Highlander
Por: Arturo Rojas Rojas
Eso de las cintas de culto puede ser un asunto difícil. Reconocer a una película con este distintivo es una gloria dudosa. Hay producciones que todo mundo sabe ya tienen ese apelativo y nadie duda de ello. Hay algunas que uno no entiende el porqué son buscadas con tal fervor por la gente. Otras, es la crítica especializada quien no entiende cómo se ganaron el nombramiento. En 1986 llegó a nuestra cartelera una cinta cuyo status de “culto” es una de esas extrañezas que aún no se pueden explicar: Highlander, el Inmortal. Permítanme explicarles.
En esta cinta seguimos las aventuras de Connor McLeod, un montañés de las Tierras Altas de Escocia, cuya vida comenzó en el año de Nuestro Señor de 1536. En ese año el joven e inexperto guerrero libra su primera batalla en contra de un clan enemigo que cuenta entre sus filas a un tenebroso caballero negro cuya razón para participar en el combate es encontrar al joven escocés. La batalla comienza, Connor se encuentra con el gigante oscuro quien lo hiere mortalmente, pero antes de que pueda dar el golpe final, el resto del clan McCleod acude en su ayuda. Desgraciadamente no hay nada que hacer y el joven guerrero muere, sólo para volver a la vida unas horas después, avivando el temor y el rechazo de su villa.
Connor es desterrado por su propia familia y huye hasta encontrar un nuevo hogar que ahora comparte con la hermosa Heather con quien desea iniciar una familia. En ese momento aparece Juán Sánchez Villalobos Ramírez, un caballero español que busca al escocés para esclarecer los misterios que hay en su vida y entrenarlo para hacer frente a su destino. Ramírez, McCleod y el guerrero negro, conocido como Kurgan, forman parte de un grupo de hombres, nadie sabe cuántos, que no pueden morir. Seres inmortales que deben pelear entre sí para obtener un grandioso premio que nadie sabe de qué se trata.
Hay sólo unas cuantas reglas que McCleod debe saber: sólo hay una forma de acabar con un inmortal, y esta es cortarle la cabeza, tras lo cual la energía (conocimientos, recuerdos, fuerza, habilidad) del derrotado pasará al vencedor. Un inmortal sólo está a salvo en Terreno Sagrado (templos, santuarios, cementerios) y ninguno de ellos debe romper esa regla. Al final, sólo puede haber uno. Ramírez buscó a Connor para evitar que Kurgan obtenga el premio, o de lo contrario, “la humanidad vivirá una eternidad de oscuridad”.
El mentor del escocés trata de convencerlo de abandonar a Heather. Los inmortales no pueden tener hijos y el español quiere evitarle a su “hermano” el dolor de ver morir a la mujer que ama. Los años pasan, 450 para ser precisos. 1986, los últimos inmortales son atraídos a la Ciudad de Nueva York para librar los enfrentamientos finales en pos del misterioso premio. Desgraciadamente las cosas no son tan sencillas como lo eran antes. Un cadáver decapitado no es algo que se vea muy seguido y la aparición de varios cuerpos sin cabeza hace que la policía inicie una investigación que se interpondrá en el camino de los guerreros ancestrales. McCleod se enfrentará de nuevo a Kurgan al mismo tiempo que libra una batalla consigo mismo para permitirse sentir el amor una vez más. El destino de la humanidad está en manos del escocés.
Highlander, el Inmortal (Higlander, 1985) se convirtió rápidamente en cinta de culto. Una historia fantástica de seres mágicos y misteriosos que compiten por obtener un premio que desconocen, pero que desean e incluso necesitan. Siempre observados por un poder mayor a ellos mismos que al final de la contienda otorgarán el premio al ganador.
Russell Mulcahy tenía en sus manos su segundo largometraje. Ya en Razorback (1984) (¿recuerdan a un jabalí gigante que acosaba a un grupo de personas en las grandes llanuras de Australia?) el director nos presentó su gusto por el uso de la cámara subjetiva que resultó una excelente opción para esta cinta. Con ella permite al espectador formar parte de esa fuerza siempre vigilante que observa y flota alrededor de los inmortales, dándole fuerza y dinámica a su narración a la vez que oculta con velocidad algunas deficiencias en la técnica de los “mejores espadachines” en la historia del mundo.
Aunado a lo anterior Mulcahy tiene el apoyo de una lograda edición con la que va y viene entre el pasado y el presente para narrarnos las peripecias de McCleod a lo largo de estos cuatro siglos y medio de existencia. Palabras, sonidos, lugares que traen a la mente del escocés recuerdos de situaciones similares que ha vivido durante su andar por el mundo; un recurso que volvería a ser usado no sólo en las películas que siguieron a ésta -en lo que terminó siendo un malogrado serial del que ya les hablaré en otro texto- también en una serie de televisión basada en esta cinta.
Otro elemento que sirvió para que Highlander obtuviera reconocimiento en todo el mundo fue sin duda la participación del grupo Queen en la banda sonora. Una serie de canciones que enmarcaban el orgullo, fuerza y poder de los inmortales que los separaba del resto del mundo (”… no tengo rival, ningún hombre puede ser mi igual…”) y el pesar que ello traía consigo (”¿Quién quiere vivir para siempre?… ¿Quién se atreve a amar para siempre?…”).
Esta cualidad de los inmortales, esta bendición y maldición a la vez, es la que impulsa la historia. Seres fantásticos obligados a pelear por un premio que desconocen, sabiendo únicamente que tienen que pelear para mantenerse con vida, a pesar de añorar el silencio y la tranquilidad de la muerte.
McCleod personifica la mejor dicotomía de la historia: un hombre que ha vivido durante casi 500 años, pero que hace mucho teme vivir a plenitud. Un sujeto que aprendió hace mucho tiempo a temerle al dolor de seguir con vida y ver nacer y morir a sus mejores amigos, sufrir la pérdida de la gente que ama sin saber si algún día todo eso terminará.
Esa vulnerabilidad dentro de los seres más poderosos que hayan merodeado la Tierra hace que su público recapacite acerca de esos temas y contemplen la eternidad en los ojos de individuos que han vivido y sufrido, el ser capaces de amar una y otra vez en diferentes tiempos, lugares y situaciones.
Una lectura posterior revela mayor profundidad en la trama de la cinta. ¿Por qué los inmortales no pueden tener hijos? Quizá porque para el grueso de la gente esta es la forma de hacerse inmortales, a través de su descendencia. ¿Para qué querrían perpetuarse aquellos que no pueden morir?
Al final, el premio no es el intercambio de un poder excepcional por otro, sino la conclusión lógica de reunir en una sola mente las vivencias de todos los inmortales que vivieron durante siglos, tal vez milenios. Literalmente un ser que ha visto, vivido y experimentado todo… excepto la alegría de compartirlo con la humanidad y con la mujer que ama. A la vez, el ganador deber realizar una última travesía, pero ahora en términos muy diferentes, y vivir así su última experiencia.
Más de una persona del público verá reflejada en la cinta sus inquietudes acerca de vivir eternamente y sus consecuencias, pero esto le hará reflexionar acerca de las ventajas que traen consigo la mortalidad y, cómo diría hace poco Gandalf, el Gris, “saber cómo usar el tiempo que se nos ha dado”.
HIGHLANDER, EL INMORTAL
(Highlander)
Dirección: Russell Mulcahy; Guión: Gregory Widen, Peter Bellwood, Larry Ferguson; Producción: Peter S. Davis, William N. Panzer; Fotografía: Gerry Fisher; Música: Michael Kamen, Queen; Edición: Peter Honess; Con: Christopher Lambert (Connor McLeod); Roxanne Hart (Brenda J. Wyatt), Clancy Brown (Victor Kruger, The Kurgan), Sean Connery (Juan Sánchez Villalobos Ramírez), Beatie Ednay (Heather MacLeod)
Estados Unidos - Gran Bretaña, 1986 116 min.
