800 Balas
No es un hecho extraño que a nuestra cada vez más anodina cartelera dejen de llegar productos que no sean considerados hits del momento. De esta forma películas valiosas por su propuesta estética o temática -sin importar nacionalidad- pasan de largo sin hacer escala en nuestro país, en tanto que los mercachifles del cine -aquellos que viven de la gracia del chayotazo y la payola- se la pasan señalando y hasta inventándole virtudes a películas que resultan verdaderamente abominables.
Lo peor del caso es que los circuitos alternativos considerados de arte, justamente creen que “lo artístico” esta ligado con lo ininteligible y aburrido. Por eso cuando se buscan propuestas alternas al cine más convencional, nos encontramos con películas provenientes de otras nacionalidades que realmente no son la propuesta ideal, y me atrevo a decir que ni siquiera podrían considerarse películas representativas de sus propias industrias y culturas populares; es decir, algo similar a lo que sucede en México, donde filmes como Nicotina, Japón o nombres como Arturo Ripstein, no representan lo que es el cine mexicano, aunque los oficialistas se empeñen en afirmar lo contrario.
Tal es el caso de España, donde nombres como los de Santiago Torrente Segura, álex de la Iglesia o los filmes de la productora barcelonesa Fantasy Factory cuentan con hordas de fans, mientras que son ninguneados por los sectores oficiales, al igual que pasó con Alejandro Amenabar, considerado muy americanizado y que mejor emigró del país en busca de mejores oportunidades -caso tristemente similar al del mexicano Guillermo del Toro-. La cosa se pone dura cuando de este lado del océano los cinéfagos de Tenochtitlán y sus alrededores queremos ver en pantalla grande alguna de esas cintas.
Caso concreto es el de álex de la Iglesia, de cuya filmografía solamente se han estrenado comercialmente en México sus filmes El Día de la Bestia (1995) y Perdita Durango (1997) de manera un tanto restringida por las clasificaciones endilgadas y el número de salas de exhibición. Pareciera ser que de la Iglesia está condenado a ser exhibido de manera clandestina en nuestro país, porque eso sí, vía proyecciones en video en cine-clubs estudiantiles, ciclos patito y demás hoyos fonqui, son conocidas todas sus películas, haciéndose también de un buen número de seguidores en nuestro país, lo que demuestra la completa ignorancia, falta de tino y poca visión empresarial de las distribuidoras nacionales, que siguen sin estrenarlo en pantalla grande.
Pero la culpa no sólo es de los abarroteros del cine, pues eventos “alternativos” como Muestras, Foros, Festivales de Verano, o sobrevalorados FICCO también se lo han pasado por el arco del triunfo. Recuerdo bien que en la Muestra de Cine de Guadalajara del 2003 el mismísimo álex vino a presentar su más reciente filme, 800 Balas, lo que suponía el inicio de su recorrido por pantallas nacionales. Pingüe ilusión que se borró al término del evento, pues ninguna distribuidora se interesó en comprarla.
Dios -o el Diablo, según se prefiera- bendiga a los piratas de la ciudad de la esperanza, verdaderos paladares exquisitos de la cinematografía mundial -aunque muchos de ellos no lo sepan- cuya atinada y rigurosa selección de títulos se distribuye a lo largo y ancho de cualquier tianguis a módicos precios al alcance de cualquier cinéfago que aun debe pedir a sus padres le mantengan el vicio -del cine, aclaro- y que entre sus joyas de estreno han incluido los 800 balazos de diversión de Alex de la Iglesia.
En la soleada provincia de Almería se filmaron durante años, decenas de los mejores spaghetti western de la historia del cine. Texas Hollywood era el paraíso donde lo mismo convivían Raquel Welch, Clint Eastwood y Julián, un stuntman amigo de todos ellos. Pero el tiempo ha pasado, la moda por las películas de indios y vaqueros terminó y los estudios de Texas Hollywood han quedado reducidos a poco más que un pueblo fantasma donde una trouppe de viejos dobles cinematográficos comandada por Julián, montan un espectáculo de feria donde recuerdan las mejores escenas de los viejos westerns donde solían participar, para el agrado de unos cuantos turistas que los miran con cierto dejo de burla.
Para Julián la vida no ha sido fácil. Por un error suyo su hijo falleció en una escena de riesgo, motivo por el que su esposa y Laura, su nuera, le han abandonado a su suerte guardándole rencor. Los años han pasado de manera gris y ahora, en el ocaso de su vida, se aparece Carlos, su nieto, un pequeño que se escapó de casa para buscarlo en cuanto se enteró de su existencia y de su profesión, por lo que Laura, aterrada de que se repita la trágica historia en su hijo, decide acabar con Julián, sus amigos y con Texas Hollywood.
A partir del triángulo que se estable entre Carlos, Julián y Laura, álex de la Iglesia desarrolla una historia donde el amor filial de Julián -con el recuerdo de su hijo muerto y ahora la fidelidad hacia su nieto- le llevará a una auto-reivindicación de su persona y dignidad laboral, acompañado de un grupo de los seres marginales que tanto seducen al director -presentes desde su ópera prima Acción Mutante (1993)-, y que siguiendo a Julián deciden despertar del marasmo, para por una vez en la vida, ganarse el respeto de los demás -entendidos estos demás como la gente inmersa en sus propios mundos auto consumistas, terriblemente individualistas y marcadamente yuppies, ejemplificados en Laura y su socio Scott- de los que se diferencian no por su labor profesional o estrato social, sino por que en sus corazones aun vive un sueño y la camaradería a prueba de todo.
Completamente entrañable resulta la secuencia donde los amigos de Julián, vestidos a la usanza del viejo oeste -mexicano sombrerudo incluido- marchan a caballo por la gran ciudad, a la que han llegado para sacarlo de la cárcel, donde fue a parar por una mala jugada de Laura, y a cuyo paso son vitoreados por una multitud de gente asombrada de su indumentaria y desfachatez. Cinco minutos de gloria que para cada uno de estos inadaptados de buen corazón han significado el mejor regalo de su vida, solamente superado por lo que habrá de venir después…
El resentimiento de Laura ha desembocado en la destrucción de Texas Hollywood que comienza a ser demolida, pero Julián no permitirá que su vida sea destruida y en complicidad con sus eternos amigos habrá de defenderla hasta las ultimas consecuencias, esta vez sin actuaciones ni efectos especiales, y para lograrlo, sólo cuentan con 800 balas.
Alex de la Iglesia logra un filme donde el mensaje principal es la auto-dignificación del hombre por medio de su lucha diaria y la valoración de sus principios, pero lo hace desde la trinchera que mejor maneja, la del sentido del humor ácido y sin condescendencias; y si bien no deja de ser aleccionadora -el chico finalmente crecerá orgulloso de la honestidad del abuelo y la madre reconoce que el rencor guardado tantos años no tenía razón de ser-, afortunadamente jamás llega al melodrama que de la relación abuelo-crío podría esperarse.
Pero además, álex de la Iglesia, uno de los cinéfagos más avorazados de la industria, antes que creador fue consumidor y si ya en Muertos de Risa (1999) había rendido un hilarante homenaje/crítica al mundo de los show de variedades televisadas, en 800 balas toca el turno a su propio mundo, el del cine, desde la perspectiva de una parte de su industria sempiternamente ignorada: la de los dobles cinematográficos que exponen su vida en cada escena de riesgo para comodidad de la starlet en turno.
Así la propia película es una constante referencia a los euro western, y no sólo por la evidente escenografía que recrea a Texas Hollywood, ni por el vestuario, sino por los tiros de cámara, sus angulaciones y el ambarino filtro de la fotografía que nos traslada al supuesto viejo oeste gringo, pero que en este tipo de filmes nunca olvidaba su marcado sabor latino.
Pero ante todo, por esa magnifica secuencia final, que al mejor estilo de los western crepusculares, marca el duelo final entre Julián y el infaltable judas de la historia, Cheyenne, uno de sus amigos que le ha traicionado no por monedas de plata, sino por unos más contantes y sonantes euros, duelo presentado al interior del pueblo atrincherado con típicos planos americanos y encuadres en contrapicados, y hacia el exterior, por cámaras de televisión que transmiten en vivo la sublevación de los stuntmen en soberbios planos generales y las típicas escenas del duelo de los pistoleros, donde se verá en tomas cenitales el cuerpo del caído.
álex de la Iglesia sigue demostrando que dentro de la cinematografía, la diversión no debe de estar peleada con la seriedad del discurso, y que el hecho de que una película arranque sinceras carcajadas, no significa que ésta deja de ser artística ni de contener las necesarias dosis de crítica social. Es una lástima que los encargados de llenar las pantallas comerciales o “alternativas” de nuestro país aun no se hayan dado cuenta de eso.
800 BALAS
Dirección: Álex de la Iglesia; Guión: Álex de la Iglesia, Jorge Guerricaechevarría; Productor: álex de la Iglesia; Fotografía: Flavio Martínez Labiano; Música: Roque Baños; Edición: Alejandro Lázaro; Elenco: Sancho Gracia (Julián Torralba), ángel de Andrés López (Cheyenne), Carmen Maura (Laura), Luis Castro (Carlos Torralba), Cesáreo Estébanez (Andrés), Luciano Federico (Enterrador), Eduardo Gómez (Ahorcado), Ane Gabarain (Jacinta), Terele Pávez (Rocío)
España, 2002, 124 min.
Participaciones: Premio Goya a Mejores Efectos Especiales, España 2003
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