Revista Cinefagia

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En el país de los cinéfilos, el cinéfago es rey

Ong Bak. La resurrección del cine de acción.

ong-bak-posterPor: Alberto Acuña Navarijo

Parecería una broma de mal gusto pero vergonzosamente no lo es. Los distribuidores nacionales continuan con su actitud obtusa y poca visión respecto al gusto popular, ignorando los alcances que puede tener el cine de género que ven siempre con desprecio y pocas posibilidades de rentabilidad y recaudación. Ah, pero eso sí, cuando el mercado pirata les come el mandado, no falta quien se pinta como martir y al pirata como el culpable de todas las desgracias económicas e industriales del país.

Y no, no son las exigencias de un grupo de freaks que desea que le cumplan sus caprichos cinéfagos. Cintas como Ataque a la Gasolinera (Sang-Jin Kim, 1999), Mi Descarada Chica (Jae-young Kwak, 2001), Shaolin Soccer (Stephen Chow, 2001) o Twins Effect (Dante Lam, 2003), sin exagerar serían sendos trancazos en taquilla y no sólo propiciados por las hordas de fanáticos del cine de género, sino por cualquier espectador que espera ver en pantalla grande altas dosis de acción, comedia, romance, emoción, efectos especiales, diversión, pero sobre todo historias con mayor originalidad.

Si no lo creen, pregúntenle a cualquier pirata que seguramente ya se ha llenado los bolsillos vendiendo material de esta naturaleza. Pero la realidad es que para los distribuidores sigue siendo material muy “riesgoso” y difícil de vender y entre prejuicios y pretextos absurdos seguimos teniendo que conformarnos con ver este cine de manera “alterna”. Esa misma miopía cinéfaga por parte de los encargados de distribución en el país ha provocado que nos privemos de ver como se debe obras maestras como Mundo Fantasma (Terry Zwigoff, 2000), Alta Fidelidad (Stephen Frears, 2000) o Donnie Darko (Richard Kelly,2001). Vaya, ya ni por sentido común y un poco de pericia, valiéndose de los remakes, se le ha dado luz verde a cintas como Dark Water (Hideo Nakata, 2002) o Ju On (Takashi Shimizu, 2003).

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Phanom Yeerum no rompe un plato en Ong Bak
rompe toda la vajilla y de paso destruye los muebles

Pero aun con todo y ese panorama gris, no pierdo la esperanza que algún día cambien las cosas. Ahí están los estrenos comerciales de El Ojo (Oxide Pang Chun y Danny Pang, 2002), Héroe (Zhang Yimou, 2002) y Cabin Fever (Eli Roth, 2002), para confirmar que no todo está perdido. Claro, que en ese caso lo único que espero es que no se tarden tanto tiempo en decidirse sacar del underground pirata y traer comercialmente una verdadera joyita como lo es la cinta tailandesa Ong Bak (Prachya Pinkaew, 2003), un gran ejemplo de cómo hacer un cine divertido, hiperquinético y que acapare nuestra atención de principio a fin y todo sin romperse mucho la cabeza, para que mucha gente entienda de una vez por todas que son esas ideas sencillas las que hacen al cine asiático tan especial.

Seguramente los fanáticos del cine de acción gritaran de alegría al saber que Ong Bak es de esas cintas que incluye formalmente todos los elementos que hacen válido al género: manchincuepas, patadas voladoras, madrazos macizos, persecuciones que nos tienen al filo de la butaca, stunts que se antojan simplemente imposibles, héroes infalibles y diversión a raudales. Aunque también Ong Bak, puede servir como primer referencia para acercarse a la cinematografía tailandesa, la cual por derecho propio se ha alzado como emergente y/o alternativa con cintas como Bang Rajan (Tanit Jitnukul, 2000), Felizmente Tuya (Apichatpong Weerasethakul, 2002), Heaven Seven (Chalerm Wongpim, 2002), La Última Vida en el Universo (Pen-Ek Ratanaruang, 2003), The Bodyguard (Petchai Wongkamiao, 2004), o el cine de los Hermanos Pang.

Ban Noong Pradoo Sukon es una apacible aldea a las afueras de la capital tailandesa, dedicada al campo y en donde al parecer todos viven en paz comunitaria. Al tratarse de gente sumamente religiosa y apegada a sus tradiciones milenarias, la mayor aspiración de los hombres es convertirse en monje y de paso aprender las técnicas del muay thai, para siempre utilizarlo honorablemente para ayudar y defender; mientras que el pueblo venera con fervor a Ong Bak, el dios de la abundancia y el bienestar. Pero a una semana de iniciar los festejos a la deidad, la desgracia llega al pueblo. Bak Don (Wannakit Sirioput), un ex habitante del pueblo, convertido en narcotraficante y mano derecha de Komtuan (Suchao Pongwilai), un paralitico hombre de negocios y traficante de reliquias, roba la cabeza de Ong Bak por lo que la sequía y los problemas son inminentes.

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Está de más decir que sólo existe un hombre capaz de rescatar la cabeza, sortear valientemente los peligros, enfrentar a Bak Don y regresar a tiempo para los festejos locales. Y ese hombre es Ai Bak Tim, un joven huérfano recogido por el lider espiritual de la aldea y que está próximo a convertirse en monje. A esto se le debería de agregar que es una perfecta arma de matar al haber aprendido todas las letales técnicas del mencionado arte marcial. Pero la misión no es sencilla. Ai Bak Tim se encuentra inmerso en el cambio de ambiente de un apacible pueblo a una caótica y peligrosa Bangkok. No sólo eso. Su ingenuidad y técnicas de pelea lo meterán en serios problemas cuando conoce a Bak Hum Lae (Petchtai Wongkamlao), otro ex habitante del pueblo y que resulta todo un “vivales” apostador y a Muay (la guapa Pumwaree Yodkamol), la joven cómplice de Bak Hum, los cuales lo introducen sin deberla ni temerla en el mundo de las peleas clandestinas, mismas que están controladas por Komtuan. Por ende, sólo hay una opción para recuperar la cabeza: pelear.

Ahora bien ¿por qué recomendar Ong Bak? ¿Qué la hace tan especial? Como comenté, los amantes del buen cine de acción podrán gozar secuencias frenéticas de peleas sin descanso alguno, persecuciones en tuks tuks, coreografías tan bien montadas que hacen ver a Jackie Cahn y Jet Li como unos viejitos artríticos y hasta una escena en donde Ai Bak Tim pelea con los pies en llamas. Pero aun con toda la interminable acción, peleas bastante inspiradas -cortesía de Panna Rittikrai y el propio Phanom Yeerum- y de tener varias convenciones del género; se le puede agradecer que haya optado olvidarse de las vertientes y tendencias que prevalecen desde hace algunos años en el género, prescindiendo de efectos especiales como el ya choteadísimo tiempo bala, escenas mal aprovechadas en donde pareciera que no existe la gravedad, raperos como compañeros de nuestro héroe o saturación de hip hop en la banda sonora.

Por el contrario se decide por un estilo más “limpio” en donde todo el peso recae en el trabajo de los actores, que realizaron las escenas sin dobles, y de los coreógrafos, obteniendo más espectacularidad y credibilidad. El director también decide hacer más atractivas varias escenas, presentándolas en ángulos diversos. Además Ong Bak es una cinta que no se toma tan en serio lo que propone. Por otra parte, el cine asiático se ha caracterizado por algo y es que por más estrambótica o extravagante que resulte una cinta, siempre existirá el momento para apelar por la cultura, la tradición y forma de vida orientales. En este caso, entre tantos catorrazos, cachetadas guajoloteras, manitas de puerco y topes borrego, se habla de la identidad e importancia de ser tailandés. Esto se remarca en escenas como aquella en donde un peleador gringo reta a Ai Bak Tim, burlándose del muay thai y afirmando que las mujeres tailandesas sólo van a Estados Unidos para servir como prostitutas, por lo que Ai Bak le da su merecido. Por supuesto Ong Bak también habla del fervor religioso, el apego a las tradiciones en los pequeños pueblos de Tailandia y de la acelerada transformación del país.

Sólo me resta decir que Ong Bak demuestra el asimilamiento, crecimiento, desarrollo y superioridad que tiene Asia en cuanto al cine de género se refiere, sobre lo que se hace en occidente. Ahora sí, ¿quién dice que el género de acción está muerto?

ONG BAK
Dirección: Prachya Pinkaew; Guión: Prachya Pinkaew y Panna Rittikrai; Producción: Sukanya Vongsthapat; Fotografía: Nattawut Kittikhun; Música: ; Edición: Thanat Sunsin y Thanapat Taweesuk; Compañías Productoras: Baa-Ram-Ewe y Sahamongkolfilm Co. Ltd.; Elenco: Phanom Yeerum (Ai Bak Tim), Petchtai Wongkamlao (Bak Hum Lae), Pumwaree Yodkamol (Muay), Suchao Pongwilai (Komtuan) y Wannakit Sirioput (Bak Don)
Tailandia, 2003, 104 min.
Premios y Nominaciones: Festival Internacional de Cine Fantastico de Sitges, Cataluña, España 2003: Estuvo nominada al Premio a Mejor Pelicula (Prachya Pinkaew) Festival Internacional de Cine de Toronto, Canada 2003: Estuvo nominada al Premio de la Audiencia a Mejor Pelicula (Prachya Pinkaew)

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