Irma la Dulce. Pídele al tiempo que vuelva.
Por: Alberto Acuña Navarijo
¿Qué pasaria si Billy Wilder (Polonia 1906-Estados Unidos 2002), uno de los directores más transgresores y originales que ha dado Hollywood en su historia, viviera y siguiera dirigiendo? O mejor aún, ¿qué pasaría si en las filas del cine americano de hoy día predominaran directores con el espíritu de Wilder? Olvídense de las invasiones bárbaras de comedias juveniles plagadas de la peor escatología como único sustento en las tramas. También dejen a un lado las clásicas cintas de fórmula ubicadas en Nueva York y que con tan sólo ver el trailer sabemos lo que pasará. Julia Roberts, Sandra Bullock o Meg Ryan seguirían siendo las reinas de la comedia y de taquilla pero dejarían de ser las mujeres ideales, castas y puras que siempre nos han querido pintar, ya que no interpretarían los papeles que siempre les endilgan sino serían unas mujeres manipuladoras, crueles, cínicas y probablemente serían prostitutas o drogadictas. Díganle adiós a actorcillos infumables como Sean William Scott, Jason Biggs o Marlon Wayans, ya que en este ambiente no encajarían. Prepárense para poner el cerebro a funcionar porque seguramente la cinta nos tratará de decir algo.
En pocas palabras podríamos ser testigos de cintas entretenidas, inteligentes, probablemente ingenuas pero, eso sí, nunca rayando el estilo fácil. Si la cinta resultara genérica, el director en cuestión se las arreglaría para darle un giro digno al asunto. Es cierto, probablemente no existiría tanta cinta slapstick, ni rolling gag y screwball comedy pero, ¿a quién le interesaría, si sólo un director tiene el tino de decirle de una manera fina pero no muy sutil a la Motion Pictures Producers Association (MPPA): bola de corruptos, padrotes y explotadores? Pero, sigamos soñando por un cine mejor en esta epoca de vacío creativo.
Nacido en Austria-Hungría (hoy Polonia) en 1909, Billy Wilder (o Samuel Wilder, como en realidad se llamaba), fue uno de los directores más atípicos de Hollywood. Un realizador que siempre se salió de los cánones, ya que detrás de cintas aparentemente inofensivas y muy al estilo de la época que le tocó vivir, se escondían obras con un comentario más ácido y crítico. Otros directores, como Michael Gordon o Delbert Mann, siempre hicieron cintas que aun siendo irresistibles simpre se antojaban anacrónicas (como la comedia sexual en donde existía todo menos sexo o las cintas de “batallas de géneros”) y siempre tocaban los temas que querían tocar de una manera muy superficial. Wilder por su parte se atrevió a más y después de ser guionista de varias cintas alemanas (principalmente para cintas de Paul Martin y Robert Siodmak) y realizar junto a Richard Brackett los argumentos de Ninotchka (dirigida en 1939 por Ernest Lubischt, sin lugar a dudas la mayor influencia de Wilder tanto por la fina manera de contar sus aparentemente sencillas tramas así como por los temas a tratar) y Ball of Fire (Howard Hawks, 1941), mostró que sería uno de los genios del cine así como un verdadero dolor de cabeza para productores, críticos, reguladores y académicos.
Cintas como Sunset Bolevard (1950), Sabrina (1954), Una Eva y Dos Adanes (1959), Apartamento de Soltero (1960), Uno, Dos, Tres (1961), Bésame, Estúpido (1964) o Compañeros (1981, su última cinta), demostraron a un director que siempre trató de mantenerse alejado de los lineamientos y que a 23 años de distancia de su retiro y dos de su muerte, no sólo pesa su ausencia sino que mucha gente a tratado de imitarlo infructuosamente (¿les suena conocido Una Buena Chica, Miguel Arteta-2002, o Sueño de Amor, Wayne Wang-2002,?) Es una lástima que aun con todas las ventajas servidas en charola de plata (llámese DVD, Internet o televisión de paga), nombres como el propio Wilder, Blake Edwards, George Stevens o Mervyn LeRoy, hayan sido olvidados (si es que en algún momento los conocieron) por una nueva camada de aficionados al cine (dígase cinéfilos, cinéfagos o el nombre que manden y gusten) , que ignoran que no sólo qué géneros, como la comedia o el romance, en la actualidad se han desvirtuado y sólo aspiran a llegarle a los talones a obras que tenían otra actitud, otros objetivos y aspiraciones. Es penoso que ahora se recurra a hacer remakes a diestra y siniestra de obras maestras (ya sea de los géneros aquí mencionados o de cualquier otro). Ahí están La Gran Estafa (Steven Soderbergh, 2001), La Verdad Acerca de Charlie (Jonathan Demme, 2002, que resultaba ser el remake de Charada, Stanley Donen, 1964) o El Principe y Yo (Martha Coolidge, 2004, que aunque no en su totalidad es un fusil de La Princesa Que Quería Vivir, William Wyler 1953), entre miles de segundas versiones.
O peor aún, tratar de hacer una revision/reelaboración de una época difícil de superar haciéndonos creer que la moda “retro” justifica que no se tenga una mejor actitud para hacer cine en nuestros días. Kate y Leopold (James Mangold, 2001, que tras la historia de ciencia ficción ocultaba un tufo a la maravillosa Desayuno en Tiffanys, Blake Edwards 1961), Lejos del Cielo (Todd Haynes, 2002) o Abajo el Amor (Peyton Reed, 2003) son una pequeña muestra de esta crisis. Lo más infame del caso es que la mayoría de los nuevos espectadores (ya sea de hueso colorado u ocasionales) desconocen las fuentes originales y por ende el hueco cinéfago es mayor que el de la capa de ozono. Y es que si alguien se atreve a mencionar que es un buen aficionado al cine y desconoce estos y otros nombres y no tiene en cuenta por lo menos una filmografía básica, es mejor que se olvide de dicho mote. Es por ello que en Revista Cinefagia, en donde desde el origen del proyecto se pensó y acordó darle cabida a todo tipo de propuestas, olvidándonos de realizador, género, premios, crítica o cualquier otro aspecto, que un servidor decidió proponer hacer una pequeña reseña de la que es por varios motivos una de las mejores cintas de Wilder: Irma La Dulce (1963). Y es que no sólo de gore y psicotronías vive un cinéfago.
Los barrios bajos de París son un nido de ratas, madriguera de la peor clase de escoria. La policía local está asociada con los padrotes, amos de la zona, y extorsionan a las prostitutas, vendedores, dueños de locales y al que se deje. En pocas palabras, no existen reglas. Pero eso está a punto de cambiar cuando Nestor Patou (el genial Jack Lemmon, el actor fetiche de Wilder), un torpe pero bienintencionado policia -característica de varias de sus interpretaciones- es asignado en dicho sector de la capital francesa. Por supuesto, tanto para sus compañeros como para los padrotes, su llegada resulta todo un problema y estorbo, al ser un elemento incorruptible, que no entiende ni quiere entender los tratos debajo del agua, que no abusa de su poder, que tiene una pizca de valores y que ve como un atentado a la moralidad que las calles estén infestadas de prostitutas. Precisamente al ver este ataque a las “buenas costumbres”, lleva a cabo una redada para poner a todas estas muchachas de la “vida glante” en el tambo. Lo que Nestor no sospecha es que su actitud de infalible servidor de la justicia se verá menguada cuando en dicha redada conoce a la Irma del título (Shirley McClaine), una chica envalentonada pero de corazón de oro, que se ha convertido en la favorita de la clientela gala y que tiene la peculiaridad de siempre vestirse de verde, por lo que por supuesto el cuico cae rendido a sus pies.
Nestor causa aún más problemas a los proxenetas al encararlos y lograr ganarles, obteniendo el respeto de todos, la salida de éstos de la zona y la independencia de las chicas. Pero Nestor no concibe que la mujer de sus sueños sea una chica del talón y mucho menos acepta que a ella le encante jugar con él por sus desmedidos celos. Por ello, crea un plan descabellado: por una parte dejar la policia y ser el “manejador” de Irma y por otro lado convertirse en Lord X, un extravagante barón inglés que le ofrece a la chica cantidades excesivas de dinero y lujos para ser su único cliente. El problema es que el tiro le sale por la culata ya que Irma se ha enamorado del Lord y para seguir a su lado deberá hacer toda clase de trabajos y así obtener el dinero necesario para representar el papel de millonario, produciéndose toda clase de malos entendidos y confusiones. Precisamente muchas de las convenciones anteriormente mencionadas aparecen en Irma la Dulce: la comedia de “enredos”, en algunos momentos del “pastelazo”, una cinta con un romance a contracorriente y hasta de “pareja dispareja”. Y es ahi donde Wilder saca su cuchara: ¿una prostituta de protagonista?, ¿un policía que deja su trabajo para pasarse al otro lado de la ley?, ¿una crítica hacia Hollywood en forma de la explotación que reciben las ingenuas chicas de unos intocables productores… perdón, padrotes?
Sin miedo a equivocarme, puedo decir que después de 42 años, Irma La Dulce ha pasado la prueba del añejo. A la fecha se nota y siente fresca y con vitalidad. Wilder aprovecha cada momento que tiene oportunidad para incluir chistes de un humor negrísimo y lo hace con clase. Jack Lemmon, como es costumbre, nos conquista y agrada por ofrecernos un personaje simpático y carismático, mientras que Shirley MacLaine se desata con un personaje entrañable. Sólo hay un gran prietito en el arroz. Yo sé que uno de las peores cosas que se puede hacer cuando se reseña una película es contar algo del final o partes cercanas a éste. Pero es inevitable al toparnos con un final que si bien no echa a perder el resto de la cinta, si le resta méritos. Y es que así como hay que aceptar que Wilder era un genio de la comedia, también hay que admitir que no era muy diestro a la hora de definir los finales de sus historias. Así, los finales de Una Eva y Dos Adanes o Apartamento de Soltero resultaban muy apresurados y atrabancados, o el de Compañeros resulta anticlimático. No se asusten, no voy a comentar nada relevante, pero en este caso, la conclusión es muy rebuscada y se alarga unos innecesarios 15 minutos para que al final suceda lo que debería de pasar.
El cine actual se vanagloria de las libertades que tienen y continuamente alardea de haber descubierto el hilo negro. Pero en ningún momento veo que los directores del nuevo milenio se atrevan tan siquiera a algo de lo que hizo Wilder en Irma La Dulce ¿Una prostituta y un policía retraído? ¡Uy, no, qué horror! ¿Qué van a pensar de nosotros? Mejor que los protagonistas sean una exitosa ejecutiva y un irresistible gigolo ¿Para qué tener crítica social? Es cine: no se debe ni de pensar ni cuestionar. Si tan sólo se tuviera un poco de la actitud de épocas pasadas, otra canción estaríamos cantando. No se estaría recurriendo a la guerra de los clones, a saquear las ideas de los demás, ni mucho menos a hacer cintas tan parecidas unas de otras que muchas veces es imposible distinguirlas. ¿Qué se puede hacer al respecto?. No mucho, en realidad. Pero para consuelo de muchos existen los recursos para dar ese vistazo hacia el pasado. Todos aquellos que piensan que el cine de esos años es aburrido, anímense a intoducirse a esa cápsula para volar sin cielo en Technicolor, recordando o conociendo mejores épocas y con la que sólo nos quedan las ganas de pedirle al tiempo que vuelva.
IRMA LA DULCE
(Irma la Douce)
Dirección: Billy Wilder; Guión: Alexandre Breffort, Billy Wilder y I.A.L. Diamond; Producción: Edward L. Alperson, Billy Wilder y Alexandre Trauner; Fotografía: Joseph LaShelle; Música: Marguerite Monnot y André Previn; Edición: Daniel Mandell; Compañías Productoras: Phalanx Productions y The Mirisch Corporation; Con: Jack Lemmon (Nestor Patou/Lord X),Shirley MacLaine (Irma La Douce), Lou Jacobi (Moustache), Bruce Yarnell (Hippolyte), Herschel Bernardi (Inspector Lefevre), Hope Holiday (Lolita), Grace Lee Whitney (Kiki), Paul Dubov (Andre), Cliff Osmond (Sargento), Diki Lerner (Jojo), Herb Jones (Casablanca Charlie), Ruth Earl y Jane Earl (Hermanas Zebra) y Tura Satana (Suzette Wong)
Estados Unidos, 1963, 143 min.
Premios y Participaciones: Premios Oscar de la Academia de Cine de Hollywood, Los Angeles, Estados Unidos 1964: Gano el Oscar a Mejor Musica Original (André Previn). Estuvo nominada al Oscar a Mejor Actriz (Shirley MacLaine) y Mejor Fotografia (Joseph LaShelle) Premios BAFTA de la Academia de Cine Ingles, Londres, Inglaterra 1965: Gano el Premio BAFTA a Mejor Actriz Extranjera (Shirley MacLaine) Premios Globos de Oro de la Asociacion de la Prensa Extranjera en Estados Unidos, Los Angeles, Estados Unidos 1964: Gano el Globo de Oro a Mejor Actriz de Comedia o Musical (Shirley MacLaine) Estuvo nominada al Globo de Oro a Mejor Pelicula de Comedia o Musical (Billy Wilder) y Mejor Actor de Comedia o Musical (Jack Lemmon) Premios Golden Screen de la Academia de Cine Aleman, Berlin Alemania 1964: Gano el Premio Golden Screen a Mejor Pelicula (Billy Wilder, ex aquo con Kohlhiesel’s Daughters de Axel von Ambesser, Treasure of Silver Lake de y Apache Gold ambas de Harald Reinl) Premios Laurel, Los Angeles, Estados Unidos 1964: Gano el Laurel de Oro a Mejor Actriz de Comedia (Shirley MacLaine) y Mejor Actor de Comedia (Jack Lemmon) y Gano el Segundo Lugar del Laurel de Oro a Mejor Pelicula de Comedia (Billy Wilder) Premios del Gremio de Guionistas de Cine Americanos, Beverly Hills, Estados Unidos 1964: Nominado al Premio a Mejor Guion de una Pelicula de Comedia (I.A.L. Diamond y Billy Wilder)
