Revista Cinefagia

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En el país de los cinéfilos, el cinéfago es rey

Carla

Por: Alberto Acuña Navarijo

Yuliya Mayarchuk es Carla

Yuliya Mayarchuk es Carla

Sin sensualidad no hay lujuria, sin lujuria no hay traición, sin traición no hay celos, sin celos no hay deseo, sin deseo no hay sexo y sin sexo no hay estilo de vida. ¡Uy, qué horror! Más o menos esa es la filosofía de la exhuberante y provocativa Carla (la diva ucraniana Yuliya Mayarchuk), joven extrovertida italiana llegada para estudiar hotelería a una sui generis Londres. Y es que para Carla es más importante aflojar un poco la patita y darle placer al cuerpo con el primero con que se tope, cayendo en la tentación facil y lastimando de esta manera a su fiel novio Matteo (Jarno Berardi), que tiene planeado dejar Venecia para encontrarse con ella, a reprimir sus impulsos y la sexualidad que emana por cada poro de su piel.

Así que, prepárense, porque esta chica esta dispuesta a llevar su libido demasiado lejos, aunque para ello sea necesario aventurarse en un sórdido viaje, en una desinhibida fantasía, lo mismo con fogosas mujeres, con incautos caballeros y, claro, si no hay nadie cerca, con propia mano. Precisamente, como una fantasía irrefrenable es la manera perfecta para calificar una cinta del tipo de Carla. Fantasía masculina de tener a una protagonista que recorre despreocupada las calles con reveladoras minifaldas, delicados escotes y poses sugestivas que se antojan una invitación prohibida; en un Londres en el cual todos quisiéramos vivir: mujeres exhibicionistas en el parque, damiselas que sólo necesitan un poco de cariño y esbeltos y atractivos cuerpos paseándose por las aceras. Capricho femenino al tener a un personaje que deja su vanidad característica de lado, al saber que deja una estela de provocación a su paso, que está consciente de ser deseada, controlando y jugando a su antojo con las pulsaciones sexuales de la gente que la rodea. Fascinación colectiva con noches intoxicantes y poco pudorosas capaces de presentar al nuevo ligue ocasional, como le sucede a nuestra cínica y dominante protagonista con Moira (Francesca Nunzi), una agente de bienes raíces bisexual, o con Bernard (Mauro Lorenz), la ex pareja de Moira.

Eso es, en pocas palabras, Carla: una vertiginosa y excesiva cinta erótica, una oda a la mujer y sus deseos ingobernables y un estético filme abstracto. O como algunos especialistas del género la han calificado: “un híbrido entre un elegante montaje de una fiesta de carne y un delicado video genérico de Penthouse” -cualquier cosa que signifique eso-. Aunque, a decir verdad, no es de extrañar esa mezcla estilística, fetichista y narrativa, y la entuciasta reacción de la critica y público por las transgresiones en cuanto a su fuerte carga sexual. Mucho menos que nuestra protagonista actúe de esa forma. Y es que la cinta es una de las más recientes bofetadas hacia las buenas costumbres, el recato, a los ojos castos y puros, y, claro, hacia la mojigatería, por parte del polémico director italiano, especialista en el género, Tinto Brass.

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Director de culto instantáneo, escandaloso autor renegado, pionero del erotismo como expresión cinematográfica; figura central del panorama del softcore italiano y merecedor de un necesario análisis a profundidad de su obra; Tinto Brass ha dejado un legado de placer, provocación y lascivia, acompañado de un séquito de bellezas europeas de proporciones imposibles, demostrando que el mejor cine del género desde siempre se hace en el Viejo Continente. Nacido el 26 de marzo de 1933 en Venecia, Brass, tras recibirse en leyes, decide que su vocación real es el cine, dando sus primeros pasos como asistente de Alberto Cavalcanti (en la comedia La Primera Noche -1965-), Roberto Rossellini (en el documental India -1959-) y de Joris Ivens y de los hermanos Paolo y Vittorio Taviani (en el también documental Italia No Es Un País Pobre -1960-, convirtiéndose de paso en su primer guión), precedido de su trabajo como archivista en la Cinemateca Francesa de París cuando éste permanecio en su juventud en Francia.

Sorprendentemente, y al contrario de lo que podría pensarse, ya dentro de su faceta de realizador empezó moviéndose en terrenos ajenos al cine erótico (o soft porn), como son el drama neorrealista (con su opera prima Chi Lavora è Perduto -1963-), el documental (Ça Ira (Il Fiume Della Rivolta) -1964-), la ciencia ficción (Il Disco Volante -1964-) y el spaghetti western (Yankee -1966). Sería hasta finales de los 60 que los intereses, temas y estilo de Brass surgirían -descubrir los más profundos y secretos apetitos sexuales reprimidos y realizar sátiras de las conductas sexuales de la época- con las cintas Nerosubianco (1967) y L’Urlo (1968). Ese sería el inicio de una filmografía polémica, atípica, alejada de los cánones de la decencia y la moral impuestos por la tradición, volviéndose el director erótico por excelencia y creador de las fantasías colectivas más recónditas, como lo demuestran sus exitosas y escandalosas Salon Kitty (1976), Caligula (1979), La Llave (1983), Miranda (1985), Los Burdeles de Paprika (1991), Mira Quien Mira (1994), P.O. Box Tinto Brass (1996) y Frívola Lola (1998).

Ahora bien, lamentablemente el término realizador de culto continuamente ciega a la crítica, que cree que es necesario sacarse nuevos clásicos de la manga, crear descripciones muy entusiastas pero demasiado arbitrarias y adjetivos exagerados, para siempre estar un paso adelante en cuanto a vanguardia se refiere. Y es que, como saben, revalorar el cine de culto por medio del lanzamiento de éste en DVD así como el rescate del mismo -en donde entre más extraño, curioso, psicotrónico y difícil de conseguir es mejor-, para muchos está de moda, omitiendo que hasta al mejor cazador se le va la liebre y no necesariamente cine de culto -del género que sea-, se traduce en calidad. Esto es algo que le pasó a Carla en cuanto a la respuesta de la crítica, la cual valiéndose de la buena fama de Brass la calificó como una maravilla, una montaña rusa de emociones y por poco como la quintaesencia del erotismo; opinión acompañada del descubrimiento por parte de varios del cine de Brass gracias a la colección lanzada por Cult Epics.

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Es cierto, Carla continene todos los elementos que a Tinto Brass lo han hecho famosos y de los que nadie se puede quejar: tramas sin complicaciones que sólo sirven como pretexto para que bellas y esculturales mujeres se quiten a la menor provocación su -ya de por sí poca- ropa, en escenas muy “ponedoras” y música que nos pone en el “mood” correcto, de fondo. Lo malo es que nadie ha mencionado un pequeñísimo detalle: ¡Carla no tiene historia alguna! De acuerdo, ¿quién demonios pide trama cuando se nos ofrecen desnudos en todo su esplendor? Y si son de Yuliya Mayarchuk, mejor que mejor. Posiblemente me pongo muy exigente al respecto, pero habría que recordar que Brass se había caracterizado, hasta el momento de esta cinta, por ser un director que evitaba el efectismo,la simplicidad de tramas en pos del degenere gratuito, el presentar un desnudo por presentarlo. Y es que hasta encuerar a las actrices tiene su chiste y gracia, situación que no vi por ningún lado en Carla. Además, habría que preguntarse cómo los críticos se entusiasmaron tanto, cuando el filme es lento, con flashbacks que no aportan gran cosa y personajes tan latosos como el de Mateo, a quien sólo vemos sufrir y sufrir y con poca dignidad aceptar las condiciones de su novia.

Un último comentario. Aun con lo fallida que pudiera resultar esta cinta, una cosa es segura. Tinto Brass lo ha vuelto a hacer, colocar como centro del universo a una bella mujer para decirnos algo que ya muchos sabíamos: todas llevan por dentro una Carla -activa o pasiva-, y todos nosotros como pobres y sufridos hombres tenemos que sacrificarnos y seguir a las malditas. Es duro, pero qué le vamos a hacer.

CARLA
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Dirección, Producción, Edición: Tinto Brass; Guión: Tinto Brass, Carla Cipriani, Nicolaj Pennestri, Silvia Rossi y Massimiliano Zanin; Fotografía: Massimo Di Venanzo; Música: Pino Donaggio; Elenco: Yuliya Mayarchuk (Carla), Jarno Berardi (Matteo), Francesca Nunzi (Moira), Max Parodi (Marion), Mauro Lorenz (Bernard), Leila Carli (Nina) y Vittorio Attene (Luca)
Italia, 1999, 89 min.

1 Comment

  1. no puede ser el niño es wey por que se coje con otro hombre mejor casense y metance a la cama y hagance el sexo