Revista Cinefagia

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En el país de los cinéfilos, el cinéfago es rey

La calle de las rosas (Rosenstrasse)

Por: Marco González Ambriz

La Segunda Guerra Mundial, el mayor conflicto armado del siglo XX, fue desde un principio reflejado en el cine. Empezando con las películas de propaganda (Why We Fight) y las recreaciones más o menos fieles de las grandes batallas (The Longest Day, Guadalcanal Diary) hasta llegar a los documentales kilométricos (Shoah) y las obras de ficción que nos muestran los efectos de la guerra vistos desde la óptica de un concertista (El Pianista), de los niños japoneses (Grave of the Fireflies), de los niños rusos (Ven y Mira) o de un retrasado mental (La Vida es Bella). Tal cantidad de celuloide está lejos de agotar los eventos y las repercusiones de esa guerra, como podemos ver con La Calle de las Rosas, cinta alemana de Margarethe von Trotta que aborda un caso real que hasta ahora no había sido trasladado a la pantalla.

La historia que relata Von Trotta empieza en el Nueva York actual, donde Ruth Weinstein (Jutta Lampe) responde a la muerte de su esposo de una manera que sorprende a sus familiares. Esta mujer, que nunca había dado muestras de gran religiosidad, repentinamente decide seguir al pie de la letra las tradiciones judías en lo que respecta al luto. Además, manifiesta un rechazo tajante hacia los goyim, al grado que su hija Hanna (Maria Schrader) teme que esto llegue a obstaculizar su inminente boda con el nicaragüense Luis Márquez. Entre las personas que se presentan para acompañar a Ruth está una mujer con la que la viuda se niega a hablar. Hanna se muestra más amigable y así es como se entera a través de esta dama que su madre se salvó de ser asesinada en los campos de concentración gracias a que fue adoptada por Lena Fischer (Katjia Reimann), una mujer aria que se compadeció de Ruth, en ese entonces de 12 años, al ver que la niña se había quedado sola después de que la Gestapo arrestó a su familia. Hanna no puede creer que su madre le haya ocultado que vivió como hija adoptiva de Lena Fischer durante tres años, hasta que el día en que su tía la localizó y se la llevó a vivir a Estados Unidos.

Ante el mutismo de su madre, que se niega a hablar del pasado, Hanna decide viajar a Alemania y tratar de encontrar a Lena Fischer, en caso de que todavía viva, para conocer la historia completa de cómo su madre sobrevivió a las redadas de los nazis. Sorprendentemente, Hanna localiza a Lena sin mayores problemas y, haciéndose pasar por una reportera, consigue que la anciana le cuente las amargas experiencias que tuvo durante la guerra cuando su marido, un violinista judío que ya había sido obligado a trabajar en una fábrica de municiones, fue arrestado sin mayor trámite y obligado a permanecer en un edificio de la Rosenstrasse (calle de las rosas), en espera de ser “deportado”, el eufemismo que los nazis usaban para referirse a las personas que eran enviadas a los campos de concentración. Al tratar con las mujeres arias casadas con judíos los integrantes de la Gestapo eran menos delicados, llamándoles “putas de los hebreos” y tratándolas de la peor forma posible. Mientras Lena solicitaba informes sobre el paradero de su marido se encontró con la pequeña Ruth, que ingenuamente había ido a las mismas oficinas de la Gestapo a preguntar por su madre.

Así inicia una historia donde podemos presenciar todas las humillaciones a las que eran sometidas las mujeres que se negaban a abandonar a sus esposos judíos y también la presencia de ánimo con la que ellas se las arreglaban para averiguar el sitio donde ellos permanecían recluidos, llegando a montar guardia frente al edificio de la Rosenstrasse pese a la molestia de las autoridades alemanas y la amenaza constante de los bombardeos. Se trata de un argumento que en manos de la veterana Von Trotta es equilibrado y sereno, sin convertirse jamás en un recurso fácil para conmover al espectador o desviarse hacia el melodrama. Ayuda bastante que se muestra, junto con los maltratos de los nazis, los pequeños gestos de bondad que algunos ciudadanos alemanes eran capaces de hacer hacia los judíos, particularmente en el caso del hermano de Lena, un oficial del ejército condecorado con la Cruz de Hierro que intentó todo lo que estuvo a su alcance con tal de salvarle la vida a los prisioneros de la Rosenstrasse. Apoyándose en el trabajo de actores que saben que la naturalidad es más valiosa que los gritos histéricos que tanto agradan a los norteamericanos, la directora y guionista hace una contribución importante a la extensa filmografía sobre el régimen que asesinó a millones de personas, incluyendo rusos, homosexuales, gitanos y judíos.

Si hay algo que reprocharle a Von Trotta es la prolijidad de su relato. La Calle de las Rosas incluye subtramas, personajes secundarios y episodios en las vidas de los protagonistas que no son imprescindibles para contar la historia y que incluso la vuelven un tanto agobiante. Para los interesados en conocer hasta el mínimo detalle de la vida cotidiana bajo el régimen nazi puede ser de gran interés presenciar la vida de las mujeres en las oficinas, las fiestas en la república de Weimar, los eventos sociales que los dirigentes del partido Nazi disfrutaban al tiempo que las bombas causaban estragos en las ciudades, pero para un espectador casual todo esto puede parecer demasiado. Además, el constante tránsito de la época actual al período de guerra, que le sirve a la directora para ilustrar las diferentes formas en que estos hechos terribles eran recordados por sus protagonistas, también puede resultar pesado, ya que la resolución que tiene el plano narrativo que corresponde a la investigación de Hanna no es tan emotivo como el de las mujeres que se negaron a obedecer las órdenes de las tropas nazis y permanecieron tercamente, a pesar del frío y el hambre, frente al edificio donde sus maridos estaban presos.

Sitio Oficial: www.rosenstrasse-derfilm.de

LA CALLE DE LAS ROSAS
(Rosenstrasse)
Dirección: Margarethe von Trotta; Guión: Pamela Katz, Margarethe von Trotta; Producción: Richard Schöps, Henrik Meyer, Markus Zimmer; Fotografía: Franz Rath; Música: Loek Dikker; Edición: Corina Dietz; Elenco: Katjia Riemann (Lena Fischer), Maria Schrader (Hanna Weinstein), Martin Feifel (Fabian Fischer), Jurgen Vogel (Arthur von Eschenbach), Jutta Lampe (Ruth Weinstein), Doris Schade (Lena Fischer a los 90 años), Fedja van Huet (Luis Márquez)
Alemania, 2003, 136 min.

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