Revista Cinefagia

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En el país de los cinéfilos, el cinéfago es rey

Hedwig and the Angry Inch. Mi otro pene es una vagina.

Por: Rodrigo Vidal Tamayo

Somos fenómenos, seguimos el código de los fenómenos
Somos fenómenos, apártense y eso es todo
Somos fenómenos, nos cogemos a quien nos place y hacemos lo que elegimos
No somos malos, no somos una enfermedad y no estamos confundidos

Freaks (Fenómenos).

1.

Los musicales son las películas más horribles de este planeta. ¿Quién puede soportar a un grupo de gente bonita cantando sandeces para lograr un mundo mejor o hacernos sentir “vivos”? Si a lo anterior le añadimos unos bailables asquerosos y canciones que han quedado clavadas en la memoria colectiva podemos hacernos una idea de porque el mundo está como está. Si por lo menos las canciones de esas películas realmente intentaran reflejar la realidad tal y como es y si sus personajes no fueran tan acartonados a lo mejor no serían tan repugnantes.

Y justo cuando creíamos que este género había desaparecido, la onda retro que está supliendo a la imaginación hollywoodense nos hace llegar otra vez películas bobas y sin sentido, pero lo peor es que se están conviertiendo en auténticos éxitos, lo que redunda a la hora de recibir oscares (“Como si eso importara” Marco González dixit), nomás échenle un ojo a bazofias como Chicago o Moulin Rouge. Marx, ¿qué hicimos para merecer esto?

Pero siendo sincero, sí existen algunos musicales decentes y curiosamente son aquellos que se acercan al terreno del cine fantástico y que inevitablemente constituyen una parodia de aquellas películas supercalifragilisticasespialidosas quierovivirenamericanas y que lo incitan a uno a bailar con reyes. Y no, no me refiero a Vaselina ni a La Novicia Rebelde, que de seguro hicieron las delicias de más de uno durante la infancia. Sin temor a equivocarme puedo decir que películas como El Show de Terror de Rocky y La Felicidad de los Katakuris son ejemplares a la hora de mostrar lo que se puede hacer con mucha imaginación y ganas de joder. Eso sin mencionar que una cinta como Hedwig and the Angry Inch contiene la mejor banda sonora que un musical pueda desear.

Una larga historia en corto
Cuando desperté de la operación estaba sangrando ahí abajo
Sangrando de la herida entre mis piernas
Es mi primer día como mujer y ya es ese día del mes

Angry Inch (Pulgada furiosa)

2.

Concebida originalmente como una obra de teatro de esas estilo Broadway (irónicamente nunca se estrenó ahí), Hedwig… es una rareza en el mundillo de los musicales, tanto por su excepcional banda sonora en forma de ópera rock como por el tema tan duro que trata: la búsqueda y rechazo de la identidad personal. En lugar de hablar de lo bella que es la amistad, lo bonito que es luchar por el amor imposible o lo satisfactorio que es educar a una bola de malcriados, el director, escritor y actor John Cameron Mitchell, junto con el compositor Stephen Trask, nos llevan a un recorrido por la vida de Hedwig, antes llamado Hansel, un homosexual quien es obligado a someterse a una operación de cambio de sexo (jarocha dirían los del barrio bravo) para acabar con “una pulgada de carne donde mi pene solía estar, donde mi vagina nunca estuvo”, lo cual le ocasiona una confusión psicofisiológica, así como social, aunado al fracaso como estrella de rock.

En esta película podemos ser testigos de cómo la identidad es algo radicalmente intrínseco a cada uno de nosotros y no puede ser regida por convencionalismos sociales. El ¿la? Pobre Hedwig era un homosexual que estaba contento con su cuerpo, cuando es obligado a mutilarse viene la confusión acerca de su verdadero yo, lo que le acarrea un descontento que se ve reflejado en su actitud hacia sus compañeros de banda (The Angry Inch), hacia sus parejas y hacia la vida en general y hacia él mismo.

¿Y con que gente puede relacionarse Hedwig? Ahí está Luther, el militar que lo engaña para cortarse el pajarito. También tenemos a Tommy, un chiquillo que representa la inocencia e ingenuidad que Hedwig nunca tuvo y que acaba por transársela. Pero sobre ambos destaca la presencia de Yitzak, un personaje ambiguo que nunca define si es una lesbiana travesti o una transexual (*), el caso es que intenta ser el hombre de la vida de Hedwig, pero acaba hartándose de los malos modos y tratos a los que es sometida (o). Resulta ser uno de los personajes más complicados de esta película y en general de todo el cine, al que hay que conocer en la pantalla para tratar de descifrarla.

La película esta narrada como una comedia bastante ácida y amarga. Uno no puede más que sonreír ante lo irónico y sarcástico de la vida de Hedwig, la cual parece más una broma pesada del arquitecto cósmico que las consecuencias de sus decisiones. Quizás lo que más vale la pena del filme es que al final uno se pregunta si realmente alguien merece todo eso nomás por ser y/o pensar diferente. El caso es que además de ponernos a cantar y balar, la película también nos hará pensar y revalorar esa condición que es quizá la única que nos diferencia de los demás animales, la utilización del libre albedrío.

Me maquillé
Encendí la cassettera
Y me puse la peluca otra vez
Repentinamente me convertí en la reina del baile
Hasta que llegué a casa
Y me metí a la cama

Wig in a box /Peluca en la caja).

3.

Pocas son las películas que logran una fusión con su banda sonora. En estos momentos sólo recuerdo dos: Rojo Profundo (Profondo Rosso, Dario Argento, 1975) y La Guerra de las Galaxias. En la primera es la música la que hace que se nos crispen los pelos del cutis, objetivo primario del cine de terror. En la segunda, la esperanza y la angustia son mantenidas únicamente con variaciones en el tempo e instrumentación de los dos temas principales.

En el caso de Hedwig… las canciones que conforman al musical son perfectas, contagiándonos de los sentimientos que pretenden proyectar. Es de agradecer que hayan sido escritas a ritmo de rock setentero, todo estrambótico y sinfónico y en algunas partes pegándole al rock duro, nada de niñerías. La música tiene la fuerza para levantar cualquier ánimo o para sumirnos en una gran depresión.

Y hay que poner especial atención a las letras de las canciones, que son tan duras como la música misma. Si no me creen échenle un vistazo a las que están en ciertas partes del presente texto, aunque les recomiendo que las busquen completas para que se den una idea de la genialidad del compositor. Incluso existe un album tributo a la música de la película con artistas como The Breeders, Frank Black, They Might Be Giants y la siempre maldita Yoko Ono, reinterpretando toda la banda sonora y rindiéndole un merecidísimo tributo.

Así que piensas que sólo una mujer
Puede amar verdaderamente a un hombre
Entonces cómprame el vestido
Y seré más mujer de lo que un hombre como tu puede aguantar

Sugar Daddy (Papacito)

4.

Es difícil saber por qué Hedwig and the Angry Inch no llegó a las pantallas mexicanas. Homosexuales, sexo, travestis, deseo y rock son temas que a la censura mexinaca no le agradan. Afortunadamente los corsarios del asfalto (piratas, pues) la pusieron disposición a del respetable y esos maravillosos canales de televisión de paga la han estado transmitiendo. Ojalá a alguien se le ocurra editarla en dvd por estos lares (pero con todo y los extras ¿eh?) y la película pueda salir de la no muy orgullosa sección de los cinéditos. Realmente vale la pena.

HEDWIG AND THE ANGRY INCH
Dirección, Guión: John Cameron Mitchell; Productor: Pamela Koffler, Katie Roumel, Christine Vachon; Fotografía: Frank G. DeMarco; Música: Stephen Trask; Edición: Andrew Marcus; Elenco: John Cameron Mitchell (Hedwig Robinson / Hansel), Michael Pitt (Tommy Gnosis), Miriam Shor (Yitzhak), Stephen Trask (Skszp), Theodore Liscinski (Jacek), Rob Campbell (Krzysztoff), Michael Aronov (Schlatko)
Estados Unidos, 2001, 95 min.
Participaciones: American Choreography Awards, 2002 (Jerry Mitchell, nominado); Austin Gay & Lesbian International Film Festival, 2001 (John Cameron Mitchell, premio GLIFF a la mejor película); Festival Internacional de Cine de Berlín, 2001 (John Cameron Mitchell, Teddy a la mejor película); British Independent Film Awards, 2001 (nominada como mejor película extranjera); Costume Designers Guild Awards, 2002 (Arianne Phillips, CDG Award); Festival de Cine de Deauville, 2001 (John Cameron Mitchell, premio CinéLive, premio de la crítica, premio especial); GLAAD Media Awards, 2002 (mejor película); Festival de Cine de Gijón, 2001 (John Cameron Mitchell, mejor actor, nominada como mejor película); Glitter Awards, 2002 (John Cameron Mitchell, mejor película); Golden Globes, 2002 (John Cameron Mitchell, nominado como mejor actor en comedia o musical); Festival Sundance, 2001 (John Cameron Mitchell, premio del público, premio de los directores, nominado al premio del jurado); Independent Spirit Awards, 2002 (Frank G. DeMarco, nominado por la mejor fotografía, John Cameron Mitchell, nominado como mejor director, nominado como mejor actor protagónico, nominado por el mejor guión, Christine Vachon, Katie Roumel, Pamela Koffler, nominadas por la mejor película)

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