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En el país de los cinéfilos, el cinéfago es rey

Festivbercine.Ron. La locura de hacer cine en México

Por: Alberto Acuña Navarijo

Seguramente la experiencia de hacer una película es única y más si esta es la primera: tener en tus manos un guión -propio o ajeno- atractivo para ser filmado, la emoción y al mismo tiempo la gran carga de la pre-producción para llevar a buen puerto el proyecto. Ya en el proceso de filmación se descubren las aptitudes -muchas o pocas- que se tiene detrás de la cámara, expresando las inquietudes e intereses personales, conociendo cuál será el estilo que impregnará la obra posterior (ya sea tocar un tema constantemente, colaborar con cierta persona o tener algún fetiche) y sobre todo averiguar si esto es lo tuyo o de plano es preferible dedicarse a otra cosa. Ya terminado el rodaje, da inicio la menos difícil tarea de post-producción. Completado esto, empieza la parte más dura del proceso: distribuir y dar a conocer el producto para lograr la exhibición y si la suerte es mucha llegar con bombo y platillo a algún festival y, quien sabe, el tener una buena recepción o hasta ganar algo puede significar una nueva estapa de la incipiente carrera.

Pero ¿qué pasa cuando se quiere hacer cine en México? Los sueños sólo pueden ser guajiros cuando estamos en un país cuya industria sobrevive con respirador artificial y que hace cine de pura chiripa, más por acto de disposición e improvisación que por un apoyo digno al talento ¿Cuál distribución o difusión? ¿Qué festival para impulsar una carrera ni que nada? Si bien les va a los directores nacionales ganar un premio significará tener un bonito adorno para la repisa y de ahí esperar cinco años para inciar el siguiente proyecto. De que se tengan ganas de hacer cine en este país ni quien lo dude, pero por desgracia no se hace.

Ese era en terminos generales el tópico de Bienvenido/Welcome (1994) de Gabriel Retes, una cinta bastante divertida que criticaba ácidamente el cómo se hace cine en México, en la historia de Mariano Pacheco (el propio Retes) que teniendo todo en contra quiere levantar una cinta bastante pretensiosa para los estándares nacionales acerca de León (Luis Felipe Tovar), un artista que después de un desliz en un viaje de negocios supuestamente se infecta de SIDA, por lo que las repercusiones son muchas. Así, la cinta nos translada a las peripecias que vive todo el equipo para terminar la filmación (Bienvenido) y a la ficción (Welcome) sólo para darnos cuenta al final de la misma que todo ha resultado una farsa: cine dentro del cine dentro del cine. Con todo, la cinta funcionaba por ese humor negro que de primera instancia se burlaba del propio director.

Después de 10 años Retes, frente a una nueva generación de realizadores y nuevas tendencias, revive a su alter ego Mariano y junto con su esposa Lourdes Elizarrarás realiza @Festivbercine.Ron, para mostrarnos qué pasó con Welcome, su director y su actriz principal Maria (la propio Elizarrarás) en esta ocasión en la primera gira que tienen en el circuito festivalero de America Latina. Por supuesto, son precisamente los festivales, la identidad como latinos, las celebridades, la hipocresía por parte de los asistentes, la prensa y público obtuso, y la supuesta importancia de ganar un premio como sinónimo de cierto status y prestigio que son los objetos de las burlas en esta nueva cinta.

Mariano y Maria inician su pregrinaje en eventos fílmicos como Guadalajara, San Jose, La Habana o San Juan sin ningún tipo de suerte: Mariano es para todos los asistentes un tipo incómodo y molesto por su egocentrismo, los jueces de los respectivos eventos ven con malos ojos la incursión de la cinta en la selección por estar hablada en inglés (haciendo énfasis de la estúpida idea de que tenemos que apoyar a como dé lugar a todo lo que sea latino, no importando nacionalidad o calidad, la identidad es primero) la copia que llega lo hace sin subtítulos (cualquier semejanza con cierto festival capitalino es pura coincidencia), la prensa la califica como la peor cinta en competencia, nadie va a verla, y para colmo no tienen reservaciones en los hoteles por lo que deberan ingeniárselas como sólo un mexicano sabe hacerlo.

Seremos testigos de las odiseas que deberán sortear estos dos mexicanos que van sin nada que perder pero que ven como necesario regresar al país con un reconocimiento bajo el brazo como muestra que la misión de haber hecho una película por acto de magia está cumplida. Al final Mariano consigue lo que nadie había logrado, un contrato con Steven Spielberg (en la vida real, Spielberg está sumamente interesado en realizar el remake de El Bulto, 1991), aunque como mencioné el “orgullo” de ser latino pesa más. A fin de cuentas es más importante trabajar en un sistema pequeño pero unido y solidario (sí, cómo no) a ser una parte más de la maquinaria de Hollywood por lo que Mariano es llamado para filmar el proyecto inconcluso de Retes.

Aunque tenemos que recordar que todo esto es ficción por lo que nuevamente la cuarta pared se ha roto. @Festivbercine.Ron es por momentos agradable gracias a los chistes y situaciones chispeantes, como la obsesión de Mariano con que el proyeccionista cubano haga un gran trabajo con su cinta aunque la sala está vacía o cómo los directores deben literlamente arrastrarse para captar la atención de los productores y hombres de negocios. Lamentablemente Retes una vez más cayó en el síndrome “Yo-Yo” que desde El Bulto no ha dejado de arrastrar: ahí está Retes diciendo “Yo” voy a ser el que interprete mi caricatura y represente a todos los directores nacionales en busca de su oportunidad, “Yo” soy un miembro incomprendido de la vieja guardia, “Yo” soy tan grande y conocido que cuando aparece la secuencia en donde se da la noticia de mi muerte todos se consternan y hablan maravillas de mí, “Yo” fui el primer director mexicano que trabajó en cine digital y vean lo que hago ahora con pocos recursos y “Yo” soy alguien que evolucionó y por ello creó un alter ego que filmará mi próxima cinta: El Bulto Para Presidente.

Cayendo en tantas autoalabanzas la cinta irrita y al mismo tiempo causa pena ajena. También es la evidencia perfecta que la supuesta evolución no es más que varios pasos para atrás, ya que primero relanzó La Mudanza (1990-2003), la llamada primer cinta grabada en digital en México, y ahora realiza esta cinta en donde ya está quemada la broma inicial, nuevamente en este formato. No conforme con esto, amenaza con hacer la citada secuela de El Bulto. A Retes le pasa lo mismo que a Ripstein, Hermosillo o Cazals, que con todo y el paso inevitable a otras maneras de hacer cine, generan un inconfundible tufo a podrido.

Por último, no sé si haya sido mala suerte o una cruel coincidencia, pero hace un mes cuando Retes presentó la cinta en el Panorama de Cine Mexicano de la Cineteca Nacional, sucedió exactamente lo que pasa con Welcome en la ficción: una proyección desafortunada, un público escaso, adulación por parte de todos y un director que no puede esconder su pedantería. Ni hablar, a esto se exponen quienes toman la decisión de probar suerte en el mundo del cine y llevar hasta las últimas consecuencia la pasión de hacerlo.

FESTIVBERCINE.RON
Dirección, Guión, Producción: Gabriel Retes y Lourdes Elizarrarás; Fotografía: Eduardo Flores Torres; Música: Osvaldo Montes; Edición: Sebastián Garza; Con: Gabriel Retes, Lourdes Elizarrarás, Pastor Vega, Luis Felipe Tovar, Daisy Granados, Jorge Perrugorría
México, 2003, 95 min
Participaciones: Muestra de Cine Mexicano e Iberoamericano de Guadlajara, Mexico 2004: Estuvo nominada al Mayahuel de Oro a Mejor Pelicula Mexicana (Gabriel Retes y Lourdes Elizarrarás) Panorama de Cine Mexicano 2004 de la Cineteca Nacional, Ciudad de Mexico, Mexico 2004: Estuvo nominada al Premio de la Audiencia a Mejor Pelicula Mexicana (Grabriel Retes y Lourdes Elizarraras)

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