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Zombie Crónicas del Miedo (I, Zombie: A Chronicle of Pain)

Por Mauricio Matamoros

izombie2Fuera de esfuerzos admirables en años recientes, como The Others (Alejandro Amenabar, 2001), El Espinazo del Diablo (Guillermo del Toro, 2001) y The Blair Witch Project (Daniel Myrick y Eduardo Sánchez, 1998), pocos han sido los trabajos industriales (a pesar de que ésta última en realidad fue una producción independiente, distribuida por una multinacional) que realmente hayan ofrecido algo al cine de horror. Desde luego, la misma moda surgida con películas como Scream (Wes Craven, 1997) y The Sixth Sense (M. Night Shyamalan, 1999) ha provocado un conjunto de producciones con las cuales se ha buscado generar el éxito de taquilla de éstas, aunque lo único logrado es que la gente se aburra más que si nunca hubiesen existido.

Pero aunque en términos generales esto pareciese denotar el estado del cine de horror actual, la realidad de éste género parece desarrollarse dentro del circuito del cine independiente, el cual, incluso con The Blair Witch Project, demostró no estar falto de elementos de progreso y desarrollo.

No extraña, entonces, que no sea exclusivo de los autores independientes estadounidenses el interés por realizar cine de temáticas paranormales. Ejemplo de ello es Peter Jackson, quien antes de realizar la trilogía más conocida en el mundo entero logró una de las carreras independientes más sobresalientes dentro del género (con títulos como Bad Taste, Brain Dead o Meet the Feebles). A éste han seguido nombres como Garth Maxwell (Jack Be Nimble), Larry Ferguson (Frankenstein Complex o Habit) y Andrew Parkinson, realizador inglés quien con tan sólo dos producciones hasta el momento, I, Zombie y Dead Creatures, parece estar realizando en silencio una revolución formal del género.

Gracias al sello Fangoria Video (de la revista especializada del mismo nombre) y a la piratería, tanto I, Zombie como Dead Creatures han podido conocerse en México y todo el continente americano. No obstante, a pesar de que hace ya un par de años y algunos meses que estas películas tuvieron, respectivamente, sus corridas por los puestos de piratería defeños, la primera de ellas (y esperemos que pronto la segunda también) ha recibido una segunda oportunidad con su salida de manera oficial bajo el sello de Zima Entertainment, cuyo dueño Ilel Chelminsky parece que se perfila como una especie de William Lustig (cineasta de culto, perpetrador de Maniac, y dueño del sello Blue Underground en EU) mexicano.

El cine de zombies tiene acostumbrados a sus espectadores a un festín de sangre en el que comúnmente un grupo de seres humanos debe combatir a estos comedores de carne humana quienes, por alguna extraña y peculiar infección, han contraído esa particular dieta con la cual poco a poco irán perdiendo la cordura (y si no lo creen así, tomen el ejemplo a la mano: la energética 28 Days Later). Esta última circunstancia, tal vez -al lado del intento por contener la propagación de la infección y el intenso ejercicio gore-, sea una de las características más emblemáticas del subgénero del cine de horror, pues el mítico zombie siempre ha simbolizado la pérdida de la identidad, el alma y la conciencia.

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Fueron estos elementos los mismos que George A. Romero utilizó en su clásica trilogía de muertos vivientes (Night of the Living Dead, Dawn of the Dead y Day of the Dead), logrando de esa forma una de las críticas más peculiares e incisivas sobre la sociedad de consumo estadounidense.

En cierta forma, Parkinson ha retomado dicha premisa para desarrollar este par -hasta el momento- de obras en las que por primera vez se aborda la ‘problemática’ zombie como si se tratara de una auténtica enfermedad que, como ha sucedido con el VIH y otros monstruos contemporáneos, comienza por degradar el cuerpo, para continuar con el cerebro y terminar con la vida misma.

Con esa sencilla premisa, Parkinson ha logrado reinventar el mito del muerto viviente al brindarle una óptica totalmente realista, dándole al infectado una inteligencia y conciencia normal, haciendo que el desarrollo de su enfermedad -testificado por el espectador- se convierta en una verdadera maldición que hace de las dos producciones de Parkinson un verdadero hallazgo del género, y una interesante visión sobre la intolerancia y las enfermedades en la coyuntura del fin y el inicio de los siglos.

En I, Zombie, el realizador dispara y plantea la problemática al infectar al protagonista en el momento que éste ayuda a una indigente aparentemente moribunda, quien lo inocula con su virus. Los siguientes 80 minutos se transforman en una intensa y gráfica crónica del dolor (como el mismo subtítulo del filme) que, por igual y sin prejuicios, acercan el cine de este realizador al de Romero, Ingmar Bergman y Jörg Buttgereit (Nekromantik). Dead Creatures, por otra parte, extiende la visión de esta problemática al terminar con el caso aislado de su antecesora, para expandir el mal hacia la ciudad convirtiéndola en el principal problema de un grupo de mujeres jóvenes que han contraído el virus -como si del SIDA se tratara- al relacionarse con jóvenes irresponsables infectados, y cuyo único apoyo lo encuentran entre ellas mismas. Un discurso y progreso muy parecido al de David Cronenberg y su obra, igualmente, durante sus dos primeras producciones: Shivers y Rabid.

Filmadas en 16 y 35 milímetros, respectivamente, con un costo conjunto que no sobrepasó los 300 mil dólares, este par de película significa la realización de un director inteligente quien con muy pocos recursos ha logrado desarrollar un sello característico y una de las visiones críticas de la sociedad en el cine más interesantes de los últimos años.

ZOMBIE CRÓNICAS DEL MIEDO
(I, Zombie: A Chronicle of Pain)

Dirección, Guión, Producción y Música: Andrew Parkinson; Fotografía: Jason Shepherd; Edición: Gary Hewson, Andrew Parkinson; Con: Ellen Softley (Sarah), Dean Sipling (David), Claire Griffin (amiga de Sarah), Kate Thorougood (prostituta), Mia Fothergill (agente estatal), Nick Mallinowski (policía), Giles Aspen (Mark), Andrew Parkinson (amigo de Mark)
Gran Bretaña, 1998, 79 min.
Participaciones: Festival de Cine Fantástico de Gran Bretaña (Premio Commendation a Mejor Película Independiente), Gran Bretaña 1998

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1 Comment

  1. Muy buena película que se sale completamente amaneramiento hollywoodense, me pareció excelente y no entiendo porque en algunas criticas la califican de “cutre”, me parece hecha con buen gusto, detalle a detalle, las actuaciones, locaciones, la música, en fin, eso de los presupuestos exorbitantes son solo accesorios olvidables. Me recuerda otra cinta que también me encantó por su propuesta alternativa; Brain Damage de Frank Henenlotter (no las estoy comparando, cada una tiene vida propia).

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