Lila Dice

… que todos admiran su rostro, semejante al de un ángel, que su pelo es asombrosamente rubio y que su piel es imposiblemente blanca, que su tía siempre le dice que su cuerpo tiene la pureza de la leche que alimentó al Niño Dios, y entonces, para dar fin a este monólogo autoelogioso y enteramente justificado, Lila le pregunta a su interlocutor, un sensible joven de origen árabe que duda en abandonar a sus vandálicos amigos del barrio para convertirse en escritor, si quiere ver su panocha.

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Este personaje, que a muchos les recordará a aquella Brigitte Bardot que hacía gala de una sensualidad despreocupada y agresiva para su época, persistirá en este juego de seducción-provocación, asediando a su víctima, Chimo, hasta desquiciarlo, proporcionándole un tema para redactar el texto que habrá de servirle como pasaporte a una prestigiosa escuela para escritores en París (la acción transcurre en Marsella), pero también volviendo locos a los otros chavos del barrio, cuyo machismo va de la mano de su joven edad y sus prejuicios culturales, y que por lo tanto no pueden tolerar que una rubia tan atractiva se pasee ataviada con coloridas falditas, o a bordo de su infaltable motocicleta, sin hacerles caso, sin siquiera advertir su presencia.

Todo esto podría parecer un simple refrito de las películas que Roger Vadim dedicó a su musa en los 50, donde la Bardot enardeció al mundo entero ejerciendo una sexualidad libre de culpas, si no fuera porque esta nueva película, la segunda de la autoría del realizador libanés Ziad Doueiri, está basada en los escritos del Chimo de carne y hueso, que no sólo diá su bendición para que se filmara esta adaptación de su texto, sino que fue en parte responsable por hallar a la actriz ideal para encarnar a Lila, una Vahina Giocante deslumbrante y que fue el milagro que hacía falta para concluir un proceso de casting que se había alargado 9 meses.

Por esto Lila Dice tiene una intensidad que otras historias que se remiten a un primer amor no tienen, por ser relatos imaginados y que con frecuencia nos presentan a adolescentes demasiado educados y seguros de sí mismos. En cambio, Lila Dice tiene la veracidad de lo vivido, sólo alguien que haya pasado por una situación similar podría recrear esos diálogos en los que ella provoca a Chimo contándole sus extravagantes hazañas sexuales, donde figuran cientos de hombres y que la han llevado a considerar seriamente la posibilidad de adentrarse en el fascinante mundo de la pornografía, llegando incluso a pedirle a Chimo que la grabe en estos trances o que al menos la observe mientras fornica con otros.

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Pese a las dudas que estas historias siembran en el joven Chimo está claro que el interés del narrador y del cineasta no es el de demonizar a su protagonista femenina, transformándola en un muestrario de aquellas mujeres que nuestras madres nos advirtieron que intentarían pervertirnos. Está claro que Lila es culpable sólo de tener una imaginación demasiado viva y una lengua muy suelta, o como ella misma lo dice: es increíble que con una boca tan pequeña pueda mamar vergas tan grandes. Es en estas escenas, mientras Lila azora a Chimo con sus revelaciones, que la película alcanza su punto más alto, con una banda sonora que recuerda lo logrado por Sofia Coppola en Perdidos en Tokio y que le da a las imágenes, que nunca corren el riesgo de caer en la vulgaridad o el mal gusto gracias al oficio de actriz y director, un ambiente encantado con el que se obtienen algunas de las secuencias más románticas del cine reciente, como aquella en que la joven pareja pasea en la motocicleta de Lila y ella lo masturba mientras él conduce el vehículo.

Sin mostrar desnudos ni escenas fuertes, más allá de algunas viñetas provenientes de un cómic pornográfico, tal como corresponde a una cinta que tiene como punto fuerte la imaginación de su protagonista, Ziad Doueiri ha conseguido uno de los relatos más honestos sobre el despertar al amor, con todos los sinsabores que esto conlleva, que se hayan visto en fechas recientes. Es tal vez inevitable que el resto de los personajes no tenga la misma fuerza dramática y se queden ligeramente por debajo de esas intensas, inolvidables conversaciones en un jardín, en una enfermería o en el cuarto de Lila, que son el punto focal de la película. Además, las actitudes de los amigos de Chimo hacen que el final sea demasiado predecible, proporcionándole al aspirante a escritor el impulso que necesita para abandonar el barrio.

Esto tal vez se deba a que Scorsese ha abordado este tema, el de los prejuicios morales en las comunidades de inmigrantes, con mejor fortuna que Doueiri, o simplemente a que esas pláticas, tan ajenas a la estructuración dramática como debe serlo cualquier conversación de enamorados, se resiste a encajar en una narración que contenga un desarrollo y un desenlace. Sea como sea, lo predecible del relato le resta fuerza a una película que tiene su punto más fuerte en la espontaneidad de los diálogos y en la autenticidad de los titubeos que le impiden a Chimo y Lila llegar a algo más, algo muy diferente a la mot juste a la que Hollywood nos tiene acostumbrados, que nunca falta para que la parejita se encuentre en el típico coming of age drama gringo.

Además, por muy basada que esté la película en un texto autobiográfico, no es fácil sacudirse la impresián que la fascinación de Lila hacia este jovencito tímido y sensible es un caso de wishful thinking por parte del Chimo real y del mismo Doueiri. Cuando se le cuestionó a este último, en el marco del Festival Franco Mexicano del 2005, si él tenía en su pasado una Lila a la que había querido honrar con esta adaptación, Doueiri se limitó a contestar que su musa es la virgen de Guadalupe. Tal vez cuando regrese a México, para filmar lo que será su siguiente proyecto, estará más dispuesto a decir si a él le sucedió algo similar a lo que relata Chimo, lo cual no tendría nada de raro. Si no tuvieron la suerte de ver Lila Dice en el fugaz Festival Franco Mexicano, donde se proyectó antes de su estreno en Francia, planeado para enero del 2005, pueden estar tranquilos: la película ya cuenta con distribución en México y sólo es cuestión de tiempo para que aparezca en la cartelera comercial, aunque sea con un reducido número de copias.

LILA DICE
(Lila Dit Ca)
Dirección: Ziad Doueiri; Guión: Ziad Doueiri, con la amable colaboración de Joelle Touma, basado en la novela Lila Dit Ca de Chimo; Producción: Marina Gefter; Fotografía: John Daly; Música: Nitin Sawhney; Edición: Tina Baz; Compañía Productora: Huit et Demi Production; Compañía Distribuidora: Cinemas Nueva Era; Elenco: Vahina Giocante (Lila), Mohammed Khouas (Chimo), Karim Ben Haddou (Mouloud), Lotfi Chakri, Houd Dkhissi
Francia-Inglaterra-Italia, 2004, 89 min.

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