Revista Cinefagia

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En el país de los cinéfilos, el cinéfago es rey

El silencio es oro (Le silence est d’or)

Por: Alberto Acuña Navarijo

Hace tres años el director australiano Baz Luhrman sorprendió y llamó la atención de propios y extraños con su sobrevalorada Moulin Rouge: Amor en Rojo (2001), excesivo musical que mezclaba la atemporalidad, el estilo pop, el kitsch, la cursilería, Bollywood, la idealización pictórica tipo Amelie (Jean Pierre Jeunet, 2001), la postmodernidad, la fastuosidad del género en la época de oro hollywoodense y las nuevas tecnologías digitales. Obviamente no faltó quien calificara a Moulin Rouge como la punta de lanza para una resurrección del género, que además venía respaldada por atípicos y actualizados ejemplos como Todos Dicen Que Te Amo (Woody Allen, 1996) y Bailando en la Oscuridad (Lars Von Trier, 2000), tendencia que continuaría Chicago (Rob Marshall,2002).

Tampoco dejó de considerarse a Luhrman como genio, enfant terrible y hasta mártir, cuando fue ignorado por las diferentes academias del mundo. Lo cierto es que, a pesar de cierta renovación y recreación del género, Moulin Rouge, no deja de ser un pastiche, un rosario de lugares comunes, un cuento de hadas exhuberante, pero cuento de hadas al fin y al cabo. Pero entre tantas alabanzas, defensas y fascinación popular, ¿alguien sabía o había dicho que tanto director como cinta no son tan originales como se presume y se quiere creer?. Ya que más allá de referencias a Georges Melies, cintas como Los Caballeros las Prefieren Rubias (Howard Hawks, 1953), Los Paraguas de Cherburgo (Jacques Demy, 1964), La Novicia Rebelde (Robert Wise, 1965), Cabaret (Bob Fosse,1972) o El Show de Terror de Rocky (Jim Sharman,1975), óperas como Orfeo (Claudio Monteverdi), La Boheme (Giacomo Puccini) o La Traviata (Giuseppe Verdi), la mencionada suntuosidad del cine hindú, el surrealismo o el videoclip; la cinta de Luhrman es una desconocida copia, consciente o inconsciente, de la francesa El Silencio es Oro (Rene Clair,1947), demostrando por más aventurado que parezca, que el cine clásico conserva su influencia y contemporaneidad en nuestros días.

Yo sé que las comparaciones son odiosas y que sólo producen discusiones interminables. Pero creo que la mejor manera de hablar de El Silencio es Oro es haciendo una reseña paralela con Moulin Rouge; para dar a conocer esta joyita, poner en evidencia las sospechosas similitudes de Moulin Rouge, y de paso, decepcionar y desengañar a mucha gente que tenía en tan alta estima la cinta protagonizada por Nicole Kidman y Ewan McGregor. Probablemente sea la manera más baja de sostener mis palabras pero correré el riesgo.

1.- Paris, inicio del Siglo XX. Por medio de diversas carpas itinerantes se da a conocer la nueva atracción, un invento llamado el cinematógrafo, el cual se presume revolucionará las artes y el mundo. Es una época en donde se están gestando significativos cambios artísticos e intelectuales, por lo que la gente poco a poco acepta y se ha acostumbrado a ver esas curiosas imágenes en movimiento plasmadas en una pantalla, mientras todas las clases sociales se agolpan para conocer de qué se trata la creación de los hermanos Louise y August Lumiere. Así pues, la acción de la cinta se estará desarollando en el marco de la incipiente industria fílmica, en un estudio para ser más precisos. En el caso de Moulin Rouge, la cinta también se ubica en los barrios bohemios parisinos al principio del Siglo XX, en donde la alta sociedad, intelectuales y artistas incomprendidos, asisten a la mayor atracción de Montmartre: el Moulin Rouge, el famoso cabaret que llama la atención por sus excéntricos espectaculos encabezados por una bella cortesana. Será en este lugar en donde se desarrollará la conocida historia trágica de amor.

2.- Jacques y Emile son dos grandes amigos que trabajan en la floreciente industria, pero aun siendo amigos son totalmente opuestos. Jacques (François Périer) es un mediocre actor que, por más cursi que suene, está enamorado del amor, teniendo como concepción del mismo, conocer a la persona ideal y vivir con ésta para siempre. Pero curiosamente su suerte con las mujeres es poca, por lo que serán varios los rechazos y humillaciones. Por su parte, Emile (Maurice Chevalier), el director y productor de las cintas de Jacques, es un mujeriego empedernido y cínico que tiene como filosofía nunca enamorarse: “es mejor tener aventuras ocasionales y entre más, mejor” Lo que no sospechan es que el amor entrará a sus vidas de la manera menos pensada. Jacques, después de ser bateado una vez mas, recibe los consejos de su amigo para que experimente con la mayor cantidad de jóvenes tomando en cuenta que un rechazo o rompimiento no es un fracaso sino una oportunidad para empezar otro ligue. Y qué mejor manera de poner en practica las sabias enseñanzas de Emile que cuando es reclutado por el ejército por un corto tiempo. ¡Tantas enfermeras y cocineras para hacer la luchita!

Mientras tanto Emile está desesperado por las constantes presiones del dueño del estudio para terminar una nueva cinta ubicada en India, y cuya filmación será presenciada por el Sultán (Paul Demange ), por cuestiones diplomáticas. Además tiene un staff compuesto por puros torpes y flojos y para colmo se ha quedado sin actriz principal. Y es en plena crisis que las cosas dan un giro para Emile cuando conoce en la calle a Lucette (Dany Robin), la joven, ingenua y bella hija de Paulo (Bernard La Jarrige), un payaso ex mejor amigo de Emile por cuestiones sentimentales, quien ha llegado desde las campiñas francesas para buscar a su padre. Lo malo es que Paulo se va de gira y la joven se queda desamparada en la fría París, por lo que Emile le ofrece ser su huésped, viendo en ella la actriz perfecta y de paso un nuevo ligue. Sólo hay un pequeño detalle: Emile se ha enamorado de la chica.

Cuando Jacques regresa del ejército anda como burro en primavera ya que los consejos han dado resultado, por lo que trata de ligar a cualquier desconocida que se encuentra en la calle. Pero sólo hay un incoveniente: su nuevo prospecto es Lucette y para emporar la situación se ha enamorado de ella. Lo que a continuación se desarrolla es un triángulo amoroso basado en malos entendidos y en donde nadie se entera del problema. Todo al ritmo que dicta el guión de la película a filmarse, la cual habla de un romance prohibido entre una cortesana y un citarista y la imposibilidad de concretarlo por el Sultán; haciendo una extrapolación, plasmando la realidad en la ficción.

En el caso de Moulin Rouge, la cinta nos presenta a Christian (Ewan McGergor) un dramaturgo muerto de hambre el cual ha llegado a París para desarollar su arte. Igualmente es un convencido de la idealización del amor, afirmando que la mejor lección que se puede aprender es amar y recibirlo recíprocamente, aunque en realidad nunca ha amado. Accidentalmente conoce al en ese entonces emergente Henri Toulouse-Lautrec, quien lo induce al multicolor Moulin Rouge ya que ve en Christian el potencial para ser el autor de una obra que se va a montar en el recinto. Pero después de una serie de malentendidos Christian es confundido por un duque por parte de Satine (Nicole Kidman) la cortesana más popular del lugar, lo cual da paso a una relación prohibida cuando, ya enamorados, aparece el verdadero Duque (Richard Roxburgh) amenazando dicho idilio y de paso la realización de la obra, ya que la única condición para que éste invierta es ser el hombre de Satine. Está de más decir que la obra que se va a montar es acerca de un citarista, una cortesana y un Sultán, y que ésta va a ser transformada por Christian según el transcuso de las acciones en la vida real.

3.- Voy a sonar muy necio pero hasta los directores y época tienen cierta relación. René Clair era el director perfecto para filmar esta cinta, ya que él fue uno de los pioneros mundiales trabajando en el inicio de su carrera en el cine silente con cintas como El Fantasma de Moulin Rouge (1925), El Viaje Imaginario (1926), o su gran clásico de esta época Un Sombrero de Paja Italiano (1927). Otras de sus cintas, ya en la época sonora, fueron El Último Millonario (1934), La Bella y la Bestia (1950), Bellas de Noche (1952) y Pared de Lilas (1957). En toda su filmografía se caracterizó por hacer retratos ácidos y corrosivos de la doble moral de la aristocracia y gente de sociedad; realizando cintas políticamente incorrectas en donde triunfa la gente menos indicada, emparentándose con Ernest Lubitsch en su estilo de comedia fina pero punzante. Por supuesto Clair, para la época que le toco dirigir, fue un gancho al hígado para críticos, censores y público por faltar a las buenas costumbres y evidenciar los rancios valores sociales de su tiempo. Por su parte Luhrman era el director ideal para realizar este indigesto musical, debido a su estilo efectista, todo abarcador y atemporal, que ya había destacado en Strictly Ballroom (1992) y Romeo y Julieta (1996). En nuestros días se le considera un autor muy excéntrico y ha provocado escozor visual para muchos críticos que aún no compenden la mezcla entre Shakespeare y la cultura pop o la estridencia aplicada a uno de los géneros favoritos de la cinematografía americana.

¿Hay alguna duda de mis afirmaciones? Probablemente estas similitudes sean una casualidad, posiblemente sí fue cierta influencia para el director o de plano yo estoy viendo moros con tranchetes. Eso sí, espero que si algún día se le cuestiona a Luhrman de esto, no se defienda cínicamente justificando que esto sólo era un “homenaje”, como acostumbra Tarantino. Sirva esto como un buen pretexto para conocer este cine, indebida e injustamente rechazado de antemano por nuevas generaciones. Se ha demostrado con creces que el tiempo y los colores no afectan a la frescura, peso e intenciones de este cine. Y eso es algo que mucha gente debería de entender.

EL SILENCIO ES ORO
(Le silence est d’or)
Dirección, Guión, Producción: René Clair; Fotografía: Alain Douarinou y Armand Thirard; Música: Georges Van Parys; Edición: Louisette Hautecoeur y Henri Taverna; Compañías Productoras: Pathé y RKO Radio Pictures; Con: Maurice Chevalier (Emile Clément), François Périer (Jacques), Marcelle Derrien (Madeleine), Dany Robin (Lucette), Bernard La Jarrige (Paulo), Christiane Sertilange (Marinette), Roland Armontel (Celestin), Paul Demange (Sultán de Socotora), Max Dalban (Cricri), Jean Daurand (Alfred), Albert Michel (Zanzi), Gaston Modot (Gustave), Robert Pizani (Mr Duperrier)
Francia – Estados Unidos, 1947, 100 min.
Premios y Nominaciones: Gran Prix de Cine del Mundo, Bruselas, Bélgica, 1947: Premio a Mejor Película (René Clair); Premios del Círculo de Guionistas de Cine de España, Madrid, 1952: Premio a Mejor Película Extranjera (René Clair, representando a Francia); Premios del Círculo de Críticos de Cine de Francia, Paris, Francia, 1948: Premio a Mejor Película (René Clair); Festival Internacional de Cine de Locarno, Suecia, 1947: Premios a Mejor Película y Mejor Director (ambos para René Clair)

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