Michelle Vieth, Mi Pequeña Golosa. El amarillismo al servicio de la pornografía.
Por: Alberto Acuña Navarijo
Era sólo cuestión de tiempo para que los medios de comunicación en su faceta más infame del amarillismo y el sensacionalismo tocaran fondo y llegaran a la debacle de la ética, valiéndose de toda clase de escándalos, chismes y artimañas para así tener cautivo a un público sin vida propia, ávido de los avatares de la farándula y la fama, aquel que por nada del mundo se pierde La Oreja, Con Todo, Ventaneando y El Gordo y la Flaca y que tiene como lectura de cabecera el TVy Novelas, TVNotas, el Teleguía y sobre todo esa oda a la naquez llamada ¡Órale!.
Pero no hay nada de qué quejarse, al parecer son los medios que merecemos, o por lo menos así lo demuestra la falta de asombro y la naturalidad con la que se toman chismes como el cambio de sexo de Armando Palomo, los problemas sexuales de Niurka y Juan Osorio o la imposibilidad de tener erecciones por parte de Andrés García si no es por medio de su célebre “bombita”. Por lo tanto, ¿a qué otra cosa puede aspirar una sociedad que acepta y exige más de lo mismo?
Por ende no es de sorprenderse -y en cierto modo sí de agradecerse- que el amarillismo en su afán de provocación, ayudado por el siempre atinado mercado pirata, hayan creado uno de los mayores escándalos de que se tenga memoria dentro del mundo del espectáculo nacional, un verdadero banquete para el vouyerista que llevamos dentro. El resultado a tal necesidad de seguir con noticias de esta naturaleza se llama Mi Pequeña Golosa, video porno casero que como reguero de pólvora ha invadido toda la ciudad en lugares como el Eje Lázaro Cárdenas, Tepito y la Glorieta del Metro Insurgentes y por supuesto por medio del Internet -ahí está para comprobarlo la sobresaturación en sitios como Lycos o Terra- y el cual se ha trastocado en todo un fenómeno para el consumidor aventurado y al mismo tiempo un mito para todo aquel incrédulo que no desea arriesgar su sagrado dinero para que le tomen el pelo.
El video toma relevancia por un pequeño detalle: este es protagonizado por Michelle Vieth, la “inocente” y “virginal” actriz de telenovelas como Soñadoras (Salavador Garcini, 1998), Amigas y Rivales (Jose Angel Garcia, 2001) y por supuesto Mi Pequeña Traviesa (Pedro Damian, 1998). Y todavía hay gente que dice que Vieth tiene cara de quien ni mata una mosca. ¡Sí, cómo no! Pero en realidad, ¿qué fue lo que pasó? Vamos por partes: todo surgió hace unos meses a raíz de una emisión del programa El Ojo del Huracán, el cual se dedica a hurgar en el lado más cochambroso de las celebridades nacionales. En esa edición -la cual no tarda en convertirse de culto- la conductora Aurora Valle aseguraba que tenía la evidencia que, así como la ven, Vieth le entra duro y parejo y tiene mucha cola que le pisen; con un video proveniente de una fuente anónima en donde se mostraba a la actricilla tener relaciones con un desconocido.
Para poner las cosas mas interesantes, y para que esto tuviera un aire entre dramático y de humor involuntario, era invitado Héctor Soberón -ex pareja de la actriz -, para que de primera mano comprobara lo “zorra” e “hipócrita” que es Vieth. Obviamente no tardaron en salir publicadas en todo los medios las declaraciones de Soberón -quien dio una cátedra de sobreactuación en el programa-, de amigas y conocidas de Vieth defendiéndola y por supuesto la propia Vieth aceptando sus tropelías. También fue obvio que la televisión no se iba a quedar con las ganas de enseñar hasta el hartazgo escenas “clave” del video -como el momento en que ella se está bañando o sugestivamente se acaricia los senos-. Reitero, tarde o temprano esa noticia tendría sus efectos; y es que en una epoca en donde la tecnología está al servicio del voyeurista promedio, era imposible que se pudiera controlar este material inflamable.
Si ya Pamela Anderson Paris Hilton y Cameron Diaz hicieron de las suyas cons sus respectivos videos caseros, ¿por qué nosotros nos ibamos a quedar sin ver las andanzas de Vieth? Faltaba más. Mi Pequeña Golosa, en su lujosa presentación VCD con una fotocopia en blanco y negro como portada -tanto título como portada puedn variar según el puesto-, fue lanzado hace casi ya un mes, tiempo suficiente para situarse en el top 10 pirata. Por lo tanto, sin ponerme muy rejego que digamos, me decidí a comprar mi copia para comprobar la noticia. Debo de aclarar que esto lo hice sacrificadamente para estar enterado. Era un trabajo sucio pero alguien debía de hacerlo.
La pregunta obligada es: ¿lo que se vende es el famoso video?, y de ser así, ¿qué tal está? Voy a ser sincero, para que después no haya gente decepcionada y se sientan transados. Mi Pequeña Golosa se inscribe involuntariamente en la corriente ahora llamada “porno real”, mezcla infalible de hardcore, sitcom y reality show, el cual de buenas a primeras ha causado revuelo en la ciudad. No es para menos; este cine nos ofrece de alguna manera la oportunidad de invadir por medio de la tecnología -llámese cámara de video, celulares o webcams- la intimidad de la gente “común y corriente” para saber qué hacen, con quien, cómo y dónde lo hacen. ¡El futuro de la pornografía está aquí!
Así pues, es seguro que se hayan topado con la proliferación de páginas porno como la famosa Bang Bus -en la cual tres sujetos a bordo de una camioneta van en busca de chicas para convencerlas de coger a cambio de unos cuantos dólares-, Boob Squad - misma premisa sólo que con chicas exageradamente tetonas-, Angel Video - en donde un tipo “recluta” a lolitas para que vivan el día más “atrevido” de su vida-, Manhunters -la cual presenta a dos chicas en búsqueda de chicos incautos y calientes para jugar con ellos sexualmente- o Saint Sodomy y Train Tricky -versiones gay y travesti respectivamente del tema-. Es cierto siempre queda la duda de que tan cierto es todo lo que nos muestran. ¿Hay chicas tan fáciles? ¿Qué tanto es show y qué tanto es improvisado? Pero seamos sinceros, ¿a alguien le interesa?
Asimismo es inevitable toparse con material de dudosa calidad, contenido y procedencia con leyendas como Videos XXX en hoteles de Tlalpan, Polanco o Sullivan, Springbreaks, Cámaras Escondidas en el metro, videos de visitas conyugales en el Reclusorio Norte y hasta los videos de la Colección SW - estos últimos de venta en puestos de periódicos, en este momento en el número #1: El Regalo-. Este tipo de material ha provocado una suerte de nueva leyenda urbana, a la par del porno con zoofilia, necrofilia y hasta el mismísimo cine snuff.
Todo esto es propicio para jugar con nuestra curiosidad, la necesidad de saber que todavía hay algo que nos sorprenda y en muchos casos con nuestro bolsillo y es que es obvio que nos preguntemos: ¿a poco sí será un video de un hotel? ¿Quién y cómo grabó esto? Esta curiosidad se incrementa si se oyen rumores como el de la aparición estelar en un video clandestino de un conocido desaparecido. No sólo se duda de la veracidad del contenido -total, lo más que pudiera llegar a pasar es que todo fuera montado y no nos quede más que prestarnos al timo- sino de la veracidad del pirata -por más confiable que este sea- y es que el dinero es el dinero. Por ello no todo lo que brilla es oro y es común que caigamos en la trampa, todo según la suerte que tengamos. Probablemente se compre un auténtico video amateur en un hotel conocido pero también se puede tener una desagradable sorpresa al ver otra cinta o peor aún tener un disco en blanco o rayado.
Con Mi Pequeña Golosa este inconveniente es aun mayor. Nuevamente la suerte determinará qué y cuánto vamos a ver. Según los “especialistas” -vulgo piratas de hueso colorado- existen por lo menos tres versiones del video: el primero -al parecer este es el que compré- contiene menos de 30 minutos en donde lo más que se llega es ver en topless a Vieth, el segundo -que no está confirmado- es el que dejó a Soberón con el ojo cuadrado y además hay un tercer y reciente lanzamiento con todo y extras, como escenas cachondas en su telenovela y una galería con fotos sexys. Claro, no dudo que existan más ersiones revolcadas del tema.
En mi experiencia personal, la suerte no me sonrió mucho que digamos. Acepto que al poner el disco en el aparato reproductor sentí ciertas ansias de ver a Vieth en plena acción, pero lamentablemente no era el video prometido -a todo esto, ¿existe la mentada grabación?, ¿alguien ya la vio?, ¡avísenme!-. Para colmo la imagen estaba bastante pixelada y un audio muy defectuoso evidenciaban que la copia era de quinta generación, por lo que tuve que conformarme con un topless, no sin antes recetarme cómo Vieth, viendo a la cámara, confiesa que le da pena que la graben, se mire los pies y diga banalidad y media, todo con una voz “chiqueadita”, para rematar con una ducha hasta terminar de improviso. Fin de la ilusión quebrantada.
¿Que más se puede decir de Mi Pequeña Golosa? No mucho en realidad. Sinceramente ya me siento muy escéptico con este tema, porque, piénsenlo bien, ¿alguien cree que el video exista?. Digo, los piratas han hecho su agosto de la manera más descarada y no creo que la conciencia los esté carcomiendo por haberle tomado el pelo a mucha gente. Ahora bien, si desean correr el riesgo, adelante, y suerte. Y si de plano adquirieron la preciada copia, préstenla, ¿no?

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