Séptimo Festival Internacional de Cine Expresión en Corto 2004 (segunda parte)
Posted by Revista Cinefagia on 8/10/04 • Categorized as Cinembargo Se Mueve
Por: José Luis Ortega Torres
Como había comentado en la entrega anterior, este artículo está dividido en cuatro grupos. Revisados ya los que Quisieron, pero no pudieron y los que son Chiquitos, pero bonitos, toca el turno a los…
INCOMPRENSIBLES EJERCICIOS DE PETULANCIA
(O verdaderos actos de irresponsabilidad fílmica)
En su tristemente atinado comentario sobre la producción de cortometrajes en nuestro país, Marco González Ambriz ya dejaba ver que éstos solamente repiten las mismas taras de los malogrados largometrajes mexicanos que se hacen pasar como el resurgimiento de la industria nacional, cuando en realidad no pasan de ser simples chiflidos de cohetero.
Si me preguntan cual es el principal defecto de estos cortometrajes mexicanos, respondería que más allá de problemas técnicos, estéticos o argumentales, el meollo del asunto radica en la falsa pose de sus noveles realizadores. Jóvenes educandos de las escuelas de cine o recién egresados que, con apenas un par de ejercicios, ya creen saber lo suficiente para erigirse como auteur, siendo presas de un esnobismo pedestre que los arrastra a creer que basta recitar de memoria a los cahieristas y presumir de haber visto a los neorrealistas, vanguardistas neoyorkinos y/o franceses para poder filmar como ellos, sin alcanzar a entender que, en materia de cinematografía, no es lo mismo aprehenderla (así, con h intermedia), que aprenderla.
De esta manera llegan a la pantalla minifilmes tan incomprensibles como vacuos, tal vez porque estos Godards, Tarkovskis y Viscontis región 4 todavía no alcanzan a comprender que experimental no es sinónimo de incomprensible. No es malinchismo, sino triste realidad. Para muestra…
Callesnuff (Javier Ventura, México, 4’40”) es la más grande tomadura de pelo con respecto al mito del cine snuff. Bien se ve que el director conoce las constantes de algunos filmes del llamado hipergore oriental, principalmente de Chiniku no Hana / Flowers of Flesh and Blood (1989), segundo episodio de la serie Za Ginnipigu / Guinea Pig, ya que al igual que la original japonesa, esta tontería inicia con una cámara de video subjetiva que pretende ser la visión del verdugo, quien persigue a potenciales víctimas hasta escoger una. Por si fuera poco, además del sobadísimo recurso de la cámara en mano, se recurre al no menos trillado montaje a velocidad rápida, con insertos del cuerpo de una mujer atado a una silla en castísima ropa interior –porque la mochería o el miedo del realizador le impidió aventarse a filmar un desnudo en una situación que se pretende violenta–, para que súbitamente se levante y caiga al suelo por no poder escapar.
Con esta pedestre demostración de ganas de escandalizar colgándose mañosamente de un filón sumamente redituable, como lo es el mito de las snuff movies, solamente se logra el ridículo. Qué lejos se está todavía de los verdaderos desafíos a las reglas cinematográficas, demostrando únicamente el miedo que se tiene a dar el paso definitivo y lograr verdaderas bofetadas a las buenas costumbres y al establishment, como lo hecho por un verdadero provocador como Fred Vogel en su díptico August Underground.
Igual de presuntuosos y fallidos son Trans-migraciones (Juan Carlos de la Parra, México, 2003; 8’05”), obra en la que el director juega a ser Dios, presentando planos panorámicos con una cámara fija emplazada en picada por donde atraviesan hombrecitos caminando de un lado a otro y por distintos fondos computarizadamente manipulados. Se supone, según la ficha que aparece en el catálogo, que se trata de una “muestra de los personajes en un mundo de incomunicación y alienación”. Ni cómo decir que no es cierto, pero tampoco podemos afirmar lo contrario, si alguien lo entendió así –que no sea familiar o amigo del director– que me lo explique.
Momentos (Tanai Tanicté Cruz Juárez, México, 2003; 7’04”) es, como su nombre lo indica, una recopilación de momentos cotidianos de unos personajes que se entrecruzan sin concretar una relación entre ellos. Una chica en bicicleta, un joven parado en una ventana, niños que corren y una pantalla dividida que presenta algo de animación cuadro por cuadro que nada tiene que ver con lo que se ve en el otro lado de la pantalla.
Nada en concreto deja ver tampoco El Reflejo del Sátiro (Esteban Martínez, México, 2003;7’00”), otro de tantos cortometrajes que escudados en la estética videoclipera hecha mano de colores contrastados y (otra vez) cámara a súper velocidad sin sosiego ni razón, además del ya clásico fetiche visual del primerísimo primer plano de un ojo humano que todo lo atestigua, utilizado más en la moda pop impuesta por Big Brother que con ánimo buñueliano subversivo y provocador (afirmar lo contrario sería un anatema). Cortometraje incluido en esta sección oficial quien sabe por qué razón (aunque el realizador sospechosamente es becario del estado de Guanajuato, sede del evento, vía el programa de Becas para Artes Visuales 2003)
De Oscilación (Eun Hee Ihm, México, 7’00”) sólo puedo decir que es una monumento a lo ininteligible, que como ya dije anteriormente, no debe ser sinónimo de experimental. Confusión y hartazgo son las dos únicas cosas que se pueden extraer del visionado de semejante pastiche, donde observamos a un hombre danzar dentro de un cuarto desolado que tapizará de papel blanco como sinónimo de purificación hasta tapar todo resquicio de oscuridad y luz para meditar esperando que suceda algo –al igual que el público–. De repente una de las paredes se rasga en una obvia hendidura vaginal, de donde brota un hombre en medio de sangre. Metáfora nada afortunada sobre el renacimiento que además es sospechosamente parecida a la –esa sí– logradísima escena que da inicio a Bread and Circus (Noruega, 2003), insólito ejercicio de fantasía y surrealismo dirigido por Martin Locke.
Coreana afincada en México, la directora de Oscilación tiene en su haber una especialización en filosofía budista, lo que supongo le da cierto grado de inteligibilidad a su corto. Claro, sí es que el espectador conoce esta práctica filosófica, de lo contrario no harán más que reírse con lo que se supone es un poético final, tal y como sucedió en los Cinemas Guanajuato –donde hasta se escuchó algún “no mames”–, sede alterna libre del forzado aplauso por compromiso que privó en las proyecciones realizadas dentro del Auditorio del Estado, sede oficial del evento.
Ya escucho las voces que se alzarán acusándome de malinchista y vende patrias por no apoyar a les petites auteurs del mini cine mexicano, pero ¿qué se puede decir cuando lo que se ve en pantalla es malo? Como igual de malo resulta Cidade en Movimento (Tito Guedes de Caravalho, Portugal, 3’10”) sucesión de paredes portuguesas a toda velocidad. Sí, sólo paredes, tan extraño que al final del corto se debe anunciar que todas las imágenes han sido filmadas y exhibidas en tiempo real, para que entendamos el porque del título en un mundo cada vez más caótico (ese caos sí que lo supo filmar ¿o fue suerte de principiante?)
PEQUEÑAS JOYAS QUE VALIERON EL BOLETO
(…aunque la entrada fuera libre)
Con todo, siempre hay gente que entiende dónde radica el poder del cine: en imágenes que desde el primer momento impacten al público y que lejos de aburrirlo con discursos que se pretenden esotéricos, filosóficos o trascendentales, lo tomen de la mano y lo seduzcan con ideas sugerentes a pensar en su realidad. Estas son las mejores propuestas de lo que fue la Selección Oficial Experimental, en riguroso orden ascendente.
Trust: A Five Minute Requiem for the 20th Century (Gerard Howland, EUA, 6’21”) que para ser más específicos se trata de un impactante videoclip, donde la libertad e igualdad de razas se funden con un canto de libertad pegajosamente interpretado a ritmos afros y new beat cantados por una potente morenaza, mientras ilustres figuras de la humanidad como Nixon o Ghandi, entre otros, bailen al ritmo que les toquen (claro, gracias a la magia de las máscaras de látex) y en el fondo stock de archivo de momentos decisivos en la Historia como complemento ideal al discurso.
Música e imagen mezcladas de manera adecuada dan como resultado obras que deben de tenerse en alta estima, sobre todo cuando las imágenes son simples chorros de pintura de distintos colores entrando y saliendo a cuadro. Nos referimos a Oïo (Simon Goulet, Canadá, 9’00”) arriesgado experimento donde los protagonistas son colores de pintura liquida escurriendo, salpicando, brotando, subiendo y bajando según el ritmo marcado por la partitura de una pequeña sinfonía.
Experimentación que trae a la memoria aquellos realizados para la UFA alemana por el pintor sueco Viking Eggeling a principios de los años veinte, como la Symphonie Diagonale, primera pintura abstracta en movimiento, ejercicio plástico que continuaron los también pintores Hans Richter con Rythme 21 y Rythme 23 y Walter Ruttmann con los Opus I al IV, expresiones abstractas que son retomadas por los franceses de la misma década para sus juegos de formas y música, de los que el más recordado hasta nuestros días es el célebre Ballet mécanique de Leger, aunque él ya no trabajó sobre motivos pictóricos.
Oïo se muestra como una muy lograda recuperación del espíritu vanguardista que debe permear en el séptimo arte, llamado así justamente porque es una amalgama del resto, donde la pintura es, lógicamente, el punto de inicio.
Hablar del inicio es hablar de la vida. El inicio es la vida misma ahora y siempre en cualquier circunstancia. El eterno inicio que da movilidad al hombre como especie de vida único e inextinguible que ha decidido no morir porque su espíritu y trascendencia son eternos. En estas líneas se puede resumir el mensaje de We Have Decided Not To Die (Daniel Askill, Australia, 2003, 11’30”) obra justamente ganadora del premio al Mejor Cortometraje en esta categoría, lo que hace suspirar de alivio al pensar que todavía hay jueces justos, honestos y sensatos.
Tres representaciones del nacimiento del hombre, desde el útero todo protector donde el líquido amniótico es la mejor defensa hasta el vuelo a nuevas edades de conciencia, pasando por su enfrentamiento y subsistencia ante la máquina creada por él mismo. Toda una metáfora del nacimiento a la vida consciente y de la conciencia que conlleva el acto de vivir. Magnífico.
BONUS TRACK
Más allá de la Selección Oficial Experimental –donde sospecho se programó lo que no cupo en ningún otro apartado del programa, pero cuya proyección siempre viste de una imagen chic y alternativa a cualquier evento fílmico–, se pudieron ver interesantes propuestas que creo valioso rescatar, comenzando por la ganadora al Premio a Mejor Cortometraje de todo el festival, the best of the best…..
L’Homme Sans Tête (Juan Solanas, Francia, 2003, 18’00”), extraordinario trabajo de este joven argentino radicado en Francia, que utilizando una estética muy del fantastique practicado por Jeunet y Caro, presenta la historia de un hombre escabezado en vísperas de una cita a ciegas, por lo que debe ir a una tienda donde venden cabezas para comprar la que más combine con su estilo. Fantasía utilizada como metáfora de la individualidad que apunta directamente a la esencia del ser humano por encima de la percha. Una joya difícil de olvidar.
Ganador del premio a Mejor Actriz –para Iben Hjejle– Anna’s Dag (Áni Ólafur Ásgeirsson, Dinamarca, 30’00”), es el mejor ejemplo de una historia de amores, encuentros y desencuentros de una madre soltera, su vida rutinaria, la educación de los hijos y una nueva oportunidad no de comenzar, sino de reintentarlo de nuevo. Actuaciones contenidas y dirección óptima que en mucho deberían de servir como ejemplo a seguir para los edulcorados ejercicios de vacuidad como Mujer, Casos de la Vida Real y su calca, la todavía peor Lo que Callamos las Mujeres.
Expreso Nocturno (Imanol Ortiz, España / Francia, 23’00”) sin lugar a dudas fue lo más divertido del programa. Comedia negra española que pone a cuadro al mismo Álex Angulo (el sacerdote de El Día de la Bestia) como un insoportable esquizofrénico e hipocondríaco compañero de camarote en el ferrocarril del título, de un apacible hombre que sólo quiere dormir… aunque podría no ser lo que parece.
A pesar de lo presentado en la Selección Experimental, en otras secciones el corto mexicano salió muy bien librado, como lo demuestra La Nao de China (Patricia Arriaga, México, 2004, 10’00”), ganador de los premios a Mejor Cortometraje Mexicano, segundo lugar general –superado solamente por L’Homme…– y una beca para que la joven protagonista estudie actuación en el extranjero. Sin embargo, fueron los documentales los que ponen en alto el quehacer cinematográfico nacional, demostrando nuevamente que es esta disciplina donde mejores resultados estéticos y temáticos se está obteniendo en el actual cine mexicano.
Prueba de lo anterior es Tierra Caliente (Francisco Vargas, México, 2004, 50’00”) maravilloso trabajo que rescata del ignominioso olvido de la cultura oficialista el arte de Don Ángel Tavira, excepcional violinista que con más de 80 años a sus espaldas y sin la mano derecha ejecuta su instrumento con una maestría que le ha llevado a ofrecer conciertos por Europa, donde su talento es ampliamente reconocido, sobre todo por presentar en aquellos escenarios la música de la Tierra Caliente del Estado de Guerrero, la misma que aprendió siendo niño y que hoy se preocupa por enseñar con una humildad digna de alabanza a nuevas generaciones de violinistas de la región.
No menos interesante es Zazil Ha, Agua Clara (Olimpia Corona, México 2003, 11’00”), documento de investigación antropológica que muestra una de las tradiciones más ancestrales de la cultura maya, el Hetzmek, bautizo de carácter iniciático donde los bebés de apenas cuatro meses de edad son presentados para que obtengan valores éticos y espirituales que los emparienten con sus ancestros prehispánicos.
El corto sigue de manera testimonial una ceremonia real, la presentación de la pequeña Zazil Ha (agua clara en castellano), con lo que ahora su espíritu ha trascendido por medio de una cosmogonía y misticismo hoy casi extintos. Aleccionador y conmovedor –en la mejor acepción de la palabra– es un documento fílmico que al igual que Tierra Caliente son de obligada exhibición.
No se diga más. Sirvan estos dos ejemplos de inteligencia y rescate cultural para despedir con buen sabor de boca lo que fue la séptima edición del Festival Expresión en Corto.
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