Revista Cinefagia

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En el país de los cinéfilos, el cinéfago es rey

Inframundo

Apenas la semana pasada me quejaba de lo pedinches y contentadizos que son los aficionados al cine de terror, a propósito de El Amanecer de los Muertos, y ahora tengo otra oportunidad para hacerlo con el estreno de Underworld, cinta que enfrenta a vampiros y hombres lobo y que finalmente llega a las pantallas mexicanas con varios meses de retraso, cuando ya muchos tuvieron la oportunidad de verla en el circuito de distribución alternativa (vulgo piratería) y que en su paso por la cartelera gringa cosechó comentarios muy negativos.

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La crítica seria y las publicaciones especializadas en el género no dudaron en calificarla de decepcionante, absurda, superficial, etc. Era de esperarse que los críticos mainstream la despreciaran. El cine fantástico es algo que no entienden ni les interesa. Pedirles que se rebajen a ver películas de zombies o extraterrestres es peor que mentarles la madre.

En un mundo ideal las publicaciones especializadas en cine fantástico entrarían al quite con comentarios inteligentes, serios y objetivos. La cruda realidad es que en la mayoría de las revistas y sitios de internet dedicados al tema predomina la mediocridad. En la mayoría de los casos los responsables de los mismos se limitan a escenificar berrinches, regañando a los cineastas que no les cumplen todos sus caprichos y exhibiendo una bochornosa ignorancia del género que dicen estimar.

A Len Wiseman y Danny McBride, director y guionista respectivamente, lo primero que le reprocharon los fans de los vampiros y los hombres lobo fue no respetar las “reglas” que existen sobre estos dos monstruos. En Underworld los vampiros tienen espejos, no se transforman en lobos, pueden entrar a una casa sin ser invitados, sucumben ante las balas (que son especialmente fabricadas por los hombres lobo para contener luz ultravioleta) y en ningún momento son amenazados por estacas o ajo. En el caso de los licántropos las reglas no son tan numerosas y por lo tanto los cineastas no tuvieron tantas oportunidades para despertar la ira de los aficionados. Lo cual no evitó que éstos se quejaran de que los hombres lobo usen armas de fuego.

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Habría que recordarles a los fans unas cuantas cosas. Por principio de cuentas, los vampiros y los licántropos no existen. Por lo tanto cualquier escritor, pintor o cineasta tiene la libertad de retratarlos como se le pegue la gana. Otro detalle que no hay que perder de vista es que la iconografía de estas dos creaturas es algo muy reciente. Casi todas las “reglas” de los vampiros fueron inventadas por Bram Stoker hace apenas 100 años. Sin embargo, los fans exigen que todas las películas del género muestren el debido respeto hacia estas reglas arbitrarias, so pena de ser denunciadas como ilógicas y poco creíbles.

Es cierto que los vampiros de Underworld no tienen mucho que ver con los de las películas de Hammer y Universal. A decir verdad, parecen inspirarse más en Matrix que en cualquier otra cinta, con lo que el personaje principal resulta ser una especie de María Pistolas Leather, algo muy lejano de la típica vampiresa de este género. En otros aspectos, Underworld respeta las convenciones del género. Los vampiros son refinados aristócratas mientras que los licántropos son adecuadamente bestiales. Se agradece que los vampiros no sean tan llorones y amariconados como los de los darketos.

La historia, que al principio se limita a mostrar mucha balacera y patadas en cámara lenta, en realidad es más interesante de lo que cabría esperar. Narra el enfrentamiento milenario entre vampiros y licántropos en el momento en que el líder de los hombres lobo se apresta a lanzar un atrevido ataque contra los vampiros, que alterará las reglas del juego y le permitirá ajustar cuentas con un viejo enemigo. Todo esto involucra una serie de traiciones y engaños que permiten que el argumento sea entretenido a pesar de su falta de ambición. Es evidente que lo único que le interesaba al escritor era darle un pretexto a los personajes para agarrarse a balazos.

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Una de las críticas justificadas que se le hicieron a la película es que deja de lado a los personajes más interesantes para concentrarse en una trivial historia de amor entre la vampira Selene (Kate Beckinsdale) y el humano Michael (Scott Speedsman). Una de las prácticas más extendidas y desafortunadas de Hollywood es buscar lo que se llama el high concept. Es decir, una idea para una película que se pueda resumir en una sola frase y que supuestamente es una fórmula infalible para lograr el éxito en taquilla. En el caso de Underworld el high concept era indudablemente “Romeo y Julieta con vampiros y hombres lobo”.

El único problema con esto es que la relación prohibida entre la vampira y el licántropo es de lo más aburrido e intrascendente. De hecho, parece que a la película le fueron cortadas varias escenas donde se ahondaba en este romance. Los productores prefirieron darle mayor peso a las secuencias de acción y no se equivocaron. La rivalidad de güelfos y gibelinos entre los clanes de hombres lobo y vampiros es mucho más entretenida que los amoríos de los protagonistas. Hasta se les puede perdonar a los productores que la relación entre Selene y Michael se desarrolle con demasiada rapidez: en una escena se conocen en medio de una balacera y a la siguiente se juran amor eterno.

Uno de los pocos aspectos positivos que la crítica le encontró a Underworld fue que Kate Beckinsdale se ve bien buena en su traje de cuero. Como siempre, tengo que disentir. En mi humilde opinión la Beckinsdale es una escoba con faldas, tiene el cuerpo de una niña de doce años y por momentos uno no sabe si la está viendo de frente o de espaldas. Quién sabe qué le vió el director Wiseman, quien además de esmerarse en fotografiarla de la manera más favorable posible, acabó involucrándose con la actriz, a pesar de que ésta ya estaba arrejuntada y tenía un hijo con el actor Michael Sheen.

Dejando de lado el nulo sex appeal de Kate Beckinsdale, puedo recomendar Underworld con algunas reservas. No esperen una obra maestra del cine de terror, ni una historia profunda e intelectual, y no saldrán decepcionados del cine. Tomando en cuenta que el director sólo aspiraba a divertir al espectador durante un par de horas, se puede considerar que este descenso al Inframundo bien vale el boleto. Lo único que sí me resultó bastante molesto es el soundtrack, que incluye de manera constante el más adocenado de los subgéneros metaleros, el nü metal.

Sitio Oficial: movies.filmax.com/underworld/

INFRAMUNDO
(Underworld)
Dirección: Len Wiseman; Guión: Danny McBride; Producción: Gary Lucchesi, Tom Rosenberg, Richard S. Wright; Fotografía: Tony Pierce-Roberts; Música: Paul Haslinger; Edición: Martin Hunter; Elenco: Kate Beckinsdale (Selene), Scott Speedman (Michael), Michael Sheen (Lucian), Shane Brolly (Kraven), Bill Nighy (Viktor), Erwin Leder (Singe), Sophia Myles (Erika), Kevin Grevioux (Raze)
EE.UU.-Alemania-Inglaterra-Hungría, 2003, 121 min.

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