La doble moral en México ha sido la culpable de un marcado retraso en temas que son considerados tabú por las buenas conciencias de nuestra hipócrita sociedad. Personas, instituciones y asociaciones civiles erigidas a sí mismas como ejemplo de buenas costumbres se han encargado de coartar la libre expresión de la gente en torno a varios temas, de entre los cuales, la sexualidad parece ser el que mayor temor les infunde.

La sexualidad en todas sus formas ha estado desvinculada de la educación del mexicano, que hasta hace algunos años debía de saciar su curiosidad por medio de las charlas con amigos igual de inexpertos y, por supuesto, con el consumo de pornografía en el mercado negro. Más recientemente una “apertura” de medios permitió que la pornografía impresa se comercializara normalmente en cualquier puesto de revistas. Un paso más adelante, la Secretaría de Gobernación por medio de Radio, Televisión y Cinematografía (RTC) comenzó a expedir las licencias necesarias para la importación, edición y venta legal en comercios establecidos de películas porno explícitamente hardcore.

gente-erotica-1la regia Andrea

Sobra decir que el material original que se encuentra a la venta es en su mayoría de importación. La oferta varía entre pornografía asiática, estadounidense, italiana, sueca y rusa, principalmente, aunque se llegan a encontrara por allí algunas rarezas, aunque no me refiero aquí a las situaciones en que se especialicen, sino a su nacionalidad, pues curiosamente la pornografía mexicana sigue brillando por su casi nula existencia. Hasta en este rubro seguimos siendo tercermundistas, vaya pena.

Aun cuando se sabe que desde la época del cine silente se comenzaron a filmar pequeños cortometrajes explícitamente pornográficos en aquel viejo México -la leyenda urbana cuenta que algunos rollos rescatados están en poder de Filmoteca de la UNAM-, la continuidad o visión, como queramos llamarle, para formar una industria porno en nuestro país no se dio nunca, ni siquiera hacia fines de los setenta o durante la década de los ochenta, cuando nuestra cinematografía se alzó como la campeona de la sexy comedia de encueres y albures, donde un respetuoso erotismo naco dominó las pantallas, pero sin atreverse a ir más allá de las típicas sobaditas, que de tan ensayadas resultaban castas.

Sería hasta 1987 cuando Gabriel Vázquez dirige Las Profesoras del Amor -mezcla de luchadores y humor involuntario con sobradas dosis de sexo explícito- cuando la pornografía hardcore hace su debut formal en la industria mexicana, porque ojo, sí contó con un estreno comercial en las salas de nuestro país, mismo caso de Traficantes de Sexo, dirigida en 1993 por Ángel Rodríguez, ranfla película que so pretexto de hacer una denuncia sobre la prostitución y el SIDA se decanta por una serie de típicas prácticas del porno más rutinario. Con todo, el porno mexicano por fin había llegado… pero no para quedarse.

Aun cuando el uso del video impulsó la facturación de materiales pornográficos en todo el mundo, México nuevamente se rezagó. Pronto aparecieron series de videos que bajo títulos genéricos como Latinas Debutantes o Mexicanas Ardientes ofrecían pornografía nacional apócrifa, siendo en realidad grabaciones realizadas en la franja sur de los Estados Unidos, por lo que lo más correcto sería nombrarlas como pornografía chicana.

Pero hacer una película porno no es fácil. Aunque cualquiera que disponga de una camarita de video puede filmarse a sí mismo y a sus amiguitas teniendo sexo, eso no quiere decir que son capaces de dirigir una película pornográfica, como ejemplo baste ver los miserables videos que grabados con cámaras ocultas en hoteles de paso, son la muestra fehaciente de la estupidez de los pornoastas aficionados.

Sin embargo, desde hace unas cuantas semanas los editores de la publicación mexicana Gente Erótica, se han dedicado a ofrecer junto con su revista de relatos eróticos e intercambios swingers, una serie de videos titulados Colección G. E. El Reino de la Carne y el Éxtasis, cuyo número 4 llegó hasta mis manos, episodio titulado Sueño Erótico, un corto de apenas 26 minutos de duración, que he de admitir me dejó gozosamente sorprendido…

Inmediatamente después de que una cortinilla anuncia la revista Gente Erótica y el nombre genérico de la serie, entramos de lleno al título de este episodio y de allí a la acción. Quién lo dirige o quién lo protagoniza no se sabe, porque lo primero que vemos es como una cámara en mano sigue a una chica de muy buen ver que camina despreocupadamente por un parque, que según los expertos que han analizado junto conmigo este mismo video, parece ser el Naucalli.

Súbitamente esta joven voltea hacia la cámara para preguntar si la están siguiendo y grabando, a lo que una voz anónima -la del camarógrafo, que según el mismo grupo de expertos afirma es idéntica a la Víctor Luján, conductor del programa de televisión Master Show- le responde afirmativamente, iniciándose un diálogo entre ambos sobre las preferencias de ella al momento de hacer el amor.

Primer acierto -que supongo es completamente fortuito-: al mantener el anonimato masculino, se permite que el diálogo entre la chica del parque -que dice llamarse Andrea y ser de Monterrey- sea frontal hacia la cámara, brindando la sensación de que habla directamente con el espectador, llevando la charla a una metafantasía que se estimula aun más cuando Andrea descubre coquetamente sus senos y su mano derecha acaricia despreocupadamente los genitales del hombre, quien mueve la cámara haciendo el movimiento natural de la cabeza humana permitiendo ver esta acción, pero manteniendo la impersonalidad del individuo y, con ello, la sensación de que esa persona frente a Andrea es uno mismo.

Pero creer que este logro fue planificado, es absurdo. El diálogo en el parque concluye cuando Andrea cuenta que su fantasía es que un ladrón entre a su casa estando ella dormida, semidesnuda y que la viole salvajemente. De allí pasamos al Sueño Erótico de la güerquilla. Un hombre enmascarado entra a su habitación y después de sustraer unas joyas chafísimas, se abalanza sobre Andrea, dormida con una mini tanga que deja ver sus muy bien torneadas cartas de presentación, dando inicio el ultraje, cuchillo en mano para amagarla, aunque claro, a los dos minutos ambos se muestran demasiado complacientes como para creer que en realidad se trata de una violación.

La retahíla de faenas no es nada fuera de lo común: cunilingus y fellatios, penetraciones vaginales y anales; posiciones efectivas, aunque con poca imaginación. Sin embargo, este Sueño Erótico deja ver que detrás de la cámara está alguien con el sentido suficiente como para realizar una película porno decente. Desde el inicio de la fantasía se preocupa por colocar intercortes que dan cierta soltura a la narración -manos que abren puertas, un cuchillo que se pretende amenazante, acercamientos al rostro de Andrea, las joyas hurtadas-, es decir, no lo graba de golpe y directo al bulto en antiestéticos planos abiertos.

Este realizador anónimo muestra conocimiento del género y sus constantes, preocupándose por presentar un ambiente decoroso y una grabación limpia e iluminada y, aunque se nota que está echa con una sola cámara, ésta se posiciona de manera adecuada en los emplazamientos necesarios para hacer explícitos los planos de acercamiento donde lengua, vagina, pene y ano se hacen específicos en su trabajo, cumpliendo eficazmente con su condición de lo pornográfico, a diferencia de los aberrantes porno aficionados comentados arriba, que se van por la grabación de dos cuerpos espasmódicos que dan la nauseabunda sensación de una amorfa masa de carne temblorosa.

Finalmente dos cosas. Primero, si éste es un video producido por la propia gente de la revista Gente Erótica, que bueno, bastante falta hacen producciones pornográficas realizadas por y para mexicanos, pues aquellas gigantescas rubias suecas son más fetiche que fantasía, y la identificación con una figura -muy buena, por cierto- como la de esta Andrea, permite al espectador nacional hacer de ella una ilusión más cercana, porque a diferencia de la sueca, la regiomontana bien podría ser nuestra vecina, situación que le brinda un plus de cachondez.

Segundo; tal vez por pena, tal vez por miedo social al tan mentado “que dirán” se han omitido aquí los nombres de los participantes, aun cuando pudieron haber echado mano de pseudónimos. La persona que dirigió este porno-short bien merece ser conocido con un nombre propio que le sirva para hacer reconocibles sus productos. El actor, que se ve sudó la gota gorda, puede no ser John Holmes, vamos, ni siquiera llega a un simpático Ron Jeremy, pero, ¿por qué ocultarse? Así no podrá presumir ni con sus amigos.

Mejor aprendan de Andrea -¿será su nombre real?- que a pesar de notarse nerviosa por atender a las indicaciones y ver en muchas ocasiones directo a la cámara, da la cara -y todo lo demás- con un decoro digno de aplauso. Espero poder verla en futuras entregas de esta Colección G. E., o ¿por qué no? en otros videos hechos en México. Con suerte se convierte en nuestra pornostar de cabecera… y si alguien la conoce, díganle que me escriba, porque ya soy su fan.