Un arcoiris de diversidad sexual (segunda parte)
Hablar de diversidad sexual no significa mencionar únicamente a los homosexuales, que si bien son la punta de lanza tanto numérica como activamente no son la única forma en que los humanos pueden provocarse sentimientos placenteros.
Ya el compañero Paco Campa detalló con lujo de lascivia algunas de las mal llamadas perversiones en su artículo sobre Desviaciones Sexuales y Cine Porno en Internet, el cual resulta un verdadero catálogo de formas de amar que algunos jamás se habrían imaginado. Algunas personas dirán que es asqueroso que existan ese tipo de “perversiones”. Sin ánimos de ofender yo puedo decirles que lo verdaderamente asqueroso y pervertido es negarle a una persona el derecho a sentir rico, sobre todo cuando la conducta sexual es algo que sólo le incumbe a la persona que la lleva y más si no resulta dañina para nadie más.
Siguiendo con el recuento de películas que han sabido manejar la diversidad sexual de una manera seria y sin ánimos de manipular la opinión pública, ahora toca el turno a esos comportamientos que podrán resultar extraños para los aburrid@s que no salgan de la posición del misionero (claro que si esa es su manía pues se les respeta y apoya, pero si no, pues varíenle un poquito ¿no?) pero que para otros serán unos muy buenos consejos.
Mi Pareja Equivocada (Chasing Amy, de Kevin Smith, 1997)
De Kevin Smith y su peculiar visión de la cultura gringa ya hemos hablado bastante y justamente es ese punto de vista tan suyo que tiene para hablar de la relaciones humanas que hace de una película como Chasing Amy un ejemplo a seguir.
La película habla sobre lo bonito de la libertad de elección de pareja, sobre lo feo que se siente que tu persona elegida no te pele y sobre lo rico que es el amor en grupo. Ahí podemos ver a un heterosexual tratando de conquistar a una lesbiana, que resulta bisexual, solo para descubrir que su mejor amigo está enamorado de él. Todo esto aderezado con frases que demuestran la soberbia inteligencia de Smith, quien utiliza a la saga de Star Wars como una metáfora del imperante racismo estadounidense o revelando la verdad sobre Archie y Torombolo (“Archie es la perra y Torombolo el machote”). Todo lo anterior bajo un lente contradictoriamente serio y cómico a la vez, sin llegar en ningún momento a burlarse de los personajes o de sus inclinaciones.
Sin embargo la película tiene sus bemoles. Puede ser algo cursi y si uno no es fan de los cómics puede hacerse algo ininteligible, ya que la mayoría de sus chistes pertenecen a ese mundillo. Pero vale la pena como estudio sociológico y para conocer lo vacío de la cultura popular gringa. Esta cinta no pasó del semanazo en las salas de México y además inició la maldición de que gozan las películas de Smith en nuestras tierras. Videomax hizo el favor de editarla en video y con suerte puede encontrarse en algunos videoclubes o en tiraderos de supermercado.
Furia Infernal (de Armando Bo, 1972).
¿Por qué esta película no es un clásico del cine psicotrónico? Quién sabe, pero los verdaderos cinéfagos la han hecho suya (en el buen y en el mal sentido de la palabra), tanto como desearían hacer suya a la protagonista principal, la suculenta (babeo) Isabel Sarli.
En la película podemos ver lo nefasto que resultan los celos y sus consecuencias. Ignoro si el director trató de realizar una denuncia en contra del maltrato a la mujer o si solamente quiso solazarse con las golpizas que le inflingieron su esposa (la ya mencionada Sarli), que aparte de apelar a nuestra conciencia social mostrándonos lo podrido de una sociedad donde las mujeres son minimizadas y sobajadas, enciende nuestro líbido. Indudablemente para los amantes del bondage (el arte de amarrar) y del sadismo está película satisfará sus fantasías pero más lo hará con aquellos que ya estén hartos de los malos tratos de algunas personas y quieran satisfacerse con animales diferentes al humano.
Sin ser una escena cumbre o parte integral de la historia podemos atestiguar durante unos cuantos segundos el resultado que provoca la solitaria vida en las pampas argentinas traducido muy gráficamente en una escena de sexo con un borrego, que sin ser en ningún momento morbosa o chusca resulta curiosa porque le va mejor al borreguito que a la protagonista principal. Quizás no haya habido consentimiento previo del animal, pero tampoco puede quejarse de que lo maltrataron (no me digas beee que soy tu amante).
Está película resulta un ejemplo perfecto sobre otras formas de amar y sobre las desigualdades de género que existen no solo en Argentina si no en cualquier país donde se considere inferior a la mujer (ups, creo que es en todos), lástima que se encuentre descontinuada en México, limitándose su proyección a maratones de cine de culto.
Mi Vida en Rosa (Ma vie en Rose, de Alain Berliner, 1997)
Quizás la película más conocida de todas las que aquí se mencionan, que sin embargo es el mejor ejemplo para hablar de un término poco conocido y muchas veces mal interpretado.
Desde que obtenemos uso de razón, aproximadamente a los cuatro años, cada uno de nosotros ya sabe a que sexo pertenece y cuales son las atribuciones genéricas que eso implica (para los hombres ser muy machos y rudos y para las mujeres ser frágiles y delicadas, entre una infinidad más), pero se cree que cerca del 4% de la población total nace con ideas opuestas en cuanto a su sexo y al género al que pertenece. Los transexuales son aquellas personas que nacen con determinados genitales pero que están firmemente convencidos de pertenecer al género opuesto.
Ludovic, el personaje principal de la película, es un niño que está convencido de que es una niña, o por lo menos de que algún día lo será, y quiere jugar con muñecas, maquillarse y tal vez algún día llegar a casarse. Por supuesto los padres no lo entienden (bendita ignorancia) y creen que su hijo tiene un problema el cual hay que resolver (y efectivamente Ludovic tiene un problema, sus padres). Esta cinta constituye una clase de sexualidad humana bastante sincera y lo mejor es que nunca trata de impresionar al respetable mediante la violencia o la fantasía, dejando que la película y los personajes se desarrollen de una manera natural y muy apegada a la realidad. El final es un tanto feliz y cursilón, muy en el estilo de la mayoría de las películas sobre diversidad sexual, pero se agradece después de ver las desventuras del (¿la?) pobre Ludovic.
Y si alguna vez quieren aprender sobre respeto y sobre verdadero amor al prójimo (no de ese que los católicos nos quieren vender) consíganse Mi Vida en Rosa, que afortunadamente está disponible en todos los formatos en nuestro país y en casi cualquier lugar.
Nekromantik (de Jörg Buttgereit, 1987).
“De haber podido elegir mi morada, lo hubiera
hecho en alguna ciudad de carne en descom-
posición y huesos que se deshacen, pues su
proximidad brinda a mi alma escalofríos de
éxtasis, acelerando la estancada sangre en
mis venas y forzando a latir a mi lánguido
corazón con júbilo delirante… ¡Porque la
presencia de la muerte es vida para mí!”
Los Amados Muertos, H. P. Lovecraft
Todo lo que hayan escuchado acerca de está película es cierto y creo que el título lo dice casi todo pues en esta cinta se hace que los muertos hablen, jadeen, se humedezcan y hasta que se vengan (después de todo el orgasmo es la muerte chiquita ¿no?).
La necrofilia no es solo el gusto por los muertos, es el amor, el verdadero por la textura de un cuerpo cerúleo, frío, duro, tieso, seco, con un pútrido olor picante y penetrante que hace que se enciendan hasta las zonas erógenas más marchitas de nuestros cuerpos. Es sentir el rigor… mortis rozando nuestra piel, acariciar un cuerpo sin reacciones que provoca una infinidad de ellas en el nuestro. Penetrar sin ruido, sin gemidos pero con todas nuestras fuerzas hasta deshacer la carne y atravesar el cuerpo, llegando hasta las entrañas deshechas por la putrefacción y por nuestros empellones, hasta fundirse con el ser amado y ser uno solo en el clímax del éxtasis.
Quizás sea antihigiénico, quizás pueda ser “antinatural”, quizás sea una falta de respeto pero una cosa es cierta: un muerto nunca nos dirá “te quiero” pero tampoco nos abandonará jamás.
Cafe Flesh (de Rinse Dream, 1989).
Terminamos este recorrido con la olla de oro al final del arcoiris. Para los amantes de la pornografía fina, es decir, aquella que tiene una historia, esta película es la opción.
Considerada el Blade Runner del porno, Cafe Flesh es algo insólito dentro de esa industria. Contando con una atmósfera oscura y decadente, nos cuenta la vida de los sobrevivientes de la tercera guerra mundial, de los cuales solo el 1% puede tener sexo, siendo convertidos en espectáculo para el 99% restante, quienes satisfacen todas sus fantasías voyeuristas en el Café Flesh.
Quienes quieran ver sexo y masa de cuerpos amorfos no vean Cafe Flesh, quienes quieran ver close-ups interminables de genitales tampoco la vean, quienes quieran masturbarse únicamente los genitales, menos. Quienes quieran ver una historia inteligente en donde las escenas de sexo hardcore son una herramienta a favor de la historia véanla y dense cuenta de lo mal aprovechada que está pornografía en la industria fílmica.
La metáfora de represión sexual que es toda la película resulta brutal, sobre todo para un país de doble moral como el nuestro y si bien las actuaciones y las cogidas no son ni siquiera decentes, vale la pena por todo el transfondo social que sin duda es el resultado de una broma del director. Y esperemos que ese futuro nunca se cumpla, pero mientras disfrutemos de la posibilidad de sentir placer, quien sabe, quizás algún día de veras nos lo quiten.
Esta película estuvo alguna vez editada en México, quizás ahora pueda conseguirse en el circuito de sex shops o con la siempre orgásmica piratería.
Esta es una mínima muestra del cine que habla sobre diversidad sexual, no son todas las que están ni están todas las que son, pero puedo asegurar que ninguna resultará aburrida. Y al igual que con las películas no pretendo educar ni concienciar a nadie, cada quien es libre de hacer y pensar lo que le venga en gana, incluyendo amar a quien o a lo que desee ¿o no?.
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