El ocaso de los dioses. La Aldea.
A M. Night Shyamalan pueden criticarle lo predecible que son sus finales (aunque los que lo hacen me dan lástima pues han perdido su capacidad de asombro), los temas tan poco comunes que llega a manejar, que no cuadran con el sentir general de la gente, o lo infantil que puede ser el terror atmosférico que genera. Lo que nunca se le podrá criticar es que no sabe manejar emociones humanas básicas, como la frustración, el aislamiento y el abandono, sentimientos que gracias a los vertiginosos tiempos que no han tocado vivir son el pan de cada día. Si hay algo que Shyamalan ha querido mostrar en todos y cada uno de sus filmes es precisamente la alienación que sufre el individuo, ya sea porque los demás no lo comprenden o porque él mismo se siente incapaz de adaptarse a un grupo social.

En el caso de su más reciente película, La Aldea (The Village), Shyamalan lleva las cosas todavía más lejos, presentándonos a una sociedad completa que decide separarse del mundo para evitar entrar en contacto con la podredumbre de los grupos urbanos y alcanzar el sueño utópico de la perfección. El problema de las utopías es que por definición son inalcanzables y no existe bien que por mal no venga, así que el pequeño pueblo que trató de ser distinto termina por convertirse en lo que siempre odió: un lugar perfecto para que germine la inmundicia tan temida.
Lo primero que hay que mencionar sobre esta nueva obra del director que vino a revitalizar los géneros del terror y el suspenso es que, irónicamente, no estamos ante una película de dichos géneros. La Aldea es más una película costumbrista de época que una de sustos baratos (entiéndase por esto aquellos que lo hacen brincar a uno del asiento) con todo y que tiene algunos de estos momentos. Si bien es cierto que mantiene una atmósfera lúgubre y la tensión crece conforme avanza la historia, todo es parte de la representación de la vida en el pequeño pueblo, el cual no sólo sufre el terror de vivir rodeado de lo desconocido sino de vivir apegado a las costumbres impuestas por los ancianos, líderes que están dispuestos a todo con tal de conservar la armonía tan duramente ganada y no dudan en estrechar aún más su visión si es necesario para que se mantenga el status quo, obtenido mediante la reificación de mitos a través del miedo, la ignorancia y el estancamiento provocado por el nulo intercambio de ideas, noticias y descubrimientos.

Los magníficos decorados y vestuarios no hacen más que aumentar la sensación de aislamiento que todo el filme provoca y las actuaciones -estupendas en la mayoría de los casos, como ya es costumbre en las obras de Shyamalan- demuestran lo que comentaba sobre el abandono y la inadaptación. La película también funciona como una metáfora sobre la claustrofobia y la agorafobia, pues podemos ver al mismo tiempo el temor de sentirse encerrado en una aldea de la que no se puede salir so pena de acarrearle desgracias y el miedo a relacionarse con el mundo exterior.
Si tuviéramos que comparar esta cinta con alguna otra del mismo director para saber como de qué va habría que recordar esa obra maestra llamada El Protegido, película que dentro de su perfección nos muestra el verdadero talento de Shyamalan. En ambas cintas el verdadero miedo no procede de lo que pueda llegar a ocurrirnos sino de lo que desconocemos de nosotros mismos, de dudar de nuestras propias capacidades y escondernos detrás de nuestro complejo de inferioridad y en ambas la atmósfera es lograda por la interacción de los personajes y su elocuencia, que pone de manifiesto sus traumas y necesidades, resultando ser de lo más escalofriante.

Tristemente, la cinta es plantea un reflejo de lo que fueron los sistemas socialistas, núcleos separados del devenir del resto del mundo debido al temor al intercambio de ideas y a la ausencia de la autocrítica, ejercicio que Shyamalan siempre ha desarrollado. Aunque curiosamente también podemos observar las ventajas de dicho sistema económico sobre todo en lo que a repartición de bienes se refiere. Sin duda alguna el director lanzó una indirecta a su pueblo adoptivo, disfrazándola de una manera efectivísima.
Repito, esta película no debe verse con la idea de ir a espantarse un rato, hay que verla esperando ver un reflejo de nuestra cotidianeidad, como un ejercicio de sociología y un estudio del comportamiento humano, quizás entonces podrán comprender que más que ser una película de suspenso, La Aldea es una verdadera tragedia, la primera gran tragedia escrita en el siglo XXI.
LA ALDEA
(The Village)
Dirección, Guión: M. Night Shyamalan; Producción: M. Night Shyamalan, Sam Mercer, Scott Rudin; Fotografía: Roger Deakins; Música: James Newton Howard; Edición: Christopher Tellefsen; Elenco: Joaquin Phoenix (Lucius Hunt), Bryce Dallas Howard (Ivy Walker), Adrien Brody (Noah Percy), William Hurt (Edward Walker), Sigourney Weaver (Alice Hunt), Brendan Gleeson (August Nicholson)
EE.UU., 2004, 109 min.

CONSIDERO “LA ALDEA” UNA BUENA PELICULA, MAS QUE DE TERROR , SUSPENSO.
UNA MUSICA DE FONDO MARAVILLOSA, BELLOS PAISAJES Y EXELENTES ACTORES.