Andromedia
Por: Alberto Acuña Navarijo
Una de las características principales que tienen los asiáticos -en el caso que nos concierne, los japoneses- en el terreno de la mercadotecnia, es que saben cámo sacarle provecho a cada uno de sus productos hasta exprimirle la última gota y saben la manera de llegarle al público. Es gente visionaria que trabaja en monstruosas campañas publicitarias con las que irremediablemente cualquiera cae rendido. Es el futuro hoy, por lo que aun siendo poco ordinario, no nos extraña que sujetos porten pantallas sobre sus hombros o se cuelguen con arneses sobre un espectacular para anunciar marcas de prestigio o que provenientes de esas zonas nos llegue toda una invasión de personajes de ojos saltones y tiernos animales con super poderes que provocan todo tipo de convulsiones.
Así pues, manga, cine, videojuegos, televisión y demás parafernalia son uno a la hora de vender el nuevo producto de moda: el manga sensación entre los otaku nipones provoca una reaccion en cadena, juegos para toda las consolas de video, su inminente película y después los padres deben vaciar sus bolsillos para comprar “útiles” productos, desde chácharas como sellitos y pañuelos desechables hasta lámparas y disfraces. Si a esto le añadimos que, a diferencia de occidente, allá las campañas no buscan sólo un “target” como son los niños, sino que piensan en el resto del público ofreciéndoles mangas y anime con todo tipo de temáticas para todo tipo de sectores sociales, edades, gustos, necesidades y exigencias y/o lanzan cierto producto que puede ser visto y disfrutado por el grueso del público asiduo, por el hecho de tener varios niveles de lectura: desde el niño -con la presencia de los “funny animals”, por ejemplo- hasta los adultos -con temática social, por decir algo- y que además tienen un éxito arrollador; estamos hablando de un sistema bien organizado, donde todos los factores y engranes funcionan.
Algo similar sucede con la música. Si ustedes piensan que Estados Unidos o México -con Luis de Llano o Antonio Berumen- son los amos y señores para crear y destruir a los llamados artistas de plástico, dictando modas alrededor suyo, siendo especialistas en que cada unos de sus nuevos artistas sean cada vez más odiosos por lo pegajosos y estúpidos que son y que la manera en que sacan discos es apabullante, déjenme sacarlos del error y decepcionarlos un poco: Japón se le ha adelantado varios pasos a occidente. Mientras en esta parte del charco la vida de un artista famoso -digamos Britney Spears- es de unos ocho años, en los que se convirtió en ídolo juvenil, sacó cinco discos, varios videos y una infame película, ha sido la imagen de marcas conocidas, ha estado envuelta en toda serie de escándalos y en estos momentos está iniciando su caída; en oriente la existencia de un artista o grupo es demasiado corta, de 3 a 5 años, aunque ese es tiempo suficiente para lanzar diez discos -incluyendo el de grandes éxitos- videos de sus conciertos y excéntricos videoclips, protagonizar una anticipada cinta -las llamadas adoru eiga- aparecer en la serie juvenil del momento, en un anuncio y en una campaña publicitaria, ser el modelo a seguir para la cada vez más occidentalizada juventud nipona y después de ello desparecer sin dejar rastro alguno. Su ausencia no le pesará a nadie porque como plaga surgirán sus sustitutos.
Uno de los recursos que más utilizan las compañias para explotar al artista es hacer que éste combine su carrera musical con la actuación, en donde por supuesto será la estrella y encargada del soundtrack. Por lo tanto, ¿qué mejor manera de vender una cinta adoru eiga que juntar en una misma a dos de las bandas de pop más importantes del momento? Las agrupaciones en cuestion son Speed -una versión de ojos rasgados de las Spice Girls, sólo que éstas sí caen bien, por cierto en estos momentos ya desaparecida- y Da Pump – una versión de Backstreet Boys con todo y sus cliches y estereotipos y que después de su reencuentro hace unos años no han podido volver al gusto de las chicas-. La cinta: Andromedia (1998). Para ser sincero la cinta no sería del todo relevante y pasaría sin pena ni gloria si no fuera por un pequeñísimo detalle: fue dirigida por Takashi Miike.
Para los que todavía piensan que Miike es el último eslabón del exceso fílmico o que su cine es sólo una oda a la hiperviolencia pura con cintas como Fudoh (1996), Audition (2000) o Ichi the Killer (2001), seguramente quedarán bastante decepcionados con una cinta para jóvenes que mezcla la historia romántica más recargada de sacarina de que se tenga memoria, la ciencia ficción, el drama, la comedia, y hasta el musical. Pero una de las razones por las que a Miike se le considera el director contemporáneo más vanguardista e importante en la actualidad y un autor en toda la extensión de la palabra, es que siempre ha explorado todo tipo de géneros y formatos y aun siendo un director de encargo siempre busca el modo de imprimirle su sello. Así lo demuestran cintas atípicas aun hablando de Miike como La Gente Pájaro de China (1998, si los encargados de la Muestra y el Foro de la Cineteca tuvieran una pizca de sentido comun la programarian en una edicion proxima), El Nuevo Teatro del Horror Yakuza Presenta: Gozu (2003, una cinta en dodne el realizador nipón lleva el surrealismo a niveles insospechados), o cintas bastante recientes como la cinta de horror You’ve Got a Call (2003) o la cinta de superhéroes absurdos Zebraman (2004).
Un dato que llama la atención es que tanto Andromedia como La Gente Pájaro de China, cintas totalmente opuestas, se realizaron el mismo año con sólo un mes de diferencia, demostrando la versatilidad y la facilidad de adaptación a las circunstancias por parte de Takashi Miike. Por lo tanto, sería un grave error que de antemano le saquen la vuelta a una cinta como Andromedia: efectivamente, no tiene desmembramientos, ni borbotones de sangre, ni mucho menos brutales y crueles asesinatos pero por lo menos lo que sí está asegurado es la diversió, claro, si se está dispuesto a poner el cerebro en neutral.
Mai (Hiroko Shimabukuro, la figura de Speed y que después de su separación se lanzó de solista exitosamente) y Yuu (Kenji Harada, la respectiva figura de Da Pump, ídolo de las chicas japonesas y que recientemente apareció en Battle Royale II de Kenta Fukasaku y Kinji Fukasaku, 2003) son dos adolescentes que han sido grandes amigos desde la infancia. Pero Mai ha estado enamorada desde siempre del chico y aun con todas las indirectas que le ha echado y detalles que le ha hecho, ella no es correspondida. Además de la indiferencia de la que es objeto, Mai también debe lidiar con la competencia de Yoko (Eriko Imai), una de sus mejores amigas, que también le ha echado los canes a Yuu, y con su padre (el famoso actor Tsunehiko Watase) , el cual está obsesionado con un nuevo software que guarda en secreto. Pero cuando Yuu se ha dado cuenta de la manera en que se desvive Mai por él, la tragedia llega a sus vidas: Mai es atropellada por un camión y fallece.
Desolado, su padre decide que es momento de poner a prueba su creación. Ésta consiste en traer virtualmente a la vida a Mai por medio de una computadora, recreando todos sus recuerods, sus sensaciones y sentimientos. El resultado es Ai, la cual tiene la apariencia de su hija pero que está sumamente confundida por su existencia, sus sentimientos hacia su padre y, sobre todo, hacia Yuu. El problema es que una compañía corporativa que siempre ha presionado al padre de Mai para que ceda su software para malos manejos, se ha enterado de la creación de Ai por lo que asesina al padre y ahora la única persona que puede ayudar a Ai es Yuu, que junto con sus amigos (el resto de Da Pump) tratarán de protegerla de los avariciosos empresarios encabezados por Soccer, un villano de caricatura interpretado por Christopher Doyle, y el yakuza -qué otra cosa si no- Goda (Tomorowo Taguchi). A estos peligrosos personajes se les suma Satoshi (Ryô Karato), el hermano de Mai, quien tiene un gran y siniestro secreto.
Así, Ai deberá luchar por su vida en el ciberespacio mientras los chicos protegen la computadora en donde se encuentra la chica virtual. En el camino, Ai, con los recuerdos de la chica fallecida, y Yuu, se dan cuenta del valor de la amistad, mientras Yoko entiende que no puede luchar con su amiga aunque, eso sí, no pierde la esperanza que un día Yuu le haga caso. Al final de cuentas la importancia de la unión entre estos chicos es lo único que podrá enfrentar los peligros y la tragedia.
Es notorio que el estudio presionó y Miike cedió. Y es que es obvio que en una cinta dirigida al público infantil y juvenil, el director no se podía salir del guacal. Aun así Miike metió su cuchara (¿o sus palillos?) e incluyó algunos elementos que solo él hubiera podido atreverse a hacer, y que se le agradecen. Es lógico que, en una pelicula del género, lo primero que se busca es que el artista se luzca, se recete todo el repertorio del soundtrack, que siempre salga bien librado y que triunfe. En este caso, Miike opta por quitarle protagonismo a Shimabukuro -que la protagonista muera trágicamente no es muy usual que digamos- y dejar a una lado al resto de Da Pump, que en términos reales aparecen en un cuarto de película. No sólo eso, confina el aspecto musical a un plano muy pequeño. Da Pump entona sólo una pegajosa canción -lo que sea de cada quién- y el tema de los créditos finales le confiere la misma oportunidad a las chicas de Speed. Nada más. Cómo no aplaudirle a Miike que no tengamos que soplarnos tanto acaramelado tema en aras de vender.
Por otra parte, entre el cast se encuentran dos personajes muy singulares. Andromedia es la segunda cinta como actor del fotógrafo australiano Christopher Doyle (uno de los más talentosos y prestigiosos del mundo); fotógrafo de cabecera del director hongkonés Wong Kar Wai. Entre sus colaboraciones se encuentran las célebres Chungking Express (1994), Ángeles Caídos (1995), Happy Together: Historia de un Encuentro (1997) y Deseando Amar (2000). Otros grandes trabajos que ha realizado Doyle son para Cerca de la Libertad (Philip Noyce, 2002), Tres (Peter Chan, Ji-woon Kim y Nonzee Nimibutr, 2002), Hero (Zhang Yimoi, 2002) o La Última Vida en el Universo (Pen-Ek Ratanaruang, 2003). No sé los motivos por los que Doyle fue incluido en el reparto de una cinta de esta naturaleza, pero ofrece un personaje agradable, aunque eso sí muy pequeño y que no viene mucho al caso.
Por otro lado como el villano de la cinta se encuentra Tomorowo Taguchi, quien ha aparecido en varias cintas de culto como Tetsuo (Shinya Tsukamoto, 1988), All Night Long 3 (Katsuya Matsumura, 1996), Gamera 2 (Shusuke Kaneko, 1996) o Gemini (Shinya Tsukamoto, 1999) o 11/09/01 Septiembre 11 (2001, en el segmento dirigido por Shoei Imamura). Taguchi es también un actor fetiche de Miike, apareciendo en las cintas Shinjuku Triad Society (1995), Rainy Dog (1997), Ley Lines (1999) -la trilogía que puso en el mapa a Miike-, Robo Yakuza (1997) y en Dead or Alive 1 y 2 (1999 y 2000). Hasta se ha dado el lujo de dirigir, en la cinta Iden & Tity (2003).
Dos actores tan eclécticos como éstos son aportaciones 100% de Miike, dejando en claro una vez más que el ser un director de estudio no está peleado con ser un autor que guste de tener los elementos necesarios para que la cinta funcione adecuadamente. En este caso, sólo pudo omitir algunas cosas e incluir a un fotógrafo y un actor ya conocido por él, pero eso es suficiente para mostrar su grandeza. Es cierto, si se compara a Andromedia con obras maestras como las citadas La Gente Pájaro de China o Audition ésta es una obra menor, una cinta de irremediable fórmula con pocas sorpresas que ofrecer. Aun así es bastante recomendable para todo aquel cinéfago que siga en su descubrimiento o bésqueda del cine asiatico. También puede servir como un respiro después de haber visto parte de la obra de Miike y recargar las energías para lo que viene, que créanme sigue siendo fascinante, sólo ver el trailer de su nueva cinta Izo (2004) lo deja a uno con la quijada hasta el suelo.
Sólo me resta decir que ya sean jovencitos cantando, yakuzas partidos por la mitad, peleas de gallos al estilo Matrix, colegialas atacando con su vagina, gente que quiere volar, o antihéroes que protagonizan batallas que no dejan títere con cabeza, la experiencia de ver el cine de Takashi Miike es única, impredecible, que puede llevarnos al delirio total o la fascinación absoluta. Probablemente Miike sea el responsable de que nos enteremos o confirmemos que en el cine no existen límites, sólo el de la imaginación.
NOTA: Si estás interesado(a) en conseguir Andromedia, lo puedes hacer en la Lagunilla (entre Paseo de la Reforma y Matamoros), en tu bonita copia pirata cortesía de Jorge Grajales, que también tiene las últimas novedades tanto del cine de Takashi Miike como del cine asiático de culto. Ahora sí no tienes pretexto para no conseguir el material que reseñamos y disfrutarlo al máximo.
ANDROMEDIA
(Andoromedeia)
Dirección: Takashi Miike; Guión: Itaru Era, Joel Metzger, Masa Nakamura y Kozy Watanabe; Producción: Kazuya Hamana, Takashi Hirano, Makoto Nakanishi y Toshiaki Nakazawa; Fotografía: Hideo Yamamoto; Música: Speed y Da Pump; Edición: Yasushi Shimamura; Compañías Productoras: Avex Inc., Excellent Film, Sedic International Inc.y Tokyo Broadcasting System (TBS); Elenco: Hiroko Shimabukuro (Mai Hitomi/Ai), Eriko Imai (Yôko), Takako Uehara (Rika), Hitoe Arakaki (Nao), Kenji Harada (Yuu), Ryô Karato (Satoshi Takanaka), Christopher Doyle (Sakkaa/Soccer), Tomorowo Taguchi (Gôda), Issa Hentona (Tooru), Shinobu Miyara (Hiroyuki), Yukinari Tamaki (Kazuma), Ken Okumoto (Daiki), Kensuke Toida, Masataka Haji, Naoyuki Yokoyama y Mongoruman (guardaespaldas)
Japón, 1998, 98 min.:
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