Revista Cinefagia

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En el país de los cinéfilos, el cinéfago es rey

El taquero. Una tragedia griega con doble tortilla.

Por: Marco González Ambriz

Ya lo he dicho muchas veces pero no me cansaré de repetirlo. Cada vez que los semidioses del “nuevo cine mexicano” intentan retratar la vida de los barrios y las ciudades perdidas de México el resultado se queda a medio camino entre las telenovelas infantiles de Rossy Ocampo y los programas de la fundación Vamos México. Se nota que los responsables jamás en la vida se han subido al metro ni saben lo que es degustar fritangas de choriqueso con harta salsa. De ahí lo incómoda que resulta la actuación de Gaelito en Amores Perros o la no menos falsa religiosidad popular de Santitos.

Si el ego se los permite podrían preguntarle a los realizadores de El Taquero cuál es la fórmula para lograr que los chemos parezcan chemos, que los diálogos contengan la dosis indispensable de albures y leperadas o que las locaciones se vean auténticas. Tal vez el secreto sea que el director Ignacio Rinza es antropólogo o puede que el realismo de esta modesta cinta independiente se deba a que los productores llevan un buen rato dedicándose al videohome y saben cómo aprovechar al máximo los medios que tienen para contar historias ambientadas en colonias populares. Sea lo que sea, el hecho es que El Taquero se distingue por un naturalismo que no le pide nada a las películas de otros países y que en el cine mexicano es bastante raro.

El taquero del título es Romualdo (Luis Enrique Parra) y parece tenerlo todo. Su negocio tiene una numerosa clientela que no sospecha que lo que se come son los perros que Romualdo engorda en la azotea de su casa. Esta prosperidad significa que nada le falta a su esposa Sonia ni a su hija adolescente Eugenia. No corre ningún peligro de ser sorprendido por las autoridades ya que cuenta con la protección del inspector de sanidad, que también es su compadre (Miguel Angel Rodríguez). Por si fuera poco se anda comiendo a su cuñada Claudia, que está de arrimada en la casa, y en el barrio tiene fama de ojete, por lo que nadie se mete con él.

Sin embargo, las cosas se le complican a Romualdo cuando su compadre le pide que le preste una feria para evitar el cierre de su cantina, amenazándolo con denunciarlo si no suelta la papeliza. Por otro lado, Carlos (Flavio Peniche), el galán del barrio, le anda pedaleando la bicicleta, enamorando a la hija y a la cuñada/amante de Romualdo al mismo tiempo. Además, el taquero está en la mira de una banda de maloras comandados por el Pelón, que es muy gandalla pero también es medio pendejo. Al Pelón los atracos siempre le salen mal, su carnalita embarazada se la pasa moneando con sus valedores y para conseguir información sobre víctimas potenciales tiene que pagarle con cuerpomático a un par de homosexuales. Aunque el Pelón se la pasa regañando a su hermana por meterse droga, la verdad es que depende de lo que ella y sus amigos juntan amachinando peatones.

Todo está listo para que Romualdo se enfrente al Pelón, en un conflicto donde también intervienen Carlos, el compadre arruinado y una borracha que tiene enfermo a su morrito. Todos ellos descubren que el taquero es más cabrón que bonito y es que de los tacos de perro a los de cristiano solamente hay un paso. En las tragedias griegas los personajes eran castigados por oponerse a los mandatos de los dioses. En El Taquero, Romualdo acaba mal por pasarse de lanza. Esta mezcla de drama familiar, nota roja y humor negro le da a la película un sabor parecido al del Alarma! o el Magazine de Policía, con su tendencia a explotar y juzgar a los protagonistas de los crímenes pasionales que reseñaban. Por fortuna, en esta película la moraleja está implícita, nunca se llega a decir abiertamente que a los taqueros que sirvan carne de perro los va a castigar Diosito. Más bien es un pretexto para echar desmadre y contar lo que pasa en el barrio.

Para los que crean que por ser producto de videohomeros la película debe ser barata o mal hecha, El Taquero les va a demostrar que están en un error. El lado fuerte del videohome, que es la autenticidad en cuanto a diálogos y situaciones, está presente, con escenas que transcurren en calles empinadas, en casitas humildes y con extras que son morenos y bigotones. Además, los realizadores se permiten tomas en subjetivo, top shots y algunos efectos de edición. Las dificultades de la filmación no se notan en la película, algo que no siempre se puede decir de este tipo de producciones. El hecho de que los actores sean desconocidos no hace sino añadirle realismo a la cinta. Solamente Miguel Angel Rodríguez y Flavio Peniche son conocidos por sus innumerables apariciones como narcos y judiciales, aquí sus personajes son secundarios y es el resto del elenco el que lleva el peso de la historia.

Algo que mencioné pero que todavía no comento a fondo es el sentido del humor de El Taquero, que le da un tono diferente la película y que evita que se caiga en el tremendismo de cintas como De la Calle o Ciudades Oscuras. Por muy seria o cruel que sea la situación de los personajes, siempre hay algo que nos hace reír y que nos recuerda que, por muy jodido que esté, el mexicano no pierde la oportunidad de burlarse de sus congéneres y de sí mismo. Pero que los intelectuales y los escritores no se emocionen y digan que esto demuestra la contradicción esencial de nuestro pueblo. En realidad esto no tiene nada que ver con algún trauma que viene desde la época de la Conquista o de la Independencia. Más bien es una forma de sobrevivir. Cuando estás a punto de ser atracado por un grupo de maleantes lo único que queda es mentarles la madre con una sonrisa.

Esta realidad es la que aparece reflejada en El Taquero y que lamentablemenre puede contribuir a que esta película no llegue a ser reconocida porque choca con la idea que muchos tienen de la gente humilde. Están acostumbrados a ver a los pobres como víctimas indefensas del neoliberalismo, que trabajan sin descanso por llevar un mendrugo a sus hijitos hambrientos, sin oportunidades de empleo ni educación. Pensar que los más jodidos también se aprovechan de sus vecinos y que se cagan de la risa al hacerlo no es algo que encaje en este esquema.

EL TAQUERO
Dirección, Edición: Ignacio Rinza Oviedo; Producción: Felipe Pérez Arroyo; Guión: Armando Ríos; Fotografía: Isidro Rosas; Música: ; Compañía Productora: La Raza Mex; Con: Luis Enrique Parra (el taquero), Miguel Angel Rodríguez (el compadre), Flavio Peniche (Carlos), Cynthia Torash (Sonia), Alejandro Fouget, Alicia Zepero, José Luis Rojas, Rosario Juárez, Gabriel Cosme, Marco Antonio González
México, 2004, 90 min.

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3 Comments

  1. No sé quién escribió esta reseña, ni me interesa, pero por si alguien alguna vez tiene curiosidad por ver dicha película:
    Es una verdadera basura cinematográficamente hablando, un disparate mal hecho partiendo de una idea en teoría original y curiosa. Mal lograda a más no poder, no vale la pena ensañarse en mencionar todos y cada uno de los errores garrafales (porque no acabaríamos), así de fácil: cine hecho con las patas.

    Sin embargo recomiendo verla si se tiene un buen humor, porque si de algo te puedes reír es de cómo está hecha. Hay cada detalle, que saca carcajadas involuntarias, y ni hablar del hilo narrativo. Vamos, una joyita mexicana de cabo a rabo.

  2. Esta película es mala y lo demás es cuento. Yo no se cuando el cine latinoamericano va a cambiar, el único tema es la violencia.

    • Burgundy:

      Cuando escribo sobre una película siempre la comparo con otras del mismo tipo, sobre todo en el caso de los videohomes. Puede parecer que estoy disculpando a los productores de videohomes, y no puedo negar que en general me simpatizan más que los semidioses del “nuevo cine mexicano”, pero cuando veo defectos obvios de edición, dirección, actuación, etc. en una de estas películas también los menciono. En el caso de El Taquero mi opinión es favorable porque previamente tuve que ver bastantes videohomes que eran realmente infumables, sin una sola idea original en cuanto a guión o personajes, y además mal hechos. Después de eso encontrarme con un videohome que tiene buenas actuaciones y sentido del humor (negro) me pareció agradable.

      Hay que recordar que en esto de criticar películas la objetividad siempre va a ser algo inalcanzable. En mi caso tiendo a perdonarle muchas cosas al cine de bajo presupuesto porque las películas de Hollywood podrán ser impecables desde el punto de vista técnico pero su falta de personalidad es algo que no puedo pasar por alto. Habrá quien piense diferente y se fije más en la parte del espectáculo, pensando que si pagó un boleto es para disfrutar una excelente fotografía, calidad de sonido, efectos especiales. Yo me voy más por una estética underground, kitsch, ñera o como quieras llamarle.