Suite Habana. La experiencia de estar frente a la pantalla.

Por: Alberto Acuña Navarijo

Para la gente que en verdad va al cine por placer y no por compromiso y/o distracción, cada nueva película vista resulta una experiencia. Puede ser la película que marcó cierta época de nuestras vidas, la que cambió nuestra perspectiva de ver el cine, una cinta que nos hizo pasar un buen rato y ahora consideramos un “placer culpable” o, por el contrario, puede ser una cinta que casi nos hizo cortarnos las venas por ser una total porquería.

Pero pocas veces al estar frente a la pantalla asumimos un reto, una confrontación entre película-espectador y una interacción para el total involucramiento con las imágenes e ideas. Esta oportunidad - aunque no del todo lograda- la representa Suite Habana.

La cinta dirigida por Fernando Pérez Valdés es un curioso experimento: mezclar el documental con la ficción, sin presentar diálogo ni entrevista de ningún tipo, sosteniendo todo el trabajo en sonidos ambientales e incidentales y en una edición funcional, para enseñarnos la vida de un grupo de habitantes de La Habana de diferentes estratos y sectores en un día como cualquier otro para ellos, en donde se combinan todo tipo de situaciones y momentos, desde los conmovedores (como la relación entre un hijo y su padre), amables (el apoyo de un joven hacia a su madre), hasta desgarradores (como una anciana que ha perdido todo, incluyendo las ilusiones).

Este tipo de cine seudo-documental o ficción documentalizada no es del todo nuevo: Koyaanisqatsi (1983), Powaqqatsi (1988), Anima Mundi (1992), Baraka (1992), Alas de Sobrevivencia (2002) o ¡Silencio! (2002) ya habían presentado imagenes sin ningún apoyo de diálogos para realizar, por medio de hilos conductores, viajes que nos mostraban la naturaleza en todo su esplendor, la vida de los animales alvajes, costumbres alrededor del mundo, la migración de todo tipo de aves o la transformación de cierta calle en Rusia. Algo así como turismo extremo secuencial. Es más, cintas de ficción como Los Conspiradores del Placer (1996), Tuvalu (2002) o Adiós Dragon Inn (2003) también prescindían lo más posible de los diálogos, subsistiendo como propuestas artísticas “alternativas”.

En este caso, Suite Habana nos invita a conocer a un niño con Síndrome de Down y su padre arquitecto que ha dejado todo para cuidarlo, un obrero que trabaja en las vías del tren, un médico transformado en payaso, un viejo zapatero, un empleado de un hospital que trabaja en un show nocturno vestido de mujer, una anciana que vende maní y un joven bailarín de ballet que se esfuerza en sacar adelante y reconstruir la casa de su madre. Con ellos llegan a otros que podemos definir como incidentales: los abuelos y maestra del niño, la pareja de la anciana o la familia del joven.

Como si de una obra musical que va de menos a más se tratara, acompañados en todo momento del sonido cotidiano de estos seres, vamos a presenciar un día completo en la capital cubana, donde los personajes descritos, y en general los habitantes de la ciudad, serán nuestros guías, todo mediante segmentos temáticos, sincronizados y embonados perfectamente gracias a una gran edición. Así somos testigos desde que nuestros personajes se levantan para realizar sus respectivas actividades hasta que su jornada ha terminado y con ello vemos el desarrollo de su jornada, la hora del almuerzo, la del descanso, la relación familiar pasando por el acontecer del cubano promedio y por lo que el resto del mundo los reconocemos: la noche de baseball, el baile a ritmo de son, la fabricación de habanos y el paseo por las calles más famosas, intercalándose hasta llegar subitamente al “climax” en pleno mar. En pocas palabras, una postal cinematografica.

A favor de Pérez Valdés y su cinta, puedo comentar que afortunadamente en gran parte de la misma no estamos frente a un retrato tremendista, más allá de lo obvio del objetivo y efecto de ésta. El realizador nos presenta las imagenes, los sonidos y su punto de vista de la situación de su país, pero en ningún momento cuestiona, denuncia, critica, ni manipula. Ha realizado esta cinta para que cada quien bajo su opinión deforme las imagenes, las convierta a su gusto, vea lo que quiera ver y diga lo que quiera decir.

Pero siento que Suite Habana tiene defectos bastante lamentables. De entrada, por momentos, se estanca, no avanza y es muy reiterativa. Además, no hay una delimitación de los personajes y en más de una ocasión uno u otro personaje tiene más peso y deja al resto como secundarios de la manera más arbitraria, como es el caso del doctor que ha optado hacer reír, o el viejo zapatero, y eso le resta méritos.

Lo peor es que es contradictoria. Cuando termina el día, y por ende la cinta, se nos presentan los sueños de las personas que han participado. Durante toda la cinta, Pérez Valdes evitó cualquier efectismo y de repente, cuando menos se espera, lo hecha a perder cuando al ver los sueños de los personajes notamos el desencanto, que es más notable en el caso de la anciana que afirma que ella ha dejado de soñar. Eso confunde: o se está frente a a una película sin pretensiones sociales o se está ante un filme que detrás del truco de la experimentación esconde intenciones más convencionales.

Lo único cierto es que aun con todo el desequilibrio que presenta, donde no se explotó hasta sus últimas consecuencias el proyecto, Suite Habana es poderosa y demoledora. Eso sí, ésta no es una propuesta para todo tipo de público. Si se va más por motivos de obligación que por gusto o interés, definitivamente el tiempo se detendrá y el aburrimiento invadirá rápidamnete al espectador. Así que si tu objetivo al ir al cine es presumir y mantenerte en el asiento estoicamente aunque el hastío te haya derrotado, hazte un favor y ni siquiera te pares en la sala, ya que en este viaje México-La Habana y de regreso, sí hay derecho de admisión.

SUITE HABANA
Dirección, Guión: Fernando Pérez Valdes; Producción: José María Morales, Camilo Vives y Ricardo Evole; Fotografía: Raúl Pérez Ureta; Música: Edesio Alejandro y Ernesto Cisneros; Edición: Julia Yip; Compañías Productoras: Wanda Visión,Instituto Cubano del Arte e Industrias Cinematográficos (ICAIC); Con: Francisquito, Pancho, Juan Carlos, Jorge Luis, Amanda, Ernesto y Waldo
Cuba - España, 2003, 84 min.
Premios y nominaciones: Premios Goya, Madrid, España 2004: nominada al Goya a Mejor Documental (Fernando Péez Valdes) y al Goya a Mejor Pelíula Extranjera en Habla Hispana (Fernando Pérez Valdes, representando a Cuba); Festival de Cine Latinoamericano de La Habana, Cuba 2003: Premios a Mejor Película (Fernando Pérez Valdes), Mejor Director (Fernando Pérez Valdes), Mejor Música (Edesio Alejandro y Ernesto Cisneros), Mejor Sonido (Edesio Alejandro y Fernando Pérez Valdes), Premio Coral a Mejor Poster Promocional (Eduardo Moltó), Premio de la Asociación de la Prensa Cubana, Premio El Megano de la Federación Nacional de Cine Clubes de Cuba, Premio FIPRESCI, Mención Especial del Premio Glauber Rocha de la prensa extranjera acreditada en el Festival, Premio Caminos del Memorial Martin Luther King Jr, Mención Especial del Premio documental Memoria del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau y el Premio del Círculo de Cultura de la Unión de Periodistas de Cuba (todos para Fernando Pérez Valdes); Festival Internacional de Cine de Marrakesh, Marruecos 2003: nominada a la Estrella de Oro a Mejor Película (Fernando Pérez Valdes); Festival Internacional de Cine de San Sebastián, España 2003: Premio SIGNIS de la Asociación Católica Mundial de Comunicación a Mejor Película (Fernando Pérez Valdes) y estuvo nominada a la Concha de Oro a Mejor Película (Fernando Pérez Valdes).

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