Revista Cinefagia

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En el país de los cinéfilos, el cinéfago es rey

Pornografía y Sadomasoquismo (tercera parte)

Por: Francisco J. Campa

Acercándonos a un concepto de “contracultura sexual”, podríamos decir que se ha realizado una rigurosa genealogía de elementos iconográficos que vemos en las películas porno y sado, como es el uso del dildo (sex toy, consolador, etc.) para mostrar que éste no procede de una imitación o referencia al pene, sino a la mano.

El consolador procede de las técnicas y máquinas diseñadas para reprimir la mano masturbadora. Por eso podemos decir que en el género fist (sólo conocido y utilizado por grupos fists, que son homosexuales teniendo pleno uso de sus puños y antebrazos al momento de felar, práctica netamente sadomasoquista, y dicen, extremadamente placentera vía rectal) es una especie de reconquista de un terreno prohibido: únicamente un médico podía usar la mano en el ano y en el recto, para las exploraciones -previa utilización de guantes de látex y jaleas lubricantes-. En el caso de los hombres era una exploración vergonzosa y privada, justificada para detectar enfermedades de la próstata, entre otras.

Los fist se apropian de ese espacio privado y “del especialista” y le dan un sentido diferente: de comunidad, de aprendizaje, de placer, de autonomía y por supuesto de forma de expresión, mediante la creación de miles de películas al año de éste género, información de sus comunidades, activismo, fiestas, etc. Se abandona el centro en los genitales y la dinámica obligatoria erección-eyaculación. Es de observar que este abandono del pene aparece precisamente en un entorno gay, cuando precisamente a los gays se les identifica siempre como adoradores del pene. Una respuesta probable pudiese estar en una sobre explosión de fists pasivos y/o en una disfunción eréctil de la mayoría, tal vez por abuso de drogas, sobretodo de diseño. Aunque también existen prácticas sadomasoquistas y de fist entre lesbianas y entre grupos heterosexuales, pero no entraremos aquí en la genealogía de estas prácticas, que son diferentes -y por falta de espacio.

Dentro de ésta comunidad de sadomasoquistas, cabe resaltar, e incluso aplaudir, que fue de las primeras en reaccionar a la pandemia del SIDA con campañas de prevención mucho mejor estructuradas que las gubernamentales, sobretodo en países europeos, las cuales eran incluidas en materiales visuales y juguetes, entre otros artículos. Son exhaustivos en el uso apropiado de látigos, jeringuillas, corrientes eléctricas, cuerdas, cuchillas, etc., lo anterior precisa un conocimiento técnico y sólo lo realizan personas experimentadas.

También es fundamental para estos grupos respetar las indicaciones de la persona que es objeto de esas manipulaciones. Se observa claramente en muchos filmes la constante comunicación que tienen los que participan en él. En contra de lo que puede parecer, quien realmente manda es quien está en esta posición (nueva subversión del tópico amo/esclavo). Lo anterior siempre es monitoreado y detalladamente explicado por éstas comunidades, al momento de acceder a éstos obscuros espacios de entretenimiento – ¿o serán de entrenamiento?-, ya sea in situ o por medio de un filme.

Pero volvamos al cine. El sadomasoquismo en el cine porno es una representación de las situaciones o las atmósferas oscuras o peligrosas de la realidad que todos conocemos, crea un ambiente basado en ese imaginario: fábricas abandonadas, puertos, callejones oscuros, estéticas industriales, de dureza o de riesgo. De igual forma, imperan los cuartos con pasadizos, cadenas e instrumentos de torturas dentro de las múltiples habitaciones de un inmueble que no parece tener fin, ya que tiene laberintos, iluminaciones con antorchas, etc. Pero se trata, precisamente, de una representación.

Para esto, es importante recordar que la pornografía es una “categoría de pensamiento, de representación y de regulación”. Recordemos que la pornografía nace con la modernidad, es entre 1830-1840 cuando se la identifica como escritos e imágenes obscenas. La pornografía no escapa al régimen disciplinario de producción de sexualidades que señala Foucault: las representaciones simbólicas.

La pornografía logra objetivar el sexo, principalmente el masculino, ya que está producida hacia un consumo masculino, teniendo en cuenta una mirada masculina, básicamente heterocentrada, y los genitales masculinos como centro de la “narración”, o como actores principales de la película.

En el cine porno tradicional, el pene o falo es el centro de atención de los planos y de la sintaxis. El montaje está pensado en función del pene: si éste se encuentra flácido, se elimina. Las vaginas y culos femeninos no interesan mucho son, digamos, “objetos secundarios”. El pene es además quien conquista los espacios: la boca, la vagina, el ano y, bueno hay gente que ha intentado otras cosas, pero ya son desviaciones de años luz. Incluso en las películas donde hay sexo entre dos mujeres, se suele introducir un hombre al final de la secuencia, como el ángel reparador que viene a solucionar un sexo “de mentiritas”, donde falta algo.

La lógica del código porno estándar exige además la filmación de la eyaculación o “venida”. La eyaculación es la esencia del cine porno como ya apunté en Desviaciones Sexuales y Cine Porno en Internet y que aportará a la pornografía -como icono de su nacimiento-, el antiguo y bíblico mito de Onán (Onanismo).

Por eso, algunas ensayistas y nuevos videoastas y cineastas han puesto de relieve la función del porno tradicional: renaturalizar la diferencia sexual, fijar las identidades de género y las prácticas sexuales. Porque el porno es también una escuela -como ya se mencionó-, una enseñanza de cómo se coje, con quién, con qué, para qué. El cine porno recorta el cuerpo, define las relaciones entre los cuerpos, inventa y reinventa la sexualidad una y otra vez.

Hay películas en dónde no aparece ninguna erección, es más, no aparecen órganos genitales. El interés se desplaza hacia otras partes del cuerpo: la mano y el brazo, que es enguantado ceremoniosamente con un largo guante de látex negro que nos recuerda al de Rita Hayworth (pero a diferencia de Rita en Gilda, aquí lo erótico viene en el proceso de ponerse el guante, no en quitárselo).

Vemos aquí otro ejemplo de apropiación y resignificación: del uso inicial del guante en el género sadomasoquista y por la necesidad de protegerse de la transmisión del SIDA, se pasa a una estilización erótica del propio guante. El brazo penetra en el recto, da placer, pero a su vez él también recibe placer. Aquél guante del siglo XVII, diseñado para evitar la masturbación, se ha transformado en un guante que ahora produce placer.

Otro elemento importante es el llamado Potro de tortura, donde uno de los personajes se encuentra atado, las cuerdas, la posición de sumisión y disponibilidad es explotada en la diversas películas. Comúnmente son más de tres personas las que casi siempre participan del acto, en una suerte de rotación de funciones, que sólo el agotamiento y el hartazgo podrían dar fin a un acto que no parece tener límites. Las orgías o gang bang, son muy similares también.

El rostro -cuando no está cubierto por alguna mascara de cuero con cierres metálicos en los ojos y la boca, tipo Pungent Stench o Slip Knot-, es enfocado en ocasiones expresando placer. Esto sí es común al cine porno tradicional, de hecho, probablemente la zona más íntima y privada al practicar el sexo sea el rostro y la mirada. Podríamos proponer el siguiente experimento: yendo desnudo por la calle ¿Cómo se sentiría uno más seguro, tapándose los genitales o la cara? En el acto sexual, lo que más expresa sea quizás el rostro, y esto es captado por el cine porno. A diferencia del sadomasoquismo donde se usan mascaras y pareciera no interesar quién te lo hace, sino que tan fuerte a la vez que doloroso y sucio te lo haga.

Elemento primordial también es el ano como lugar de exploración, de placer y de trabajo. El ano y el recto, lugares tradicionalmente excluidos del placer -pero que poco a poco han ido ganando espacios dentro de las prácticas sexuales-, son reivindicados de una forma diferente: no como lugar de recepción del pene (órgano que le daba valor de uso dentro del porno), sino como lugar activo, de producción de placer y de apertura del cuerpo en las nuevas prácticas sadomasoquistas, sean de carácter homosexual, heterosexual u otro desvío.

Como he apuntado con anterioridad, en el cine de contenido o carácter erótico o pornográfico, observamos una fuerte dosis pedagógica al ser parte de un proceso cognitivo de pensamientos y/o enfoques entorno a la forma de ver (mirar) el sexo; de cómo practicarlo y de cómo disfrutarlo mejor (sin prejuicios o tabúes), con mayor intensidad (que es lo que a principios de milenio todos buscamos) y a la vez con mucha responsabilidad.

Durante siglos, la cuestión sexual y las perversiones han pasado por múltiples ataduras, prejuicios, estigmas, satanizaciones y hasta calumnias e injurias, pero lo cierto es que a pesar de generar hasta batallas épicas, el sexo y las dosis fuertes de erotismo que van implícitas al momento de “sexar” con el otro, son y serán, el motivo para hablar y andar por éste loco mundo de hoy, y el cine, el medio ideal de difusión de estas expresiones cualesquiera que éstas sean.

Bibliografía:
Foucault, Michel. Historia de la Sexualidad.
Foucault, Michel. Microfísica del Poder.
Foucault, Michel. Vigilar y Castigar.

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