Mil nubes de paz cercan el cielo. Amor, jamás acabarás de ser amor.
Por: Alberto Acuña Navarijo
Cuando menos lo esperábamos, cuando menos nos dimos cuenta ocurrió: ser gay está de moda. No me malinterprete la comunidad homosexual o gente que pide respeto e igualdad hacia ellos. El comentario surge debido a que de unos años a la fecha, los medios de comunicación en el mundo han dado cabida a todo tipo de personajes, propuestas y productos hecho para y por homosexuales.
Como dijeran ridículamente los medios para decirlo de un modo amable: el ambiente se ha pintado de rosa y en México como en todo el mundo hemos sido testigos de series de televisión en donde uno o más personajes son gay o lesbianas, escandalosos desfiles y matrimonios, lugares dedicados especialmente para ellos y ellas, una película hardcore con dicha temática (Sexxxcuestro), programas de sexualidad que les da mucha importancia y valor hacia este sector y por supuesto muestras de vulgaridad y mucha naquez de cultura chatarra como son los casos del show de “dizque cabaret” del homosexual y ególatra Horacio Villalobos, tipos que necesitan comer y se vuelven trasvestis para hacer tremendos osos, tipos que aparecen en reality shows que seguramente ni saben qué es ser homosexual y que hablan de sus “experiencias” a la cámara, sufriendo por el rechazo de la sociedad.
Y qué decir de las revistas amarillistas que han usado el tema como el gran gancho publicitario que necesitaban: ahora todos están interesados en saber quien está in por salir del closet o a quién sospechosamente se le vio con otra persona de su mismo sexo en situaciones comprometedoras. Pero lo cierto es que como sucede con la pobreza, drogadicción o violencia, los medios la maquillan, la pintan muy bonito, como diciendo “no importa que seas gay, que tengas Sida o que te drogues, nosotros te aceptamos” Sí, cómo no.
Por ello sin miedo a equivocarme afirmo que si alguien adora, respeta y admira este circo de mal gusto o peor aun es de aquellas personas “abiertas”, “modernas”, “intelectuales”, “transgresoras”, “tolerantes”, o ya de plano “chistositas”, y ve esta cinta con kilométrico nombre y sin nada de artificialidad, la reacción que tendrán será poco satisfactoria y seguramente a más de uno le va a molestar.
Y es que la opera prima de Julián Hernández se aleja de cualquier cliche que al homosexual se le ha endilgado. Aquí no está el diseñador de modas galán que se lleva bien con todas las mujeres y que vive en un penthouse o una zona exclusiva, ni el estilista amanerado, ni el grupo de amigos/amigas que se reúnen en una cafetería para discutir temas banales como la moda, ni mucho menos es un retrato como a Almodóvar le gusta presentar con todo y sus excesos. Es más, ni siquiera se nos muestra como patéticamente se hace en las telenovelas.
Aquí se retrata a personas comunes y corrientes con problemáticas, sentimientos, actitudes y comportamientos más humanos y reales en un ambiente que para mucha gente será ajeno; no se trata de la Condesa, Polanco, Santa Fe, Las Lomas o ya de perdida Coyoacan, ni tampoco barrios dizque jodidones con hartos disfrazes, simplemente la ciudad que todos conocemos y que afortunadamente el realizador quiere mostrar: el metro, el mercado de pulgas, el billar, un condominio X, calles sin adorno alguno, cantinas, y lotes baldios. A esto agréguenle que no hay música de moda, actorcillos de cuarta, fotografía granulosa, ni escenas sexuales mojigatas. En pocas palabras, una propuesta bastante arriesgada desde el nombre mismo y con lo que Hernández se suma a este selecto grupo de directores transformados en verdaderos kamikazes que buscan trascender entrando en una ruta dificil como ha sido los casos de Francisco Athié (Vera), Carlos Reygadas (Japón) o Jorge Aguilera (Seres Humanos).
La premisa es bastante simple, es más, se le puede calificar como una mera anécdota: Gerardo (Juan Carlos Ortuño) es un joven homosexual de 17 años que ha abandonado el seno familiar y que muy de vez en cuando tiene contacto con su hermano y madre. Trabaja en un viejo billar como el mil usos del lugar y es ahí donde conoce a Bruno (Juan Carlos Torres), un cliente de mayor edad con el que mantiene una fugaz pero apasionada relación. Pero un día desconcertado, el chico recibe una carta de Bruno donde le manifiesta que su relación ya no puede continuar, situación que por supuesto él no comprende.
A partir de que recibe el mensaje Gerardo literalmente vaga por la ciudad buscando una respuesta en cada hombre que conoce y con los que mantiene otras fugaces relaciones (aunque sea prostituyéndose, siendo golpeado o humillado), comprando discos que le traen a la memoria su amor perdido, y con el corazón en la mano decide encontrar a como dé lugar a esa persona que le ha dejado una gran huella.
Es ahí donde la cinta toma otros tintes ya que con una gran sobriedad se muestra el drama de Gerardo y sin más nos identificamos con él, ya que no se es necesario ser gay para adentrarse con la historia. A todo el mundo, independientemente de sus preferencias sexuales, le ha pasado lo que aquí se muestra: querer a alguien y no ser correspondido, dejar todo a un lado por ese ser especial. Todos hemos sufrido. Siempre queremos compensar ese vacío con alguien o algo más a sabiendas que no servirá de mucho, y es seguro que todos en algún momento recibimos esa odiosa carta, que tiene el mismo efecto cuando proviene de la niña más popular del colegio, cuando estamos en secundaria, o de alguna otra persona ya bien entrada la edad madura.
La cinta muestra la buena mano que tiene Hernández para la narración (es concreto, con elipsis donde debe haberlas, no dice mucho de sus personajes ya que no quiere dar todo masticado y a la boquita, no deja huecos que rellenar como es costumbre con la mayoría, que siempre se hacen bolas a la hora de resolver esto) y rápidamente le es captada la idea que quería transmitir: una historia de amor, pasión, dolor, encuentros y desencuentros, con personajes y ambientes cercanos. Además tiene una estupenda fotografía y es aderezada con música bastante popular y que seguramente a viejas generaciones les traerán buenos recuerdos (bueno, eso espero).
Como en todos los trabajos hechos por Hernández y la Cooperativa Cinematográfica Morelos (como Hubo un Tiempo en que los Sueños Dieron Paso a Largas Noches de Insomnio 1998, Rubato Lamentoso 2001 o Arrobo 2002, este último dirigido por Roberto Fiesco), se le da una gran importancia a la carga y contenido sexual (que afortunadamente carece de la torpeza a la que nos tiene acostumbrados nuestro “Nuevo Cine Mexicano”, no hay escenas sugeridas, ni chuscas o exageradas, se nos muestra una masturbación, el sexo oral o simplemente una caricia con una normalidad que hasta sorprende). Simplemente no encuentro nada que reprocharle a Hernández y a todo su equipo.
Yo sé que continuamente le estoy echando cacahuate a ese cine nacional hecho por y para niños nice, y seguramente a más de uno le choca lo que digo, pero veo en estas propuestas 0% comerciales y convencionales una sinceridad, maestría y muchas ganas que ya quisieran Sariñana, Iñárritu o Cuarón.
Es cierto, la película es poco accesible, no se digiere tan fácilmente y más de uno pensará que en ella no pasa nada, pero lo que también es cierto es que alguna distribuidora debería ya echarle el ojo, bajar su mirada al fango y darles una oportunidad y todos deberian de prestar a estas expresiones. Ya sé que suena demasiado arriesgado pero en vista de los pocos y mediocres resultados del cine mexicano en los últimos años, películas como Mil Nubes de Paz… son el futuro, un boleto emergente de la industria (adelante, linchénme, pero piensenlo antes).
Sólo me resta decir que sería bueno seguirle la pista a Hernández. Tengo entendido que su próximo proyecto seguirá con una propuesta poco comercial y en donde revivirá a actores que significaron la gloria al cine de los 70 y 80 pero que ahora solo están siendo desperdiciados en las telenovelas más piteras como son Lalo “El Mimo” y Leticia Perdigón. El camino es demasiado largo, como los títulos de sus cintas, pero creánme que si preguntan, mis apuestas van a Hernández.
MIL NUBES DE PAZ CERCAN EL CIELO. AMOR, JAMÁS ACABARÁS DE SER AMOR
Dirección, Guión: Julián Hernández; Producción: Roberto Fiesco; Fotografía: Diego Arizmendi; Edición: Emiliano Arenales Osorio y Jacobo Hernández; Compañías Productoras: Nubes Cine, Cooperativa Cinematografica Morelos, Titan Producciones, IMICNE, Dirección General de Actividades Cinematográficas de la UNAM, CONACULTA-FONCA, Fundaciones Rockefeller-MacArthur, Technikos Post; Con: Juan Carlos Ortuño (Gerardo), Juan Carlos Torres (Bruno),Clarissa Rendón (Nadia), Perla De La Rosa (Anna), Llane Fragoso (Mirella), Martha Gómez (Martha), Rosa María Gómez (Mary), Manuel Grapain Zaquelarez (Jorge), Salvador Hernández (Antonio), Miguel Loaiza (Adrián), Pablo Molina (Andrés), Mario Oliver (Umberto), Pilar Ruiz (Lola)
México, 2003, 82 min.
Participaciones: Ariel 2004, México: Nominada al Ariel a Mejor Película (Julián Hernández), Mejor Director (Julián Hernández), Mejor Actriz de Cuadro (Perla de la Rosa), Mejor Actriz de Reparto (Clarisa Rendón), Mejor Guión Original (Julián Hernández), Mejor Edición (Emiliano Arenales Osorio y Jacobo Hernández ), Mejor Sonido (Enrique L. Rendón Jaramillo, Aurora Ojeda, Neto Gaytán, Eliseo Fernández y Basilio García) y Mejor Opera Prima (Julián Hernández); Festival de Berlín 2003, Alemania: Ganó el Teddy Bear a Mejor Película con Temática Gay (Julián Hernández); Festival Latinoamericano de Lima 2003, Perú: Ganó el Premio a Mejor Opera Prima (Julián Hernández); Muestra de Cine Mexicano de Guadalajara 2003, México: Ganó el Mayahuel a Mejor Director (Julián Hernandez) y Mejor Sonido (Aurora Ojeda) y estuvo nominada a Mejor Película; Festival Internacional de Cine de la Ciudad de México 2004, México: Estuvo nominado a Mejor Opera Prima; Festival de Cine de Bogotá 2003, Colombia: Ganó el Premio a Mejor Película (Julián Hernández)
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