Revista Cinefagia

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En el país de los cinéfilos, el cinéfago es rey

La turbulencia de los sentidos (La turbulence des fluides)

Debo reconocer que no tenía muchas ganas de ver esta película. Cuando se presentó en el reciente Festival de Cine Canadiense, en la Cineteca Nacional, no me preocupé demasiado por asistir a una de las funciones. En primer lugar, porque estaba más interesado en The Saddest Music in the World de Guy Maddin, y en segundo porque gracias al internet uno puede estar al tanto de la opinión que los espectadores de todo el mundo tienen acerca de su industria fílmica local. Así pude enterarme de que a los canadienses no les impresiona gran cosa el cine que se produce en su país. La mayoría manifiesta abiertamente que la mejor época de la cinematografía canadiense fue a finales de los 70 y principios de los 80, cuando una serie de disposiciones fiscales orillaron a muchos millonarios a evadir impuestos invirtiendo en películas de cualquier tipo, sin importarles que fueran producciones comerciales (algo que para los fanáticos de la teoría del auteur es un pecado capital).

Pascale Bussieres en La Turbulencia de los Sentidos

Pascale Bussieres en La Turbulencia de los Sentidos

El resultado fueron cintas como Videodrome y The Brood, de David Cronenberg, o Black Christmas, de Bob Clark, que serían una influencia considerable en el género del terror pero que fueron ignoradas por los exquisitos. Desde hace unos veinte años el cine canadiense puede dividirse en un soporífero cine “de arte y ensayo” (y que me disculpen los fans de Atom Egoyan, pero Family Viewing y Exotica son más efectivas que el nembutal) y en paupérrimas cintas de serie B, C y Z en las que invariablemente los productores tratan de hacernos de chivo los tamales y convencernos de que la acción transcurre en Nueva York y no en Toronto.

Con estos antecedentes es comprensible que La turbulencia de los sentidos no fuera una de mis prioridades. Sin embargo, después de un mes de puro Shrek y Harry Potter, se antoja ver algo un poco más sustancioso y esta producción canadiense encaja en ese perfil. De entrada, el argumento es bastante atípico para esta temporada repleta de explosiones, balaceras y demás efectos especiales. La cinta narra el retorno de Alice Bradley (Pascale Bussieres) a su pueblo natal en Canadá, después de pasar años trabajando como sismóloga en Tokyo, analizando todos los posibles indicios de un inminente terremoto, como son los cambios climáticos, el comportamiento anormal de los animales o cualquier otro fenómeno que pueda advertir a la población de que una catástrofe se avecina.

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Contra lo que pudiera pensarse, Alice se muestra indiferente ante su regreso al pueblo que la vio nacer. Los lazos que la unen con la comunidad son muy tenues y lo único que la entusiasma es reencontrarse con su amiga Catherine (Julie Gayet), la compañera de estudios que nunca le ocultó su amor a pesar de no ser correspondida, y en menor medida por Marc Vandal (Jean-Nicolas Verreault), un piloto que se especializa en combatir los numerosos incendios forestales que azotan a la región debido a una anómala ola de calor. Mientras investiga este hecho y la no menos inquietante ausencia de marea, que ha dejado al descubierto una pequeña extensión de playa, la guapa sismóloga debe tratar de olvidar el descalabro amoroso que la llevó a emigrar a Japón y plantearse la posibilidad de iniciar una nueva relación en su país de origen. Como parte de su investigación, ella y Catherine interrogan a varios habitantes del lugar, que han empezado a comportarse de manera extraña, sólo para encontrar que un accidente aéreo puede ser la clave de todo.

La anterior sinopsis podría pertenecer por igual a una cinta romántica, a un thriller sobrenatural, a una comedia de costumbres o incluso a una de esas temibles obras contemplativas donde no pasa nada durante dos horas, de esas que casi siempre salen premiadas en los festivales de cine. De hecho, durante una buena parte de La Turbulencia de los Sentidos parece que su directora y guionista Manon Briand ha optado por esta última vía. La protagonista es una mujer taciturna, que rechaza cualquier intento de los lugareños por establecer una relación más amistosa, incluyendo a la vieja encargada de un restaurante que parece reconocerla. Limitada por la falta de equipo adecuado, Alice tiene tiempo más que suficiente para vagar por el pueblo, sin que esto la lleve a reconciliarse con su pasado. Otras líneas argumentales, que incluyen una tragedia reciente y las dificultades de una niña de origen chino para integrarse a la comunidad, pueden llevar al espectador a pensar que la película va a dar un largo rodeo para regresar al punto de partida, lo que constituye el principal defecto de buena parte del cine “de arte” que se hace en nuestros días.

Seguin Ji-yan en La Turbulencia de los Sentidos

Seguin Ji-yan en La Turbulencia de los Sentidos

Por fortuna, Manon Briand evade hábilmente este escollo con un final muy bello que resuelve los diferentes hilos de la narración y que le da sentido a todo lo visto en las dos horas previas. Además, lo hace con la dosis justa de poesía, sin caer en la cursilería y sin abusar de este recurso. Aunque el arranque pueda parecer un tanto impreciso y los personajes necesariamente sean distantes y esquivos, este desenlace justifica las decisiones de la guionista, mientras que la buena mano de la directora mantiene todos los elementos de la cinta en el mismo tono doliente y al mismo tiempo confiado. Seguramente los canadienses que se quejan de su industria fílmica estarán de acuerdo en que por simple ley de probabilidades debe haber una película recomendable entre todas las mediocres que se producen. Igual que en México, sólo que aquí la caballada está más flaca.

LA TURBULENCIA DE LOS SENTIDOS
(La Turbulence des Fluides)
Dirección, Guión: Manon Briand; Producción: Luc Besson, Roger Frappier, Pierre-Ange Le Pogam, Luc Vandal; Fotografía: David Franco; Música: Simon Cloquet y Valmont; Edición: Richard Comeau; Elenco: Pascale Bussieres (Alice Bradley), Julie Gayet (Catherine Rolland), Jean-Nicolas Verreault (Marc Vandal), Genevieve Bujold (Miss Lasalle), Vincent Bilodeau (Simon Deslandes), Seguin Ji-yan (Camille)
Canadá-Francia, 2002, 115 min.
Premios y Nominaciones: AFI Fest, 2002: Manon Briand, nominado/a al Gran Premio del Jurado; Premios Jutra, 2003: Manon Briand, Jutra Especial, Pascale Bussieres, nominada como mejor actriz, David Franco, nominado por la mejor cinefotografía, Manon Briand, nominada por el mejor guión, Genevieve Bujold, nominada como mejor actriz de reparto; Festival de Cine de Montreal, 2002: Manon Briand, premio del público a la mejor película canadiense, nominada al Grand Prix des Amériques.

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