Revista Cinefagia

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En el país de los cinéfilos, el cinéfago es rey

Timecode. Cómo Morderse la Cola Sin Morir en el Intento.

Por: Alberto Acuña Navarijo

Desde el nacimiento hace ya nueve años del Moviemiento Dogma 95 proveniente de Dinamarca, más allá de lo llamativo que resultaban las reglas para hacer una película bajo el llamado “Voto de Castidad”, quedaba algo muy claro: ya no hay nada nuevo bajo el Sol. Y es que aun con todo el prestigio obtenido, la corriente creada por Lars Von Trier, Thomas Vintenberg, Soren Kragh Jacobsen y Kristian Levring, no era más que una revisión postmoderna de varios estilos cinematográaficos del siglo XX: desde el neorrealismo italiano y la Nueva Ola Francesa, pasando por las mejores épocas de cinematografías como la checa o la húngara, hasta el cine independiente americano, aunque presentado en otro contexto.

¿Será que es cierto que el falso documental creado por Federico Fellini es la última gran invención en el cine? O peor aún, ¿será posible que la declaración hecha por Peter Greenaway -”después de 100 años no se ha hecho nada importante en el cine, lo mostrado es sólo un esbozo de los alcances que el cine puede lograr”- sea real?. En pleno siglo XXI alrededor del mundo, la búsqueda por encontrar el camino que saque del estancamiento al cine continúa: desde despojar de toda artificialidad al cine llevándolo hasta su mínima expresión, como en Dogville (Lars von Trier, 2003), hasta llevar el arte conceptual a otro nivel como el propio Peter Greenaway ha hecho con su serie The Tulse Luper Suitcases (2003 y 2004).

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Pero no sé quién le haya dicho a Mike Figgis- un director que siempre ha estado en la cuerda floja dentro del cine independiente más propositivo- que la búsqueda de originalidad debía de llevarlo a hacer una cinta pretensiosa, experimental y frívola como lo es Timecode (2000) que más que una crítica al oscuro mundo de la industria cinematográfica, termina siendo una “chaqueta mental” incomprensible. Lo peor es que si se quisiera responder de qué se trata es complicado debido a que la cinta es una acumulación innecesaria de situaciones y personajes que probablemente representen la vacuidad del universo fílmico pero de una manera demasiado patética, todo bajo una estructura “novedosas” y “diferente”, emparentándose así con la no menos insufrible Todo al Descubierto (Steven Soderbergh 2002).

Desde que se dio a conocer el proyecto existió una gran expectativa y al ser presentada causó cierta sensación en el circuito alternativo, producida por la “curiosa” idea que representaba: una pantalla dividida en 4, en donde se contaría igual número de historias interrelacionadas, filmadas en tiempo real y en donde todo el elenco tuvo que mostrar su colmillo histriónico al improvisar, apoyándose en una idea base creada por el propio Figgis.

Pero es notorio desde el principio que dicho concepto resulta contraproducente y difícil de asimilar: uno como espectador no sabe a qué “ventana” prestarle atención ya que en cada una existe una parente acción, existe una saturación de sonido por lo que en más de una ocasion es dificil de descifrar que están diciendo y si eso fuera poco, el experimento lleva a los personajes a conectarse en las pocas locaciones, por lo que será constante que veamos hasta tres “ventanas” en la misma acción sólo que con puntos de vista distintos. ¡Qué desperdicio!

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Timecode nos lleva a la lucha de egos entre directores que quieren descubrir el hilo negro, productores prepotentes que no quieren arriesgarse perdiendo dinero con películas que no sean redituables y actores que desean su gran oportunidad y para ello pueden hacer lo que sea necesario. En la historia de un grupo de directivos e inversionistas de cierto estudio hollywoodense que están discutiendo todo tipo de banalidades -como masajes y restaurantes- además de revisar los nuevos trabajos en puerta mientras que Alex Green (Stellan Skarsgård), uno de los hombres mas importantes del estudio, al parecer ya no aguanta la presión de estar encerrado en un ambiente tan afixiante, por lo que ya el trabajo no le interesa en lo más mínimo.

Por su parte, su esposa Emma (Saffron Burrows) es una mujer drogadicta y que asiste a terapia porque siente que su esposo ya no le presta atención, por lo que desea ir de viaje con él a Italia. Rose (Salma Hayek) es una actriz bisexual amante de Alex que busca su gran oportunidad por lo que hace un casting en el mismo estudio. A su vez Lauren (Jeanne Tripplehorn), la celosa novia de Rose, se queda esperáandola en una limosina mientras que constantemente le hace molestas llamdas para cuestionarle dónde se encuentra. A estos personajes se suman otros menos útiles como Randy (Danny Huston), un guardia de seguridad junkie, o Quentin (Julian Sands), un masajista. Todo esto conectado -además de la interacción de todos los personajes- por una serie de temblores, recurso que la primera vez que se utiliza resulta inteligente para respresentar el tiempo real de la pelicula, pero después resulta una solución muy barata.

Pero lo peor llega al final, ya que todo el “numerito” ha servido sólo como pretexto para hacer una complaciente autoburla de las nuevas tendencias fílmicas, cuando al estudio llega Ana Pauls (Mia Maestro), una directora que presenta su proyecto: una pelicula acerca de cómo es por dentro el mundillo del cine, valiéndose de una pantalla dividida en cuatro y en donde todos los personajes estarán conectados; proyecto que para la mayoría de los productores es una idea que nadie entendería. En pocas palabras Timecode no es tanto una cinta vanguardista sino una película acerca de la imposibilidad de hacer cine vanguardista.

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Otra vez el tema de la otra cara de la moneda de la industria: desde cintas geniales como (Federico Fellini), El Desprecio (Jean Luc Godard, 1963) o La Noche Americana (Francois Truffaut, 1973) hasta ácidas burlas de la dificultad de sacar adelante un proyecto en una industria tan competida como Bowfinger: El Director Chiflado (Frank Oz, 1999), Simone (Andrew Niccol, 2002) o Cecil B. Demented (John Waters, 2000). Como quien dice la misma gata sólo que revolcada y para colmo presumida. O lo que es lo mismo, la mona aun vistiéndose de arte, mona se queda.

Después de Timecode, Mike Figgis se quedó con las ganas de hacer otro “genial análisis” de su propio universo y realizó Hotel (2001) una extensión de Timecode, acerca de la locura de hacer una película de alto presupuesto y lo que todo el equipo de producción debe soportar, presentándonos un documental de la cinta que se está realizando. El concepto presentado en Timecode ya fue rápidamente copiado en varios casos: en la serie de television 24, en un cortometraje que trataba de parodiarla llamado Food Code (Steven Lekowicz y David Melito 2000) o un video del grupo de rock mexicano Arizona.

Sorpresivamente, aun contando con la presencia de la Hayek, la cinta nunca llegó a tener exhibición comercial, por lo que la gente interesada se conformó con verla por televisión de paga o en una función especial que se llevé a cabo en el FICCO de la Ciudad de México en febrero pasado, en donde el propio Figgis intervino musicalmente su propia cinta.

Sólo me resta decir que en estos casos lo mejor que se puede hacer es esperar la llegada de 5 Condiciones (2003), de Jørgen Leth co-dirigida por Lars Von Trier. Esta nueva provocación de Von Trier es un insólito y extraño híbrido entre ficción y realidad. Se trata de la reelaboración que Von Trier le propuso a Leth del cortometraje The Perfect Human hecho por Leth en 1963, llevando a cabo cinco variaciones, cada una totalmente opuesta, planteándole obstrucciones o condiciones que limiten las posibilidades de rehacer la historia y definir a los personajes. Es así, no sólo una reconstrucción/deconstrucción del Dogma 95 sino un rechazo a hacer cine bajo reglas, paradójicamente creando una nueva base para hacer una película, solo parada darnos cuenta que los rumbos hacia donde va el cine son cada vez más confusos.

TIMECODE
Dirección y Guión: Mike Figgis; Productor: Mike Figgis y Annie Stewart; Fotografía: Tony Cucchiari, Mike Figgis, James Wharton O’Keefe y Patrick Alexander Stewart; Música: Arlen Figgis y Mike Figgis y Anthony Marinelli; Compañía Productora: Red Mullet Productions; Elenco: Stellan Skarsgård (Alex Green), Salma Hayek (Rose), Saffron Burrows (Emma), Jeanne Tripplehorn (Lauren Hathaway), Julian Sands (Quentin), Danny Huston (Randy), Mia Maestro (Anna Pauls)
Estados Unidos, 2000, 97 min.
Participaciones: Premios a lo Mejor del Cine en DVD, Los Angeles, California Estados Unidos 2001: Estuvo nominada al Premio a Mejor Audio Comentario en un DVD (Mike Figgis, en la edicion especial)

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