Por: Alberto Acuña Navarijo

Para el consumidor promedio de pornografía en Mexico, el primer reto a enfrentar, más allá de encontrar el producto que satisfaga sus necesidades y gustos personales y que lo ponga movidito, es el encontrar la identificación con lo que se está viendo. Me explico: si bien es cierto que podemos ver títulos tan anodinos como Chicas Vírgenes #9 o Braguitas Calientes #23 o temas tan extravagantes como mujeres lactando o exagarademente velludas, el hecho es que se está consciente de que las chicas están buenísimas o que los galanes están bien formaditos y por ende se antojan muy lejanos y más si se tiene al lado a una mujer llena de celulitis o un hombre feo como para pegarle a Dios. Si a esto le agregamos que no existe una industria porno nacional que nos ofrezca algo a nuestros alcance, el inconveniente es mayor. Sí, ya sé, todos quisiéramos a una Jenna Jameson pero, ¿han visto a alguna?

Desde hace algunos meses, la revista Gente Erótica, dedicada a presentar relatos calientes, directorio para intercambio swinger o galerías de amateurs, tuvo a bien lanzar una serie de videos titulados Colección G.E. (en este momento ya llegaron al volumen #7: Pagando con Cuerpomático), cortometrajes en donde se presentaban las dizque fantasías o experiencias del público asiduo a la publicación. Sería interesante saber los motivos del lanzamiento de esta colección: ¿será por el interés de lanzar un producto nacional o simplemente porque lo vieron como un buen negocio para el “target” al que va dirigido?. Como en su momento se comentó con el Volumen #4: El Ladrón, estos cortos que podríamos calificar hasta como subterráneos -porque van dirigidos a cierto sector social, porque en los puestos de periódicos están casi escondidos, además de competir con desventaja con las producciones extranjeras- resultan curiosos desde el simple hecho que es pornografía hecha por y para mexicanos. Por principio de cuentas, los realizadores y protagonistas de los mismos mantienen el anonimato (por una razon que todavía desconozco), por otra parte se nota cierta capacidad de dirección (tomando en cuenta la falta de experiencia) y, por último, presentan algo más nuestro (los que hayan tenido la oportunidad de ver el Volumen #5: Excesos de Placer, sabrán a lo que me refiero).

Por lo visto, estos cortometrajes han sido de una u otra manera redituables y es por ello que paralelamente a dicha colección, apareció recientemente otra serie titulada Relatos Eróticos Mexicanos, cuyo primer número resulta ser “El Gabacho”. Desconozco si los responsables de Colección G.E. son los mismos de esta nueva entrega, pero a juzgar por la calidad y resultados de este primer volumen, si no son ellos, entonces han seguido la misma formula. En este también se mantiene el anonimato de todos los involucrados, asimismo los personajes no tienen alguna identidad y sólo son reconocidos como “la amiga” o “el gabacho”, como si se tratara de hacer creer que esto le puede pasar a cualquiera: “el vecino” o “el maestro”. Es más, los gemidos y retozones de los participantes son sacados directamente de alguna cinta española del género. También es perceptible el uso de música de catálogo para acompañar la secuencia y que se estará repitiendo incesantemente, ya sea “punchis- punchis” o algo más cachondo. Los actores que participan evidencian su inexperiencia y sobre todo no son precisamente la gente más agraciada que uno podría encontrarse. Cualquier similitud con la realidad es mera coincidencia.

El Gabacho arranca con tropiezos. Nos presenta al que parecer ser el encargado de una construcción. Éste, en voz en off, con una pobre dicción y leyendo, nos cuenta que semanas atrás tuvo la fortuna de “encamarse” con la dueña de la casa y desde ese día no la ha podido sacar… de su mente. Corte abrupto a una plática entre estos dos personajes en donde ella le comenta que realizará una fiesta a la cual asistirá una amiga que desde hace mucho tiempo esta ansiosa de un buen acostón. Un nuevo corte ilógico nos lleva a conocer al Gabacho del título, el cual nuestro narrador no lo ve con buenos ojos, mientras que torpemente dice sus pocos diálogos. Llega la amiga y después de ponerse un traje de baño, sin dar explicación alguna, ella y el gringo le entrarán duro y tupido para así terminar el relato.

Lo primero a destacar es la notoria cara de incomodidad de nuestra anónima protagonista. De principio a fin esta fémina de anchas caderas y amplio cabuz voltea a la cámara con cara de arrepentimiento y sin ninguna discreción. Uno no sabe si disfrutar o compadecerse de esta mujer que seguramente necesitaba urgentemente el dinero para someterse a tal tortura. A la mitad de la secuencia,la acción se vuelve dramática cuando ésta es pentrada y llegamos a pensar que a estas alturas no sería extraño que la mujer gritara para que todo esto terminara. Primer error: uno de los elementos básicos que se busca en una cinta del género es ver que la chica en cuestión se entregue por completo a su trabajo, ya sea que finja o que en verdad goce el acto. En este caso no sólo se forzada esta chica, sino que le quita las ganas hasta al más cachondo. Y es que es preferible ver como protagonista a una mujer con llantitas, senos caídos y chimuela pero que sepa y/o quiera entrarle con todo, a una mujer que aun con unos buenos chamorros sólo lo deja a uno desvestido y alborotado.

Por otra parte, el realizador nos ofrece una secuencia falta de imaginación y bastante aburrida. Es cierto, no se le puede pedir mucho de originalidad al asunto ni mucho menos que unos soberanos voluntarios lleven a cabo toda clase de malabares, pero si se pudo pensar mejor la rutina, ya que existen momentos en los que -valga la expresión- pareciera que están trabados. Como si de una pelicula serie B estuviéramos hablando, otros grandes defectos surgen. Una atrabancada edición provoca la mencionada falta de ritmo, posiciones sin concluir y hasta se da el lujo de repetir escenas. Por su parte, el fotógrafo se encarga de darle un aire de humor involuntario a todo esto, ya que al tratar de hacer piruetas para obtener buenas tomas, se mete en serios problemas y es común que veamos la cámara temblorosa -más cuando intenta hacer close ups a los genitales de los protagonistas- y frecuentemente aparece su sombra en la pared. El momento crítico entre edición y fotografía llega cuando observamos que, después de un corte abrupto -faltaba más-, el protagonista sale detrás de los técnicos después de ponerse el condón, listo para iniciar la sesión.

Y qué decir de la pequeña trama. Además de que no está embonada y nos enseña situaciones dispersas que a la larga no sirven de nada, se nos presenta al narrador y su historia de manera que pareciera que éste es un volumen posterior. Sólo me resta decir que el primer paso ya está dado: con esfuerzo y mucho sudor por parte de los involucrados se ha sacado adelante este material en un mercado inexistente. Ahora es momento de perfeccionar tanto el estilo como la técnica. Quién sabe, podría llegar el día en que se estén haciendo buenos largometrajes y nuestras estrellas, a su manera y con lo suyo, no tengan nada que envidiarle a Rocco Sifredi, Roberto Malone o Tom Byron, a Asia Carrera, Serenity o la mismísima Jenna Jameson.