Christian González (tercera parte)
Escrito por Revista Cinefagia el 3/26/04 • En la Categoría Cinembargo Se Mueve
Entrevista: Marco González Ambriz
Christian González: Yo he podido hacer obras muy interesantes porque estoy convencido de eso. Obra interesante, por ejemplo, Chavos de la Calle, que es una pinche película que cuando vi el guión dije, puta, esto es una película de Pedro Infante y dirigida por Ismael Rodríguez, pero mentalmente me hice a la idea de hacerla porque nunca lo había hecho. ¿Por qué no ser cursi? ¿Por qué no ser chillón? ¿Por qué no volver a ese cine que dio resultado? Y va dando resultado la pinche película. Claro, con un look un poquito más contemporáneo
Cinefagia: Sí, más realista. No te maquillan la miseria. Se ve que está filmada en Xochiaca, se nota eso.
Christian González: Esta película es muy interesante. Me sirve para reafirmarme ideas. Hay un divorcio entre los actores que son de videohome y los que no son, porque ves actuaciones sublimes en las mujeres, lo que es (Irene) Arcila y Yesenia (Spezzia), porque esta Niña Televisa llegó sin conocer el guión, entró así al otro día porque no encontraban… Querían a Arcelia Ramírez pero Arcelia no aceptó porque no iba ninguno de los benditos del IMCINE.
Yo sí me la jugué con esta niña. Le metí mucho ánimo y la niña iba convencida. Irene también. Entonces tú ves un desfase de gente que manejó el melodrama por un lado y otras que sí manejaron un drama en serio. La película aun así tiene su magia, es muy mexicanota. Yo sí podría haberla estrenado en los años 40 o 50 con mucho gusto y creo que hubiera resultado. Yo creo que eso fue bonito, bonito para mí como experiencia, porque es como reconocer que soy mexicano y por lo tanto cursi, ridículo, chillón y no tiene nada de malo, así somos, ¿no?
Cinefagia: En cambio ves, por ejemplo… no sé, Nicotina, y sí se nota que quieren hacer cine gringo en México. Bueno, británico, porque es una copia de Guy Ritchie, pero con los actores hablando en español. Lo que dices es lo contrario, es asumir que somos mexicanos con todo esta carga de sentimentalismo.
¿Cuánto tiempo tienes para preparar la película, específicamente en un videohome? Desde que tienes el guión, ¿cuánto tiempo tienes para hacer el breakdown?
Christian González: Yo con el videohome aprendo a ser jazzista. Eso me lo dijo Jorge Luke. Un día me dijo: “tú no eres nada más un cineasta, eres un jazzista del cine, porque improvisas mucho” Yo lo que hago, porque conozco a mi raza de desorganizados, es decilres “tú pónme las cosas y deja que yo haga la película” ¿Qué tienes? ¿Tienes un perro, tienes una navaja suiza y tienes a tu hermana que se encuera? Con eso hacemos la película. Pero no me prometas un avión que no vas a tener, ni me prometas nada. Lo que tengas.
Entonces ya no miento. Eso lo agradece mucho el público. Por ejemplo, una pinche película pobre como Neza City Sex, que yo no sé por qué le pusieron el pinche título de Me Vale Madre, que es una historia como de Las Mil y una Noches, de ese estilo, del chavo con su harem y todo. Yo le dije al productor: “va a haber unas cuantas escenas de baile y un montón de viejas encueradas, pero es una película muy barata.” La fuerza la debe tener la historia. Yo produje esa película, por eso se ve un poquito diferente a las de La Raza, que tienen otra estética, incluso tiene otra música.
Cinefagia: Tiene a este grupo AK-Brón, que es cumbia ojeta.
Christian González: (Roberto) Sosa está muy bien ahí. Es un chavo que no quiere ser galán, realmente tiene a su harem por otros motivos, pero el plus de producción de la película es que yo hice un taller con estas actrices. Todas hicieron las escenas de sexo muy fuertes, pero muy convincentes, y no hicieron nada. Nadie cogió con nadie. Se me salió de las manos, porque se creyeron en serio lo del harem y ya se querían coger a Roberto. Hubo malos sentimientos entre las viejas. No lo vuelvo a hacer. Pero bueno, la película era para La Raza y creo que cumplía puntualmente con todo los requisitos de La Raza. Yo siento que no fue bien apreciada por los distribuidores ni los productores, pero creo que el público sí la siente ñerona. Es muy Neza la película.
Cinefagia: Para poder improvisar con tiempos de filmación cuentas con un equipo en el que puedes confiar, ¿qué tan importante es la disciplina que manejas en el set durante la filmación?
Christian González: Para mí es básica, por eso peleo mucho por trabajar con actores que hayan estudiado y que sean actores, porque los actores que vienen del teatro ya traen una disciplina. Aquí lo que sucede con la gente improvisada del videohome es que quieren ser como Miguel Angel Rodríguez, quieren ser como Mario Almada, quieren ser como Jorge Reynoso, ganar 30 mil pesos, darse su taco y hacer 2 películas al mes. No puedes aspirar a más en este cine. Pero eso está mal. La disciplina es básica. Yo tengo una teoría, que siempre he manejado en todas mis películas, y creo que se nota mucho en El Imperio de los Malditos.
Supongamos que tenemos un papel en blanco y es una pantalla vacía. Son conceptos muy primitivos, muy sencillos pero que la gente que realmente es maestra de cine los maneja muy bien. Esto es mucho de la ideología de Gabriel Figueroa, que decía que el cine se hace con sentido común. Bueno, cuando tenemos la pantalla, lo que no está dentro de la pantalla ¡no se ve en la película!, y eso no lo entiende casi nadie. Si me dicen, “tú vas a hacer una película que sucede en Marte”, ¡pues sí la hacemos! ¿En donde te gusta? En un desierto y ya después vemos, pero el cuadro de lo que va a ser Marte, hay que llenarlo. Todo nuestro trabajo como grupo de filmación se concentra en llenar esa pantalla, todos tenemos que trabajar para la cámara, para el huequito que tiene la cámara.
Yo por ejemplo me acuerdo que tuve un problema con Patricia Rivera porque yo le decía que tenía que hacer sus movimientos y ella quería que yo moviera la cámara. Tuve que decirle “no, no, usted respete esto, porque si usted le hace caso a la cámara, la cámara le va a hacer caso a usted”, porque el trabajo de todos va a lo mismo.
Yo siento que cuando tú estás en esto del cine tu primer trabajo, de mucha disciplina y casi de sacerdocio, es decir “yo voy a llenar el hueco”. Yo he visto cantidad de películas mexicanas que tienen muy bonita fotografía, muy bonito diseño de producción, muy bonitas actuaciones, pero no están hablando de nada porque no están llenando la pantalla con lo que necesita el espectador. Tú necesitas tener a los actores en un estado de ánimo en el que le puedan dar toda su concentración a la cámara. ¿Por qué? Porque la pinche cámara se mete hasta el más infinito de los rincones y te capta si estás mintiendo.
Entonces estos pobres tipos del videohome, que llegan a decir sus diálogos, y llegan a matar a la gente porque la matan y ya, sin saber por qué, pues se les nota en la jeta. Y como mexicanos estamos jodidos con el cine, porque todavía los gabachos te pueden meter ahí chingamadral de efectos especiales, a Uma Thurman que maneja el sable, y las explosiones, y el Matrix, y el Reloaded, y el Recharged… y pues sí te apendejan con tanto pinche efecto. Te la puedes tragar. Pero aquí, como mexicano, como no tienes billete… y que no se caguen los que hacen cine mexicano, porque el cine que se hace en México es uno de los más baratos del mundo. Yo quiero ver qué cabrón ha hecho una película de 5 millones de dólares, creo que ni Arau, ni la de Zapata llegó a los 5 millones de dólares.
Sí tú no tienes los elementos para hacer una gran película de producción te tienes que joder haciendo cosas íntimas a lo Kieslowski. Pero hay películas como Breve Película Sobre el Amor, o No Amarás, del Decálogo, que, pinche película, ¡pudo haber pasado en México! En cualquier pinche multifamiliar de Plateros o Avenida Independencia pudo haberse dado esta historia y nada más necesitaba un guión y extraordinarios actores, hasta fotógrafo plano te puedes llevar, ni director de arte. Necesitas que la gente esté concentrada en ese hueco que vas a llenar, porque eso es lo que convence a la gente o no, que llenes el hueco.
Ese es el primer paso, yo diría. El segundo paso, que ya es de maestro de cine, es: ya que se vio en el hueco, que se sienta sin que se vea. Es manejar un subtexto, una historia dentro de una historia. Como en el caso de La Cumbia Asesina: estamos viendo a una vieja buenota que se está cogiendo a un judicial y a un chavo banda… No, estamos viendo Carmen, la ópera. Es retomar esa historia. Pero ese ya es un subtexto, ya es una segunda lectura para alguien que es cinéfilo y quiere meterse en eso.
La tercera, que es más difícil y que es ya para un gurú del cine, es: que tu película obligue al espectador a verla una y otra vez, que no te puedas sustraer de esa pinche obsesión de verla. Es lo que pasa con Kubrick o con Bergman en alguna de sus películas, o con Fellini, o con estos güeyes que de repente le pegan a la piñata y dices, no mames. Claro que no todas las de Fellini son buenas.
Cinefagia: Ni las de Kubrick tampoco, hay unas cosas que nomás no.
Christian González: ¿Ojos Bien Cerrados? ¡Yo paso! Yo con una tuve, cabrón.
Cinefagia: Y no importa cuántas veces la hayas visto, la tienes que volver a ver, aunque sea de las que duran tres horas.
Christian González: Mira, a mí no me gusta Buenos Muchachos, de Scorsese, pero cada vez que la pasan en la tele veo una secuencia por lo menos y digo “ah, que bien, cabrón”. Porque esos cineastas tienen convicción, porque tienen algo más. Es cuando uno logra que una película tenga vida propia… Voy a decir una mamada, pero es necesario, se vale. Una película es como un ente vivo, se te va. El director no viene a ser el que la crea, no viene a ser el que la da las órdenes. El director viene a ser únicamente un güey que permite que todo eso se dé, que conjuga todo lo que tiene en sus manos, todos los talentos, para que se dé, nada más.
Cuando el director sobreactúa, como es el caso de Amores Perros, que es una sobreactuación del director, pues qué chingón es el director, pero llega un cabrón de Brasil, utiliza los mismos recursos y le parte la madre, que es Ciudad de Dios. ¡Y lo encueró! Lo encueró aunque el otro esté en Hollywood…
Cinefagia: …trabajando con Sean Penn…
Christian González: …y la chingada. Lo encueró, porque contó lo que tenía que contar. El otro ni conoce a la gente pobre, ni le interesa, ni le interesan tampoco a los perros. Era una película buscando un look y lo logró e inconscientemente yo creo que le pega a la piñata, que eso es bueno también, porque yo creo que en algún momento se perdió y pudo hacer cosas. Los actores se le van de las manos, que es maravilloso, es lo que busca un director, que el actor se te vaya y tú lo dejas.
En la cuarta y última parte de esta entrevista, Christian González habla de su experiencia trabajando con actores, del compromiso que involucra el oficio de cineasta y de Shibari, una de sus películas más recientes, donde aborda temas completamente diferentes a los que ha trabajado en el videohome.
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