Revista Cinefagia

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En el país de los cinéfilos, el cinéfago es rey

Toxic Avenger IV: Citizen Toxie. El cine como verdadero arte

Por: Rodrigo Vidal Tamayo

Como buenos cinéfagos, los elaboradores de este sitio de internet hemos sido unos verdaderos tramposos: nos hemos limitado a hablar de aquellas películas que son enteramente de nuestro agrado o de aquellas que, al contrario, han pasado a formar parte del Salón de la Infamia, más que nada por tener algo que decir, para bien o para mal. Por ahí hemos llegado a mencionar alguna que otra que sólo engrosa las estadísticas fílmicas de su país de origen (no, no hablo de las de México Ahora, sino de esas que han pasado a engordar esa tan poca gustada sección del Semanazo… en fin, hay cine que debería ser visto pero por angas o mangas nadie lo hace) o cuando de veras nos iluminamos, recordamos algún gran clásico.

Y precisamente es el tema de los clásicos, el de los Nuevos Clásicos para ser más precisos, el que ha levantado más ampula entre nuestro respetable quórum de visitantes. De alguna manera se nos ocurrió durante la creación del presente sitio que teníamos la suficiente sesera, experiencia y/o sapiencia como para poder otorgarle el honor a ciertas películas de pasar a ser parte de ese gran depósito de ideas e imágenes que es la memoria colectiva, el amplio recuerdo de momentos que moldean la historia de la cultura humana. No, no estoy diciendo que estemos mal, pues, como muchísimos amables lectores nos han hecho notar, las opiniones son como la cola: todos tenemos una. A lo que quiero llegar es que hay películas que son tan geniales que hasta el crítico más sesudo enmudece ante lo sublime que puede ser la creación humana.

Nuestro colaborador en jefe Alberto Acuña ya nos mencionó la imposibilidad de hablar de un clásico en su artículo de La Masacre de Texas (cinta a la que no sé por qué razón le otorgamos el status de nuevo clásico si ya tiene treinta años cumpliditos, ¡ups!) y el texto resultante es una verdadera maravilla, diciendo todo y al mismo tiempo nada de la película en cuestión, exaltando sus cualidades y demostrando sin duda alguna su condición de clásico de clásicos.

Con todo, La Masacre de Texas no es una película perfecta, lo que se demuestra cuando al ser revisitada en foros actuales las escenas que se supone deberían ser escalofriantes (¡y vaya que lo son, ignorantes!*) son el hazmerreír del nuevo público, aquel ávido de propuestas frescas e interesantes pero que superpone la moda kitsch al respeto a la historia en lo que a la nostalgia se refiere (me atrevo a afirmar lo anterior aclarando que existen cientos de honrosas y cinéfagas excepciones). Pero para encontrar la perfección en el séptimo arte, dicen los que saben, hay que voltear hacia los orígenes. Sobre El Acorazado Potiomkin y Ciudadano Kane se han escrito ríos de tinta esclareciendo por qué una, otra, o ambas, son la expresión máxima del celuloide, resaltando tanto su labor técnica como su contenido artístico y social. Quizás la mayoría tengan razón y esas dos cintas sean lo mejor que un humano puede hacer detrás de un lente… o quizás lo mejor haya llegado mucho después, hace cuatro años para ser más preciso, en octubre del 2000.

¿Cómo es posible que una película hecha por una compañía independiente, famosa por regodearse en el mal gusto y la explotación de temas efectistas haya sido la responsable de la creación de una de las películas más perfectas… no, corrijo, LA PELÍCULA PERFECTA?, ¿Y cómo escribir acerca de la perfección, describiéndola punto por punto o recordando su húmeda suavidad? Superando por mucho a su primera parte y relegando a un misericordioso olvido a las dos “secuelas”, Toxic Avenger IV: Citizen Toxie es el ejemplo superior del cine como arma de entretenimiento masivo y de ventana al alma humana, de conjunción entre ciencia y humanidades, de la eterna batalla entre el bien y el mal, pero sobre todo, demuestra que el cine debe ser un medio divertido para ejercitar y liberar la mente.

Troma, dirigida por la mano de su cacique Lloyd Kaufman, es una compañía que se ha distinguido por exacerbar el mal gusto y convertir a la escatología (entendida como el estudio de lo último, oséase de los deshechos) en una verdadera filosofía del tocador. Con títulos como Bloodsucking Freaks (Fenómenos Chupasangre), Class of Nuke’em High (Estudiantes de la Secu Nuclear) o la misma El Vengador Tóxico, Troma se agenció del trono de la reina del cine basura, manufacturando películas dirigidas a un público sediento de sangre, sexo y violencia injustificada, salpicadas por una transgresión latente y una irreverencia que raya en lo divino. No por nada Troma es una de las compañías más solicitadas en los festivales de Sitges y Cannes (cuando va), burlándose del tieso y anquilosado cine culto (que no es lo mismo que el cine de culto).

En el caso de Toxic Avenger IV: Citizen Toxie estamos frente a una película a la que no la falta ni le sobra nada (bueno, si fuera una hora más larga sería una hora más mejor), que se sostiene en un guión macabramente ingenioso y que no teme escandalizar hasta a las mentes más putrefactas pues lo mismo podemos ver tetas, penes o mierda separados y en conjunto. ¿Qué no es suficiente? ¿Qué les parece la presencia de retrasados mentales violados y masacrados, burlas constante a discapacidades y discapacitados, una xenofobia y racismo rampantes y la aparición de verdaderas celebridades del subterráneo popular como Ron Jeremy, Lemmy Kilmister y Corey Feldman en su alter ego de Kinky Finkelstein, todos abusando de su condición de portavoces de lo políticamente incorrecto?

Y en eso precisamente recae la grandeza de la cinta, en mostrar que deshacerse de las “buenas costumbres” permite realizar una película tan apasionante y completa, que demuestra que el mundo no sólo es guerras y violencia. Es eso y un trapeador, una pléyade de superhéroes increíbles (todavía no decido quién es mejor, si el Hombre Delfín o el Vaquero Loco) y una intérprete de sordomudos harta de realizar su labor, amén del sexo con gordas. La experiencia sólo puede completarse si uno acepta lo bajo que puede llegarse y aceptando el morboso placer que produce acariciar la crapulencia.

Quizás exagero y la película me parece un nuevo clásico debido a mi mal gusto, o a lo mejor el futuro me concede la razón, pero una cosa es cierta: el día que una película como Toxic Avenger IV: Citizen Toxie llegue a nuestras pantallas, ese día seremos libres.

* Dedicado única y exclusivamente a todos aquellos que se han reído durante las proyecciones de La Masacre de Texas, una de las mejores películas de terror de todos los tiempos.

EL VENGADOR TÓXICO 4: CIUDADANO TOXIE
(Citizen Toxie: The Toxic Avenger IV)
Dirección: Lloyd Kaufman; Guión: Lloyd Kaufman, Patrick Cassidy, Trent Haaga; Producción: Michael Herz, Lloyd Kaufman; Fotografía: Brendan Flynt; Música: Wes Nagy; Edición: Gabriel Friedman; Con: David Mattey (Toxic Avenger / Noxious Offender / cliente de Chester), Clyde Lewis (voz de Toxie), Heidi Sjursen (Sarah / Claire), Joe Fleishaker (Chester / Lardass), Paul Kyrmse (Kabukiman), Michael Budinger (Tito), Lisa Terezakis (Sweetie Honey), Dan Snow (Sargento Kazinski), Debbie Rochon (Ms. Weiner), Barry Brisco (Pompey), Ron Jeremy (Alcalde Goldberg), Corey Feldman (ginecólogo), Trent Haaga (Tex Diaper), Mark Torgl (Evil Melvin), James Gunn (Profesor Hocking), Hank el Enano Encabronado (Dios), Lemmy Kilmeister (Lemmy bueno / Lemmy malo),
Estados Unidos, 2000, 108 min.
Premios y nominaciones: Festival de Cine de Sitges, España, 2000: nominada como Mejor Película

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