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En el país de los cinéfilos, el cinéfago es rey

Perversion for Profit

perversion01Por Marco González Ambriz

Si le creemos a las personas que organizan campañas contra la pornografía, el riesgo de ver revistas o videos sucios por accidente es muy alto. Tal parece que los productores de películas XXX disponen de una tecnología que les permite hipnotizar a consumidores desprevenidos que jamás en la vida se interesarían en títulos como Frantic Fuck Freaks o Nurse Nasty & Dr Fingers si no fuera por estas tretas. De igual forma, los responsables de esta inmundicia buscan al público infantil, ya que según los moralistas los niños son los mejores clientes de las sex shops. Estas y otras tonterías son el pan nuestro de cada día de estas organizaciones y la verdad es que ya no hace falta refutarlas.

De todas formas, no está de más echarle un vistazo a una de las tantas cintas hechas para convencernos de que la pornografía causa ceguera, impotencia, manos peludas y la decadencia de la civilización occidental, en ese orden. Sólo es cuestión de seleccionar entre los innumerables esfuerzos de los clérigos y las feministas por alejarnos de este vicio. No son sólo este tipo de organizaciones extremistas las que han explotado el tema. Cada vez que las cadenas televisivas necesitan levantar el rating recurren a transmitir un reportaje sobre la industria del sexo, donde siempre repiten lo mismo que han dicho en emisiones anteriores dedicadas al mismo tema y demuestran la flojera que les da investigar, pues presentan como algo novedoso lo que para los aficionados al género ya pasó de moda.

Por eso opté por comentar Perversion for Profit, mediometraje realizado por un grupo que se denominaba Citizens for Decent Literature y que data de 1964 o 1965. No se puede establecer la fecha exacta porque la película carece de créditos. Aparte del título y el nombre de la organización responsable, solamente se nos informa que el sujeto que aparece en pantalla se llama George Putnam y es un notable reportero. Perversion for Profit pertenece a un género que normalmente pasa desapercibido para los investigadores, aunque se sigue practicando actualmente. Me refiero a las películas que se realizaban con fines propagandísticos, educativos o industriales, para convencer a los espectadores de la amenaza del comunismo, enseñarle a los niños las virtudes de la higiene o dar a conocer los usos comerciales del tabaco o la magnetita.

George Putnam

George Putnam

Se exhibían en auditorios, escuelas y centros comunitarios con el fin de transmitir un mensaje específico que afectaba a la comunidad. Los más interesantes son los cortometrajes de educación vial, con títulos como Mechanized Death y Highways of Agony, y los que buscaban prevenir los accidentes laborales, como Play It Safe o Anatomy of an Accident. Es natural que Charles Keating, un prominente abogado y fundador de Citizens for Decent Literature, preocupado por la proliferación de pornografía, intentara convencer a sus compatriotas de los peligros de las revistas para caballeros con este documental. Años más tarde Richard Nixon invitó a Keating a participar en un comité para investigar los efectos nocivos que la pornografía tenía en la sociedad norteamericana. Cuando dicho comité publicó los resultados del estudio, donde aseveraban que no habían encontrado evidencia de los terribles efectos que otras personas le atribuían a este material, Keating intentó impedirlo interponiendo una demanda. En la década de los 80, Keating tendría problemas legales más serios, cuando se le acusó de fraude y fue a dar a la cárcel.

El documental, si es que se le puede llamar así, consiste en un largo sermón a cargo del ya mencionado George Putnam, donde se nos informa que al menos el 75% de la pornografía es vista por niños y que es un negocio que produce miles de millones de dólares cada año. Además se afirma que las revistas y las películas de corte erótico provocan en sus consumidores diversas perversiones, como son el homosexualismo, la sodomía, el sadomasoquismo y otras prácticas heterodoxas. Para ilustrar esto, y para darle mayor variedad a la cinta, que está ubicada en un pequeño foro, se muestran fotografías tomadas de publicaciones que según el locutor se pueden encontrar fácilmente en cualquier comunidad.

Para los que crean que la pornografía se inventó ayer esta es la parte más sorprendente del documental. Tal parece que los realizadores le dedicaron mucho tiempo y dinero a su investigación, ya que la colección de revistas pornográficas que aquí se incluyen haría las delicias de cualquier erotómano. La variedad de títulos y temas es impresionante. Hay para todos los gustos: comics sadomasoquistas, fotografías de jovencitas y de matronas de pechos abundantes, publicaciones gays con títulos como Adonis o Male Classics. Además, Putnam lee un fragmento de una novela llamada Sex Jungle, donde un adolescente explica su afición por el estupro y las drogas. También se hace mención de la literatura “de aventuras”, donde un rudo mercenario, detective o espía derrotaba a los malvados y al mismo tiempo seducía a varias mujeres de frondosa figura.

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Los espectadores modernos pueden quedar asombrados con la cantidad y variedad de pornografía disponible hace cuarenta años, aunque la afirmación del locutor de que todo esto era fácilmente asequible en cualquier farmacia o dulcería sea más que dudosa. Por desgracia, los realizadores del documental no aclaran cuál fue el destino de esta abundante selección de pornografía. ¿La quemaron? ¿La entregaron a las autoridades y denunciaron a los comerciantes que la vendían? ¿La conservaron para examinarla a escondidas? Quién sabe, y así como esta hay muchas otras preguntas sin responder en Perversion for Profit. Por ejemplo, ¿en qué se basan para afirmar que las imágenes que muestran los prominentes traseros de las modelos son una invitación a la sodomía? ¿Realmente creen que un joven heterosexual puede sentirse atraído por los hombres sólo por ver fotografías de tipos musculosos? ¿Cómo saben que hay una relación directa entre la pornografía y el número de hijos ilegítimos, que según ellos va en aumento?

Revisando los sitios web de organizaciones como Morality in Media y Porn-Free nos encontramos con los mismos argumentos y ejemplos usados por Charles Keating en 1964. Se dice, por ejemplo, que las personas que cometen crímenes frecuentemente tienen grandes colecciones de pornografía. Esto probablemente es cierto pero no explica cómo es que el resto de la población, que casi en su totalidad disfruta de revistas y videos porno, se las arregla para no romper ninguna ley. Los moralistas, ya sean fans de Jesucristo o feminazis comehombres, no dudan en afirmar que la pornografía irremediablemente lleva a los espectadores al oscuro mundo del cine snuff. El único defecto de esta teoría es que el cine snuff no existe. Al menos hasta ahora nadie ha podido demostrar que los videos de muerte real sean verdaderos.

Estos documentales, campañas y folletos más bien tienen el efecto contrario. Para los que desconozcan los tópicos que predominaban en la pornografía de hace cuarenta años Perversion for Profit puede servir como un catálogo de perversiones. ¿Quién iba a imaginar que en esa época había tantas revistas especializadas en los fetiches que todavía nos escandalizan? Lo más probable es que este tipo de películas más bien sirva para despertar la curiosidad del público al que intentan proteger. Más aún cuando los efectos perniciosos que estas organizaciones citan incluyen cosas tan ridículas como “pérdida de la fe”, “mente depravada”, “tormento” o “muerte espiritual”.

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Perversion for Profit, al igual que su contraparte moderna, tiene momentos de comicidad involuntaria, pero el mensaje que transmite es de intolerancia. Para sus realizadores no había otro objeto en la vida que no fuera el matrimonio y no había otra religión que el cristianismo. Desde su punto de vista, los Estados Unidos de Norteamérica era un país ideal que podía verse afectado por la influencia negativa de la pornografía. Por supuesto que ésta y las perversiones que la acompañaban era algo ajeno al American Way of Life. En Perversion for Profit no se explica quién es el responsable de que el material pornográfico inunde a todo el país, sólo se hace alusión a un grupo de comerciantes sin escrúpulos y se insinúa que el comunismo tiene algo que ver con esto.

En lo único que acertaron los creadores de Perversion for Profit fue en atribuirle una parte de la responsabilidad al desarrollo tecnológico. A principios de los 60 esto se traducía en revistas y películas que se distribuían por correo. En esa época nadie podía imaginar lo que la aparición del video y de internet significaría para la industria porno y sus millones de seguidores. ¿Qué diría Charles Keating, el notable moralista y estafador convicto, si viera los millones de sitios que ofrecen todo tipo de desviaciones sexuales? En realidad no hace falta recurrir a la ouija para saberlo. Basta con ir a alguno de los sitios antes mencionados para oír el mismo argumento que Keating empleó hace ya tantos años y comprobar con satisfacción que tiene el mismo efecto.

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