason Lee (Syndrome / Buddy Pine), Spencer Fox (Dashiell Dash Parr), Sarah Vowell (Violet Parr), Brad Bird (Edna E Mode) Kimberly Adair Clark (Honey), Dominique Louis (Bomb Voyage); Voces en español: Víctor Trujillo (Mr. Incredible / Bob Parr), Consuelo Duval (Elastigirl / Helen Parr), Omar Chaparro (Syndrome / Buddy Pine), Dario T. Pie (Edna E. Mode)
EE.UU., 2004, 121 min
Premios y Nominaciones: Entrega de Premios Globos de Oro (Nominación al Globo de Oro por Mejor Película Musical o de Comedia), Estados Unidos 2005; Entrega de Premios de la Asociación de Críticos Cinematográficos de Los Angeles, California (Premio a Mejor Película de Animación y Mejor Música Original), Estados Unidos, 2004; Entrega de Premios del National Board of Review (Premio a Mejor Película de Animación), Estados Unidos, 2004; Entrega de Premios del Círculo de Críticos Cinematográficos de Nueva York (Premio a Mejor Película de Animación), Estados Unidos, 2004; Entrega de Premios de la Crítica Cinematográfica de Seattle (Premio a Mejor Película de Animación), Estados Unidos, 2004.
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