Revista Cinefagia

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En el país de los cinéfilos, el cinéfago es rey

El documental como arma de información masiva. Super Engórdame.

Después de que hizo su luchita, Michael Moore no pudo sacar a Georgie boy de la Casa Blanca pero al menos tendrá el consuelo de haber implantado una moda a la hora de hacer documentales. De ser filmes pesados y en muchos casos aburridamente serios, aunque con sus honrosas excepciones, el documental ahora se ha convertido en un instrumento que aparte de iluminar puede burlarse incluso hasta del mismo autor, lo que ha hecho que los teóricos fílmicos se paren de pestañas, pues esa cuarta pared que se encargaron de construir con sus sesudos e inútiles tratados se ha desmoronado al igual que el legendario muro de Berlín.

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Es de agradecer que dentro del mismo imperio haya gente obstinada, si no en hacerlo caer, por lo menos en mostrar a sus coterráneos, y al mundo entero, parte de los errores que están cometiendo en estos mismos momentos. Y no sólo me refiero a la denuncia de la glotonería de las grandes corporaciones o a las peroratas faccioso-tendenciosas de Moore, sino a evidenciar la podredumbre que (espero) resultará en la caída del país más poderoso del mundo (aunque de nada va a servir porque ya surgirá algún otro, ¿o no, China?) reflejada en las miríadas de documentales sobre asesinos seriales –la exportación gringa de mayor consumo en el mundo- y criminales en general, que en su mayoría se limitan a comentar los sucesos pero nunca a criticar las verdaderas causas, cosa que el ya mencionado Moore sí ha tratado de hacer y es en donde radica su mérito.

El caso es que los clones de Michael Moore ya están surgiendo y tenemos la fortuna de que a nuestras pantallas haya llegado una película como Super Engórdame, en donde aparte de hartarnos de comida chatarra podemos divertirnos observando en flagrancia lo ignorante que es el gringo promedio y a pesar de sus inevitables fallas este documental puede servir para advertir a las mentes más influenciables los riesgos de una dieta grasosamente dulce.

El protagonista de la historia es Morgan Spurlock, un caso raro de la sociedad estadounidense, pues el cuate no sólo es una persona informada y lista, también tiene algunas tendencias straight edge (movimiento nacido en la escena punk gringa cuya filosofía es evitar todo tipo de drogas y excesos en aras de una vida mejor) y alguno que otro pensamiento Krishna de los positivos, porque nunca intenta adoctrinar a nadie, a diferencia de su novia, que durante toda la película se dedica a intentar hacerlo desistir de su experimento.

El trabajo de Spurlock en la cinta es el de alimentarse durante un mes únicamente de cosas que existan en el menú de McDonald’s, todo con el fin de demostrar que esa comida, aparte de tener un sabor horrible, es más dañina que las carnitas con granillo (aguas, porque esas carnitas lo que tienen son cisticercos) y al mismo tiempo observar como día a día las llantas se van inflando.

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En la película podemos ver el no tan lento decaimiento físico y emocional de Morgan, que se nota en los 8 kgs. que aumenta al término del plazo y las depresiones en las que se hunde mientras no mastica una big mac o una quarter pound. Los chequeos médicos que se hace antes y mientras el experimento ponen en evidencia la pésima calidad, en cuanto a nutrición se refiere, de los “alimentos” que el tocayo de Ronald Reagan pone a la venta.

Pero con todo y su noble causa el experimento está bastante fallido y las conclusiones a las que llega son más producto del interés del autor por hacer quedar mal a McDonald’s que resultado directo de la investigación. Veamos por qué:

Como mencioné arriba, Spurlock es una persona sana, que mantiene una dieta balanceada (advierto que todos estos datos se asoman en la película, no me estoy inventando nada), que hace ejercicio y que procura no excederse. Todo lo contrario a los obesos que nada hacen por eliminar los kilos de grasa que los van a llevar a la tumba, que llegan al extremo de usar sillas de ruedas cuando van de shopping y que, efectivamente, se alimentan únicamente de los que el mostrador o el congelador les ofrece.

De entrada, el experimento de Spurlock está mal planteado pues, como él mismo dice, su objetivo es demostrar que dicha comida sí constituye un riesgo a la salud del consumidor y lo hace ingiriendo únicamente los productos procesados. El problema es que ése no es el único cambio que introduce a su vida, pues al mismo tiempo que cambia su dieta deja también de hacer ejercicio, sustentándose en el hecho de que los gordos tampoco lo hacen. Lo que no considera es que ellos nunca lo han hecho y su cuerpo se ha acostumbrado a esa forma de vida. Para no hacerles el cuento largo, si un gordo sedentario decidiera hacer una película sobre los riesgos del ejercicio, cambiando de un día para otro sus hábitos, comenzaría a presentar problemas como hipertensión, deshidratación y fatiga, demostrando que el ejercicio es cosa del diablo.

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Las depresiones que sufre el protagonista, más que ser el comienzo de una adicción (como lo menciona uno de los médicos en la cinta), puede que sea más un resultado de la falta de ejercicio, que es bien sabido que favorece la producción de endorfinas en el organismo, sustancias que son las encargadas de crearnos la sensación de bienestar y cuya ausencia produce precisamente depresiones.

Una de las escenas más impactantes de la película es cuando el autor vomita, rechazando la comida que acaba de refinarse, lo que al parecer demuestra lo nefasta que puede ser. Lo que nunca se menciona es que Spurlock no está acostumbrado a ingerir tales cantidades de comida (de hecho le sucede al atascarse con el super size que le da nombre a la película) y es seguro que le pasaría lo mismo si se comiera el peso equivalente de espinacas y verdolagas, demostrando que no fue el tipo de comida sino la cantidad, aunque en la película no se contempla esta posibilidad.

De ninguna manera quiero que se piense que estoy en contra de la actitud y motivo ulterior de la cinta, de hecho la recomiendo, sobre todo en lo que a las entrevistas que realiza se refiere, en donde podemos observar el mayor cumplido que le hayan hecho jamás a Bush hijo o la indiferencia que les causa a los gringos el problema de la obesidad. Pero el hecho de usar una supuesta base científica y pervertirla en aras de resultados a fuerzas es igual de malvado que la avaricia de la multinacional.

Repito, qué bueno que haya gente interesada en abrirle los ojos a sus paisanos, pero, por favor, que sea de una manera inteligente y contundente, sin usar los mismos medios que dicen odiar.

Sitio Oficial: www.supersizeme.com

SUPER ENGÓRDAME
(Super Size Me)
Dirección, Guión, Producción: Morgan Spurlock; Fotografía: Scott Ambrozy; Música: Steve Horowitz, Michael Parrish; Edición: Stela Gueorguieva, Bob Lombardi, Julie Lombardi; Con: Morgan Spurlock, Bridget Bennett, Dr. Lisa Ganjhu, Don Gorske, Dr. Daryl Isaacs, Alexandra Jamieson, Dr. Stephen Siegel
Estados Unidos, 2003, 98 min.
Premios y Nominaciones: Festival de Cine de Sundance, 2004: Morgan Spurlock, Director´s Award, nominado al Gran Premio del Jurado. Full Frame Documentary Film Festival, 2004: Morgan Spurlock, MTV>News:Docs:Prize

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