El Cine, una Continuidad en la Discontinuidad del Tiempo (primera parte)
Posted by Revista Cinefagia on 3/02/04 • Categorized as Cinembargo Se Mueve
Por: Roberto Barajas Chávez
Con el cine logramos abandonar este mundo dando origen a los tiempos y espacios imaginarios del arte.
Por espacios imaginarios del arte deberemos entender un mundo posible, y por mundo posible a un sistema de formas bien definidas en nuestro sistema sintético de conocimiento de los fenómenos, pero imaginado en este caso con toda amplitud y libre albedrío.
Pocas cosas como la imaginación son capaces de extraer lo posible de la percepción, pero, ¿son los espacios posibles necesariamente irreales, o tan sólo no necesariamente reales?
Y la memoria histórica, ¿cómo funciona, qué acaso no parte de cierta discontinuidad que finalmente se crea e intenta recrear un orden respectivo basándose en especulaciones sobre los objetos y escrituras descubiertas? Esa es labor del historiador, recabar literalmente pedazos de historia que ayuden a comprender el presente y tal vez un poco más.
Pero esta realidad ordenada y sistemática de la vigilia cotidiana se vuelve complejamente distinta al introducirse al arte, aunque parta de los mismos parámetros. Entrando al fantástico mundo de lo posible y el intercambio de acontecimientos supuestamente ordenados, el arte introduce otros mundos simplemente imaginables, y por lo tanto, posibles sólo en ésta, nuestra imaginación.
En el cine y el arte, en general, se traducen completamente los deseos de la historia del ser humano. Todo lo que desea, sueña o simplemente puede imaginar. David Cronenberg, por ejemplo, mantiene en su obra un discurso constante con realidades alternas provocadas teóricamente por trastornos mentales en los protagonistas de sus filmes. Tiempos subalternos y arbitrariamente sugeridos no siempre bajo plena conciencia y consentimiento del individuo. En esta atmósfera imaginaria todo tiempo y espacio caben donde sea.
Es por eso que en la ficción temporal del cine podemos distinguir infinidad de tiempos imaginarios dentro de una misma obra filmada. Estos tiempos imaginarios no son exclusivos del cine, es más bien una característica esencial del arte, pues todo artista juega con el tiempo y el arte abunda tanto en la inmediatez como en el eterno devenir.
En el cine se presenta una obra contemplada a gusto y semejanza del autor, siempre intenta decirnos algo, ni una sola imagen es gratis y siempre narra un acontecimiento propio de la fantasía; el cómo afecte ésta al espectador o lo que le pueda decir a su espíritu, eso ya es labor de la imaginación creadora.
En este crear y contemplar, el artista consolida su matrimonio con la imaginación de la que nunca se deberá ver desprovisto. Su función es simple, todo aquello que se pueda imaginar es posible y permitido. En el cine, una disolvencia o fuera de foco, un simple cambio de plano o un travelling nos logra transportar de un tiempo-espacio a otro de manera abrupta.
Aceptémoslo, somos seres atrapados en la temporalidad de la historia, del eterno retorno a lo mismo una y otra vez, pero si ya formamos parte de esto, el arte nos consuela preguntando, ¿por qué no jugar con ella un poco? Gracias al cinematógrafo el arte consigue atrapar escenas filmadas de manera discontinua en diversos planos y tiempos. Tiempos y espacios filmados dando origen primeramente a una escena, para conformar posteriormente una secuencia, y así consecutivamente hasta darle nacimiento a un nuevo filme.
Mediante labor estricta de ensamble, la discontinuidad de tiempos pequeños y subjetivos conforma la historia, en un principio simplemente imaginada y, afortunadamente gracias al cine, aparentemente real a nuestros sentidos e imaginación. El ensamblar estas “imágenes en movimiento” se traduce finalmente como obra de arte, buena o mala, eso no es importante ahora, lo grandioso es concebir la abstracción de que en estos momentos el tiempo es manipulado a favor del arte. Sigue siendo mudable, pero logra su eternidad en la obra.
Todo artista juega con el tiempo y se muestra en el amplio misterio del arte. Es su enigma, sólo a él se le concede. Recordemos a Kant cuando dice que para poder ser capaz de juzgar una obra se necesita buen gusto, pero para crearla, ingenio. Por bien o mal lograda que ésta sea, Hoy en día el cine nos ha enseñado a ver imágenes en movimiento, imágenes que podemos tocar, oír y hasta oler a tiempo transcurrido. Gracias a su fantasía, el cine tiene la gracia de permitirle al hombre, en su perspectiva de espectador, abandonar esta realidad y como cualquier arte, funcionar como detonador para permitir el nacimiento a imágenes y mundos creados por su imaginación.
El espectador deja de ser en el mundo para mirarlo como espectáculo en la sala de proyección y finalmente unirse a ésta. Apreciando la imagen del mundo Welt-bild como representación en el cine, si bien es imitación de la naturaleza, también es creación y motivación gracias al espíritu creador del ingenio de nuestros artistas. ¿Pero cómo se da esta temporalidad tan abstracta que finalmente es percibida en una película?
Partamos de una teoría kantiana que se cuestiona en La Crítica de la Razón Pura sobre la posibilidad de conocer el ordenamiento temporal objetivo de los fenómenos en el enlace necesario que determina sus relaciones en el Tiempo como intuición a priori. Mejor aún, esta teoría se pregunta cómo extraemos la idea de un tiempo único, si el Tiempo en sí mismo no puede ser percibido. En su búsqueda tendrá que suponer la unión de los fenómenos en el Tiempo vía conceptos primarios para explicar la relación de lo diverso en él más que en el espacio, pues mientras que éste es una representación a priori que servía de fundamento a todas las intuiciones externas. El tiempo es la condición formal a priori de las representaciones en general.
Estas relaciones temporales se dan de tres modos; permanencia, sucesión y simultaneidad. Finalmente se le llama “sustancia” al sustratum que permanece en todo lo real y que por lo tanto pertenece en la existencia de las cosas de acuerdo a las tres categorías temporales a las que se someten los fenómenos. Lo que Kant pretende comprobar con esta búsqueda de la sustancia, es la permanencia a priori de ésta en un sólo tiempo.
Con el cine sucede algo similar. Cómo logramos concebir una continuidad de la historia, si en un principio la filmación de la película se realiza en discontinuidad de tiempos pequeños y subjetivos atrapados en la cinta de rodaje. Pequeñas muestras de tiempo impreso en total y plena discontinuidad temporal, sin forma aparentemente existente.
El concepto que lleva consigo la necesidad de la unidad sintética se dice que no puede ser más que obra del puro entendimiento, el cual no se encuentra en la percepción, pero sí obedece a ciertas reglas como causa y efecto que provocan los dichosos “accidentes de los fenómenos” y por lo cuales se generan los cambios, pero siempre en una misma temporalidad objetiva.
En el arte, el cine concretamente, este argumento no funciona del todo, pues más que el entendimiento, la imaginación creadora se activa no sólo en la creación sino en la contemplación misma de una obra fílmica. En este caso, la idea de buscarle un orden conforme al entendimiento se nos podría ir de las manos.
¿Cómo encontrar una continuidad temporal en una película? ¿Qué efecto logra la técnica mediante su labor de ensamble y edición que nos permite concebir una historia filmada en un lapso discontinuo de aproximadamente 2 meses, y que al final la disfrutemos como una pequeña historia de una hora y media, en un mismo tiempo, contada de la manera indicada para nuestro entendimiento? y sobre todo ¿Cómo y de qué manera esto se vuelve arte, cómo lo logra el cine en especial y qué ventajas tiene sobre las demás ramas del arte en este sentido de construir continuidades que además se atrapan por siempre?
Hablemos del espectador. El tiempo, visto como un medio ambiente cultural se destruye cuando ya no es necesario; cuando se rompen los vínculos entre persona individual y las condiciones de la existencia. Cuando alguien muere, simplemente se acaba el tiempo individual. Por otro lado, la historia no constituye al tiempo si eso es lo que se ha venido pensando. La historia es, mejor dicho, consecuencia de éste. Historia consecuencia del tiempo en la memoria, así como sin el tiempo la memoria tampoco existiría.
La memoria funciona en nuestro ser como un medio de formulación histórica completamente espiritual. Con el tiempo impreso en nuestra mente y complejamente ordenado por el cerebro vía los sentimientos y sensaciones, nos ayuda a tener un completo recuerdo de lo que deseamos conservar y qué tipo de impresión despertará esta experiencia por el resto de nuestra vida. Dígase de las creencias o fobias que uno desarrolla precisamente con y a lo largo del tiempo.
Este ordenamiento completamente coordinado en nuestra mente es en su totalidad arbitrario según lo que la persona, hablando en términos morales, puede y desea recordar. Así la memoria es distinguida al igual que el tiempo, en palabras del cineasta soviético Andrei Tarkovski, como “categorías subjetivas espirituales”. Una persona sin memoria navega en una existencia ilusoria fuera del tiempo imposibilitado para integrarse al mundo exterior, por eso el tiempo no escapa sin dejar huella en el espíritu, contiene el “encanto de lo envejecido” como sello del tiempo.
En el cine el artista muestra en su obra su espontaneidad e ingenio, y da vida al “inmenso edificio de lo posible” que toma control del tiempo atrapándolo como material artístico. Con el tiempo en su faceta de material artístico, descubrimos que en el cine -tomando completo y libre control de éste- encontramos su verdadera esencia como la musa del arte responsable de hacer percibir el tiempo impreso a todo espectador. El director de cine con toda libertad toma de la realidad perceptible lo que desea y lo organiza al gusto. Con la imagen filmada el cine inaugura un nuevo principio estético sin la necesidad de palabras como en la literatura, por ejemplo, útiles para describir el mundo.
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