En los 60 Luis Alcoriza se convirtió en uno de los directores predilectos de la crítica “seria” que por esos años apenas comenzaba a levantar cabeza y que ya estaba desesperada por no encontrar en México cineastas comparables a los de la nouvelle vague. Alcoriza tenía el privilegio de haber colaborado con Luis Buñuel y tuvo entonces la fortuna de dirigir tres películas que eran exactamente lo que los críticos esperaban para nombrarlo como un realizador importantísimo. Me refiero a la trilogía T, formada por Tiburoneros, Tlayucan y Tarahumara, que daba una versión de la provincia mexicana que era lo contrario de lo que se había explotado a partir de 1936 con Allá en el Rancho Grande.

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Esto provocó que otras películas de Alcoriza fueran injustamente olvidadas. Títulos tan interesantes como Los Jóvenes y El Gangster se mencionan con menos frecuencia que los de la trilogía T o la también célebre Mecánica Nacional. Además son mucho más agradables que las cintas posteriores del director, cuando ya estaba en franca decadencia y sólo podía filmar cosas como A Paso de Cojo o Lo que Importa es Vivir, con la insoportable María Rojo.

Otro factor en contra de El Gangster es que pertenece al tan menospreciado género de la comedia. El mismo Alcoriza declaró que “…fue la primera vez que abordé la comedia comedia. Contra lo que parece, la comedia es un género muy difícil”. Asimismo, autores como Emilio García Riera afirmaron que Alcoriza ya estaba para cosas más importantes, como dando a entender que una simple comedia era una pérdida de tiempo para un realizador que debía dedicarse a la crítica social. Sin embargo, uno de los aspectos más interesantes de El Gangster es que incluye situaciones y diálogos que cuestionaban varios aspectos del mundo civilizado y que por presentarse a manera de broma son más digeribles que los mensajes que Alcoriza incluía en sus películas “serias”.

La trama de El Gangster es muy sencilla. Antonio Paredes, conocido en el bajo mundo como Tony Wall, regresa a México después de una larga carrera criminal que incluyó una estancia en la cárcel y que sólo le dejó unos cuantos millones de cochinos dólares para cuidar a la familia de su hermano, el ya fallecido psicólogo Federico. El mismo Tony fue el encargado de pagarle los estudios a su hermano con lo que obtenía en sus robos y extorsiones, por lo que se muestra muy sorprendido al comprobar al mal estado financiero en el que se encuentran su cuñada Isabel (Ana Luis Peluffo) y sus sobrinos Carito (Angélica María) y Pedro (Fernando Luján). Para remediar esta situación Tony los invita a mudarse a su casa, donde también viven sus antiguos compañeros mafiosos, pájaros de cuenta con nombres como Chuck Gatillo (David Reynoso), rey de la ametralladora y terror de las vitrinas, Maggie Laverne (Sofía Alvarez), gran artista de la poca ropa, Pretty Rito (Pancho Córdoba), inventor del puro de dinamita y de la bomba sorpresa, y Kid Romo (Nathanael León Frankenstein), el chofer de la banda, conocido como el plancha-ciudadanos.

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Muy pronto Tony se da cuenta que su decisión de apartarse del crimen y llevar una vida ejemplar lo ha dejado indefenso frente a las exigencias de su nueva familia. Isabel es la viva imagen de la madre abnegada mexicana, que prefiere dejarse pisotear antes que alzar la voz, lo que no le impide recurrir al chantaje para conseguir joyas y pieles. A pesar de esto, el verdadero dolor de cabeza de Tony son sus sobrinos, que se fingen canonizables pero que son una doble amenaza yeyé. Pedro es un vago sin oficio ni beneficio que se pasa mañana, tarde y noche ensayando con sus amigos un twist muy cotorro intitulado “Quiero Mi Coche”, en el que de forma muy directa le sugiere a su tío que ya le urge tener un automóvil. Por su parte Carito se olvida de sus estudios con tal de ver a su novio Chano (René Cardona Jr.), un tipo celoso y prepotente que golpea a quien se le da la gana con la ayuda de su palomilla y que cuenta con la protección de su padre (Víctor Alcocer), quien presume de influyente y se hace acompañar por dos pistoleros.

Con base en un guión ingenioso y lleno de malicia, El Gangster critica a las respetables familias de clase media que el mismo cine mexicano se encargó de colocar en un pedestal. Todos los intentos de Tony por convertirse en un ciudadano respetable fracasan. Sus sobrinos se enojan porque les da consejos en lugar de efectivo mientras Isabel le narra toda una vida de frustraciones al lado del difunto Federico, que prefería dictar conferencias sobre agnosia topográfica y ambivalencia volitiva que atender las necesidades de su mujer. Hasta cuando intenta dar ejemplos de civismo a Tony le sale el tiro por la culata, como cuando se pasa un alto y exige que lo multen, ante la incredulidad de los policías y las carcajadas de los peatones.

Es fácil adivinar que la paciencia de Tony tiene un límite y que todo terminará cuando el antiguo gangster decida desempolvar su ametralladora y poner en su lugar a todos sus enemigos con la ayuda de su banda. En realidad importa poco que la trama sea predecible. Lo valioso de El Gangster es que le permitió a Alcoriza olvidarse de su afán por hacer cine de denuncia y en su lugar nos ofreció una obra divertida, ágil, con excelentes actuaciones de todo el elenco y que debe ocupar un lugar importante en la filmografía de este director.

EL GANGSTER
Dirección: Luis Alcoriza; Guión: Janet Alcoriza; Producción: Angélica Ortiz; Fotografía: José Ortiz Ramos; Música: Sergio Guerrero; Edición: Eduardo Arjona; Elenco: Arturo de Córdova (Antonio Paredes), Ana Luisa Peluffo (Isabel), Angélica María (Carito), Fernando Luján (Pedro), David Reynoso (Chuck Gatillo), Nathanael León Frankenstein (Kid Romo), Sofía Alvarez (Maggie Laverne), Pancho Córdoba (Pretty Rico), Víctor Alcocer (Teófilo García), René Cardona Jr. (Chano)
México, 1964, 101 min.