Regreso a Cold Mountain
Por: Marco González Ambriz
Digan lo que digan los medios de comunicación, que por estas fechas se dedican a publicitar y “analizar” a los nominados, los Oscares están muy lejos de ser un reconocimiento a la calidad cinematográfica. Son más bien una de tantas estrategias de mercadotecnia que tiene Hollywood para convencer a los incautos de consumir sus películas, además de permitirle a los productores expiar sus culpas. Para los ejecutivos responsables de cosas como Los Angeles de Charlie: Al Límite o Matrix Revoluciones los Oscares son el pretexto perfecto para realizar obras prestigiosas que les permitan tener la conciencia tranquila mientras que para los compañeros periodistas significan una oportunidad para ponerse profundos y discutir -así sea de manera superficial- los méritos de las cintas en lugar de comentar si tal o cual actriz se operó las chichis.
Si a todo esto le añadimos que en Hollywood existen productores que se creen el numerito y esperan consagrarse obteniendo una de esas inútiles estatuillas, no es de sorprender que se gasten auténticas millonadas en campañas de publicidad con tal de conseguir que los miembros de la Academia voten por sus “estrellas” o cuando menos las nominen, como en el caso de Salma Hayek y su pésima actuación en Frida (y a los que me digan que se le debe apoyar por ser mexicana les informo que eso no es ser patriota, es ser pendejo).
Harvey Weinstein, el dueño de Miramax, es uno de estos personajes obsesionados por conseguir el mayor número de Oscares, al grado que en Hollywood ya se ha convertido en un chiste. Regreso a Cold Mountain es el más reciento intento de Weinstein por cosechar galardones, aunque valgan lo que se le unta al queso. La cinta sigue al pie de la letra la receta para ganar Oscares: está basada en una novela prestigiosa -Cold Mountain de Charles Frazier, que ganó el National Book Award-, tiene un elenco que bastaría para media docena de cintas normales, está escrita y dirigida por Anthony Minghella -Oscar al Mejor Director por The English Patient-, y sobre todo es una película histórica. Ya sabemos que Hollywood sólo recurre a la Historia cuando quiere apantallar.
Esto último es el principal atractivo de Regreso a Cold Mountain. Recientemente vimos en Capitán de Mar y Guerra que las grandes productoras no se andan por las ramas cuando se trata de hacer una reconstrucción histórica, situación que podemos comprobar con la película de Minghella. La escena inicial, que nos presenta una de las batallas más sangrientas del sitio de Petersburg durante la Guerra Civil norteamericana, es notable por el despliegue de producción, que incluye una recreación de las trincheras en las que miles de hombres perdieron la vida.
El viaje que el soldado confederado Inman (Jude Law) emprende para volver al lado de Ada (Nicole Kidman) sirve para mostrar el efecto que la lucha armada tuvo en los que estaban lejos del frente de batalla, de tal suerte que se puede ver en cada uno de estos personajes diferentes aspectos de la mentalidad gringa, poco halagadores en la mayoría de los casos. La doble moral del ministro Veasey, estupendamente interpretado por Philip Seymour Hoffman, que presume de puritano pero que es capaz de cometer los peores crímenes y el egoísmo de Junior (Giovanni Ribisi), que con ayuda de su mujer y sus cuñadas emborracha a los desertores para entregarlos a cambio de unas monedas, son sólo dos de estos atributos. Tal vez el mayor mérito de Cold Mountain sea mostrar a los gringos tal como son, que es algo muy diferente a la idea que el pueblo norteamericano tiene de sí mismo.
La mayoría de los críticos han elogiado el trabajo de Renee Zellwegger, diciendo que opaca a los otros actores y en la pasada edición de los Globos de Oro se le dio el premio como mejor actriz de reparto. En mi opinión esto se debe a que los señores críticos creen que actuar y hacer gestos es lo mismo, cuando la verdad es que la actuación de Zellwegger es muy mala. Si destaca es porque está sobreactuada, tan lejos de la sobriedad del resto del elenco que parece que está en otra película.
Dejo para el final a la pareja protagónica porque es lo menos interesante de Cold Mountain. La misma grandilocuencia de la película, donde todo está fríamente calculado para ganar Oscares, hace que el romance de Inman y Ada parezca poco sincero. Lo que debería ser una pasión capaz de hacer que los protagonistas arriesguen sus vidas y soporten las peores injusticias se convierte en un engrane en la maquinita de cosechar premios. El reencuentro de los enamorados es decepcionante y parece un pretexto para mostrar a los actores en una escena dizque erótica (con disolvencias, por supuesto) antes de llegar a un desenlace que carece de la grandeza épica que Minghella quiso alcanzar.
Sitio Oficial:
www.miramax.com/cold_mountain/
REGRESO A COLD MOUNTAIN
(Cold Mountain)
Dirección: Anthony Minghella; Guión: Anthony Minghella, basado en la novela homónima de Charles Frazier; Producción: Sydney Pollack, William Horberg, Albert Berger, Ron Yerxa; Fotografía: John Seale; Música: Gabriel Yared; Edición: Walter Murch; Con: Jude Law (Inman), Nicole Kidman (Ada Monroe), Renee Zellwegger (Ruby Thewes), Donald Sutherland (Reverendo Monroe), Ray Winstone (Teague), Brendan Gleeson (Stobrod), Philip Seymour Hoffman (Veasey), Natalie Portman (Sara), Kathy Baker (Sally Swanger), James Gammon (Esco Swanger), Giovanni Ribisi (Junior), Eileen Atkins (Maddy), Jack White (Georgia)
EE.UU., 2003, 155 min.
