Revista Cinefagia

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En el país de los cinéfilos, el cinéfago es rey

Wild Zero. Rock and roll y diversidad sexual.

Por: Alberto Acuña Navarijo

¿Cuál puede ser el resultado de juntar en una sola película a una popular banda de punk, a un patético fanático de dicho grupo, una chica que guarda un “gran secreto”, tres delincuentes de poca monta, una traficante de armas, un jefe yakuza, el dueño de un club nocturno, una colegiala aspirante a cantante y unos zombies extraterrestres, todo esto aderezado con los sonidos del garage, surf, rockabilly y rock and roll provenientes de lo mejor de la escena subterránea de Japón? La respuesta es Wild Zero, la estrambótica opera prima de Tetsuro Takeuchi, uno de los realizadores de videoclips mas respetados en el pais del Sol naciente.

Wild Zero es la respuesta más divertida que se ha hecho al subgénero de zombies, confirmando que el cine del futuro está haciendose en Asia y llega en un momento muy peculiar para dicho subgénero: por un lado la originalidad e inventiva están -valga la redundancia- como muertos vivientes, pero por el otro parece que su popularidad entre el público y el interés por parte de los directores no ha decaído. O por lo menos así lo demuestra que en diferentes latitudes se esté realizando este cine: Junk (Atsushi Muroga, 2000), Stacy (Naoyuki Tomomatsu, 2001) en Japón; Undead (Michael Spierig y Peter Spierig 2003) en Australia; R.I.P. (Annick Vroom, 2000) en Holanda; Mucha Sangre (Pepe de las Heras, 2002) en España; Plaga Zombie: Zona Mutante (Pablo Parés y Hernán Sáez, 1997) en Argentina; Sangre (Charly Cantor, 2000) en Inglaterra o el remake de El Amanecer de los Muertos (Zack Snyder, 2004) en Estados Unidos.

Y ya que ya no hay mucho por decir ni proponer, lo mejor que han podido hacer los nuevos realizadores es lo que Peter Jackson hizo con su Braindead (1992): deconstruir el género, darle un giro a la tradición e impregnarle un sello, aunque bajo la sombra de la derivación, imposible de ocultar. En este caso Takeuchi, opta por una delirante idea que plantea que una banda real de punk, que pasa más tiempo peinándose para conseguir los copetes perfectos que en otra cosa, pueden ser los (anti) héroes que pueden salvar al planeta de una invasión de extraterrestres que para colmo son zombies.

Con todo lo excéntrico que puede ofrecer una cinta como ésta, la trama es por demás simple y previsible, lo que precisamente nos hace recordar el viejo cine de “muertos vivientes”: Ace (Masashi Endô) es un joven fanatico de Guitar Wolf (una version oriental y con mas estridencia de The Ramones, formada por Guitar Wolf, Bass Wolf y Drum Wolf), por lo se desvive por ellos, ya que más allá de asistir a sus conciertos o comprar sus discos, trata de ser alguien y tener una identidad, paradójicamente imitando el look y actitud de sus idolos aunque al final de cuentas no es mas que un pobre diablo, cobarde, retraído y esperanzado en encontrar su gran oportunidad.

Pero la suerte de Ace puede cambiar cuando, al tratar de conocer a la banda después de una tocada, ayuda a los músicos que están siendo amenazados por el desagradable dueño del club, que ha tratado de embaucarlos. Es por ello que Guitar le obsequia un caricaturesco silbato con el cual podrá llamarlos en cualquier momento, cuando el joven se encuentre en peligro. Así Ace, con mucha confianza de por medio, conoce a Tobio (Makoto Inamiya), una inocente muchacha china de la cual Ace se enamora perdidamente, sin imaginar que la chica guarda un “secreto”.

Pero por supuesto, ahí inician los verdaderos problemas, cuando el planeta es invadido por unos lentos zombies extraterrestres (que de inmediato nos trae a la mente los de la primera version de El Amanecer de los Muertos, George A. Romero 1978, sólo que con ojos rasgados), por lo que Ace considera que los únicos que pueden darle pelea a los monstruos son el trío enfudado en chamarras de cuero y embarrados de litros de vaselina. A estos excéntricos personajes se suman otros no menos “folclóricos”, como una bella y ruda militar, un jefe yakuza o una pareja que se la pasa peleando, que involuntariamente deberán de unirse contra la amenaza proveniente del espacio.

Es ahí cuando en medio de lo ordinario, en donde los heroes son los menos indicados, donde los personajes “chistosos” e “incidentales” no pueden faltar y las subtramas sin sentido aparente hacen acto de presencia, que el realizador le da personalidad a la cinta al incluir aspectos que sólo en el nuevo cine nipón se puede dar: desde un particular slapstick hasta el humor negro, la participación de una colegiala interpretando un acaramelado tema, las ridículas vestimentas de algunos de los intérpretes, como la militar con un coqueto traje desgarrado o el del dueño del club con unos diminutos shorts y toda una variedad de pelucas. Y qué decir de ese aire “retro” que permea en la música y en el ambiente en general.

Un aspecto que hay que recalcar es el papel que se les asigna a Guitar Wolf (principalmente a Guitar). Obviamente al ser una cinta inscrita al aidoru eiga (films protagonizados por los ídolos del momento), todo está servido para el lucimiento de éstos: hacen dos espectaculares presentaciones musicales, son los héroes y son los encargados de darle valor a Ace para enfrentar la vida y buscar lo que quiere. Pero lo curioso es que el trío es presentado como héroes anónimos que, aun siendo conocidos en la escena, nadie sabe a ciencia cierta de donde provienen y sólo aparecen en los momentos de peligro para defender a los necesitados por medio del silbato.

Haciendo una comparación -guardando las distancias-, este aspecto se asemeja con Santo o Tinieblas, personajes reales que al ser transladados al cine o a la television, se les endilgaba un halo de misticismo. Así se desconoce el origen del Enmascarado de Plata y en gran parte de su filmografía surge cuando la amenaza era inminente para después transformarlo en un personaje con todo tipo de actividades y capacidades, elevándolo a heroe mítico. Por su parte, Tinieblas, con su inseparable Alushe, defendía al torpe de Capulina de todo tipo de incovenientes cuando este último lo llamaba, a base de rayos originados por sus bandas de poder como si de un Fantasma del Espacio tercermundista estuviéramos hablando.

En este caso, en particular el líder de la banda es presentado como un tipo que pelea contra estos parientes de los zombies de Zahuayo de la manera más campechana posible, con ayuda de una efectiva moto, una guitarra convertida en espada o electricidad. Asimismo se le aparece continuamente en forma de alucinaciones (¿conciencia?) a Ace para aconsejarlo y así como llega se va, sin dejar rastro alguno por la carretera. Al final la voz en off de Ace relata que despues de conocer a sus ídolos y salvar a la Tierra, nunca más vio al grupo.

Hay que aclarar que, con todo, Wild Zero no es una cinta en donde los excesos o la moronga -y lo que esto conlleva- sean los grandes protagonistas. Wild Zero es ante todo una cinta romántica, políticamente incorrecta pero romántica al fin y al cabo, apelando por increíble que parezca a una tolerancia en cuanto a la diversidad sexual se refiere, por lo que la frase que le dice Guitar a Ace no suena nada mal: “el amor no tiene fronteras, nacionalidades o géneros”.

WILD ZERO
Dirección: Tetsuro Takeuchi; Guión: Satoshi Takagi; Producción: Kaichiro Furata y Katswaki Takemoto; Fotografía: Motoki Kobayashi; Música: Guitar Wolf; Edición: Tomoe Kubota; Compañías Productoras: Dragon Pictures, GAGA Communications, Takeuchi Entertainment; Elenco: Guitar Wolf, Bass Wolf y Drum Wolf (como ellos mismos), Masashi Endô (Ace), Makoto Inamiya (Tobio), Masao Sato, Shirô Namiki, Kwancharu Shitichai, Naruka Nakajo, Yoshiyuki Morishita
Japón, 2000, 98 min.
Premios y Nominaciones: Festival de Cine del Mundo de Philadelphia, Estados Unidos, 2001: Premio de la Audiencia a la Mejor Película de Terror (Tetsuro Takeuchi)

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