Alfie, el Seductor Irresistible
Por: Marco González Ambriz
A falta de algo mejor, Hollywood se ha dedicado últimamente a elaborar refritos de éxitos del pasado de toda laya, cinematográficos, televisivos y de historieta, por lo que, lejos de sorprendernos, esta nueva versión de la cinta sesentera estelarizada por Michael Caine hasta se antoja lógica. La historia de un joven inglés que seduce a cuanta jovencita -y madurita- se atraviesa en su camino y que se topa con ciertas dificultades que le hacen cuestionar su falta de escrúpulos, es algo que a los ejecutivos de la capital mundial del espectáculo cinematográfico debió parecerles una oportunidad inmejorable para combinar su gusto por el glamour con el mensaje aleccionador, mismo que les viene como anillo al dedo para fingir que les preocupa servir al público y no sólo servirse de él.
No me opongo a los remakes. El reponer obras de teatro, hacer nuevos arreglos de piezas musicales ya conocidas y retomar viejas anécdotas en cuentos y novelas es algo que se viene haciendo desde hace miles de años sin que nadie se escandalice por ello. La corta edad del cine, apenas un poco más de 100 años, no es una razón válida para exigir que todas las historias que relata este recién nacido arte sean originales. Hasta ahora no he encontrado un argumento convincente, ni uno solo, para unirme a las filas de los que condenan todo intento por hacer nuevas versiones de películas realizadas años atrás. Esta revisión de Alfie se acerca peligrosamente, pero sigue sin ser suficiente.
Alfie 2004, ahora con Jude Law como protagonista, incluye varias situaciones y personajes tomadas directamente del original, pero difiere en lo esencial de la versión de 1966, dirigida por Lewis Gilbert y que a su vez adaptaba una obra de teatro de Bill Naughton, responsable también del guión. En ambas cintas, Alfie es un chofer de limusinas que seduce a toda mujer que considera atractiva, sea esta soltera, casada o divorciada, y que no siente el menor remordimiento por su estilo de vida. Entre sus conquistas figuran una dama adinerada, una chica modesta ansiosa de formar una familia, una jovencita que huye de su pasado y una infinidad de encuentros casuales, incluyendo uno con la esposa de un amigo. Una serie de eventos desafortunados le hacen enfrentar su propia mortalidad, las consecuencias de sus acciones y lo vacío de su existencia. La imitación se extiende a lo formal. Las dos películas rompen frecuentemente la cuarta pared, con el protagonista dirigiéndose al público para explicar su visión de la vida y las satisfacciones que le da su donjuanismo. También se usan montajes con fotografías para obviar el paso del tiempo.
En lo que Alfie no se parece a su antecesor es en el personaje principal y en el lugar y tiempo donde se ubican los hechos. Dos pequeños detalles que le dan un tono por completo diferente a lo que verá el público en el 2004. En esta nueva versión Jude Law es un británico que vive en Nueva York, donde renta un departamento gigantesco pese a lo exiguo de su salario, y que tiene todas las cualidades que las damas aprecian y los caballeros envidian. Este Alfie es carismático, ingenioso, inteligente, elegante, divertido, galante con las mujeres, tierno con los niños, apreciado por sus amigos, etc. Pero el personaje interpretado por Michael Caine, que vivía en un Londres que apenas salía de la posguerra para entrar de lleno a la revolución sexual, era detestable. Aquel Alfie era egoísta, cínico, manipulador, engreído, ignorante, cobarde, despreciaba a las mujeres, evitaba a los niños y tenía pocos amigos. Cuando Jude Law le habla a la cámara es para establecer una complicidad con el público semejante a la que este nuevo Alfie mantiene con sus conquistas y lo hace siempre con una sonrisa en los labios, acompañada de una frase divertida. Cuando Michael Caine se dirigía al público era para justificarse, para restarle importancia a sus víctimas -se refiere a sus conquistas como “eso” en lugar de “ella”-, para ostentar su falta de escrúpulos como si se tratara de una virtud, para mostrarse débil y temeroso ante la posibilidad de una enfermedad que ponga en peligro su vida y por último, sólo al final, para caer en cuenta de la soledad en la que estaba inmerso.
El Alfie de 1966 era particularmente patético porque sus andanzas como émulo de Casanova transcurrían en barrios de clase baja, su pequeña habitación estaba atestada de objetos, sus conocidos tenían trabajos humildes como fotógrafos callejeros o camioneros, el hecho de manejar un lujoso automóvil lo distinguía del resto de sus vecinos que debían usar el transporte público, aunque él sólo fuera el chofer, y la ausencia de lujo y refinamiento enfatizaban el abismo entre las ínfulas del protagonista y su austera realidad. De igual forma, la falta de oportunidades para las mujeres de esa época convertían en una presa fácil a aquellas que aceptaban hacerle la limpieza a Alfie a cambio de un lugar donde vivir y el escaso afecto que aquel hombre otorgaba como un gran privilegio.
Ya en el 2004, sin importar que las mujeres siguen siendo ciudadanos de segunda, Jude Law está en igualdad de condiciones con sus compañeras. Este nuevo Alfie siempre viste de punta en blanco, con un guardarropa que incluye trajes Armani -la débil explicación que da la cinta es que los consigue en las rebajas-, sin tener jamás problemas de dinero y con acceso a los antros más exclusivos, donde las jóvenes de belleza deslumbrante abundan y al parecer los tragos son gratuitos. Todas las mujeres que encuentra Alfie 2004 son independientes, atractivas, seguras de sí mismas y de ninguna manera permitirían que un hombre se aprovechara de ellas, mucho menos aceptarían servir como esclavas domésticas para un vividor. Incluso la neurosis de una de estas mujeres resulta altamente fotogénica, un mero pretexto para que la actriz adopte ensayadísimas poses de vacuo sufrimiento con estética de comercial de Calvin Klein.
Alfie 2004 hace un intento desganado por corregir a su protagonista, pero por lo antes señalado es obvio que esto no irá más allá de unos cuantos episodios ligeramente desagradables -hasta cuando quieren ser devastadores- para dejar bien claro que el simpático inglés ya aprendió la lección y a partir de ese momento modificará su comportamiento. Todo lo contrario de la ambigüedad de Michael Caine tratando de encontrar las palabras para explicarle a su único amigo las dudas que empezaba a tener sobre su vida hasta ese momento, tras presenciar un aborto clandestino y sorprenderse ante la valentía con que la mujer afectada lo había enfrentado. Alfie 2004 en todo momento toma partido por su personaje principal y con esto se pierde la feroz crítica social del original, que para muchos espectadores de su época significó una llamada de atención sobre el denigrante trato que muchos hombres daban a las mujeres sin tener conciencia de ello.
Incluso si olvidamos la película original y pensamos en esta nueva versión como algo completamente diferente, tenemos una obra fallida, que nunca resuelve las situaciones que plantea en su primera mitad y que a falta de una crisis verdadera sujeta a su protagonista a pequeñas sacudidas que lo hacen cambiar pero que carecen de fuerza dramática. Por lo tanto, la cinta se vuelve aburrida y contiene varios finales a medias, prolongando la narración más allá de la paciencia del público, sin tener nada que decir y sin que el carisma de Jude Law pueda compensar las carencias del guión. Decir que Alfie 2004 no debería existir porque hará que la gente olvide su versión original es darle demasiado crédito a una película mediocre, tediosa, filmada sin saber por qué y que no tiene la menor posibilidad de desbancar lo hecho por Lewis Gilbert y Michael Caine en 1966.
Sitio Oficial: www.alfiemovie.com
ALFIE, EL SEDUCTOR IRRESISTIBLE
(Alfie)
Dirección: Charles Shyer; Guión: Charles Shyer y Elaine Pope, basados en el guión original de Bill Naughton; Producción: Charles Shyer, Elaine Pope; Fotografía: Ashley Rowe; Música: Mick Jagger, John Powell, Dave Stewart; Edición: Padraic McKinley; Compañía Productora: Paramount Pictures; Compañía Distribuidora: UIP; Con: Jude Law (Alfie), Marisa Tomei (Julie), Omar Epps (Marlon), Nia Long (Lonette), Jane Krakowski (Dorie) Sienna Miller (Nikki), Susan Sarandon (Liz)
Estados Unidos, 2004, 106 min.
Cinefagia en Facebook