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En el país de los cinéfilos, el cinéfago es rey

Entrevista a Christian González (primera parte)

Entrevista por Marco González Ambriz

Ya hemos comentado varias películas de Christian González en este espacio, incluso puede parecer que nos estamos convirtiendo en su sitio oficial, pero la verdad es que nos parece uno de los realizadores mexicanos en activo más interesantes, que aborda temas inéditos en nuestra cinematografía y que ha sabido aprovechar el medio del videohome en el que se desenvuelve para experimentar y hacer el cine que a él le interesa, sin preocuparse por ganar premios en un festival o por ser alabado por la crítica. A continuación la entrevista que nos concedió en noviembre del año pasado, en las instalaciones de la Cineteca Nacional, y que ahora publicamos con motivo del próximo maratón nocturno dedicado a su obra

Cinefagia: Vamos a empezar por tu etapa de estudiante, ¿cuál es tu experiencia al estudiar cine en el CUEC (Centro Universitario de Estudios Cinematográficos)?

Christian González: Es curioso porque la escuela me da una idea muy clara de lo que es el cine. Para empezar, me inquieta mucho el CUEC porque los maestros en ese tiempo castraban mucho las inquietudes de los alumnos, y creo que lo siguen haciendo. Las castran en el sentido de que hacen una clasificación, te meten en un cartabón. Los maestros del guión en ese entonces en el CUEC eran bastante malos. Malos porque no sabían de guión, desconocían la materia.

Yo había aprendido mucho más en los talleres de Minería, con Marco López Negrete que ya falleció, y en la casa del Lago, con Abel Hurtado, cineastas mundialmente desconocidos pero buenos maestros. Yo no sé si era porque ellos se sentían los amos del lugar y te prestaban más atención, pero en el CUEC se respira la mamonería en el ambiente, todos son dioses y semidioses. Me toca conocer ahí a Cuarón, a Luis Estrada, que iban un año antes que yo. Cuarón, simpático, llegué a platicar con él algunas veces. Coincidimos en algunos puntos, ya se veía en su trabajo que a él le interesaba ir a Hollywood.

Cinefagia: Ya desde entonces tenía ese perfil.

Christian González: Sí, me acuerdo muy bien de un corto que estaba haciendo, que editó muy agresivo, a él le gustó la edición y a Juan Mora no le parecían los cortes. Incluso me consultó, “oye, ¿qué te parecen esos cortes?”, y yo le decía que estaba bien. De alguna manera él confiaba en mí, no sé por qué, nunca había visto nada mío. Yo creo que era intuición.

Pero hubo un choque fuerte con el CUEC. Yo quería hacer un cine muy accesible. No creía en las Muestras, no creía en esta gente y fue una desilusión para mí porque yo me imaginaba que el CUEC era la gran escuela de cine y no, era el bastión de unos cuantos frustrados que nunca querían salir de la escuela porque era donde ellos podían desenvolverse bien.

Cinefagia: Porque no saben hacer otra cosa.

Christian González: Y sabía que si me quedaba, o me hacía de ese círculo, o me hacía cuequero de toda la vida, pues me iba a ir de la patada. Entonces entro en la industria, entro al concurso de cine experimental (con Thanatos), y es porque realmente quienes fueron fundamentales al inicio de mi carrera son los sindicatos, los trabajadores. Ése ha sido como un sino en mi vida, algo que no comprendo todavía muy bien, pero el concurso lo organiza el STPC e Imcine.

Para esto en Imcine no querían que yo ni otros participáramos en el concurso. Ya desde entonces se veía esa selección que quieren hacer, de que “éstos tiene pedigree, éstos no, éstos son de la calle, son corrientes”, como viles perros. Entonces quien me apoya es Sergio Véjar, que era secretario general del STPC, y se arma el grupo de 10 proyectos que querían levantar, 5 de rudos y 5 de técnicos, yo era de los rudos, y se hacen las 10 películas.

Por haber hecho Thanatos me gané el odio de muchos, odio de gente que nunca había filmado y que le criticaba a uno que tuviera la oportunidad, pero no fue tanto la oportunidad sino fueron los huevos de hacerlo.

Cinefagia: No fue que alguien te apoyó en eso sino que tú lo sacaste por tu cuenta.

Christian González: Exacto, lo malo del concurso es que obviamente los ganadores ya estaban designados antes de empezar.

Cinefagia: Suele suceder.

Christian González: Incluso yo me entero del resultado antes de que nos avisaran oficialmente a los participantes, motivo por el cual no me presento a la premiación, que fue aquí (en la Cineteca). Aparte porque estaba chavo y yo quería todo. Me dieron un Ariel por la película, por la actuación de Gabriel Araujo, y bueno, es una película que yo todavía no sé ni por qué la hice. Seguramente una obsesión ahí de… quise contar una historia y no supe cómo. Siento que lo que falló más fue el guión, no supe hacerlo. Ahí me doy cuenta qué importante es el guión.

Cinefagia: Polvo de Luz, la siguiente película, entra más en el estilo del CUEC… que sea algo parecido a Tarkovski, temas trascendentes, etc. ¿Por qué sigues en esta línea si estabas más interesado en hacer algo accesible?

Christian González: Mira, cuando yo decido hacer Polvo de Luz, es única y exclusivamente porque la había escrito un guionista dizque prestigioso, Xavier Robles, que en ese entonces era amigo mío y que ya no lo es.

Xavier estaba muy de moda y a nosotros se nos había criticado mucho en el concurso de cine que éramos malos guionistas. Tenían razón, pero los de la industria estaban igual de mal, porque grandes guionistas mexicanos la han cagado muy feo. Te menciono títulos: el maestro de todos mis respetos, Tomás Pérez Turrent, que escribió Canoa, pues le filmaron La Furia de un Dios que es una mierda y el cuate todavía agarra la excusa del cuequero “es que no me dieron tiempo para corregirla”. Por favor, ¿no? Ya son profesionales. Es como si yo lo dijera ahorita, no tendría perdón de Dios, ni de nadie.

Sucede que yo busco un guionista prestigioso para hacer una película que me permita estar en la mediocridad de Conacine, que es entonces quien produce, y me metí en una trampa de la que no pude salir después, por mañoso. En lugar de hacer el cine que yo siempre he querido hacer…

Cinefagia: Quisiste darle gusto a esta gente.

Christian González: Dije, bueno, voy a demostrar que soy tan malo como Cazals, o tan mediocre como otros cabrones, que yo veía sus películas… Mira, cuando uno dirige y ve otros directores, no se vale la mano negra. El cine mexicano está hipercasado de mediocridad, pero casadísimo, yo no puedo creer que mi mejor obra la haya hecho en el videohome, salvo que Shibari para mí es algo especial, pero es increíble…

Pero por eso la hice, por eso escogí el guión de Xavier Robles. Ayudó mucho a la mala crítica que yo viniera de Subdirector de Autorizaciones. Se ensañaron con el puesto, no conmigo, porque incluso después se atenuó la crítica. La película no es mala, es como otras de ese tiempo…

Un crítico alemán, Klaus Eder, que era el presidente de la FIPRESCI, la vió y me dijo “está al nivel de El Secreto de Romelia” y yo pensé “¿me lo estará diciendo por buena o por mala?” pero sí, yo siento que lo que aprendí con Polvo de Luz fue que tenía yo que escribir mis historias.

Cinefagia: Desde entonces todos los guiones que has escrito los has dirigido tú mismo.

Christian González: Casi todos.

Cinefagia: Después de Polvo de Luz es cuando entras a la censura.

Christian González: Sí, entro a la censura… ¿sabes por qué?

Cinefagia: No.

Christian González: Por verle las piernas a una señora.

Cinefagia: Ah, caray. ¿Cómo está eso?

Christian González: Estaba yo en Estudios Churubusco, había terminado Polvo de Luz y estaba levantando un proyecto muy ambicioso que se llamaba Abajo los Estados Unidos, que era una historia de tortura y represión en contra de los guerrilleros en Chile y quería yo que la experiencia la viviera una americana. Era muy bonito el tema y lo metí al Fondo de Fomento. Me había ido bien con ellos en Polvo de Luz, lo aceptaron y andaba yo tocando puertas para filmarlo. Como era algo muy ambicioso, muy caro, andaba consiguiendo el dinero.

Estaba yo en Phoenix, Arizona, terminando el guión, con un cuate americano porque lo metimos al Sundance y nos mandaron hacer correcciones, pero me habla esta señora que había conocido unos meses atrás, Mercedes Zertuche, una señora guapísima que yo conocí en los estudios Churubusco y que venía del PRI. Me pidieron que la ayudara porque la señora estaba en campaña con Salinas y seguramente iba a ocupar un puestazo, pero la verdad es que a mí me gustó más ella, estaba muy guapa, le vi las piernas, sentí algo y ahí empezó la aventura.

Mercedes me llamó sin conocerme, me ofreció el puesto de Autorizaciones, que yo acepté por un motivo estratégico en mi carrera, que es que yo iba a conocer la industria. Sabía que la política en el cine es un arma de dos filos. Pregúntale a muchos que se han metido a ese jueguito, compañeros míos del concurso de cine, que han transitado por todos los puestos de la política.

Cinefagia: Es como un carrusel, pasan del Imcine al CCC y de ahí a la Cineteca…

Christian González: No es lo mismo repicar que andar en la procesión, entonces yo estuve (en Autorizaciones) ese año. No jodí a nadie o al menos no voluntariamente. Las cosas que tuve que hacer fue ayudar a la gente de la industria, y prueba de eso es que saliendo de aquí, del pinche puesto, que lo único que me dejó fue un divorcio y malos momentos, me enfrento a una industria que me abre las puertas. Rafael Rosales Durán, el primer productor profesional con el que yo trabajo, me da a dirigir dos churros y ahí empieza mi carrera. Me divierto mucho haciéndolos, porque descubro que toda mi vida había querido ser un cineasta profesional, vivir de mi trabajo. Entonces me bajo del pedestal, se me quita el pedigrí de cuequero, a Tarkovski lo guardo en el cajón y vamos a trabajar. Recibo los mejores momentos de mi carrera en el videohome. Incluso el mejor elogio de mi carrera ha sido por parte del Güero Castro. Después de ver La Cumbia Asesina dijo que no había nadie en el cine mexicano tan vulgar y tan prosaico como yo.

Cinefagia: Y eso viniendo del Güero Castro…

Christian González: Es un elogio.

Cinefagia: Es un homenaje en vida. Algo que me llama la atención es que siempre has manejado temas muy sórdidos. Te quería preguntar si haber estado en esto de Autorizaciones te sirvió para darte cuenta hasta dónde podías llegar en los temas que podías manejar ya en videohome, en películas ya profesionales.

Christian González: ¿Sabes que sucedió realmente? Tuve oportunidad de ver cine de todos lados y comprender… Mira, vi el cine mexicano de la sexicomedia, del Güero Castro, de las ficheras, Chatanuga, Zayas, todos esos cómicos, que era un cine para puñeteros, que poco tenía que ver con el sexo. Era un cine para reprimidos sexuales.

Cinefagia: Es para voyeuristas, espían a la mujer pero nunca le hacen nada.

Christian González: Exacto, nunca les hacen el amor, nunca se las cogen, y las mujeres tampoco cogen, no tienen un papel activo, todo se remite al albur y al cabaret. Es un cine chaqueto. La clásica escena, incluso yo la filmé en una que se llamó El Fisgón del Hotel, es un tipo que se esconde en el closet y ve coger a los otros, y ve las carnes flácidas de las pobres vedettes de ese tiempo. Ojalá algún día ojalá pueda hacer un proyecto que he pensado, se llama Sexo, Ligueros y Celulitis, sobre estas mujeres que ya pasaron de moda.

Pero en ese tiempo yo veía que el cine mexicano necesitaba una inyección porque yo no entendía cómo siendo un pueblo tan pasional, donde suceden los peores actos de corrupción, los peores actos de crueldad, donde somos tan prosaicos en el sexo, tan ojetes con nosotros mismos…

Cinefagia: En el mismo humor que tenemos, que es un humor ojete.

Christian González: Si somos tan ojetes con nosotros mismo, ¿por qué carajos no hacer ese cine así? Pero lo vi gracias a que estuve supervisando todos los churros. Me acuerdo mucho de El Semental de Palo Alto… Hay una anécdota que a lo mejor les revela más en ese sentido, que a mí me abrió los ojos. Klaus Eder, el que era de la FIPRESCI, vino aquí en el año de 89. El señor vio todas las películas que quiso pero me pidió ver una película muy representativa de la industria mexicana y yo le pasé una que estaba prohibida en ese momento por los censores, que se llamaba Las Paradas de los Choferes, famosa, Ayala Blanco habla de ella. Se la pasé al señor éste. Al ver Las Paradas de los Choferes, hay una escena donde a una de las actrices, creo que es Norma Lee, le bajan la pantimedia en un hotel de paso sordidísimo y se ve cómo se le desborda la celulitis de las píernas y las nalgas y el señor Eder se voltea y me dice “¡esto es México!, ¿por qué no lo filma Ripstein?”

Me di cuenta que a lo mejor era parte de nuestros valores eso prosaico, eso naco que somos, que no lo queremos aceptar. Me despertó el querer indagar en ese cine.

En la segunda parte de esta entrevista, Christian González habla de la importancia de uno de sus temas recurrentes, el de los judiciales, y explica por qué se interesa tanto por las clases marginadas y temas como la corrupción y la pobreza. Asimismo, aborda el tema del videohome de una manera directa y honesta, mencionando tanto el lado positivo como el negativo de este medio.

 

Ve a la segunda parte de esta entrevista

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2 Comments

  1. Corroboro que es (era) muy buen maestro, éramos como 10 o 15, nos dedicamos a diversas actividades, en lo particular me dediqué al Teatro. El cine me ha servido para muchos temas,fotografía, iluminación teatral, escribir teatro, y claro, guiones.
    Marco López Negrete, conocí a su hijo y su primer casa, por el sur de la ciudad.
    (Hace como 30 años, fué a nuestra boda, con todos los integrantes del taller, que éramos buenos amigos)
    En Coyoacán cuando nos casamos en el registro civil, fueron todos, quizá alguno tenga hasta fotos.
    Luego ya terminaba el taller, fuimos todos a su segundo hogar, por División del Norte.
    Ojalá nos volviéramos a reunir los integrantes de aquellos grupos, para saber a qué se dedica cada uno.
    Vean mi blog: http://www.benjaminbernal.com

    http://comalapuntocom.blogspot.com/
    Tu de qué año serás?
    Muy interesantes tus revelaciones, en materia de teatro, pasa algo parecido, pero casi no lo cuentan.

  2. Hace como 30 años, cuando me casaba, tambien del Taller de Minería

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