Por José Luis Ortega Torres

aventuraalcentrodelatierra01Las demostraciones de fantaciencia en el cine mexicano si bien no son afortunadas en concepto y diseño, sí lo son en lo naïf de su propuesta. Eso queda plenamente demostrado en Aventura al centro de la Tierra, dirigida por el alemán nacionalizado mexicano Alfredo B. Crevenna, maquilero de buena mano que dirigió nomás 150 y tantos largometrajes en nuestro país, sin importar el género y sin ruborizarse jamás de sus resultados.

A él se deben desde melodramones como La mujer sin lágrimas (1951) o la ya mencionada en Cinefagia, Apasionada (1952); clásicos cinematográficos refriteados por las telenovelas del canal de las estrellas como Quinceañera (1958), Gutierritos (1959), Teresa (1960) o Yesenia (1971).

Pero para nuestros intereses específicos, o sea la ciencia-ficción weird, además de Aventura… también hay que agradecerle Gigantes planetarios (1965), El planeta de las mujeres invasoras (1965) y hasta la mítica Santo contra la invasión de los marcianos (1966); además de dirigir cintas de terror mad-mex que en su momento habremos de reseñar.

Sin extendernos más en las virtudes y carencias de tan singular realizador, vayamos directo a Aventura al centro de la Tierra, película donde un grupo heterogéneo de científicos e intelectuales pasean por remotos lugares en busca de aventuras y monstruos antediluvianos. Sólo que aquí el ecléctico conjunto esta compuesto por las bellas Kitty de Hoyos y Columba Domínguez; y las bestias David Reynoso y Javier Solís, entre otros, bajo el mando del siempre entrañable José Elías Moreno como el líder de la expedición, y el remoto lugar en cuestión, no es otro más que las grutas de Cacahuamilpa.

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El asunto está en que una pareja de novios que van con un grupo de turistas a las grutas, se aparta de ellos para cachondear en paz, pero sin darse cuenta caen en un pozo donde son atacados por un monstruo, muriendo él y quedando desquiciada ella. El caso será investigado por el profesor Díaz, su secretaria, una geóloga, un médico, un cazador, un escritor invitado de último momento y, al más puro estilo gringo, un cocinero negro que ya sabemos se tiene que morir.

Lo de menos es saber la historia de la película, sino ver cómo las grutas son a momentos sospechosamente parecidas a un set de cartón y cómo se mezcla pietaje de películas que en algún momento retomaron la excusa prehistórica; por eso podemos ver en esta Aventura… el mismo material de archivo utilizado en la tintanesca El bello durmiente (1952), con todo y sus cavernicolitas pachucos corriendo de un lado a otro y un brontosaurio de hule inflado que se mueve gracias a curiosos brinquitos.

No se trata de patrioterismo, pero ¿Cómo hacerle el feo a una cinta cuya desfachatez se podría calificar más de candor, que de ineptitud? Porque la película no es mala, es increíblemente divertida y ese es su valor. Indiscutiblemente el presupuesto que se necesita para una producción de CF es elevado y para 1964, año en que Crevenna dirige esta cinta, ya había pasado la efervescencia de los primeros filmes estadounidenses de paranoia científica y nombres como los de Harryhausen estaban plenamente encumbrados, es decir, que hasta en materia de cine de explotación, México llevaba más de una década de retraso.

¿De qué echar mano entonces? De lo que se pueda. No sólo del material de reciclaje de películas mexicanas, sino también de sus monstruos, pues el que aparece en esta Aventura… también aparece en alguna otra que desconozco, pero es obvio por el hecho de que mientras aquí está atacando a los expedicionarios en planos abiertos donde se pueden apreciar las grutas, los planos medios dejan ver que detrás de él se encuentra una ventana y algunos muebles que delatan se encuentra en el interior de alguna casa de otra película tal vez igualmente desquiciada.

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También se puede echar mano, porque no, de premisas argumentales de grandes clásicos, como el King Kong de Schoedsack y Cooper (1933), cuando nuestro monstruo azteca secuestre a la bella Kitty de Hoyos y demuestre estar salvajemente enamorado de ella y hasta le ofrezca de comer una serpiente por él mismo descabezada.

Y a propósito, si tenemos en el cast de culto y cobarde escritor-periodista ni más ni menos que Javier Solís, pues entonces hay que aprovecharlo para que entone a capela el célebre bolero ranchero “Perdóname mi vida”, mientras su amada Columba Domínguez da muestras de ser ambiciosa y coscolina haciéndole ojitos al machote cazador David Reynoso.

Psicotronías que en conjunto convierten a esta película en un objeto de culto en el extranjero, editado recientemente en DVD en los Estados Unidos y denostado por siempre en nuestro país gracias a las “cultas” opiniones de gente que como García Riera no hacían más que evidenciar su soberbia y disfrazarlas de exquisitez europeizada ¡puaj!

AVENTURA AL CENTRO DE LA TIERRA

Dirección: Alfredo B. Crevenna; Producción: Jesús Sotomayor; Guión: José María Fernández Unsaín; Fotografía: Raúl Martínez Solares; Música: Raúl Lavista; Edición: Carlos Savage; Con: Kitty De Hoyos (Hilda), Javier Solís (Manuel Ríos), Columba Domínguez (Laura Ponce), José Elías Moreno (Profesor Díaz), Carlos Cortés (Antonio Peña), Carmen Molina (Julia), David Reynoso (Jaime Rocha), Ramón Bugarini (Apolinar)

México, 1964, 85 min.

Fecha de estreno en México: 2 de septiembre de 1965.