La nueva música clásica. El Fantasma de la Opera.
Por: Rodrigo Vidal Tamayo R.
Independientemente de lo que uno considere como arte hay que aceptar que toda manifestación humana es parte de la cultura y por lo tanto es merecedora de respeto. Repito, aun y cuando no nos guste.
Lo anterior vienen a colación porque la gente aficionada al cine denominado de arte (los autodenominados cinéfilos) es la primera en huir con la mención de Hollywood o cartelera comercial o despotricar contra el videohome, muchas de las veces hablando con desconocimiento de causa. Lo que muchos pasan por alto es que el cine en sí es un arte, por lo que toda película, por el simple hecho de estar filmada, es arte. Que sea de mayor o menor calidad es algo subjetivo y depende enteramente del observador.
En el caso de la música pasa exactamente lo mismo. Los exquisitos melómanos se la pasan criticando destructivamente los nuevos (y no tan nuevos) géneros musicales, en especial los más agresivos o comerciales sónicamente hablando y se ciegan ante el devenir histórico expresado en dichos géneros. La evolución que la expresión musical ha sufrido desde los tiempos de los conciertos a puerta cerrada para la aristocracia o de las grandes óperas si bien no han desaparecido por lo menos han evolucionado en el contexto popular.
Quien crea que la música clásica es cosa del pasado vive en el error y no lo digo porque todavía en nuestros días se escriban piezas sinfónicas o para instrumentos clásicos, sino porque los pueblos han querido eternizar melodías propias de su entorno. Ahí tenemos el rock, la música folclórica y el pop, que son las que dominan las ventas, la literatura y el colectivo imaginario y, repito, independientemente de nuestros gustos es algo que hay que aceptar.
El encanto de todo gran concierto es lo estrafalario. Cuando un artista se vuelve loco en el escenario es la hecatombe para su público, que puede entregársele sin miramientos y convertirlo en un ícono (¿a alguien le suena Pedro infante?), así que no es de extrañar que algunas personas concibieran la idea de mezclar la música y la actuación –las dos artes más populares- y crear el máximo entretenimiento: la ópera. En el caso de Andrew Lloyd Webber y Tim Rice ellos lo llevaron todavía más lejos, creando el producto que definió al show business en el siglo pasado, la opopera.
Ignoro el por qué del encanto de los musicales si la mayoría de ellos son basura poblada de melcocha y buenos pensamientos, diseñada para manipular y hacer olvidar los verdaderos problemas cotidianos. Cuando creíamos que habían desaparecido –por lo menos del panorama cinematográfico- resurgieron con una fuerza que hasta premios los llevó a ganar (algunos prestigiosos, otros no), así que los fanáticos estarán de plácemes pues ya vendrán más adaptaciones de bodrios románticos o de superación personal.
En el caso de la más reciente adaptación de los creadores de Jesucristo Superestrella, Cats y Evita hay que admitir que como entretenimiento –objetivo primordial del cine- la película cumple con creces e incluso supera expectativas, pues Joel Schumacher nos hace entrega de un filme muy bien manufacturado, que cubre los requisitos necesarios para convertirse en un éxito.
La película convence hasta al más irredento fan del musical y para el espectador casual son dos horas de buen cine, amén de escuchar la ópera del siglo pasado que ya se ha convertido en la nueva música clásica. Si no me creen pregúntenle a las quinceañeras que han usado la obertura para su vals o a las decenas de grupos que de una forma u otra se han pirateado las melodías para sus propios discos.
Como todo musical hollywoodense, la película es fastuosa y rimbombante, llena de colorido, que en vez de chocar con su raíz literaria le da un enfoque más populachero y amistoso, sin perder lo trágico de su historia. Schumacher logra capturar el interés durante toda la cinta como no la hacía desde Los Muchachos Perdidos, con todo y que el ritmo decae levemente en la segunda mitad de la película. Los actores elegidos para los papeles principales -Gerard Butler como el fantasma y Emmy Rossum como Christine- desarrollan una actuación de pareja muy parecida a la vista entre DiCaprio y Kate Winslett en Titanic (ya sé, la película no es de mi agrado pero por algo ha sido la más taquillera del mundo, ni modo) que redunda en esa conexión espectador-pantalla únicamente vista en las telenovelas. Minnie Driver sorprende en un papel atípico a los que nos tiene acostumbrados y más aún por la autoparodia que su pobre registro como actriz le impide realizar. Sin embargo, es agradable ver a una actriz medianamente famosa hacer el ridículo… a propósito.
Sobre la música no hay mucho que decir, pues es la razón principal que guiará a la gente a verla. Al inicio de la película es imponente la entrada del tema principal, aunque después de va diluyendo por su constante repetición y por el hecho de que en poco más de dos horas de duración a lo sumo hay cuatro canciones netamente diferentes. Si desean ver musicales propositivos tanto argumentativa como musicalmente consigan La Felicidad de los Katakuri del siempre amado Takashi Miike o la ópera rock Hedwig and the Angry Inch, en donde aparte de hacernos bailar las piernas también lo hacen con nuestras neuronas.
Muchos recordarán la versión dirigida por el mito viviente Dario Argento, que llegó hace algunos años a las pantallas. Aunque las opiniones son bastante divididas en cuanto al resultado del maestro del giallo hay que admitir que los que la defienden lo hacen por la obra del italiano y no por la calidad de la película, que para ser sinceros deja mucho que desear. Esta versión, con todo y su comercialidad rampante, es infinitamente superior, obviando por supuesto las diferencias de presupuesto y producción, pero mientras la de Argento falla en representar el aspecto grotesco de la obra de Gastón Leroux, la de Schumacher hará que mucha gente volteé hacia el libro.
Véanla, disfrútenla y emociónense, pero recuerden que un buen musical tiene más de cuatro canciones distintas.
Sitio Oficial: www.phantomthemovie.com
EL FANTASMA DE LA OPERA
(The Phatom of the Opera)
Dirección: Joel Schumacher; Guión: Joel Schumacher y Andrew Lloyd Webber, basado en el musical de Andrew Lloyd Webber, Charles Hart y Richard Stilgoe, a su vez basado en la novela de Gaston Leroux; Producción: Andrew Lloyd Webber; Fotografía: John Mathieson; Música: Andrew Lloyd Webber; Edición: Terry Rawlings; Con: Gerard Butler (El Fantasma), Emmy Rossum (Christine Daae), Patrick Wilson (Vizconde Raoul de Chagny), Miranda Richardson (Madame Giry), Minnie Driver (Carlotta), Simon Callow (Gilles Andre), Ciarán Hinds (Richard Firmin), Jennifer Ellison (Meg Giry), James Fleet (Lefevre)
EE.UU., 2004, 141 min
Premios y nominaciones: Golden Globes, EE.UU., 2005: nominada como mejor película musical o de comedia; nominada por la mejor canción original (”Learn To Be Lonely”), Emmy Rossum, inexplicablemente nominada como mejor actriz en película musical o de comedia

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