Revista Cinefagia

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En el país de los cinéfilos, el cinéfago es rey

La Virulencia del Caballo de Hierro

Por: Raúl Miranda

Las posibilidades cinemáticas del tren nunca fueron una intriga para los cineastas: Louis Lumiérè no encontró mejor motivo fílmico para iniciar sus experimentos con su nuevo invento. La mejor síntesis de los temas vinculados al ferrocarril comenzó con el western, donde es un elemento mitológico de primer orden para este género. Edwin S. Porter con su Asalto y Robo al Tren (1903), es el padre fundador del tipo de filmes para los teóricos del movimiento acelerado.

El tren fílmico del Oeste siempre provocó emoción en los espectadores, aunque su representación no siempre manifestara verosimilitud o precisión histórica. Su frecuente presencia aparece ligada a otros mitos, fundamentalmente al de la diligencia, el telégrafo y el bandido. Sin embargo, aún no se ha filmado la película que realice la crítica y análisis de la función cumplida por la construcción de los grandes monopolios ferroviarios que todavía hoy gozan de una excelente salud.

El establecimiento de las líneas férreas y la competencia entre la Central Pacific y la Union Pacific Railroad para la instalación de un ferrocarril que uniera ambas costas, es decir, que contribuyera a hacer rentable la colonización del Oeste, tiene su obra maestra en El Caballo de Hierro (The Iron Horse, John Ford, 1924), filme de gran presupuesto en el que se reúnen figuras históricas como Abraham Lincoln y Buffalo Bill. Luego vino el genio con rostro de profunda depresión, Buster Keaton, quien ubica su historia El Maquinista de la General (The General, 1927) durante la Guerra Civil Norteamericana, contando las peripecias, a 60 millas por hora, de un oficial de la Unión infiltrado en territorio Confederado.

La epopeya de la construcción de las líneas férreas se halla en Unión Pacífico (Cecil B. De Mille, 1939). En este filme-resumen se encuentran todos los temas de la mitología del ferrocarril: la gesta épica del esfuerzo colectivo en el difícil tendido de la vía férrea, los manejos de políticos y financieros sin escrúpulos que se oponen a la realización de la empresa, la unión transcontinental, la hostilidad y lucha contra los indios enemigos del ferrocarril, la guerra civil, la modificación de las costumbres, la enemistad de los agricultores –de cuyas tierras una parte fue expropiada– y los ganaderos, cuyas reses partían en estampida ante el paso de los primitivos trenes y, a veces, eran alcanzadas por el botaganado.

La enorme seducción del tren ya había ocupado a Alfred Hitchcock un año antes en The Lady Vanishes (1938), filme inglés de gran intensidad dramática. Sin ningún tinte novelesco, René Clément en La Bataille du Rail (1945), contaba su versión, casi documental, acerca de la valentía de los trabajadores del riel, como parte de la Resistencia contra la ocupación nazi. Hubo otras películas que, aunque no alcanzaron nivel de fresco histórico alguno, se distinguían por la sutileza en el uso expresivo del tren, emplazando la cámara hacia la hilera de vagones contorsionándose, ubicando el silbido de una partida y el paso hipnótico de los durmientes en top shot. El Último Tren (1959, John Sturges), Los Valientes También Huyen (1956), son otros dos títulos que aportaron a la acumulación de las imágenes – signos, en prosa o en poesía, sobre el chirriar de fierros como huesos doloridos del tren partiendo.

La época de los trenes de vapor tiene ahora una aura romántica. El filme Breve Encuentro (David Lean, 1945), se basa en una relación fortuita en una estación ferroviaria poco después de la Segunda Guerra Mundial. También los famosos trenes de lujo sirvieron de escenario a muchas películas como Asesinato en el Expreso Oriente (1974), de Sidney Lumet, basada en una novela de Agatha Christie. Pero también las estaciones de cobertizo de madera marcaron el escenario para magistrales secuencias Érase una Vez en el Oeste (Sergio Leone, 1968).

Las cuadrillas, la aparición de la locomotora en 1804, las calderas, los problemas del tendido de vías a través de tierras pantanosas, los descarrilamientos, la tracción eléctrica utilizada por primera vez en Irlanda en 1833, la introducción de la locomotora Diesel, el miedo y la alarma de los viajantes ante una parada imprevista, las dramáticas escenas de sus rutas por los paisajes nevados o por los abismos montañosos, la marcha sustentada por la humareda blanca o negra, la heroína atada a una vía. Todas estas variantes dramáticas del tren han fascinado a la comunidad fímica.

El alba de la época del vapor, los caminos de hierro extendidos por el mundo, la superación de obstáculos rocosos o pantanosos, la locomoción a fuego de carbón, las categorías de pasajeros (de primera, segunda y tercera clase), el cambio de agujas, el trainspoting o guardavías, los trenes eléctricos, el TVG de la Gare de Lyon, los largos recorridos, la miseria de los furgonistas pueden aparecer en trenes cuyas películas llevan títulos como Intriga Internacional, Spider, Bertha, ladrona y amante, Hombre Muerto, Lawrence de Arabia, El Tren de la Vida, Una Eva y dos Adanes, ¡Viva María!, Strangers on a Train, Pacto de sangre, El ferroviario, Bota a mamá del tren, Woody Guthrie, El expresso de Von Ryan, El tren, El emperador del Norte, Río Lobo, Jesse James, La decisión de Sofía, La lista de Schindler, El espectáculo más grande del mundo, La bestia humana, Volver al futuro III, Octubre, Anna Karenina, La última cruzada, La vía está libre, Dr. Zhivago, La India en llamas, Camino de la jungla, Los pantalones equivocados.

La violencia ejercida sobre un personaje en un tren en movimiento siempre fue fuente de tensión narrativa. En la comedia de persecuciones en tren se lograban buenos gags, aquí, Mack Sennet y Max Linder obtenían brillantes resultados. En la comedia musical recordamos el baile en la estación de Hello Dolly, o la recreación del tren en La Calle 42. En México, El Héroe de Nacozari, ¡Vámonos con Pancho Villa!, Viento Negro y Bandidos, son vestigios de lo que alguna vez fue el más fascinante medio de transporte por la provincia mexicana.

Con dolly obligado, la llegada o partida de un tren permanece en la memoria de los espectadores. El ferrocarril, espacio arquetípico del cinematógrafo: es propio del cine de intriga y el de aventuras. En él, los personajes pueden asaltar y robar; morir o matar. Tener romance, intentar descubrir algo de sí mismos, incluso, sirve para ligar los tiempos fílmicos como en Amén o Todo Sobre Mi Madre. Las narraciones pueden iniciarse o cerrarse en el tren, como en El Tren del Misterio (Jim Jarmusch, 1989), en La Ciudad de las Mujeres (Federico Fellini, 1980), o Las Cosas del Querer (Jaime Chávarri, 1989). Además pueden comenzar o terminar en la estación de tren, como en el filme neorrealista Stazione Termini (Vittorio de Sica, 1953). Algunas películas, como El Expresso de Shanghai (Joseph Von Sternberg, 1932), transcurren en este espacio, sinónimo de viaje y movimiento. Además, el recurso del tren lanzado hacia su propia destrucción, por lo general en el desenlace de la historia, también es aprovechado en el cine, como puede comprobarse en filmes como El Tren del Escape (Andrei M. Konchalovsky, 1989), o Europa (Lars von Trier, 1991), en los que el tren se precipita al vacío, o en Los Hermanos Marx en el Oeste (1940), en donde el tren es despedazado para alimentar a la locomotora. Algunas vías pueden ser construidas por prisioneros El Puente Sobre el Río Kwai (David Lean, 1957). También es escenario para que un adolescente que desea iniciarse sexualmente lo consiga, como en Los Trenes Rigurosamente Vigilados (Jiri Menzel, 1968).

Así, continuará la locomoción fílmica tanto como la creación de canciones (No te cases con un ferrocarrilero, Tren nocturno a Georgia, El tren de la paz, Llega un tren lento, Cementerio de trenes, La maquinita). Aparecerán expresiones (“ese tren de vida”, “me lleva el tren”, “córreme el tren”). Servirá para el aprendizaje de la erre (“rápido ruedan las ruedas del ferrocarril”). Se utilizará para la nostalgia de Ferrocarriles Nacionales (“allá, donde silba el tren”). Vaya pues, un homenaje a los férreos luchadores sociales Valentín Campa y Demetrio Vallejo, partiendo nerviosamente sobre las líneas de Pessoa “Y así por las vías rueda/ gira, para entretener la razón,/ este tren de cuerda/ que se llama corazón.

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