Por: Marco González Ambriz

Una de las constantes de la cultura en México es que siempre tenemos unos treinta años de retraso frente a lo que se hace en otros países. Esto se ve en el rock, en los cómics, en el internet y, por supuesto, en el cine. Sobre el tema que nos ocupa uno de los síntomas más preocupantes es que todavía existen cineastas que quieren descubrir el hilo negro de la nouvelle vague, como Julián Hernández con Mil Nubes de Paz…, cuando en Francia ese tipo de experimentos le han cedido el paso a una apuesta más comercial, como podemos ver con Nid de Guêpes.

Durante décadas la cinematografía gala enfrentó las carencias de postguerra, mismas que obligaron a sus realizadores a filmar con presupuestos exiguos, en exteriores y con más diálogos que acción, lo que llevó a muchos despistados a alabar la “profundidad” de una industria que no tenía más remedio que presentar historias donde un puñado de personajes se reunían en un café para enfrascarse en discusiones bizantinas entre humo de cigarro, todo filmado en riguroso blanco y negro. Por fortuna eso ya se acabó y ahora los cineastas franceses pueden optar por la espectacularidad y la claridad narrativa, lo cual no tiene nada de raro si recordarmos la popularidad de las producciones norteamericanas en ese país, donde la cartelera está dominada por Hollywood.

Nido de Avispas es un claro ejemplo de esta influencia. Es muy probable que su director Florent Siri, de extracción videoclipera, haya tenido en mente la famosa Assault on Precinct 13 (John Carpenter, 1976) a la hora de escribir el guión de su opera prima. A su vez, Carpenter se había basado en Rio Bravo (Howard Hawks, 1959) y es que las posibilidades dramáticas de un pequeño grupo que debe resistir el embate de fuerzas que les superan ampliamente en número no es algo que se haya descubierto recientemente. Es difícil no emocionarse leyendo sobre la batalla de las Termópilas o el asalto a Masada, aunque todos sabemos el desenlace que tuvieron. En el cine, otro ejemplo del mismo argumento lo tenemos en Aliens (James Cameron, 1986), una secuela que superó a la original.

De todas formas, hay que saber contar la historia, algo que Florent Siri consigue sin mayor problema. Nid de Guêpes narra los intentos de las fuerzas especiales francesas, comandadas por Helene Laborie (Nadia Farès), por trasladar al lider de la mafia albanesa, un tal Abedin Nexhep (Angelo Infanti), a la cárcel donde permanecerá recluido antes de enfrentar un juicio por trata de blancas, extorsión, tortura, homicidio, entre otras cosas. A pesar del impresionante dispositivo de seguridad, los soldados de Nexhep toman por asalto al vehículo que trasporta a su jefe, así como a los policías que lo escoltan. Ante la ferocidad del ataque, los sobrevivientes se ven obligados a ocultarse en una bodega. Como la acción transcurre el 14 de julio, todo el mundo está celebrando la toma de la Bastilla (y no la independencia de Francia, como dijo el Perro Bermúdez en alguna ocasión), por lo que es poco probable que alguien note lo que sucede. Excepción hecha de un grupo de delincuentes que han elegido ese día para robar el equipo electrónico almacenado en el lugar, mismos que desarman fácilmente a los guardias de seguridad pero que no esperaban tener que enfrentar a un ejército privado.

Como en otras cintas del género, los personajes atrapados en el lugar deben olvidar sus diferencias y colaborar si han de mantener a raya a las hordas que los tienen rodeados. Como ha sucedido en otras películas francesas de los últimos años, los estudiantes superan a los maestros. Mientras los gringos se esfuerzan por darle gusto al mercado de los adolescentes oligofrénicos, con explosiones sin ton ni son y chistes babosos, en Francia se han realizado notables cintas de acción como Pacto de Lobos (Christophe Gans, 2001) o Dobermann (Jan Kounen, 1997), que tienen el mérito de que se toman toman las cosas en serio y no intentan rebajar la violencia con frases irónicas o proezas tan exageradas que se parecen más a las aventuras del Correcaminos y el Coyote que a los balazos y madrazos de John Woo o Raoul Walsh, verdaderos maestros en la materia.

Es cierto que la comandante machorra que interpreta Nadia Farès, el ratero de buen corazón encarnado por Benoît Magimel o el criminal sobrehumano de Angelo Infanti no tienen nada de original, ni requieren grandes despliegues histriónicos, como también es verdad que Nid de Guêpes difícilmente hará que Florent Siri entre a la historia del cine. Pero esto no es necesario cuando el ritmo es constante, la tensión va siempre en aumento a medida que los defensores de la improvisada fortaleza van cayendo, las balaceras están bien filmadas, el desarrollo de los personajes no interfiere con la violencia y los anónimos atacantes no desisten nunca a pesar de la heroica resistencia.

En estas fechas decembrinas, donde todo es felicidad, buenos deseos e hipocresía, no hay nada mejor que olvidarse de la familia, de los propósitos de año nuevo y de las comedias de Tim Allen con una buena dosis de acción, sin importar que ahora los protagonistas de las balaceras hablen francés. Es una lástima que Nido de Avispas esté en pocas salas porque, además de entretener al espectador durante un par de horas, esta cinta puede colaborar a que la gente le pierda el asco al cine europeo. Cualquier cosa que ayude a que el público mexicano deje de aplaudir todo lo que nos llega actualmente de Estados Unidos es digno de ser celebrado.

NIDO DE AVISPAS
(Nid de Guêpes)
Dirección: Florent Emilio Siri; Guión: Florent Emilio Siri, Jean-Francois Tarnowski; Producción: Patrick Gouyo Beauchamps, Claude Carriere; Fotografía: Giovanni Fiore Coltellacci; Música: Alexandre Desplat; Edición: Christophe Danilo, Olivier Gajan; Compañías Productoras: Embellie Productions / France 2 Cinema / Pathé Image / Pendrake Films; Compañía Distribuidora: Alphaville; Con: Samy Naceri (Nasser), Benoît Magimel (Santino), Nadia Farès (Helene Laborie), Pascal Greggory (Louis), Sami Bouajila (Selim), Angelo Infanti (Abedin Nexhep)
Francia, 2002, 105 min.