Obsesión Fatal
Por: Arturo Rojas
A la edad de 15 años ya había visto Pesadilla en la Calle del Infierno, Viernes 13 y hasta Halloween. Tiempo después vi El Bebé de Rosemary y cuando terminó, fui a comentarla con mi papá. “¿Qué te pareció?”, me preguntó. “¿La verdad? No me asustó”. Con una leve sonrisa me dijo: “Tienes que tomar en cuenta que en su momento era aterradora”. Así entendí lo fácil que uno olvida que mucho de lo que actualmente vemos en pantalla ya ha sido usado en algún momento antes. Hace poco recordé aquella lección.
Me topé con una cinta que tenía mucho tiempo de no ver, pero que recordaba como una buena producción: Obsesión Fatal (Play Misty For Me, 1971) y fueron dos cosas que recordaba de esta cinta las que me impulsaron a escribir acerca de ella. Por un lado, se trata de la primera cinta con Clint Eastwood como director y, por el otro, considero a esta producción la madre de todos aquellos thrillers sexuales que poblaron la cartelera cinematográfica comercial en nuestro país desde finales de los años ochenta y hasta mediados de los noventa.
Esta es la historia de Dave Garver (interpretado por Eastwood), un disc jockey de jazz de una pequeña estación de radio en Carmel, California; un mujeriego empedernido que una noche tiene un encuentro “casual” con una tal Evelyn Draper (Jessica Walter). En una sola noche Dave descubrirá que el cazador se convirtió en la presa y que su nueva conquista tiene serios problemas de personalidad.
Para colmo de males, unos días después, el locutor descubre que Tobie (Donna Mills), su anterior novia y amor de su vida, regresó a la ciudad después de abandonarlo a causa de sus infidelidades. Gaver quiere regresar con ella y retomar desde cero su relación, olvidándose por completo de cualquier otra mujer. Pero nadie le preguntó a la esquizofrénica Evelyn si estaba de acuerdo y la vida de la nuevamente feliz pareja está a punto de complicarse más allá de lo que jamás imaginaron.
Si bien es cierto que aún faltaba tiempo para que el novel director depurara su sentido cinematográfico, Eastwood demuestra tener la sensibilidad suficiente para lograr grandes secuencias en las que hace partícipe a la audiencia de la lucha interna que sufren Garver y Draper. El primero atrapado entre el amor sincero que siente por Tobie y la obligación moral que cree tener con Evelyn. Ella, por su parte, por fin logró encontrar al hombre con el que fantaseaba todas las noches y no piensa compartirlo con absolutamente nadie. El más pequeño lapso de tiempo lejos de él significa que existe la opción de perderlo.
Para lograr estos momentos tan especiales en la cinta, Eastwood supo apoyarse en una bien lograda iluminación que va de lo íntimo de un club de jazz, a noches que comienzan siendo azules y serenas, pero conforme avanza la cinta se tornan negras e inquietantes. Por si esto fuera poco, el actor-director remata varias de estas secuencias con encuadres cerrados e intensos que vuelven espeluznantes estas escenas (una de las mejores es cuando Garver se encuentra entre la “espada y la pared” y, literalmente, ve como su horizonte se torna oscuro).
Siendo esta una cinta de suspenso, Eastwood reconoce a Hitchock como el verdadero maestro de todos aquellos directores que desean filmar una historia en este género y se demuestra en dos escenas muy marcadas: una mujer es apuñalada, en su desesperación sólo acierta a sujetar una cortina que en esta ocasión, y como un acto de humildad por parte del director debutante, no cae junto con la víctima. Después, recrea el encuentro entre Melanie (Tippi Hedren) y Annie (Suzanne Pleshette) en Los Pájaros (The Birds, 1963), cuando ambas comparten una copa de vino en un tranquilo anochecer en algún pequeño poblado de Estados Unidos. Entonces -con Hitchcock- un tenso reconocimiento entre dos mujeres que aman al mismo hombre, ahora -con Eastwood- el preámbulo a un escalofriante descubrimiento.
En este punto, el público debe caer en cuenta de que el director decidió aprovechar su oportunidad tras las cámaras para presentarle un par cosas que desconocía de él. No sólo su conocimiento cinematográfico, sino también su pasión por el jazz (tiempo después filmó Bird (1988) cinta biográfica del trompetista Charlie Parker) incluso participando a veces como compositor en sus cintas (Río Místico, es el ejemplo más reciente de esta faceta). Es de alabar su decisión de usar los tranquilos acordes de este género musical para una cinta que busca poner al espectador al borde de la butaca. Esto le significó un esfuerzo extra al momento de marcar el ritmo de la filmación, pero Eastwood logra construir exitosamente el suspenso que requiere su historia.
El único momento en que esta pasión trabaja en su contra es cuando coquetea con el documental y nos lleva al Festival de Jazz de Monterrey. Un pequeño vistazo al ambiente que se vive dentro de uno de los conciertos de este gran evento. Eastwood trató de crear su ojo del huracán y darle al público un momento de descanso antes de rematar su producción, desgraciadamente este respiro fue demasiado largo y, a menos que uno sea un seguidor del jazz como lo es él, esta secuencia se torna cansada y larga, lo que provoca que al regresar a la historia de la película, casi hemos olvidado de lo que estábamos hablando.
Con más aciertos que errores, Play Misty For Me dejó la puerta abierta para que su director continuara trabajando detrás de cámaras y nos regalara diferentes tipos de cintas que siempre han sido bien recibidas por el público y la crítica en general. Pero, como les mencioné al principio, no fue lo único que consiguió.
Unos dieciséis años después llegó una cinta que estremeció al grueso del público mexicano: Atracción Fatal (Fatal Attraction, 1987) película dirigida por Adrian Lyne, en la que Michael Douglas ponía en riesgo su matrimonio por una aventura con Glenn Close. En aquel entonces el mayor atractivo de la película eran las “cargadas” escenas de sexo y el memorable personaje de “Alex”, que logró que la mitad de la gente se solidarizara con la pobre mujer engañada y que la otra mitad deseara verla pagar por todas sus maldades (los hubo quienes no se podían decidir).
Si dejamos de lado el escándalo que provocó esta cinta, veremos que la estructura de la historia es la misma que en Obsesión Fatal. Una mujer tiene una aventura con un hombre. Él decide que prefiere estar con alguien más. La abandonada sufre de una crisis marcada por severos trastornos de personalidad y después de varios e infructuosos intentos por que su enamorado regrese a su lado decide que si él no es de ella, no será de nadie más. Esto la convierte en una amenaza para su antiguo amor quien, a final de cuentas, deberá tomar cartas en el asunto y arreglar las cosas con su amante de una vez y para siempre.
Más allá de la trama, algunas secuencias emparientan claramente a la ópera prima de Eastwood con la película de Lyne: la escena del baño en que ambas mujeres tratan de chantajear a sus amantes, el encuentro frente a frente (por así decirlo) entre las dos mujeres en la vida del hombre y, por supuesto, el desenlace de ambas producciones. Atracción Fatal probaba que el sexo y la muerte sí venden y que si a eso se le agregaba una trama interesante y bien estructurada era casi imposible perder.
Fue así que unos años después, en 1989 para ser exactos, Prohibida Obsesión (Sea of Love, Harold Becker) usó el mismo recurso que Play Misty For Me y convirtió una melodía romántica en un preámbulo para la tragedia (además de título de la cinta). Incluso, esta película rescata una escena de la cinta de Eastwood y ahora Al Pacino y Ellen Barkin le dan un nuevo sentido a la relación entre un hombre, una mujer… y su abrigo. La duda y la ética entran en la ecuación cuando un policía se involucra románticamente con una mujer que bien puede ser una asesina serial que mata a sus amantes.
Ninguna lista de thrillers sexuales estaría completa si no mencionara Bajos Instintos (Basic Instinct, Paul Verhoeven,1992). Una vez más, en medio de la polémica, Michael Douglas (parece que las rubias y las barbas partidas se llevan bien) ahora al lado de Sharon Stone. Esta producción retoma elementos de las tres anteriores y las aumenta. El sexo se vuelve más explícito, la duda y el conflicto ético se vuelven mayores, ya que ahora hay otra posible homicida que también está involucrada con el policía que investiga el caso.
Atracción Fatal y Bajos Instintos causaron revuelo y cada una tuvo que enfrentarse a la censura. Ambas, en su momento, fueron catalogadas como parte aguas. Pero el público olvidó, si alguna vez supo, que quien realmente sentó las bases para que el thriller sexual se convirtiera en una moda tan redituable años antes, entregándonos una cinta muy personal, fue (de entre todos los directores) Clint Eastwood, con esta casi olvidada Play Misty For Me.
OBSESIÓN FATAL
(Play Misty For Me)
Dirección: Clint Eastwood; Guión: Jo Heims, Dean Riesner, basados en una historia original de Jo Heims; Producción: Robert Daley, Jennings Lang; Fotografía: Bruce Surtees; Música: Dee Barton; Edición: Carl Pingitore; Con: Clint Eastwood (Dave Garver), Jessica Walter (Evelyn Draper), Donna Mills (Tobie Williams), John Larch (sargento McCallum), Jack Ging (Frank Dewan), Irene Hervey (Madge Brenner), James MsEachin (Al Monte), Clarice Taylor (Birdie), Don Siegel (Murphy)
Estados Unidos, 1971, 102 min.
Participaciones: Nominación al Globo de Oro a Mejor Actriz Dramática (J. Walter), Estados Unidos, 1972.
