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En el país de los cinéfilos, el cinéfago es rey

Entrevista a Christian González (cuarta parte y última)

Entrevista por Marco González Ambriz

Ve a la tercera parte de esta entrevista


Christian González: Yo siento que un gran maestro de cine lo que tiene que hacer es dejar que las cosas sucedan, dejar que pasen las cosas, no estorbar. Cuando tú estás chavo quieres controlar todo, y yo creo que es al revés. Yo soy muy fácil para trabajar. Soy muy accesible. Cuando llego a un lugar a filmar nunca llevo ni plan de trabajo, ni shooting, ni plan de filmación hecho por mí, lo hace el asistente, ni llevo tampoco storyboard.

Yo lo que hago es: llego a una locación y dejo que la misma locación me diga… a lo mejor es una pendejada, pero así lo hago, que me diga dónde pongo la cámara, que me lo pida el espacio. El mismo espacio te dice: mira, aquí, cabrón. ¿Por qué? Porque es aquí. No sé, no me preguntes. Después te dice: la cámara debe estar acá. La película se va armando sola.

Cinefagia: Dices: aquí puedo poner un top shot porque me lo permite el espacio.

Christian González: Una pared puede ser Marte, Venus, la Cineteca, lo que se te pegue la gana, porque tú sí tienes la facultad de ver en el espacio y en el tiempo el cuadro en vacío. El cine es una actividad muy abstracta, por eso la cagan tanto, no es el ego ni los pinches actores.

La dirección de actores es muy difícil porque generalmente los directores no saben qué pedirles, ni se lo saben pedir. El trabajo con actores es involucrarlos en serio para que estén presentes en la pantalla blanca. Por ejemplo, a la actriz que más he regañado en la vida es a Irene Arcila, porque es una gran actriz pero tremendamente desconcertada. Hay una conversación a tres metros y ella está participando en la conversación cuando está a punto de entrar a escena. Ella solita se mete la pata, pero se mete la pata porque como es tan chingona pues confía mucho en su técnica y eso está mal. Eso ni yo. Yo nunca confío ni en lo que hago, siempre estoy con la incertidumbre de qué hice. Ya después en la sala de edición lo hace uno, pero a mí sí me impone la pantalla en blanco, sí creo en ese principio.

Creo firmemente lo que dice Figueroa, que no creo que sea ningún tonto, porque serán muy chingones ahorita toda esa bola de …, pero a Figueroa no creo que le lleguen todavía, en la época de Figueroa, porque Figueroa era un personaje que tenía criterio propio. No es el criterio del productor que te dice cómo hacer las cosas. Figueroa sí era un personaje con personalidad bien definida y propia y él siempre estuvo chingando, las dos veces que platiqué con él, una en lo personal y otra en el CUEC en una conferencia, decía: “el cine se hace con los elementos más sencillos y con sentido común”.

Las premisas más sencillas, como “haz que tu película se trate de algo” y tú dices, bueno, de qué se trata. Algo, cuéntame algo. Fulano va y mata y lo meten al… Ya, contaste algo, ahora sí, haz la historia, ya le puedes meter cosas, pero debe tener una premisa.

Todos estos son fundamentos que se oyen ridículos, que generalmente en el CUEC les pasan de noche, porque es gente que no ha trabajado en el cine profesional ni vive de eso. Viven del cuento pero no viven del cine.

Cinefagia: Ya hablaste de actores que están metidos en otra cosa, que no te han respondido bien o que no son lo que debería ser un actor, ¿qué actores de videohome sientes que sí tienen la capacidad de hacer cosas interesantes? Si los tomaran en cuenta para el “nuevo cine mexicano”, porque están muy cerrados ahí también, ¿de quién puedes decir “este güey está para grandes cosas”?

Christian González: Yo le dije una cosa a Gibrán (González), que le dolió y espero que me haga caso. No lo creo. Le dije: “tú no tienes talento, o sea que estás jodido”. Los que no tienen talento tienen que trabajar un chingo, capacitarse, obsesionarse… y la llegan a hacer. Un ejemplo es Edith González, que es una actriz mala. Esa mujer no tenía nada de talento, pero a base de chingar y chingar y chingar pues es una actriz, le pides cosas y te las hace.

Desgraciadamente, lo mediático que es el videohome no les permite a estos posibles actores llegar a serlo. Estoy hablando para proyectos serios, porque para una chingadera, pues cualquiera.

Cinefagia: Para aventar mentadas y balazos…

Christian González: … hasta yo lo hago, y lo hago bien. Yo, de quien veo de la gente del videohome… y es muy difícil porque no hay mucho… Te puedo decir de muchos que no, pero esos no valen la pena. El que sí podría hacer cine grande… ¿sabes quien sí podría? Alan Ciangherotti. Pero ya lo besó el diablo, cabrón. Alan está en la película de afuera. Y se lo digo en su cara, si lo lee, qué bueno. Alan sí podría porque tiene talento. Tiene instinto para esto. Lo entiende. Pero le da hueva, es huevón y se repite mucho, pero sí tiene como un perfil que podría, podría. Pero no respeta la cámara, no respeta el set. Por ejemplo, un día me lo caché leyendo un guión de otra película que iba a empezar el lunes y lo regañé, le dije: “no, cabrón, ahorita estás metido en esto”.

Y tú no sabes, a lo mejor un día un güey encuentra tirado el pinche cassette en la calle y lo ve y dice “a ese güey lo quiero yo”. Porque esas cosas pasan, son mágicas. A mí sí me han llamado para hacer una película grande, o cuates que dicen “oye, yo vi tal churro tuyo”, un productor importante te llama, o tú vas con tu película. Primero le quitas la cubierta de La Raza, porque son pa´ que no las vea nadie y le dices “usted vea la película”. Es más, le quitas los créditos, le dices “vea mi escena nada más”, y sí la ven porque es cine.

De las mujeres, está cabrón. Siento que Yesenia (Spezzia) sí es una chica que podría. Voy a mencionar a tres actores que sí podrían alcanzar ese rango que son Yesenia, Alexa (Castillo), Alan Ciangherotti… También a Alejandra Anaya y Socorro Miranda, que han hecho películas conmigo. Creo que son más mujeres y son a las que menos chance les dan. Son mucho mejores.

En el caso de Alexa, la misma Yesenia, incluso Alejandra, les estorba mucho su problemática personal. Ellas no alcanzan a ver las posibilidades que tienen. Sobre todo Alexa. Es un caso de que no alcanza a ver quién es, no se da cuenta de todas las virtudes que tiene.

Cinefagia: ¿No se la cree?

Christian González: Más bien no lo quiere aceptar. Cuando yo me digo: “yo, Christian González, soy muy chingón”. Me echo mis aplausos, digo: “dirijo muy chingón, escribo muy chingón, edito muy chingón…” ¡Eso es una puta responsabilidad, cabrón! No es como decir “¡ay, qué chingón!, ¡uy, qué bonito!” No, es un pinche compromiso. Cuando un güey me llama y me dice “te doy los ahorros de mi vida para que me hagas una película chingona”, pues me pone a cagar de miedo porque está confiando en mí.

Y esta gente no se la cree. No creen que ellos puedan hacer la diferencia en una película y al estilo de Irene Arcila hacen todo lo posible por boicotearse su carrera. Pero lo hacen y se meten al videohome, porque el videohome es un karma, es un ambiente muy duro, es un ambiente tan generoso que permite que hasta los mediocres se cuelen… y por la puerta grande.

Pero esta gente no entiende que estas carreras se hacen de tiempo y de resistencia. Para adueñarse de la pantalla blanca hay que tener la misma entrega como cuando te clavas con una vieja y dices “ésta es la vieja de mi vida, es ésa”, o cuando tú dices, “yo voy a ser cineasta y chingue su madre el mundo”. Pues sí, todos los que pasamos por una escuela de cine pensamos eso alguna vez, pero cuando llega la realidad y te dice “¿vas a dar las nalgas por el cine? pues presta, cabrón”. Cuando la ves, la de a de veras, dices que no, pero esto es lo que querías. Esto es el cine, no es lo bonito, no es el festival…

Cinefagia: …que te tomen fotos y la alfombra roja…

Christian González: No, no es eso. Es chinga. Yo quise jugar al jueguito del festival, pero te tienes que hacer mediocre, cabrón. Mediocre en el sentido de que hay que mamar muchos pitos de los funcionarios y estar en las relaciones públicas.

Cinefagia: Abrazar enemigos, dar coba.

Christian González: En cambio, en el videohome el juego es muy limpio. ¿Se vendieron tus pinches cassettes? Funcionas. Yo tengo un año de trabajar sin Felipe (Pérez Arroyo) porque estoy hasta la madre, pero yo sé que tengo la puerta abierta ahí, aunque le caiga mal, aunque me odie, e igual yo, porque los dos estamos en el mismo negocio. Y no lo odio ni me cae mal, es una persona que quiero bastante. Me ha echado la mano cuando más lo he necesitado. Por ese simple hecho yo soy su aliado. No soy su amigo. Soy su aliado, que yo creo que es más importante.

Cinefagia: Porque también luego se confunden las cosas.

Christian González: Porque aquí ser amigo a lo mexicano es: te chingan y te aguantas.

Cinefagia: Se están aprovechando de ti y aguantas vara porque es mi cuate y cómo le voy a decir…

Christian González: Cuando hablé de los actores dije que todos los actores están jodidos. Están jodídisimos. Las viejas tienen más posibilidades. Alan también y lo tiene a pesar de él. Los demás sí están jodidos, que se busquen otra profesión.

Para empezar, no respetan su trabajo. Ninguno de los actores de videohome. Ni a su trabajo ni a sí mismos y eso está muy cabrón. Yo sí respeto mucho lo que hago. Se nota. Si tú te fijas los videohomes que yo hago se destacan. ¿Por qué? Porque parecen cine. ¿Por qué? Porque respeto mi trabajo. Aunque haga una cagada, algo se ve ahí, como unas películas que hice en Veracruz que son horripilantes.

Cinefagia: Ah, sí, Me Salió Cabrón, y esta otra…

Christian González: Sí, que no tenían por qué llamarse así, que además son ideas del productor y de otra gente que planeaban hacer una maravilla. Querían descubrir el hilo negro. Yo la hice porque pagaban bien pero comprendí que milagros no hago. La película está muy bien filmada, pero no tiene nada de historia, no tiene conflicto, no había de dónde agarrarse. No hay contenido.

Otra actriz que podría yo agregar es precisamente la que salió en esa película de Veracruz. Es chingona la vieja. Aleyda Gallardo. Esa vieja ya es una realidad.

Cinefagia: No promete.

Christian González: No promete, ya es una realidad. Lo que pasa es que tiene todo. Tiene belleza física. Es desinhibida. Tiene temperamento. Tiene decisión. Es sensual. Es camaleónica. Te llena el pinche hueco. Lo único que necesita es un cabrón que crea en ella, hasta la madre.

Pero después, pinche gente, te la quieres jugar con ellos y cuando les das el chance es cuando más la cagan. Yo me he llevado a gente a otras películas más importantes, gente de Felipe, y la cagan como allá, porque lo único que les interesa es ver qué hay por fuera del set y no lo que hay en el set. No se dan cuenta que esto es como botellas que lanzas al mar con el mensaje “soy buen actor”. Tú no sabes qué día va a pegar. A lo mejor sí pega un día.

Cinefagia: Lo llega a ver alguien hasta en otro país y dice “éste me sirve”

Christian González: Un día me hablaron de la distribuidora en EE.UU., de Million Dollar, para decirme que había un señor que compraba mis películas y que daba clases con ellas en UCLA. Nunca localizé al maestro. A lo mejor era la clase de lo que no se debía hacer. Pero se le hacía raro, era un cine muy peculiar.

En el mundo videohomero permea la mediocridad y el bullshit igual que en el cine grande. Los dos polos son igualitos. Pendejada por todos lados, falta de sentido común, falta de sentido común. Cada día los directores son menos directores. En los dos polos. Cada vez los actores actúan menos y los fotógrafos hacen cosas muy bonitas pero sin un sentido.

Cinefagia: Hablando de Shibari, ¿surge este proyecto del hartazgo de trabajar en videohome o había otro motivo para hacerlo?

Christian González: Es el hartazgo. Llega un momento en que había hecho muchas películas con las que no estaba convencido y ahora que las veo son muy buenas las pinches películas. Sin embargo, las que tuve que hacer después para poder pagar Shibari estuvieron peor, cabrón. Tuve que hace unos pinches churros. En el tiempo que hice Shibari fue que nació esta generación de actores improvisados.

Shibari nace por esa necesidad de poner a prueba mis capacidades y nace con las condiciones que me obligan a hacer Shibari, específicamente Shibari. Yo quería hacer primero Bolero de Noche, que estaba planteada como mi regreso al cine grande, de 35mm. Escribo el guión, que es un muy buen guión y todo el mundo le pinta huevos, algo que yo no entiendo. Es un buen guión y le pintaron huevos. Años más tarde ganó el premio del Film Market y ahora me dicen “sí, tenías razón, era muy buen guión”. Ahora sí, probablemente en el 2004 la haga, pero en digital o en super 16, con gente que confía en mí.

Después quiero hacer Ansío Tus Labios De Rojo Fuego, que es otro guión muy bueno que tengo. Ya fue a un festival y no ganó, pero fue, la seleccionaron. Es un tema de los míos, así fuerte. Es una película vernácula. Es la película ranchera mexicana de gays. Es un tema que le traigo muchas ganas y es durísima. } Es más cabrona que Imperio de los Malditos, con eso te digo todo.

No junté la lana porque una persona de Europa no quiso entrarle a este proyecto, quería que fuera una película porno gay y yo no estaba dispuesto, o que fuera una película de arte. Lo que me cuestionaba mucho era que yo quisiera trabajar con actores de tipo mexicano, que me encantan, que sean prietos…

Cinefagia: …con los pelos parados…

Christian González: y bigotones. En Shibari una de las actrices es Patricia Páramo, que siempre la llevan a las películas gringas que se hacen en México porque parece mexicana, y es mexicana y es muy guapa la señora. En Televisa o en Televisión Azteca siempre la llevan de gata, le dan los papeles de la chacha.

Yo sí quería poner en práctica eso. Shibari lo tengo que escribir para los recursos que tengo. Contaba con material, con esta lanita, escribo Shibari pensando en eso y es algo que me obliga a hacerla. La tengo que hacer “de arte” a huevo, porque para llegar al 35 si yo me pongo a hacer una mamada de videohome es como si la hubiera hecho en 16. Tengo que darle un sentido artístico y erótico a la madre ésta, La película es un experimento de lenguaje más que nada. Me clavé mucho en todo lo que había aprendido con los guiones anteriores.

Hago Shibari en respuesta a algo que yo había visto en el cine mexicano y en la televisión. El lenguaje es muy obvio. El lenguaje es para que la gente entienda. Esa es la formación del cineasta mexicano. “Tengo que justificar”. “Se me tiene que entender”. “Tengo que explicar”. “Tengo que hacer que todo el mundo entienda”. “Tengo que hacer que todo mundo comprenda mi película”. No, carajo. El cine es para que vivas una experiencia.

Yo escribí una historia narrada de diferentes maneras, de todas las que encontré posibles. No hay “la toma que sigue”. Tú tienes que conectarla con el dato que sigue, pero no te lo estoy dando como estás acostumbrado y esto lo hice del hartazgo de trabajar con guiones muy pinches del cine mexicano. En esas películas los personajes están viendo por los prismáticos y dicen “ahí vienen los malos” y llegan los malos, dicen “atrapemos a los malos” y los atrapan, dicen “vamos a echarle bala a los malos” y les echan bala.

Cinefagia: Sí, guiones muy básicos.

Christian González: La escena típica es donde los personajes dicen “violemos a la muchacha” ¡y la violan!. Es más, hay un actor, no te digo su nombre porque pobrecito, ¡que me actúa las escenas cuando le estoy explicando! Le digo “en esta escena vas a violar a la muchacha” y el güey empieza a jadear, se pone como loco, y le tengo que decir, “no, cabrón, espérate a que entres a escena”. Todo es muy básico.

Cinefagia: Muy obvio.

Christian González: Más obvio que Big Brother. Es más reality show que cine. Imitan a la realidad de una manera impresionante y la realidad no es así. Mucho tiene que quedar a la interpretación. El espectador hace su propia pinche película íntima, eso es lo que vale la pena del cine. Yo me dedico a esto porque es una experiencia íntima. Yo no veo la misma película que tú viste ¡y es la misma pinche película!

Cinefagia: Cada quien tiene su lectura.

Christian González: Claro, en Shibari me preocupaba mucho contarla en diferentes modos. Intrigar de la manera en que cada elemento de la película te iba contando parte de la misma trama, que es muy sencilla al final pero que es muy complicada de contar. Me metí a lo de Shibari porque anduve navegando en internet y me fascinó esta perversión japonesa de los amarres y de los nudos. Además, como yo he hecho mucho de esto en videohome ya hasta tengo mis sitios-homenaje de bondage en el mundo. Me encantó el fetichismo, me puse a hacerlo. Tallereamos a las actrices y sí es una película que tiene otro nivel de actuación y otro nivel de lenguaje. Obviamente por eso la gente se culea porque no es una película que vaya a darle gusto a la gente… que eso no es darle gusto, porque lo que quiere un espectador es que le presentes un reto.

Digo, Shibari no es Mulholland Drive, porque no es pa´l caso, ni tampoco es una película de Greenaway. Pero es una película que trata de jugar con la intimidad del espectador, de hacer que se meta: o te metes o no te metes, es el asunto. Me interesaba mucho dirigir actores a otro nivel. Yo he trabajado una técnica de dirección de actores muy propia, muy inventada con las circunstancias del videohome, y me ha funcionado. Por eso hice la película y después para poderla terminar tuve que hacer muchos churros.

Lo que me divierte de todo esto es pensar que la locura me persigue, o que yo persigo a la locura, quién sabe qué chingados, pero eso sí, mi carrera ha sido muy interesante.

 

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