La insoportable levedad de la vida normal. Antes del Atardecer.
Por: Rodrigo Vidal Tamayo
En ese nuevo clásico que es Adaptation (Spike Jonze, 2002) el personaje de Charlie Kaufman –interpretado de manera asombrosa por Nicolas Cage- menciona en un seminario de guionistas la posibilidad de hablar de historias normales de gente normal en el cine, si así es la vida, aburrida y con pocas emociones. Dicho pensamiento no suena tan disparatado si tomamos en cuenta que la mayoría de la gente gusta de identificarse con los personajes de las obras que conoce, así que si esos personajes fueran más terrenales a la gente le resultarÌan más atractivos.
Richard Linklater tuvo, me imagino, esa misma idea y el resultado es algo bastante previsible: de ninguna manera la idea de ver en pantalla una situación común y corriente puede ser interesante y menos si los diálogos son sacados de novelas rosa o libros de autoayuda.
Continuación directa de la ya olvidada Antes del Amanecer -película romántica que vuelve a utilizar el encuentro casual de dos personas que los marca para siempre-, en Antes del Atardecer podemos ser testigos del encuentro, nueve años después, de los personajes de la primera parte. Si en aquella hay una historia que contar, aunque sea sobadísima y llevada hasta la sátira, en esta estamos frente a un experimento. La idea de Linklater fue plantearles la situación a los actores –el mediocre Ethan Hawke y la higadito Julie Delpy- para dejarlos improvisar (como se constata en los créditos) y crear la sensación realista de la conclusión a la historia de amor.
El problema con dicho método es que, por lo que observamos y escuchamos en pantalla, ninguno de los actores tiene idea de cómo es la vida fuera de su círculo social y nos la pasamos escuchando peroratas sin sentido llenas de supuesta profundidad, ricas de contenido de la llamada cultura “seria” (esa que dice que la única literatura que vale la pena es la que gana nobeles o que las mejores artes plásticas están en museos reconocidos, ¡puaj!).
Y sí, toda la película es un solo diálogo mientras ambos personajes caminan por París. El único punto a favor que logré encontrarle a esta película es que, efectivamente, captó el aislamiento que produce estar con la persona deseada, pues la conversación e imagen es tan cerrada que no podemos observar lo que sucede alrededor de los enamorados, lo que hubiera sido un gran acierto si hubiese sido hecha con actores de mejor calidad.
En el caso de Ethan Hawke es imposible creerle que sea un gran escritor, y digo gran porque en la película se menciona que es un best-seller y ya sabemos que para los gringos eso es lo que cuenta. A lo mucho parece el burócrata que un día decide publicar sus memorias y de pura chiripa vende, y no quiero pecar de soberbia pero esa hubiera sido una mejor idea para desarrollar su personaje. La sonrisa de eterno adolescente ya no le funciona debido a la inmensa cantidad de arrugas que pueblan su cara, lo que hace parecer aun más tonto al tonto que se enamoró de un fantasma nueve años atrás. Quizás haber representado al hombre que aprendió de su experiencia y logró plasmarla para que otros aprendieran hubiera quedado mejor pero en el caso de la cinta uno no puede más que compadecerse de lo triste que fue su vida después del encuentro, una vida en la que las experiencias no enseñan.
Y Julie Delpy nos vuelve a abotargar con casi el mismo personaje de Tres Colores: Blanco (Krzysztof Kieslowsky, 1994), una mujer berrinchuda y a la que dan ganas de matar nomás por la inmensa cantidad de tonterías que dice y hace. Lo que hay que reconocerle es que intentó añadirle más elementos al diálogo que el propio Hawke pero para la sarta de barrabasadas que dijo hubiera sido mejor que aplicara aquel dicho de abuelitas: calladita se ve más bonita (o en su caso: calladita se ve menos fea) y no porque una mujer no tenga derecho a hablar sino porque hace quedar mal tanto a las activistas como a las francesas en general. Sus comentarios de supuesta libertad de pensamiento son opacados por la trivialidad con que son dichos, pero, eso sí, la contradicción entre hechos e ideas de la que todos somos culpables está muy bien representada.
Hora y veinte después nos damos cuenta de que la historia no ha evolucionado ni ha llevado a nada y lo peor es que es tan predecible que hasta cae más gorda. Y a riesgo de que lluevan pedradas puedo decir que la película es perfecta para aquellos amantes de la obra de García Márquez, Elena Poniatowska y Angeles Mastretta. ¿Que se nota un patrón? Claro, la película tiene un hedor a novela latinoamericana que acentúa el tono academicista de la misma. Eso sí, los fans de la primera parte no saldrán decepcionados porque, al igual que aquella, ésta termina con la esperanza del reencuentro.
Linklater cometió dos errores. Uno, el querer innovar con la idea del normalismo realista al extremo, cosa que para fines cinematográficos es el tabú más prohibido. Dos, confiar en la cultura de ambos actores, cuya sapiencia no pasa de la revista Vogue. Lástima.
Sitio Oficial: wip.warnerbros.com/beforesunset/
ANTES DEL ATARDECER
(Before Sunset)
Dirección Richard Linklater; Guión: Richard Linklater, Ethan Hawke, Julie Delpy; Producción: Anne Walker-Mcbay; Fotografía: Lee Daniel; Música: Glover Gill; Edición: Sandra Adair; Con: Ethan Hawke (Jesse), Julie Delpy (Celine)
Estados Unidos, 2004, 80 min.
Participaciones: Festival de Cine de Berlín, 2004: Richard Linklater, nominado al Oso de Oro
Cinefagia en Facebook
creo que tu intelectualismo , no te permite recorrer el camino tonto e iluso de cuando uno se enamora,
ambas peliculas estan basadas en el encuentro, desencuentro y reencuentro casual, lleno de espontaneidad,
y matices de lo que en esencia somos ……..ninos en busca de algo…