Revista Cinefagia

revistacinefagia.com

En el país de los cinéfilos, el cinéfago es rey

Tuno Negro

Por: Montgomery Guilleaume Frankenheimer van der Beck

El serial killer se ha convertido en un fenómeno de la cultura pop desde el último cuarto del siglo pasado. El cine, en consecuencia, ha dedicado kilómetros de celuloide para llevar a la pantalla sus hazañas y, si bien es cierto existen trabajados documentales que dan cuenta del hecho individual y sus repercusiones sociales y biopics que a medio camino del amarillismo más tremendista y las teorías psicológicas más elaboradas se empeñan en identificar a sus estrellas criminales como entes vulnerables; también existe la veta del filme cien por cien comercial, elaborado ex profeso para la creación de nuevos mitos dentro del cine de terror o suspenso.

Al panteón fantaterrorífico clásico creado en los años treinta, han accedido asesinos de lozana juventud cinematográfica como los veinteañeros Michael Myers, Fred Krueger, Jason Voorhees y Chucky, “nacidos” a fines de los setenta y durante la década de los ochenta, además del texano Leatherface, quien recién cumplió los treinta años de edad. Son estos quienes han servido de ejemplo y guía para numerosos émulos en los recientes años, comenzando por el Ghost Face del tríptico Scream, y un puñado más de copiones de menor talante, cuya única baza común es andar moviéndose por territorio estadounidense.

Sin embargo, hace tres años surgió la figura de un serial killer enmascarado, con todos los tics recurrentes propios de los maestros arriba mencionados, sólo que moviéndose dentro del territorio español y ataviado de llamativas ropas de músico de estudiantina y portando tremendo cuchillo en lugar de mandolina. Se trata del Tuno Negro.

Universidad de Alcalá de Heredia. En una de las ciudades más apacibles de la madre patria, un grupo de jovencillas se apresta al término del año en su aburrida escuela de monjas, pero antes recibirán la serenata de una tuna (estudiantina) a la cual no quiere asistir Arantxa (aparición especial de la bella Maribel Verdú) por preferir chatear con alguien quien se hace llamar el Tuno Negro. Lo que no sabe es que éste la vigila, además de grabar y transmitir por medio de una cámara web lo que está sucediendo.

A pesar de que se trata de una película de asesino a la americana, en el inicio se hace referencia clara al Suspiria de Dario Argento: Arantxa morirá (después de la consabida persecución por los corredores) en la capilla de la escuela, suspendida del techo, crucificada y con un vitral multicolor a sus espaldas. Curioso arranque para la película que, como también acostumbran los seriales norteamericanos, se mezcla con la consabida escena de sexo y un desnudillo que no viene al caso, pero de todos modos se agradece.

Las similitudes con la obra maestra de Argento no terminan allí. Lo que hemos visto es tan sólo el prólogo que advierte la presencia del asesino, pero lo bueno viene después, en la bellísima ciudad de Salamanca y su Universidad, la más antigua del mundo hispano. Hasta allí, en una noche de tormenta llega una nueva estudiante, Álex, encontrando una escuela desierta, por lo que es víctima de una broma por parte de Edu y su grupo de amigos, integrantes todos de la tuna local.

Acoplada pronto a su nueva escuela y su ecléctico grupo de amigos, Álex comienza a tener contacto por medio del videochat con el Tuno Negro, para complacencia de Trucha, el listillo del grupo que vive obsesionado con la vida y obra de los asesinos seriales y cuyo mayor sueño es capturar a la leyenda local y acabar con el reinado de terror que el enmascarado implanta cada año escolar en una universidad distinta, dejando a su paso un nutrido grupo de cadáveres.

Mientras, Álex pretende hacer su tesis sobre la historia y leyendas de la catedral de Salamanca con la ayuda de Don Justo, abad del templo y catedrático de la universidad, adentrándose en la leyenda de los tunos negros, sociedad secreta que se pretende fue descubierta y procesada por la Santa Inquisición. Claro que la búsqueda del Tuno Negro no corre solamente por cuenta de Álex y sus amigos, sino también de Víctor, joven teniente de la policía que ha recorrido España tras la pista del maniático, pero que caerá enamorado de la bella e intelectual estudiante, en tanto que el Tuno Negro se dedica a su materia favorita: el asesinato vía cuchillo cebollero, acechando a la chica y sus amiguitos.

Si bien es cierto que se trata de un slasher derivativo como tantos, es justo decir que este se encuentra por encima de muchísimos realizados en los Estados Unidos. La imaginería visual de la dupla de directores permitió que tanto la universidad, como la catedral y hasta la misma ciudad de Salamanca adquirieran una densidad propia, un cuerpo específico y un peso central en la historia, convirtiendo a cada una de estas entidades en un personaje central para el desarrollo de la cinta. Baste como ejemplo la persecución final en el interior de la iglesia y su posterior destrucción, algo verdaderamente impensable para quienes hemos visitado tan impactante patrimonio de la humanidad.

Sin vender la trama les puedo asegurar que la premisa en que el Tuno Negro sostiene sus crímenes es también novedosa: Nescientia necat “la ignorancia mata”, y se trata de eliminar a los peores estudiantes de las universidades, aquellos que no han entendido que acceder a la educación y al conocimiento es un privilegio y que como tal debe de respetarse. ¿Imagínense cuantos Tunos Negros se necesitarían en México para limpiar las universidades de cegeacheros, porros y fósiles sin oficio ni beneficio que pululan mosqueándose en los campus nacionales?

Black Serenade, como se le conoce de exportación, es una agradable cinta genérica con las obligadas vueltas de tuerca, falsos sospechosos, policías duros pero de buen corazón y las rubias de grandes senos que tanto gustan a los psicópatas en turno y, aunque al momento en que el Tuno Negro se autodesenmascara uno termina por preguntarse sobre ciertos cabos sueltos, es muy apreciable para una tarde de flojera en compañía de los amigos. En resumen, mejor que varias de las últimas cintas salidas de Hollywood y sus traspatios.

TUNO NEGRO
Dirección, Guión: Vicente J. Martín y Pedro L. Barbero; Producción: Andrés Vicente Gómez; Fotografía: Carlos Suárez; Música: Roque Baños; Edición: ; Elenco: Silke (Alejandra “Álex” Alsonso), Jorge Sanz (Edu), Fele Martínez (Víctor), Eusebio Poncela (Don Justo), Maribel Verdú (Arantxa), Patxi Freytez (Trucha), Sergio Pazos (Alacrán), Rebecca Cobos (Michelle)
España, 2001, 110 min.
Premios y Nominaciones: Festival Internacional de Cine Fantasporto (Nominación al Premio Internacional de Fantasía a Mejor Película), Portugal 2002

Tagged as: , , , ,

Comments are closed.