Criminales
Por: José Luis Ortega Torres
A estas alturas del año y con todos los fiascos cinematográficos llegados del vecino país del norte, pensaba que era imposible que algo más me sorprendiera para mal, pero cada día me queda más claro que el pozo no tiene fondo. Aun cuando echo pestes de obras que únicamente me hacen gastar dinero y tiempo, todavía respeto las propuestas fallidas, pero originales, de algunos realizadores (inclúyanse productores y guionistas) que se quiebran la cabecita pensando nuevas fórmulas para agradar al público, aunque al final éstas no den los resultados esperados. Pero bueno, el esfuerzo se hizo.
Sin embargo, el estreñimiento mental de la gente que hace cine en la soleada California (inclúyanse nuevamente, productores y guionistas) alcanzó ya niveles de completo descaro. Hace unas cuantas décadas, realizadores de todas las nacionalidades estaban al pendiente del éxito gringo para de inmediato fabricar a destajo sus respectivos clones baratos, hoy en día la situación se ha revertido y es ahora el todopoderoso Hollywood quien de manera rapaz se dedica al saqueo de las cinematografías clásicas (cómo la francesa e italiana) y emergentes (las orientales e hispanohablantes).
Ante este hecho lamentable –pero inevitable–cuando menos se esperaría que contando con los recursos de una cinematografía económicamente poderosa, el resultado de reelaborar una historia de efectividad probada diera como resultado una obra de calidad inminente. No es tan descabello soñar con una obra casi perfecta gracias a las técnicas e inyección de capital yanqui, de hecho, recordando El Aro versión Gore Verbinski, nos podemos dar cuenta que a partir de un guión ya escrito se puede desarrollar una “historia paralela” al original, y no un remake francamente inútil y vacío de contenido, como a últimas fechas han dejado ver El Apartamento, Alfie, Bailamos y actualmente, Criminales.
Extraído del original argentino Nueve Reinas –ópera prima del año 2000 escrita y dirigida por Fabián Bielinsky–, el nuevo dream team del cine independiente de los Estados Unidos (o por lo menos eso creen ellos) encabezado por Steven Soderbergh y su compadre George Clooney producen este refrito llamado Criminal –pluralizado en México, porque nunca saben respetar un título– llevando la acción a Los Ángeles sin mayor chiste ni inventiva que repetir esquemáticamente lo visto en el original. Con Criminal debuta como realizador Gregory Jacobs, curtido durante varios años como asistente de dirección en la mayoría de las cintas de Soderbergh.
Nueve Reinas significó un suceso sin precedentes en la historia reciente del cine gaucho, siendo reconocida dentro y fuera de su país con corrida comercial y excelentes comentarios críticos en Francia, Inglaterra y España. Fue, en pocas palabras, un boom similar al de nuestro Amores Perros, incluso, porque Nueve Reinas fue pre-seleccionada para competir por el premio Oscar en su categoría de Lengua Extranjera –aunque finalmente la elegida resultó ser Felicidades, de Lucho Bender–. Es decir, estamos ante un original que se convirtió ipso facto, en un referente obligado del nuevo cine argentino.
Los valores de la producción argentina no radicaban en un despliegue de técnica y presupuesto, sino en un guión elaborado con la precisión de una maquinaria de relojería suiza que, aun cuando hacía sospechar que algo iba a suceder, en ningún momento dejaba adivinar uno de los finales mejor establecidos en las historias de estafadores carismáticos.
Otro de los grandes aciertos de Bielinsky es la inclusión de Ricardo Darín en el papel central de la trama, actor de un registro tan impresionante como su propio carisma –que afortunadamente hemos visto en México también como el atormentado restaurantero hijo de la novia en El Hijo de la Novia y el idealista padre de innegable conciencia social en Kamchatka–. Darín personificaba a Marcos, simpático hombre dedicado a la estafa como modus vivendi, apoyado no sólo en su agudeza de zorro, sino también en el ángel que desprendía para engatusar a sus víctimas, soportar a su hermana Valeria y enseñar sus secretos a Juan.
Pues bien, en Criminales, el campechano Marcos/Darin se convirtió en Richard/John C. Reilly, sin duda uno de los mejores actores del medio independiente, pero que en esta ocasión se encuentra fuera de lugar. Presentado como un cínico y medio neurótico estafador a medio camino del exitoso hombre que vive de la inocencia de sus victimas y del looser aburrido de su existencia, pierde el rasgo que hizo de Marcos/Darin el centro del afecto del publico que amó a ese personaje: su gusto por vivir llevando su “profesión” por el camino lúdico de ser más inteligente que los demás.
Mientras que en el original el acto de estafar es también la prueba fehaciente de un orgullo personal, una jactancia de superioridad que hace a Marcos/Darín sentirse dueño del mundo y titiritero de quienes están junto a él; en esta copia se reduce a un mero acto para hacerse de recursos fáciles, de ganar dinero con el menor el esfuerzo sin ninguna implicación moral hacia el personaje. Por eso, cuando en Nueve Reinas se llegaba al desenlace, la sorpresa era mayúscula y el sentimiento de pena permanecía de manera incómoda, porque Marcos/Darín es el tipo de malora que uno siempre quiere que resulte vencedor. Acá, en cambio uno puede decir “que bueno, eso le pasa por güey”, es decir Criminales no logra cumplir con el objetivo planteado en el argumento original de identificación personaje–público, básico en este tipo de argumentos. Total, si a Richard/ Reilly se lo lleva el demonio, pues ni modo.
Técnicamente la película no tiene desperdicio. Estando apoyada por Soderbergh (quien firma el guión en co-autoría bajo el pseudónimo de Sam Lowry) obviamente la factura es impecable y se nota en el estilo semi realista de cámara en mano, planos cortos, close-ups a las expresiones de sus actores propios de sus obras más modestas (y a la vez más contundentes) como en Vengar la Sangre (The Limey, ¿alguien la vio?, ¿no? ….duh! pues de lo que se perdieron). No obstante la factura de la cinta, ésta no pasa de ser otra del montón, tan es así que la misma premisa argumental de estafador estafado ya la pudimos ver a fines del año pasado y con mejor tino en Los Tramposos de Ridley Scott
Pero existe una y sólo una razón por la que esta cinta se estrenó en México con première de alfombra roja y por la que se supone debe tener en nuestro país su mercado natural: la “actuación” de Diego Luna, así, entre comillas, porque el buen hombre sigue poniendo la misma expresión de baboso que le conocemos de Nicotina y los comerciales de Telefónica MoviStar, en un rol completamente increíble, que de no aparecer en el argumento original, quedaría fuera de lugar gracias a su gris interpretación, porque sí en la cinta argentina Juan (Gastón Pauls) va hilvanando una personalidad que se descubre maquiavélica, aquí el paisano Luna no hace más que pasearse con cara de what? y hablando mal hasta en español, ah!, porque su papel es, al igual que en La Terminal spielbergiana, la de un mexicanito en busca del american way of life.
Diego Luna, tristemente, sigue sin alcanzar la hilaridad y perfección de la que ha sido su mejor interpretación hasta la fecha: la del gordito naco, berrinchudo y mal hablado hijo de Huicho Domínguez en El Premio Mayor. ¿O sería que ahí no estaba actuando? Vaya usted a saber.
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CRIMINALES
(Criminal)
Dirección Gregory Jacobs; Guión: Gregory Jacobs, Steven Soderbergh, basados en el original Nueve Reinas de Fabián Bielinsky; Producción: George Clooney, Steven Soderbergh; Fotografía: Chris Menges; Música: Alex Wurman; Edición: Stephen Mirrione, Douglas Crise; Compañías Productora Miramax; Compañía Distribuidora: Columbia Tristar Pictures; Con: John C. Reilly (Richard Gaddis), Diego Luna (Rodrigo / Brian), Maggie Gyllenhaal (Valerie), Peter Mullan (Wiliam Hannigan), Zitto Kazann (Ochoa)
Estados Unidos, 2004, 87 min.
