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En el país de los cinéfilos, el cinéfago es rey

La maldición (The Grudge)

grudge-posterPor: Marco González Ambriz

Lo he dicho antes y lo diré toda la vida. Los remakes no tienen nada de malo y tan sólo representan algo que en cualquier otro ámbito artístico es de lo más normal. En el jazz, por ejemplo, hay canciones llamadas standards porque todo el mundo las incluye en su repertorio. A nadie le parece raro que los mejores músicos del género hagan sus propias versiones de piezas tan socorridas como Strange Fruit, It Don’t Mean a Thing o Sweet Georgia Brown. En el rock, con una historia de casi cincuenta años, ya existe una cantidad respetable de rolas que todos aspiran a interpretar, lo que en parte explica la actual avalancha de tributos, recopilaciones y acoplados donde bandas actuales, desde las que tocan en estadios hasta las que amenizan fiestas, hacen su mejor esfuerzo por imitar/homenajear/parodiar a Motörhead, los Stooges o los Monkees, según sea el caso.

Y aunque los fanáticos del cine del terror chillen, se tiren al suelo y pataleen, como niños chiquitos, es totalmente válido hacer versiones nuevas de sus películas favoritas. Los argumentos que los fanboys presentan son tan endebles que es una pérdida de tiempo refutarlos: “¡Pero The Texas Chainsaw Massacre es una película que cambió mi vida!” ¿Y a mí que chingados me importa? “¡Si hacen una nueva versión de Suspiria ya no voy a conseguir la original!” Más bien es al revés, lo van a agarrar de pretexto para lanzar una edición remasterizada en DVD y si te esperas dos años y pagas los 200 dólares que va a costar la edición archi-super-mega-recontra-especial Dario Argento en persona te la va a llevar a tu casa. “¡Halloween es perfecta, la nueva versión jamás podrá igualarla!” No la veas.

Ahora que el cine de horror oriental ya se puso de moda la reacción de los aficionados al gore y al horror es muy similar, con la oleada de remakes que incluye títulos como The Ring con su respectiva secuela, Dark Water (con Jennifer Connelly) y por supuesto The Grudge, donde Sarah Michelle Gellar es el gancho empleado por el productor Sam Raimi para convencer al público gringo de acercarse a una cinta ubicada en Japón, narrada de forma no lineal y que representa una experiencia intolerable para los que se asustaron con la inocua Mar Abierto. The Grudge es muy parecida a las versiones originales japonesas (hay cuatro, dos en video y dos en cine). Por principio de cuentas Raimi contrató a Takashi Shimizu, el mismo director responsable de la saga original de Ju On, además utilizó la misma casa embrujada, los mismos fantasmas y casi la misma estructura narrativa.

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Sarah Michelle Gellar en La Maldición

Lo que cambió es que ahora los efectos especiales son más caros, incluyendo el uso de CGI, que los actores son en su mayoría güeros, para que la gente en EE.UU. no se espante al ver puro oriental, que la historia de la maldición ahora se explica con mucha claridad, también para que los gringos no se hagan bolas, y que se nota que se tuvo mucho cuidado en bajarle la intensidad a The Grudge, tal vez para que los norteamericanos no protesten (y lo que es peor, demanden) porque la película es demasiado fuerte, aunque esto sea lo mismo que salir de una comedia quejándose porque resultó excesivamente divertida. En términos generales, The Grudge es el raro caso de un remake que es casi idéntico al original, sin llegar a los extremos de Gus Van Sant con Psycho, y por esto mismo su impacto es menor para los que sí vimos las cintas originales.

Es muy probable que esto último se deba a la familiaridad que muchos tenemos con las escenas de miedo de Ju On. De por sí las versiones filmadas en 35mm retomaban buena parte de lo que se había hecho en video. En todo caso, Ju On no se destaca por su originalidad, ni por su temática, sino por su efectividad. Takashi Shimizu se propuso contar la historia de una casa embrujada, tema trillado si los hay, y consiguió una cinta que es un deleite para los que gustan de poner a prueba sus nervios y un tormento para los que saben de antemano que van a sufrir con una historia de aparecidos, por mucho que esté ubicada del otro lado del mundo. Ju On se puede considerar un ejercicio de estilo en el que Shimizu utiliza medios muy limitados para crear una atmósfera malsana, aderezada con efectos shock sencillos pero que le sacan un suspiro al espectador más curtido.

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Bill Pullman en La Maldición

Hay que reconocer que The Grudge incluye algunas escenas que uno supondría serían eliminadas en esta nueva versión, como la aparición de Yoko, aunque también dejaron otras que tal vez sería mejor omitir, en especial la de la espantosa cama embrujada. Ya sé que los fans de Ju On me van a odiar, pero esta última sería apenas aceptable en una película de Clavillazo. Sin embargo, uno de los puntos clave de la cinta japonesa, el hecho de que la maldición se extiende más allá de la casa, es algo que en The Grudge no queda del todo claro, y este es uno de los factores que la hacen menos desesperante que su contraparte nipona. A pesar de la presencia de Sarah Michelle Gellar, que muchos aseguraban convertiría a la película en Buffy la Cazafantasmas, el elenco gaijin de The Grudge no representa un lastre. El papel de Gellar lo pudo haber hecho cualquier otra actriz y su personaje tiene la misma importancia que los demás.

De cualquier manera, The Grudge sigue siendo una película recomendable para los que no todavía no hayan visto Ju On (aunque haya circulado ampliamente en versión pirata, doblada al baturro). Para los que sí conocíamos la obra previa de Takashi Shimizu no todo está perdido. Es muy entretenido ver cómo brincan los demás en las escenas de miedo, cuando uno ya sabe por dónde va a salir el fantasma.

LA MALDICIÓN
(The Grudge)
Dirección: Takashi Shimizu; Guión: Takashi Shimizu y Stephen Susco, basado en Ju On; Producción: Taka Ichise, Sam Raimi, Robert Tapert; Fotografía: Noriyuki Mizuguichi, Hideo Yamamoto; Música: Christopher Young; Edición: Jeff Bettancourt; Compañía Productora: Ghost House Pictures; Compañía Distribuidora: Gussi-Artecinema; Con: Sarah Michelle Gellar (Karen), Jason Behr (Doug), William Mapother (Matthew), Clea Duvall (Jennifer), Kadee Strickland (Susan), Grace Zabriskie (Emma), Bill Pullman (Peter)
EE.UU., 2004, 90 min.

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