Frankenweenie
Por: Arturo Rojas Rojas
Cuando empezaron a salir los DVD, los odié durante algún tiempo. ¿Cómo era posible que tuviera que volver a comprar mis películas favoritas en disco cuando ya las tenía en videocasete? Pero, poco a poco descubrí la maravilla que significa el nuevo formato. Haciendo a un lado los aspectos técnicos más relevantes (mejor sonido e imagen, por ejemplo), lo grandioso de los DVD era la cantidad de películas que había dado por perdidas y que tengo la oportunidad de ver otra vez, o mejor aún, las que tengo la fortuna de ver por primera vez. Por ejemplo, cuando revisaba mi “Edición de Lujo” de El Extraño Mundo de Jack (The Nightmare Before Christmas, 1993) descubrí en su material adicional algo que nunca esperé tener entre mis manos: Frankenweenie (1984).

Paul Bartel en Frankenweenie
La historia comienza en la sala de los Frankenstein, cuando familiares y amigos asisten a la premier del primer cortometraje del pequeño Víctor como director: “El Monstruo de Tiempo Atrás” (The Monster from Long Ago), en el que participa la mascota de la familia, el talentoso Sparky. Tras recibir la ovación de la audiencia (y una galleta de chocolate), el joven Frankenstein sale a jugar con su actor principal lanzándole una pelota. Desgraciadamente uno de los tiros llega a la calle y Sparky muere atropellado.
Después del entierro, la tristeza embarga a Víctor, quien está seguro que nunca encontrará otro perro como Sparky. Pero la esperanza regresa a su vida durante la clase de biología, donde el profesor enseña a la clase, con la ayuda de la consabida rana panza al aire, lo que se puede lograr con la cantidad adecuada de electricidad. Gracias al ingenio del pequeño y a la ayuda de un rayo, el perro de la familia vuelve a la vida. Como niño con juguete nuevo (literalmente), Víctor falta a la escuela al día siguiente para estar con su “nueva” mascota. Pero el sueño lo vence y, después de algunos días bajo tierra, es natural que Sparky deseara salir a estirar las patas (tal vez no la mejor selección de palabras cuando acabas de regresar de la tumba).
El paseo del resucitado perro causa conmoción entre los vecinos, quienes le reclaman a los padres de Víctor que controlen a su nuevo perro. Desconcertados, señor y señora Frankenstein descubren que su hijo revivió a Sparky. Tras meditarlo un poco, la familia decide presentar (o volver a presentar) a su mascota a la comunidad a pesar de la protesta de Víctor. Pero las cosas se salen de control, los vecinos gritan aterrorizados en cuanto ven al perro quien sale huyendo de la casa y termina refugiándose, junto con Víctor, en un molino de viento, escenografía de un campo de golf miniatura que se encuentra abandonado.
Un resbalón y un encendedor provocan la tragedia. El molino se incendia, el joven Frankenstein cae inconsciente pero Sparky lo aleja del peligro. Desgraciadamente él no tiene tanta suerte y muere una vez más. Los vecinos, arrepentidos de su proceder, deciden ayudar a la familia a recuperar a su adorado can. Unas cuantas baterías de auto, unos cables de corriente… y Sparky regresa a la vida, justo a tiempo para encontrar el amor en la forma de una atractiva poodle negra con mechones blancos. …Y todos vivieron felices desde entonces.

Barret Oliver en Frankenweenie
Como ven Frankenweenie es una sencilla adaptación de la famosa novela de Mary Shelley, Frankenstein, al más puro estilo de Tim Burton. Si bien este no es el primer trabajo de Burton como director, sí es el primero donde podemos ver aquellos elementos que se volverían recurrentes a lo largo de su trayectoria detrás de las cámaras. Cosas como su gusto por reinventar historias clásicas y darles un giro extra, volviéndolas ácidas y controversiales (lo que en Estados Unidos llaman revamps) como lo hizo con Batman (1989) (¿el hombre murciélago con ametralladoras en el batimóvil?), Marcianos al Ataque (Mars Attacks, 1996) (tan sólo el asado inicial de la cinta, para no ir demasiado lejos), La Leyenda del Jinete Sin Cabeza (Sleepy Hollow, 1999) (¿por qué un simple puente iba a detener a un fantasma tan poderoso como éste?) y, por supuesto, su menos agraciada El Planeta de los Simios (Planet of the Apes, 2000).
En esa misma tónica nos hace partícipes, por primera vez, de su predilección por los clásicos en blanco y negro que influyeron fuertemente en su ambientación estilo años 50 y que, extrañamente, también le ayudó a desarrollar su estética característicamente gótica (me hubiera gustado estar cerca de él cuando le dieron el proyecto de Batman). De igual forma, parece lógica su inclinación por situar sus historias en algún suburbio de la Unión Americana (Beetlejuice, El Joven Manos de Tijera y, aunque en menor medida, ahora en El Gran Pez) cuya paz y tranquilidad son desquiciadas por alguno de los bizarros seres del imaginario Burton.
Técnicamente, Burton comienza a jugar con sus locaciones tipo maqueta que combina espléndidamente con un maravilloso juego de perspectiva en pantalla (cosas que parecen sumamente alejadas están en realidad al lado de los actores) y que ejercitó con mayor claridad en Beetlejuice, el Superfantasma (1988).

Estos personajes, locaciones y situaciones sirven para que el director vuelva una y otra vez sobre un mismo tema que, desde Frankenweenie, nos muestra en casi todas sus producciones: todos somos engendros (mejor conocidos como freaks) empezando por aquellos que nos reconocen como tales: la enana regordeta con ojos –o lentes– de sapo o el vecino metiche siempre enfundado en sus pantalones a cuadros estilo golfista –aunque jamás se haya acercado a un green–, padre de una niña flaca, demasiado alta para su edad con frenos en la boca que gusta de hacer aerobics junto con su muñeca Barbie (quien, como dato al calce, es nada más ni nada menos que Sofia Coppola en su debut cinematográfico).
Todos ellos están dispuestos a pasar por alto sus excentricidades para enfocar todo su miedo a aquello que es diferente en el pobre Sparky. A fin de cuentas, todo el vecindario reconoce el error de sus acciones cuando descubren que el ser más extraño de todos los que habitan la “colonia” es también el más humano de todos, pero en ningún momento se dan cuenta de que Sparky pertenece a su comunidad, más que por su valor o carácter de engendro.
Una producción sencilla, sin gran profundidad. Sin embargo, lo maravilloso de entrar en contacto con estas primeras producciones de los ahora grandes directores es darse cuenta de cómo fueron los inicios de sus carreras y reconocer las características que años después habrían de convertirse en la firma de sus proyectos posteriores, lo que hace de Frankenweenie una joya que puede disfrutar toda la familia y que hace que aquellos que alguna vez renegáramos de los DVD ahora estemos a la caza de joyas como esta en cualquier lugar que podamos.
FRANKENWEENIE
Dirección: Tim Burton; Fotografía: Thomas E. Ackerman; Música: Michael Convertino, David Newman; Elenco: Joseph Maher (Mr. Chambers), Jason Hervey (Frank Dale), Barret Oliver (Victor Frankenstein), Daniel Stern (Ben Frankenstein), Paul Bartel (Mr. Walsh), Shelley Duvall (Susan Frankenstein), Helen Boll (Mrs. Curtis)
Estados Unidos, 1984, 27 min
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